Archivo de la categoría: Transporte Urbano

El Metrobús

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 18 de abril de 2011

Entiendo que el sistema de metrobús fue adoptado para ir, poco a poco, eliminando los buses conocidos como Diablos Rojos, y de esa manera, ofrecer un mejor y más seguro sistema de transporte masivo. Me ha tentado subirme en uno, para conocer sus bondades y aquilatar sus ventajas, pero no he tenido la ocasión. Seguramente, lo haré como paseo, para no llegar a ningún lado, por el simple placer de mirar la ciudad desde un cómodo autobús con aire acondicionado, porque la verdad sea dicha, se ven bien ‘pretty’.

Sin embargo, la semana pasada, llamó mi atención una noticia de primera plana que daba cuenta que una señora fue impedida de subir a uno de esos autobuses porque llevaba tres pollitos. Gracias al iPad de Álvaro Alvarado, pude ver el video del altercado que tuvo la señora con varios oficiales de la policía y que, posteriormente, se convirtió en el programa de Domplín como la ‘historia de los tres pollitos’.

La cosa apenas empezaba. Tal parece, no me consta, que en el Metrobús, los pasajeros no pueden subirse con paquetes o bolsas, mucho menos maletas y el meollo de la trifulca no eran los pollitos, sino una bolsa de compras que la señora llevaba. Me dijeron que esas son las reglas del Metrobús, lo que verdaderamente me parece insólito, pues en todas las ciudades modernas del mundo, el transporte masivo de pasajeros no solamente lo usan los que no tienen automóvil, sino todas aquellas personas para las que ese tipo de movilización les es más conveniente, desde el punto de vista de precio, desplazamiento y tiempo.

Personalmente, uso cada vez que viajo a la ciudad de Nueva York, los buses que van desde el aeropuerto hasta algunas de las terminales y de allí camino hasta donde me esté quedando, con todo y maletas. Lo he hecho también en Boston durante el tiempo que mi hija fue a la universidad allí y Montreal o París no se han escapado que escoja irme por esa vía, en vez de un costoso taxi con taxímetro veloz.

Quisiera que alguien me indicara de qué sirve contar con un sistema de transporte masivo donde no se permita a los pasajeros subir con paquetes y qué otras reglas ocultas tenga el Metrobús, que no conocemos. Tal parece que la historia de los tres pollitos se empeña en ser de primera plana, desplazando a los Pamago y a la renuncia de un magistrado.

 

 

El precio de crecer

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 8 de Noviembre de 2010

Acaba de celebrarse en Panamá un Foro de Turismo, con el objetivo de atraer para Panamá todo aquel turismo que esté ávido de conocer culturas que dejaron huellas, como fueron las que se asentaron en Portobelo, las ruinas de Panamá La Vieja y el Casco Antiguo, y como testigos dejaron los monumentos que rememoran su pasado. Para ese esfuerzo se invitó a Jordi Tresseras, un experto en turismo cultural y se contó también con las disertaciones de otros expertos que desde hace más de una década están estudiando todas las rutas que pueden convertirse en atractivos para el extranjero que visita nuestro país.

Panamá ha experimentado en los últimos años una afluencia de visitantes producto de las incontables alternativas que ofrece, como son el turismo cultural, el de compras, el de negocio (que ya estaba bien establecido), el de salud (potencial que está siendo desarrollado lentamente), el de retirados y otros menos edificantes como son los que se ofrecen en los alrededores de la vía Venetto. Sin embargo, la infraestructura de la ciudad y las carreteras del interior dejan mucho que desear.

Estuve en las fiestas patrias transitando la ‘autopista’ Panamá-Chorrera, camino a Coronado y la verdad que la misma está en un estado deplorable. Si ésa es la antesala al paraíso que se promete en los folletos y avisos del IPAT, que lleva a las playas, el sueño se convierte en pesadilla. Y no hay que ir muy lejos para darnos cuenta que los inmediato no se está atendiendo. En la misma ciudad, aparte de los descomunales tranques vehiculares que se producen, están los inmensos cráteres que se plantan amenazantes en las vías de mayor circulación, que si un auto pequeño cae en ellos, es muy probable que no vuelva a salir.

Para que una cosa siga a la otra es preciso que el gobierno acepte pagar los precios de crecer. Si queremos posicionar el país como atractivo turístico hay que capacitar a los meseros, conductores de taxi y todos aquellos que tengan contacto con el turista. Si queremos llevar turistas a las playas, debemos arreglar las carreteras. Si los queremos llevar por las rutas culturales que ya existen, remendemos las calles llenas de huecos.

Roberto Roy, Secretario del Metro, me escribió una vez durante el pasado gobierno que un gobierno responsable es el que permanente está reparando las calles. Ningún cura se acuerda cuando era sacristán.

De taxis y textos

MARIELA SAGEL*
Publicado en La Estrella de Panamá el 10 de Enero de 2010

Es alentador que el gobierno no haya dado una extensión adicional al ya pospuesto compromiso que adquirieron los conductores de taxi de manera que todos uniformen sus vehículos al color amarillo. Varias prórrogas se habían concedido y no debía extenderse ni una más, especialmente por el pésimo servicio que brindan. Sin embargo, me cuentan mis amistades que los utilizan que tanto las piqueras organizadas como los independientes han festinado el hecho que no pueden circular aquellos que no estén pintados para incrementar el precio de los traslados. Encima del abuso, las condiciones de la mayoría de ellos no son las mayores y a veces es un riesgo el subirse a uno por lo malogrados que están estos vehículos, muchas veces causados por el manejo desordenado y la forma arbitraria que detienen el tráfico y que causa la mayoría de las veces accidentes y abolladuras que nunca reparan. Y encima no cuentan con un medidor para cobrar por lo justo de los desplazamientos.

Leía recientemente, en la biografía de Gabriel García Márquez escrita por Gerald Martin, “ Una vida ”, que para el escritor colombiano los conductores de taxis son una fuente de conocimientos inconmensurable. Eso es definitivo y mucho más valedero en ciudades como Bogotá o México (por no decir Buenos Aires, donde hasta a abogados les toca, en épocas malas, conducir taxis) donde además de conocer la historia de la ciudad, saben quiénes la han hecho —próceres, artistas plásticos, escritores, por decir lo menos—.

Sin demeritar a los nuestros, es cierto que son un recurso valioso para saber qué candidato tiene posibilidades de llegar a un puesto de elección, o qué político tiene la antipatía de la masa, pero no llegan a tener mucha cultura, porque nuestra educación no permea ni siquiera desde la casa, mucho menos en la escuela. La gran mayoría tiene un gran conocimiento de los bochinches de la farándula o de los deportistas, pero desconoce principios fundamentales de nuestra historia patria y ni remotamente por qué se erigió tal o cual monumento o quiénes son los ilustres intelectuales que han dado lustre a Panamá.

Yo personalmente trato de conversar con los conductores de taxi cuando me toca utilizar sus servicios y es cierto que poseen una gran sabiduría, pero es muy popular y, aunque de ella también se aprende, desearía que además de conocer cuál ha sido el mejor timbalero de la salsa, supiera quién es Rogelio Sinán, el autor de la Isla Mágica y escritor emblemático de nuestra literatura.

Todo este rodeo para volver a recalcar la poca educación que tiene nuestra población. Y la misma se verá acrecentada ante la inminente concesión de una cuantiosa licitación de textos escolares hechos fuera del país y que difícilmente van a ser adaptados a nuestra realidad, lo que seguramente desmotivará a los ya poco motivados maestros y aumentará mucho más el desconocimiento generalizado de los estudiantes por nuestro bagaje cultural. Si ya de por sí la mayoría viene con una carga deficiente en temas bá sicos por lo que ve en casa, qué podemos esperar con libros de textos que no hacen ni referencia a los fundamentos de nuestra identidad.

Según he podido conocer, los parámetros de la licitación eran imposibles de alcanzar por las empresas locales, especialmente los financieros, porque se les pedían referencias bancarias de siete cifras. El resultado ha ido en grave detrimento para las editoriales nuestras y un alto costo para el erario panameño sin justificación alguna.

Sugiero que así como el Ministerio de la Presidencia ha sido enfático en no otorgar prórroga a los conductores de taxi para que pinten y unifiquen sus vehículos de un solo color, así también el Ministerio de Educación dé cuenta absoluta y transparente de cómo se ha manejado la licitación de los textos escolares. Que el cambio se refleje en todas las acciones públicas.

Taxis amarillos en Manhattan
Taxis amarillos en Manhattan

¿Hubo necesidad?

bush-pisoteado105-17-2009 | MARIELA SAGEL
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Es la pregunta que nos hacemos muchos, especialmente los que mantenemos cierto nivel de cordura y decencia. ¿Hubo necesidad de tanto trapo sucio, de tanta verborrea, de tantos ataques y sacaderas de tablas? Me refiero a la reciente campaña política, que además de larga fue desgastante, descalificadora, poco edificante y nada positiva para construir un mejor país. Dirían los expertos en comunicación que no somos políticamente cultos.

La gestión del presidente Torrijos caduca en menos de cuarenta y cinco días. Era casi un hecho que en Panamá apostamos a la alternancia del poder y el gran fenómeno fue que el mismo no recayera en uno de los dos partidos tradicionales —si no mayoritarios— que a la fecha han practicado esto. No voy a entrar en detalles estadísticos ni en sumatoria versus votantes. Lo importante es seguir avanzando y mantener el ritmo de crecimiento que llevábamos. Tampoco voy a cuestionar los nombramientos hasta ahora hechos, porque a todos les doy el beneficio de la duda. Sí debo referirme a la tendencia que muestra el gobierno por asumir.

Es obvio que la parte económica y financiera va a estar bien enfocada, así como los aspectos de seguridad y las relaciones internacionales. Los funcionarios designados van a tener que ser coherentes con las promesas de campaña, lo que en algunos casos será difícil de cumplir. En el aspecto de infraestructura y obras, no puedo emitir una opinión cuando no conozco a las personas que dirigirán este importante rubro, pero insisto en que hay que mantener la báscula en equilibrio, para que no venga una debacle. En la salud pareciera que la gripe nos está enseñando a estar preparados, pues hemos podido reaccionar rápidamente, porque ya se estaban haciendo estudios sobre la mutación de los virus.

Preocupa que los aspectos ambientales no sean prioridad para el presidente electo. Creo que esto es imperdonable, especialmente porque los próximos años son clave para este tema. Y en lo cultural, social y educativo, las señales son un poco contradictorias, porque pareciera que se dejará en manos de líderes mediáticos la orientación de valores vitales cuya ausencia ha erosionado nuestra identidad o a circunscribirse a actos caritativos. A falta de una política cultural pasarán a ser sueños imposibles un cambio de actitud en el manejo, reducir el nivel de ruidos, adoptar la cortesía y matizar la hostilidad rampante. Y esto parece que será a todos los niveles, desde el municipal hacia arriba.

Amanecerá y veremos. La transición parece desarrollarse con gran cordialidad. Y las reacciones no se han hecho esperar, sorpresas y halagos de parte de los designados para con sus predecesores. Enhorabuena. No hay tiempo para revisar lo bueno, simplemente, como en el relevo olímpico, tomar la antorcha y seguir la carrera.

Lamentablemente, uno es amo de sus silencios y esclavos de sus palabras. Todo lo dicho, ventilado, amenazado y vituperado en campañas queda allí, para algunos con grandes resentimientos y dudo que para otros olvidado y sepultado. En silogismo con las campañas de antes, no quedó reputación de mujer incólume ni masculinidad cuestionada. Dimos muy mal ejemplo para las generaciones que nos pisan los talones, ahora toca dar ejemplo de gobernabilidad y de entereza, de unos y de otros

Más reflexiones de fin de año

Cumpliendo con mi palabra escrita, trato de seguir haciendo un balance de lo que ha sido este año que finaliza. No se puede empezar a construir sin primero limpiar el área, edificar sobre cimientos fuertes. Tendemos a señalar siempre los problemas, más obviamos las buenas cosas, las oportunidades y lo gratificante que día a día nos da la vida.

La seguridad, tal como señalé en mi columna pasada, ha estado “en recreo”. Otro problema que nos acosa ha sido el transporte, que a pesar de todas las buenas (o malas) intenciones cada vez está peor, el caos de la ciudad es una carga estresante a la que nos enfrentamos cada día. El alza del petróleo (y ahora la baja) fue una variante que agregó un peso adicional en la caótica red vial.

Sigo insistiendo que la mejor solución para la ciudad de Panamá sería un tren ligero, no contaminante, silencioso y que entrelace tres puntos importantes de la ciudad, como son la Plaza 5 de Mayo, la Iglesia del Carmen y la entrada de Vista Hermosa (Vía Fernández de Córdoba) para que allí, mediante alimentadores (grandes plazas o edificios de estacionamientos) las personas que viven en las afueras dejen sus autos y se dirijan a sus lugares de trabajo, sin congestionar innecesariamente las principales vías de la ciudad. En el momento que se reemplace un “diablo rojo” ese día se perderán las oportunidades de darle una vuelta de tuerca al problema agobiante del transporte.

El caos de la ciudad se refleja tanto en nuestra imagen turística que ya las sonrisas no son tan gratuitas. Los extranjeros se quejan de la pesadilla que son las vías y la condición de las mismas, como en la calidad de vida que ofrecemos. He conversado con muchas personas que tienen años de estar visitando Panamá, que han visto el marcado deterioro de la circulación vial y no se explican cómo se invierten en nuevas vías sin reparar las existentes. No seguiré repitiendo lo de la campaña Adopta tu Hueco, porque ya se institucionalizó y en la calle, propios y extraños me ofrecen no adoptar uno, sino hasta tres, con tal de aliviar el trauma de perder el silenciador, el eje, los neumáticos o hasta la salud en una caída desafortunada.

Otros temas que agobian al panameño común son el costo de los alimentos y la calidad de la educación. A mí en lo personal me preocupa primordialmente la forma en que se tiende a informar por los medios de comunicación el estado de las cosas en el país. Los noticieros televisivos arrancan con hechos de sangre y las tapas de los periódicos son siempre malas noticias.

Sería muy productivo que se hiciera un pacto por la baja de la hostilidad, que se firmara un acuerdo por parte de los medios de ofrecer su mejor cara, sin estar solamente pendiente del morbo y de los hechos sangrientos. No se trata de tapar la verdad, se trata de darle prioridad a las cosas buenas. Creo que en otros países ha funcionado muy bien. Debemos adoptar una cultura de construcción, no de devastación, hasta en la información.

Y así seguiré, a lo mejor arando en el mar. Pero me niego a que el pesimismo se apodere de mí y de mis acciones, aunque haya sufrido dos derrotas electorales este año que termina y a pesar de eso no me metí a votar por Margarita.

Reflexiones de fin de año

Me quedan solo tres columnas para hacer una recapitulación de los temas tratados semanalmente en este espacio dominical. En mi blog los tengo identificados por temas (gracias a mi amiga Millie, quien me lo administra), y abarcan desde la seguridad nacional hasta literatura y cine, como “El amor en los tiempos del cólera”. Los que más he gozado han sido los concernientes a las calles y huecos, porque han tenido gran resonancia e identificación, en vista de que tenemos un hilo conductor que nos une cada vez que caemos en un cráter que es en lo que se está convirtiendo esta ciudad.

No he podido hacer la investigación pertinente para sugerir al Ministerio de Obras Públicas que obligue a los constructores, pertenecientes a una de las industrias que más ha crecido gracias a la bonanza que ha experimentado la ciudad capital y el área de las playas de Panamá Oeste, a reparar las calles que dañan por someterlas a peso y abuso de parte de los camiones y tractores que derrumban, demuelen y erigen edificios. Sin embargo, lo lógico sería que el beneficio que reciben al obtener tantos contratos, reditúe a la población de alguna forma, que tiene que sufrir el ruido, la basura, los piropos de los obreros y hasta las conspiraciones que se tejen cuando hay trabajadores en un área.

Me remito a un hecho que vale la pena emular y que es ejemplo de cómo resarcir a la comunidad por las incomodidades a las que tiene que someterse: En Coronado, una urbanización que da pena, porque en teoría sus calles son privadas, pero sus propietarios no las mantienen, mucho menos las reparan, una empresa constructora, incursionando en ese lugar, reparó tan bien la única vía de salida que parece un mini autopista. Coronado tiene tres carriles de entrada, pero solo uno de salida. El reforzamiento y los materiales con que se habilitó esa única calle parecían los de un corredor o una autopista de Europa.

En el tema de seguridad, debemos aceptar que el gobierno ha fracasado en una de sus tres promesas de campaña, la de más seguridad. Desde 1999 estamos en recreo. Ensayando una y otra cosa, hemos permitido que el crimen organizado se haya apoderado del crimen común. Es algo que, aunque todavía estamos a tiempo de atajar, debemos hacerlo ya, para volver a estar, como se dice back to the future. Hay que hacer una radiografía concienzuda a nivel de inversión, banca y bienes raíces para saber qué clase de individuos llegan a nuestro país. Todo eso debe ser coordinado por un solo ente, no dispararse cada estamento por su lado.

La presión de las fiestas, la fiebre consumista y los patrones que nos imponen los factores exógenos de comportamiento nos están asfixiando, hay una agresividad y hostilidad en el ambiente que va in crescendo a medida que llega el 24 de diciembre. Si solo esperáramos celebrar el nacimiento de Jesús y no regalarle a todo el mundo lo que ya tiene o le sobra, seríamos más felices. Se ha desvirtuado completamente el espíritu de las fiestas.

Para concluir este preámbulo, no ayuda que este país ha estado en campaña proselitista y política por varios años, cuando las elecciones son apenas en mayo del próximo. Pareciera que no tenemos más nada que hacer. El asunto es replantearnos nuestras prioridades. Y esas deben ser vivir en paz, con lo que necesitamos y haciendo el bien, no importa a quién.

Oficializando la medalla al hueco

Me han informado que ya inició la campaña Adopta tu Hueco, y quiero reclamar las regalías por haber acuñado ese galardón. Con esto de las inundaciones, las cosas se han puesto peor, si es que podían llegar a eso. No me refiero a la Carretera Interamericana, que se abrió como una alcachofa, me refiero al resto de las calles de la ciudad que si esquivas uno, caes en otro. La Avenida Balboa es un atentado a las máquinas, amortiguadores y silenciadores de los autos.

Quiero compartir con ustedes un comentario que me hizo llegar mi buen amigo, pintor y escritor dominicano, Fernando Ureña Rib, sobre mi propuesta de la Medalla al Hueco (que fue también sugerencia de uno de mis más fieles lectores, que prefiere el anonimato):…

Nuestros países se parecen demasiado. Deberíamos crear una hermandad especial, de modo que muchas de las iniciativas panameñas se apliquen casi automáticamente en suelo dominicano como si fuéramos un espejo. Eso de la Medalla al Hueco me parece genial. Si allá lo aprueba el Congreso (o el Cabildo, o la Asamblea) deberíamos, sin titubear aplicarlo en República Dominicana, donde tenemos huecos con nombre y apellido, e incluso abolengo y estirpe.

Y es que los hoyos son un banquete apetecible. Deberíamos crear una compañía de Hoyos Nacionales, que se encargue de cubrir todo tipo de hoyos. Porque aquí tenemos huecos en la Historia, en la Educación y en la Salud, en el Gobierno Central y en el perimetral; en los Bancos y en los Laberintos Fiscales y qué te cuento: Sobre todo en los bolsillos. Aunque son distintos, claro está, los huecos en los bolsillos del pueblo y los de quienes administran el Erario Público. Lo hoyos mayores están siempre en los bolsillos de nuestros administradores. Visten de Armani, pero siempre llevan un hoyo en el pantalón por donde se escapan, por arte de magia, ingentes fortunas.

La ciudadanía vive saltando de hoyo en hoyo de tal modo que pudiéramos optar por medallas olímpicas de alguna de esas nuevas modalidades que se presentarán en Londres en el 2012. Y a propósito de juegos olímpicos, ¿Qué estamos esperando para proponer a Panamá para los juegos olímpicos del 2016? Es verdad que quizás no tengamos las acrobacias que se vieron en China, pero serán bastante folklóricos y carnavalescos… (si necesitan refuerzos nos avisan, porque nuestros folklores son bastante parecidos) y si no damos tan gran espectáculo al menos se taparán los benditos huecos… (sic).

Por lo anterior, tendríamos que empezar a hacer una industria interregional que trabajaría 24 horas para confeccionar todas las medallas que se otorgarían. Especialmente para el hueco que tiene el pueblo en los bolsillos. Y que se hace más profundo ahora que empieza el consumo delirante de fin de año y los tranques nos llevan a perder la paciencia y hasta la salud.

Una buena táctica, para quedar bien con todos, es que los vecinos nos reuniéramos a rellenar los huecos que hay frente a nuestras casas, reponer las tapas de las alcantarillas que están ausentes en las aceras y que son una amenaza para los peatones y en vez de luces de Navidad que van a engrosar los bolsillos sin huecos de las empresas distribuidoras, alumbráramos los cráteres para no caer en ellos.

Seguimiento a los huecos

Hace ya un año que escribo esta columna dominical para La Estrella de Panamá y muchas han sido las satisfacciones y pocos los sinsabores. En febrero le dediqué tres sendos artículos a la Junta de Carnaval, por la pésima organización de esos eventos. Ahora resulta que la misma está en acefalía, sin rendir cuentas de los carnavales anteriores, como si costaran dos reales.

Siempre la he emprendido con causas justas, por lo menos a mis ojos, sin ser visceral y tratando de mantener la ecuanimidad y la objetividad, pese a mis preferencias políticas. No ha sido fácil. He recibido mensajes amenazantes y hasta acusaciones. Pero de todo hay en la viña del Señor, y esos comentarios no me quitan el sueño.

Me anticipé a la salida del Dr. Oscar Ávila del PRD, partido con el cual había sido un eterno candidato cuando escribí sobre el transfugismo. Esta movida se dio justo el día que el alcalde (a quién él apoyó en las primarias) aceptó la designación de vicepresidente en el ticket de la candidata del partido oficialista. Me imagino cómo se sentirá el distinguido galeno: queriendo dispararse un tiro en el pie.

De mi último artículo, que exhortaba a los habitantes de la ciudad capital a adoptar un hueco, reproduzco algunos comentarios que he recibido: “Uno limpia su casa antes de recibir visitantes. Hasta ahora éramos la envidia de Costa Rica por nuestras calles… me imagino que se estarán riendo ahora”.

“La Interamericana está llena de huecos. Curiosamente, están reparando un tramo de 300 metros cerca de Capira. Hace unas semanas arreglaron un paño, y se transitaba por un solo lado y no me parece que estaba tan malo. Ahora, ese paño no tan malo lo están reparando todo. ¿Por qué será que siempre arreglan lo que no está tan mal y lo que está mal no lo arreglan? En vez de arreglar ese tramo de 300 metros, hubieran podido remendar todos los huecos de la Autopista hasta Farallón”.

“Cuando uno va de Multiplaza para cruzar la Calle 50, hay un quiebre violento, parece increíble que en un área tan transitada y “exclusiva” tengamos este tipos de hundimientos”.

“¿Será que en Panamá los ministros de Obras Públicas no transitan por nuestras calles y no se enteran qué tan mal están las calles? Sin embargo, sí tienen tiempo para planear túneles de 800 metros de largo que pasan debajo del Casco Viejo, extensiones de Cintas Costeras de cientos de millones de dólares”.

“Hay que crear la Medalla del Hueco. Y esa medalla debe ser otorgada en grado de Gran huecón (sin comentarios) al flamante ministro del ramo. La misma debe ser con una cinta llena de huecos y de donde cuelgue un aro con un hueco en el centro”.

“Las calles de Panamá (todas) son un pergamino a la incapacidad al mayor grado. Las calles son una “porquería”, pero nosotros, los ciudadanos de este país ya no somos congos, como dice Pedrito, sino idiotas que aguantamos esto”.

“La falta de infraestructuras y de mantenimiento adecuado de las existentes está poniendo en peligro el desarrollo económico futuro del país. Cada vez es más abierta la crítica de inversores extranjeros a nuestra miopía, que se está constituyendo en un verdadero obstáculo al desarrollo. Los insoportables “tranques” viales son expresión de ese abandono. Ojalá se haga algo y pronto, pues se trata de inversiones a largo plazo”.

Y como ya me pasé de las 530 palabras que, como una camisa de fuerza, me ponen en esta columna, hasta la próxima.

Adopta tu hueco

Muchos recordarán la campaña que en su momento realizó la Fundación Ancón que se denominaba “Adopta tu hectárea”. Nadie sabe qué resultado tuvo, pero caló el mensaje (como buen mercadeo) y posteriormente hasta llegamos a sugerir en campañas políticas “adopta tu candidato”, “adopta tu indígena” y otros por el estilo. Ahora, el Casimiro de Debate Abierto ha sugerido que, en vías de arreglar las carreteras y calles de la ciudad, con tantos baches y un paisaje marciano, que cada uno adopte su hueco y rellene el cráter que adorna el frente de su casa con su mezcla de cemento a su costo y, por ende, lo adopta. Yo tendría muchos beneficios fiscales de adoptar todos los huecos frente al edificio donde vivo: en medio de El Cangrejo hay huecos insalvables que dañan todos los ejes de los autos.

Eso me retrotrae a lo que he estado escribiendo anteriormente de las calles de la ciudad y de la carretera al interior. La autopista (por lo menos así se llama) de Panamá a La Chorrera revienta cualquier escape (y bolsillo). Aquellos que invierten virtuales fortunas en Maserattis, Lamborghinis, Ferraris y otros autos costosos deben sentir cada hueco como una puñalada. Las autopistas europeas son prácticamente una sábana de seda. Para esas carreteras están hechos los autos “fashion”, no para la lamentable situación que presentan nuestras autopistas. La Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) ha invertido ingentes recursos en promover Panamá en el exterior. Entiendo que en fechas recientes el país ha estado presente en muchas ciudades europeas, participando en ferias turísticas y los mensajes del ministro Blades se han dejado sentir en todos los medios de comunicación y calado, son afables, cálidos y creíbles. Pero llegar a Panamá, enfrascarse en el demencial tráfico, caer en todos los cráteres que hay en sus calles, salir hacia el interior, donde supuestamente están los destinos turísticos más apetecibles es una verdadera pesadilla. Para llegar a los desarrollos de Panamá Oeste, léanse Gorgona, Coronado (las calles de esa urbanización son aterradoras, pero eso es culpa de sus dueños), Playa Blanca, Vista Mar, Santa Clara y los que están a lo largo de la Interamericana (que además cobra peaje) hay que vivir una virtual tortura. Entonces, ¿de qué vale la promoción si no se provee la infraestructura adecuada para que de verdad las sonrisas sean gratis y el país se quede en ti?

Viene aquí a propósito la historia de qué es primero, el huevo o la gallina, o si se ponen primero los bueyes o la carreta. Cuando se decidió posicionar a Panamá como destino turístico se debió tener las consideraciones pertinentes para proveerlo de la infraestructura cónsona con el desarrollo que se intenta conseguir. Una visión de futuro con una agenda de proyecto de país, previendo que si no hay suficientes habitaciones de hotel, si no hay medios de transporte para agilizar los traslados (un tren hacia el interior, por ejemplo) y si no hay una actitud de servicio de parte de nuestros coterráneos, no sirven de nada las campañas publicitarias internacionales. Todo eso debe ir amarrado de campañas de capacitación, mentalidades de ejecución y visiones a largo plazo. Por lo pronto, pongámosno en la tarea de inventariar los huecos frente a nuestras casas, a ver si ayudamos a que la ciudad, al menos, no se siga deteriorando mientras se termina la cinta costera u otras infraestructuras que mantienen ocupados a las autoridades. Y se envían a Casimiro, en Debate Abierto.

Con el corazón ‘partío’

Muchas canciones aluden al corazón, como el “Corazón partío” o el “Corazón en los huesos” (la primera de Alejandro Sanz y la segunda de Joaquín Sabina). Lo cierto es que el corazón se ha puesto de moda, y ahora vemos hasta campañas políticas “de corazón” y “corazones azules” pintados en las calles. Ya el corazón en Panamá no es sólo asunto de la Teletón que este año veo difícil, después del arrebato por lo de Margarita Henríquez.

Recientemente, no sólo los corazones se rompen, sino también los silenciadores, las llantas y los rines de los autos, por las condiciones deplorables de las calles de la ciudad, y las carreteras, especialmente la Interamericana. Me ha tocado recientemente trasladarme de noche hacia Coronado y alrededores. La carretera es una boca de lobo, no se ve ni el centro y menos los huecos (por no decir cráteres) que están por todos lados; más difícil es avistar los letreros que indican el límite de velocidad. En estas idas y venidas al interior, es difícil esquivar un hueco sin caer en otro. Es algo deplorable lo que presenta esta autopista, que está llamada a ser la vía que lleve a los turistas y residentes nuevos de los múltiples proyectos que se promocionan a nivel internacional. Si bien se trabaja con ahínco en la Cinta Costera y en la autopista Panamá-Colón (que ya de por sí tiene diez años de atraso), se han descuidado de forma irresponsable las condiciones de las vías normalmente recorridas por propios y ajenos.

Lo de la iluminación es aún peor. Muchos accidentes ocurren por la ausencia de la misma, así como de la señalización. Entre uno estar pendiente de no caer en un cráter, no meterse en otra vía, poco se puede hacer mirando los avisos de velocidad permitida o de acceso a las poblaciones. Los peatones deambulan de manera temeraria, muchos bajo los efectos del alcohol y hay que estar ojo al Cristo para no llevarse uno por delante. Yo tengo un buen carro, bastante fuerte, pero se me ha partido el silenciador en el medio, por caer en esos insoportables huecos de la vía Interamericana. No quiero ni pensar lo que habrán sufrido aquellos con carros desvencijados, se les habrá partido el vehículo o les habrá quedado en los huesos.

En la ciudad las cosas no están mejor. Las capas de asfalto, una y otra vez han creado un escalón que se ve pronunciado cuando uno tiene que salirse de la vía y entrar a una casa o edificio. Eso daña el eje del automóvil, a veces se lo parte o se lo deja en los huesos. Lo malo no es que lo sigan haciendo, lo peor es que en menos de un par de semanas, esas reparaciones vuelven a abrirse, por el uso y abuso, por utilizar los materiales inapropiados y por las corrientes de agua. Yo añoraba, a partir del 2000, la acción y decisión de Luis Blanco ante el Ministerio de Obras Públicas, durante los cinco años aciagos posteriores, pero las cosas siguen igual o peor. La avenida Nacional presenta un panorama marciano, es impresionante lo que está ocurriendo en esa importante vía, cráteres donde un auto pequeño puede perder un neumático o quedar con el eje partido.

Las acciones deben ser coherentes y armonizadas: si se quiere crear y ofrecer, luego de tan ingentes esfuerzo que hace la Autoridad Nacional de Turismo, un destino atractivo para invertir, no se puede tener calles y autopistas que parecen de Haití. No queremos dejar nuestras humanidades (y medios de transporte) en un hueco de éstos, y que cada día se haga más insoportable conducir en esta ciudad de circo.