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La manera cambia

Lunes 12 de enero de 2015

“Dentro del crimen organizado todos suponemos que está el lavado de dinero, el narcotráfico y delitos relacionados..”

Durante todos estos años hemos visto cómo ha ido en incremento y variación la forma en que se cometen delitos o crímenes. Incluso las estadísticas oficiales –y las paralelas— han tenido que ir modificando la forma en que se reportan lo que se denomina ‘crimen común’, a otra más sofisticada que se nombra bajo ‘crimen organizado’.

Dentro del crimen organizado todos suponemos que está el lavado de dinero, el narcotráfico y delitos relacionados, pero hay que tomar en cuenta que también caen en esta categoría la trata de blancas, la corrupción y todas las secuelas que ésta tiene.

En el tema de trata de blancas, que para muchos sonará como remoto porque las prostitutas que usualmente conocemos no son precisamente blancas, hay mucha tela que cortar. Existen mafias que se dedican a la prostitución de niñas, todas muy lindas y curvilíneas, que son arrancadas de sus hogares para que sean parte de una red que llega a otros países y que se ha demostrado, es la última forma de lavar dinero, sin que queden las secuelas de las drogas. Son famosas las historias de las chicas rusas, ucranianas o de otro país de Europa del Este, que ejercen la profesión más antigua del mundo en España, México y lugares aledaños, pero no se ha indagado lo suficiente en las mafias que traen las damas de la noche a nuestro país.

Es un tema muy sensitivo porque involucra a seres humanos que, con su anuencia o la de sus padres, buscan un mejor horizonte pensando que en el camino se van a tropezar con la piedra que les salvará de acabar enfermas o asesinadas, además de vejadas constantemente. Recientemente el periodista mexicano Jorge Zepeda ganó el Premio Planeta con una historia conmovedora de una croata que llegó a México por causa de este negocio inhumano. Es hora que tomemos conciencia de la clase de delitos que vemos a diario cometer y que ya no están en la categoría de delincuencia común.

En defensa de Ana Matilde

Ana Matilde Gómez, Procuradora General de la República
Ana Matilde Gómez, Procuradora General de la República

MARIELA SAGEL*

Opinión de la Estrella de Panamá

1o. de Noviembre de 2009

Escuché hace unos días a la señora procuradora, Ana Matilde Gómez, reclamar a las mujeres que en algún momento hemos ocupado posiciones de poder, por nuestros propios méritos, que nos manifestáramos por la infame campaña que se le ha estado tejiendo alrededor de su codiciado puesto, toda vez que ahora mismo es el único independiente en el engranaje gubernamental. Y salgo en su defensa no solo por solidaridad con ella, como profesional, sino también como mujer, a las que nos cuesta mucho acceder a una posición y que seamos tratadas con justicia tanto en valores como en actuaciones.

Si bien es cierto, en Panamá hemos tenido ya presidentas de la Nación, de la Corte y de la Asamblea, la señora Gómez es la primera mujer que llega al Ministerio Público. Desde que fue nombrada a esa altísima posición le imprimió su marca, igual que lo hacemos todos los que tenemos una definición de nuestro deber y asumimos con compromiso nuestras responsabilidades. A muchos —los más en este país machista y misógino— eso no cayó bien, cosa que no importaría si nos dejaran llevar la fiesta en paz y hacer el trabajo. Pero eso no es posible en la mayoría de los casos, unas veces porque “ la envidia es color de arsénico ”, como tituló la escritora Berna de Burrel su libro, y otras porque esa posición se convierte en una piedra en el zapato para quienes pretenden acaparar el poder absoluto.

Las mujeres panameñas, casi con una precisión estadística, no solamente estamos más preparadas que muchos de los hombres de este país, sino que hacemos mejor tanto el trabajo como el desempeño en la vida laboral, familiar y comunitaria. Si alguien tiene duda, solamente tiene que ver la cantidad de mujeres que están presas versus los hombres, y las causas de muchos de esos delitos, que en su mayoría fueron motivados por amor: a un hombre, a un hijo, a un nieto. Sin embargo, hemos retrocedido en participación desde todo punto de vista: hay menos mujeres en el Gabinete, fueron electas menos diputadas y representantes y siguen nombrándose a hombres con menos méritos tanto en puestos de gobierno como en la empresa privada.

Encima de eso, los ingresos que recibimos siempre son inferiores, por el maldito paradigma que, como se supone que tenemos quién nos mantenga, no somos las que llevamos el pan a la casa. Este espacio no da para elaborar en la diferencia abismal que sigue vigente en el campo laboral como en el social, entre mujeres y hombres, pero aprovecho para resaltar que, a pesar de tantas luchas por la equiparación y las cuotas, estamos peor que antes. Y todavía se hace mano de empañar sin empacho nuestro honor —y hasta nuestro buen gusto— señalándonos como que hemos obtenido lo que tenemos por ser “ amiga íntima ” de algún político o persona de poder. Precisamente por ser el producto de mi propio empeño y compromiso, no soy una fanática del feminismo y mucho menos reclamo mi espacio basada en algo establecido.

El caso de las denuncias y la campaña de que está siendo objeto la procuradora es realmente preocupante y nos debe llevar a la reflexión sobre si dejamos que por una campaña de descrédito, orquestada precisamente por aquellos que ostentan el poder y que quieren controlar todas las instancias y que han dado paso a una serie de falacias que se caen una a una de su peso, se cierre el país y botamos la llave bien lejos.

La procuradora tiene excelentes defensores legales para rebatir las denuncias de que ha sido objeto. Nosotras, a las que ella ha hecho un llamado de solidaridad, debemos cuadrarnos de manera vertical para que la ignominia que pretende apoderarse de su cargo no se lleve a cabo. Y darle ánimos para que no desfallezca en esta dura batalla que le toca librar.

Las visas sí son parte de la solución

Mariela Sagel
ARQUITECTA

En fecha reciente la señora Priscilla Delgado, que preside la Fundación Leer, publicó un artículo intitulado “Las Visas no son la solución”. Si bien la señora Delgado, a quien se le conoce por haber estado al frente de las últimas Ferias del Libro, ofrece algunos datos que tienen relación más que todo a lo que concierne a inversiones y la cantidad de presos de nacionalidad colombiana y mexicana que ocupan nuestras cárceles, considero que en su escrito está aplicando el aforismo coloquial que reza “que está queriendo ganar indulgencias con avemarías ajenas”.

Los indicadores de personas de nacionalidad extranjera es apenas una referente en el complejo tema del incremento de los incidentes delictivos que se vive desde el año 2000. Según el Sistema Integrado de Estadísticas Criminales, dependencia del Vice Ministerio de Seguridad Pública, los delitos registrados en el primer año del siglo XXI sumaban 22,764 y para el fin de 2007 ascendieron a 37,661; o sea, un incremento del 40%, siendo la provincia de Panamá donde más casos de estos se efectúan (65% del total). Los robos a mano armada y hurtos mayores han desplazado el robo simple y el hurto de autos en importancia y ni se diga de los homicidios, ejecuciones y secuestros. Casi todos éstos últimos se dan en estrecha relación con el negocio del narcotráfico y el lavado del dinero. La delincuencia común también ha quedado rezagada por la delincuencia organizada, y esa es la que hay que prevenir y atacar.

Solamente dos de las líneas aéreas que atienden vuelos a Colombia lo hacen a por lo menos ocho ciudades de ese país con unos 112 vuelos semanales. Sin contar con los que se originan allá, estamos hablando de por lo menos 20 vuelos diarios. Tomando en cuenta que la Ley de Migración vigente permite al turista permanecer en el país por 30 días y renovar su estadía, algunos deciden quedarse. Según la Dirección de Migración, 140,000 colombianos ingresan a territorio panameño por los puestos migratorios, de los cuales 30,000 se quedan en el país y de esos únicamente de 5 a 10 mil aplican para la residencia. El resto, unos 25,000, permanecen ilegales.

En cuanto a los mexicanos, se ha comprobado que, quizá por la obligatoriedad que existió hasta el año pasado de exigirnos visa a los panameños y en reciprocidad, pedírsela a nacionales de ese país, no representan actualmente una amenaza y el problema puede resolverse perfectamente con la cooperación entre países y el intercambio de información. Los mexicanos tampoco son actualmente una gran población de inmigrantes en este país.

Visto lo anterior, si bien las visas no son la solución, apenas son parte de la misma. Un estricto control migratorio y colaboración entre entidades (aduanas, salud y migración) y la puesta en vigencia de un Sistema Integrado de Migración, más el aumento del presupuesto que tiene esa entidad, mejoraría este delicado tema que nos afecta a todos. En la frontera con Costa Rica es urgente colocar “scanners” en los puestos migratorios, que es por donde ingresa la mayor parte de la droga que proviene de México.

Para Colombia, desde los tiempos que éramos parte de ella, hemos sido su patio trasero. Ahora lo seguimos siendo por todo el desarrollo de la narco mafia. Una visa para la gente decente no es ningún problema, se convierte en uno para aquellos que tengan prontuario. Pero visas para prostitutas que han venido a montar sus negocios de “prepago” en Panamá y para inversionistas tipo Murcia, no queremos, ni ahora ni nunca.

Más reflexiones de fin de año

Cumpliendo con mi palabra escrita, trato de seguir haciendo un balance de lo que ha sido este año que finaliza. No se puede empezar a construir sin primero limpiar el área, edificar sobre cimientos fuertes. Tendemos a señalar siempre los problemas, más obviamos las buenas cosas, las oportunidades y lo gratificante que día a día nos da la vida.

La seguridad, tal como señalé en mi columna pasada, ha estado “en recreo”. Otro problema que nos acosa ha sido el transporte, que a pesar de todas las buenas (o malas) intenciones cada vez está peor, el caos de la ciudad es una carga estresante a la que nos enfrentamos cada día. El alza del petróleo (y ahora la baja) fue una variante que agregó un peso adicional en la caótica red vial.

Sigo insistiendo que la mejor solución para la ciudad de Panamá sería un tren ligero, no contaminante, silencioso y que entrelace tres puntos importantes de la ciudad, como son la Plaza 5 de Mayo, la Iglesia del Carmen y la entrada de Vista Hermosa (Vía Fernández de Córdoba) para que allí, mediante alimentadores (grandes plazas o edificios de estacionamientos) las personas que viven en las afueras dejen sus autos y se dirijan a sus lugares de trabajo, sin congestionar innecesariamente las principales vías de la ciudad. En el momento que se reemplace un “diablo rojo” ese día se perderán las oportunidades de darle una vuelta de tuerca al problema agobiante del transporte.

El caos de la ciudad se refleja tanto en nuestra imagen turística que ya las sonrisas no son tan gratuitas. Los extranjeros se quejan de la pesadilla que son las vías y la condición de las mismas, como en la calidad de vida que ofrecemos. He conversado con muchas personas que tienen años de estar visitando Panamá, que han visto el marcado deterioro de la circulación vial y no se explican cómo se invierten en nuevas vías sin reparar las existentes. No seguiré repitiendo lo de la campaña Adopta tu Hueco, porque ya se institucionalizó y en la calle, propios y extraños me ofrecen no adoptar uno, sino hasta tres, con tal de aliviar el trauma de perder el silenciador, el eje, los neumáticos o hasta la salud en una caída desafortunada.

Otros temas que agobian al panameño común son el costo de los alimentos y la calidad de la educación. A mí en lo personal me preocupa primordialmente la forma en que se tiende a informar por los medios de comunicación el estado de las cosas en el país. Los noticieros televisivos arrancan con hechos de sangre y las tapas de los periódicos son siempre malas noticias.

Sería muy productivo que se hiciera un pacto por la baja de la hostilidad, que se firmara un acuerdo por parte de los medios de ofrecer su mejor cara, sin estar solamente pendiente del morbo y de los hechos sangrientos. No se trata de tapar la verdad, se trata de darle prioridad a las cosas buenas. Creo que en otros países ha funcionado muy bien. Debemos adoptar una cultura de construcción, no de devastación, hasta en la información.

Y así seguiré, a lo mejor arando en el mar. Pero me niego a que el pesimismo se apodere de mí y de mis acciones, aunque haya sufrido dos derrotas electorales este año que termina y a pesar de eso no me metí a votar por Margarita.

Reflexiones de fin de año

Me quedan solo tres columnas para hacer una recapitulación de los temas tratados semanalmente en este espacio dominical. En mi blog los tengo identificados por temas (gracias a mi amiga Millie, quien me lo administra), y abarcan desde la seguridad nacional hasta literatura y cine, como “El amor en los tiempos del cólera”. Los que más he gozado han sido los concernientes a las calles y huecos, porque han tenido gran resonancia e identificación, en vista de que tenemos un hilo conductor que nos une cada vez que caemos en un cráter que es en lo que se está convirtiendo esta ciudad.

No he podido hacer la investigación pertinente para sugerir al Ministerio de Obras Públicas que obligue a los constructores, pertenecientes a una de las industrias que más ha crecido gracias a la bonanza que ha experimentado la ciudad capital y el área de las playas de Panamá Oeste, a reparar las calles que dañan por someterlas a peso y abuso de parte de los camiones y tractores que derrumban, demuelen y erigen edificios. Sin embargo, lo lógico sería que el beneficio que reciben al obtener tantos contratos, reditúe a la población de alguna forma, que tiene que sufrir el ruido, la basura, los piropos de los obreros y hasta las conspiraciones que se tejen cuando hay trabajadores en un área.

Me remito a un hecho que vale la pena emular y que es ejemplo de cómo resarcir a la comunidad por las incomodidades a las que tiene que someterse: En Coronado, una urbanización que da pena, porque en teoría sus calles son privadas, pero sus propietarios no las mantienen, mucho menos las reparan, una empresa constructora, incursionando en ese lugar, reparó tan bien la única vía de salida que parece un mini autopista. Coronado tiene tres carriles de entrada, pero solo uno de salida. El reforzamiento y los materiales con que se habilitó esa única calle parecían los de un corredor o una autopista de Europa.

En el tema de seguridad, debemos aceptar que el gobierno ha fracasado en una de sus tres promesas de campaña, la de más seguridad. Desde 1999 estamos en recreo. Ensayando una y otra cosa, hemos permitido que el crimen organizado se haya apoderado del crimen común. Es algo que, aunque todavía estamos a tiempo de atajar, debemos hacerlo ya, para volver a estar, como se dice back to the future. Hay que hacer una radiografía concienzuda a nivel de inversión, banca y bienes raíces para saber qué clase de individuos llegan a nuestro país. Todo eso debe ser coordinado por un solo ente, no dispararse cada estamento por su lado.

La presión de las fiestas, la fiebre consumista y los patrones que nos imponen los factores exógenos de comportamiento nos están asfixiando, hay una agresividad y hostilidad en el ambiente que va in crescendo a medida que llega el 24 de diciembre. Si solo esperáramos celebrar el nacimiento de Jesús y no regalarle a todo el mundo lo que ya tiene o le sobra, seríamos más felices. Se ha desvirtuado completamente el espíritu de las fiestas.

Para concluir este preámbulo, no ayuda que este país ha estado en campaña proselitista y política por varios años, cuando las elecciones son apenas en mayo del próximo. Pareciera que no tenemos más nada que hacer. El asunto es replantearnos nuestras prioridades. Y esas deben ser vivir en paz, con lo que necesitamos y haciendo el bien, no importa a quién.

Sobre las leyes de seguridad

La semana pasada, cumpliendo el compromiso que había asumido el gobierno de consultar a todos los sectores de la sociedad sobre el proyecto de cinco decretos-leyes que pretende pasa el Ejecutivo en este tiempo donde goza de facultades especiales, fui invitada, junto al resto de los ex ministros de gobierno y jefes de la Policía y PTJ, a una reunión en Palacio, en la que sirvieron de gentiles anfitriones el ministro de la Presidencia, Lic. Dilio Arcia, y el ministro de Gobierno y Justicia, Lic. Daniel Delgado Diamante.

En una selecta reunión, donde brillaron por su ausencia los ex colaboradores de los gobiernos arnulfistas, con las honrosas excepciones del Dr. Ricardo Arias Calderón y el Lic. Jaime Abad, pasamos casi cuatro horas debatiendo el tenor de estas leyes y la repercusión de las mismas en la sociedad en general.

Nos fue presentado, como primer punto, al viceministro de Seguridad, Lic. Rodrigo Cigarruista, quien fungía como director del Servicio Marítimo Nacional, que ahora se quiere fusionar con el Aéreo, para crear una entidad llamada Servicio Nacional Aeronaval (SENAN). Para mí en lo particular fue
satisfactorio que se lograran crear dos viceministerios en el súper poderoso Ministerio de Gobierno. Fue un proyecto que yo elaboré en 1999 y aunque aprobado en el Consejo de Gabinete, no fue llevado al Legislativo por falta de tiempo.

En una sucinta y bien estructurada presentación, el nuevo viceministro nos señaló lo indefendible que son nuestras costas y nuestras fronteras para el enemigo más grande que tiene el país, que es el narcotráfico y sus secuelas.

El primer interlocutor, de entre los presentes, fue el Dr. Arias Calderón,quien recordó que en el año 2000 se logró llegar a un consenso en el llamado Fundamentos de la Política Panameña de Seguridad, donde tanto el ministro Delgado como él participaron (ambos pertenecientes a partidos opositores al gobierno de entonces), y que no tenía ninguna duda de las prístinas intenciones del gobierno actual en cuanto a cumplir una promesa de campaña cual fue la de más seguridad.

Por mi parte, y habiendo hecho mi tarea (estudiar los proyectos de decretos-leyes), expuse que consideraba innecesario insistir en nombrar un uniformado al frente de la institución policial, sobre todo con una descripción de funciones tan ambigua como “un profesional con título universitario”. Sería terrible que se cometiera el error de escoger a un diseñador de interiores o experto en arreglos florales para ese puesto.

También dejé sentado mi planteamiento de que todos esos almibarados temas de inteligencia y seguridad, adscritos al Consejo y que muchos han señalado como una vuelta al G-2 eran totalmente violatorios a la Constitución. Sin embargo, ya los ministros anfitriones habían adelantado que dichos textos deberían sufrir una transformación, porque se había demostrado que su redacción y planteamientos no eran comprendidos a cabalidad.

Por otro lado, reforcé la idea, largamente expuesta desde hace diez años, de que en las fronteras con los países vecinos no sólo hace falta un pie de fuerza, sino la presencia de todas las dependencias del Estado que tienen un control sobre lo que ingresa y lo que sale: Migración, Aduanas, Salud, etc. Es decir, la defensa de las fronteras debe ser concebida como un tema diplomático, donde los gobiernos de los países vecinos se comprometan a reforzarlas de la misma manera que lo estaría haciendo Panamá, no como un área aislada o como una zona de guerra.

Fueron muchas y abundantes los aportes de los presentes, algunas con carácter más interpretativo que práctico, ya que casi todos los presentes eran abogados. Allí podríamos aplicar muy bien aquello de “cuando entre abogado te veas”. Muy importantes fueron la participación del Lic. Ramó Lima, señalando que la seguridad y la defensa son bienes públicos y, por tanto, son responsabilidad del Órgano Legislativo; y la del Lic. Jaime Abad, apuntando a que el gobierno de Martín Torrijos debe pasar estas reformas en su período.

En lo que a mí respecta, creo de manera contundente que no se trata de una vuelta al militarismo, tal como se ha hecho ver por los eternos opositores del PRD, que posiblemente ni siquiera han leído los proyectos; pero que no es el momento de hacerlas, aprovechando las facultades extraordinarias que
tiene el Ejecutivo y que revisando los temas de inteligencia y seguridad nacional y replanteándolos pueden legalizarse las acciones que está haciendo un estamento que fue creado por el gobierno de Guillermo Endara y cuyas funciones no están bajo ninguna legislación.

Es importante tener en mente que las escuchas telefónicas o la pinchadura de teléfonos ya casi son obsoletas, por cuanto la tecnología ha evolucionado mucho más rápido que las leyes que las rigen por lo que cualquier acción que se tome para salvaguarda los valores estratégicos del Estado se deben enfocar de manera preventiva.

Finalmente, reitero, y así lo dejé sentado en la reunión, que la percepción es más importante que la información. Pasar estas reformas a tambor batiente y con facultades especiales crea suspicacia y sobre todo, en medio de la vorágine de unas primarias del partido gobernante. Yo sigo creyendo aquello de “vísteme despacio que tengo prisa”, frase atribuida Napoleón Bonaparte, pero que resume claramente que las prisas no son buenas consejeras.

El gobierno de Martín Torrijos debe cumplir con su promesa de más seguridad y la verdad es que, desde 1999, la inseguridad se ha ido tomando las calles y áreas de todo el país. Estamos diez años tarde en aplicar nuevos criterios, antes estábamos bajo el paraguas de los gringos, ahora nos toca a
nosotros ser responsables de la tranquilidad y el bienestar de los millones de panameños que se sienten inseguros en sus bienes y en su diario vivir.

Pensemos entonces con la cabeza fría y aportemos a lograr un verdadero plan de seguridad integral sin aspavientos, marchas ni proclamas. Estoy segura de que dejándole la pelota al próximo gobierno, el que sea, no lo vamos a hacer mejor.