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Las historias de Oppenheimer

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Lo que muchos estábamos ansiando desde que supimos del nuevo libro de Andrés Oppenheimer, titulado ¡Basta de historias, se hará realidad en nuestro país el próximo 12 de abril. La Asociación de Amistad Argentino-Panameña ha invitado al conocido periodista a la presentación formal de su obra en el Istmo y a dictar una charla magistral en el marco de un almuerzo. Y es que Andrés no es un improvisado ni un desconocido. Ha sido identificado como uno de los ‘500 periodistas más importantes’ de Estados Unidos y una de las 100 figuras más poderosas de América Latina (esta mención se la otorgó la revista ‘Poder’ en el año 2002). Además de contar con los créditos académicos más renombrados en la rama del periodismo (una maestría en Columbia University, de la ciudad de Nueva York) Oppenheimer ha tenido una rutilante carrera en las principales agencias noticiosas del mundo, como la BBC, la Associated Press, The New York Times, CBS News, The Washington Post y desde 1983 es jefe de corresponsalía del Miami Herald. En esa posición le ha tocado cubrir el acontecer de países como Panamá y Colombia, por lo que su visita será el reencuentro con viejos amigos .
Además de su acuciosidad periodística, y la forma amena y asertiva con la que aborda los temas que capta su interés, Oppenheimer es un connotado escritor, que ha recibido los premios periodísticos de más prestigio de habla hispana, como el Ortega y Gasset, del periódico El País, de Madrid, España, en 1993 y el premio Rey de España, que concede la agencia española de noticias EFE y el Rey de España, en el año 2001. También fue galardonado con el Premio Pulitzer en conjunto con el equipo de investigación del Miami Herald en 1987 que reveló el escándalo Irán-Contras y otros más, como el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia, en 1998 y el más reciente Emmy Suncoast de la Academia Nacional de Televisión, Artes y Ciencias de Estados Unidos en el año 2005. 

CULTO AL PASADO

En ¡Basta de Historias! así Oppenheimer el crítico tema de la educación, tan crítico para todos nuestros países, a la que cataloga como ‘algo demasiado importante como para dejarla en manos de los gobiernos’. Tuve el privilegio de asistir al lanzamiento de su libro en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en noviembre del año pasado, y al respecto escribí que ‘en América Latina siempre estamos mirando para atrás, celebrando los aniversarios de las gestas liberadoras y desenterrando a los muertos que las hicieron posible’. Con esa atractiva elocuencia que posee, durante su presentación trajo a colación que al Presidente Chávez se le ocurrió exhumar los restos de Bolívar para mostrárselos a Venezuela. En realidad, agregó, lo que hizo fue mostrarle al libertador los restos de su Venezuela natal. Igualmente contó que a uno de los próceres de Centro América, en virtud que se lo disputaban varios países, lo habían partido en tres para que cada país tuviera su parte, creando así una nueva modalidad, la del turismo necrológico.

Oppenheimer sentenció en esa ocasión y a lo largo de su libro, que lo que caracteriza a los países que avanzan es la humildad, el estar conscientes que deben aprender mucho y manejar la economía del conocimiento. Su libro, que al fin circula en nuestras librerías, es el resultado de un extenso y largo viaje por el mundo, donde evalúa lo que hace avanzar y lo que retrocede a los diferentes países de los que se ocupa.

En su presentación en Guadalajara destacó -y estoy segura que muchos de los que están leyendo o ya han leído el libro concordarán- que la cultura familiar de países milenarios como India, China o Corea es una en la que todos los miembros de esa familia se involucran y que no termina nunca, es un ciclo permanente. Los estudiantes no tienen tiempo durante el día ni la noche para hacer otra cosa que acercarse al conocimiento, estudiar, y que en esa cadena por la superación participan padres, abuelos, hermanos, etc.

El autor realizó esta exhaustiva investigación cuando los países suramericanos se aprestaban a celebrar el bicentenario de sus independencias, y cuestiona con severidad si es correcto tener esa obsesión por la historia, y si lo que en algún momento inspiró a Bolívar, San Martín o Sucre nos ayuda a prepararnos para el futuro, o nos distrae de la urgente tarea que todos tenemos ante sí, que es la de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI.

LAS CLAVES DEL PROGRESO

En el libro describe la experiencia finlandesa, la de Singapur, la India, China, Israel, Chile (que está rumbo al primer mundo), Brasil, Argentina (el país de las oportunidades perdidas), aspectos de Uruguay y Perú, México y los caminos opuestos de Colombia y Venezuela y remata con lo que él denomina las 12 claves del progreso: mirar hacia adelante, hacer de la educación una tarea de todos, inventar un PIB educativo, invertir en educación pre escolar, concentrarse en formar buenos maestros, elevar el status social de los docentes, ofrecer incentivos salariales, buscar pactos nacionales en materia de educación que involucren a fuerzas que inclusive sean antagónicas; forjar una cultura familiar de la educación; romper el aislamiento educativo; atraer inversiones de alta tecnología; fomentar la ‘educación internacional’ y atacar fuertemente la complacencia y adoptar la paranoia constructiva que caracteriza a los países innovadores.

El delirante viaje del laureado periodista, plasmado en su fascinante libro, viene a abonar más al tema del rezago crítico que tenemos -Panamá inclusive- en el tema educativo, y que ha sido motivo de alarmantes señalamientos de informes como el Índice de Desarrollo Humano que recientemente divulgó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que demanda de todos la creación y adopción de una cultura de la educación y la creación de organizaciones civiles pluripartidistas que presionen a los gobiernos a mejorar la calidad de la educación. Ya basta de historias de super magos o chicas maravillas en los Ministerios de Educación. Es tarea de todos y es urgente porque de ello depende no sólo el país sino lo que hagamos como profesionales y ciudadanos.

COLUMNISTA DE AMÉRICA

Andrés Oppenheimer publica semanalmente una columna que se reproduce en unos 60 diarios de Estados Unidos y América Latina, titulada El Informe Oppenheimer y conduce su programa semanal de televisión en CNN en español, Oppenheimer Presenta. Es el autor de los muy leídos libros Cuentos Chinos, Crónicas de Héroes y Bandidos, Los Estados desunidos de Latinoamérica, México en la frontera del caos, Ojos Vendados: Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina y la Hora Final de Castro.

Es argentino de nacimiento y no se le ha quitado el dejo. Debe ser por eso que la Asociación de Amistad Argentino-Panameña ha logrado lo que muchos hemos estado esperando y que estoy segura no dejarán pasar todos los que tenemos el compromiso de elevar el nivel educativo de nuestro país.

 

Lo que Varguitas no dijo

La otra cara de la moneda

Tal como alguna vez sentenció Antonio Machado, el poeta español representante de lo que se llamó la generación del 98 y epítome del modernismo en su época: Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. /La tuya, guárdatela, siempre tuve la curiosidad de leer el libro “Lo que Varguitas no dijo”, cuya autora es Julia Urquidi, la primera esposa de Mario Vargas Llosa, hermana de una tía política de éste y con quien se casó cuando el escribidor (como le gusta a él llamar a todos los que considera escritores de segunda categoría) tenía 19 años y ella 29. Y justo me llegó el libro, tras una pesquisa implacable por Bolivia, de donde era oriunda la señora Urquidi,-para más precisión, de Cochabamba- gracias a los buenos oficios de la familia política de mi hija, el día que se anunció el fallecimiento de la autora, a los 84 años de edad, en Santa Cruz.

El libro en mención -editado supongo que en muy pocos ejemplares porque es difícil ubicarlo, por la Editorial Khana Cruz en La Paz, Bolivia, en 1983, y de apenas 304 páginas- es una respuesta visceral al que el autor de La Ciudad y los Perrosle dedicara, La Tía Julia y el Escribidoren 1977 y cuya dedicatoria reza “A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela” cuando ya Vargas Llosa se había casado con la prima hermana y sobrina carnal de Julia Urquidi, Patricia Llosa (hija de una hermana de Julia, para mayores referencias).

El libro en sí no tiene, en mi humilde opinión, mayor valor literario que el de arrojar luces sobre los inicios del escritor peruano y las inmensas barreras que tuvo que sortear para llegar a ser primero publicado y luego conocido en el mundo literario, con todas las limitaciones económicas y los sacrificios que ello implicó. Su valiosa amistad con Jorge Edwards, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Julio Cortázar y otros que hoy día son autores conocidísimos y todas las consecuencias que el hecho de haber “seducido” a su sobrino y casarlo le trajo a la señora Urquidi, especialmente de parte de la familia Vargas.

La lectura del libro es entretenida pero desordenada, se nota que no hubo la intervención de un editor en el proceso, puesto que se lee como quien escucha una cháchara interminable. Hay mucha amargura y saña en todo lo que dice la señora Urquidi y es de entender: ella fue el apoyo del novel escritor y tuvo que hacer ingentes sacrificios para que saliera adelante, y tal como ella lo explica, él le comunicó -mediante una carta- que la dejaba por su sobrina.

El libro destila despecho y relata la época en la que ambos vivieron, primero en París y después en Madrid; ahonda en las permanentes crisis que tuvo esa relación de pareja y la acogida que le dieron a las sobrinas de Julia, Wandita y Patricia, y el profundo dolor que les causó primero la pérdida en un accidente de aviación de Wandita y luego la “traición” de Patricia. Sin embargo, sí rezuma en apoyo hacia los inicios de un escritor que hoy es admirado y venerado por muchos y los inmensos esfuerzos que tuvo que hacer “la tía Julia” para que un descorazonado Vargas Llosa no desistiera de perseguir la fama que finalmente le llegó, y con creces. Es probable que sin el apoyo de su primera esposa, sin su permanente compañía y entusiasmo y el amor que ella le profesó, Varguitas no hubiera dejado de ser un escribidor y no se hubiera convertido en escritor.

Julia Urquidi se tomó el trabajo de publicar las cartas que Vargas Llosa le escribió y en las que lo muestra egoísta, mezquino y hasta cruel, y lo desnuda ante sus lectores y seguidores. La señora Urquidi, después de esa durísima ruptura, volvió a casarse y vivió un tiempo en la capital estadounidense y según entiendo, se divorció por tercera vez, terminando sus días en su patria natal. Se le recuerda como una mujer muy culta y muy bien relacionada en la estrecha sociedad boliviana.

La vida de la tía Julia repite el patrón de muchas mujeres que fueron soporte y baluarte de sus compañeros en sus inicios y después, como si fueran desechables, las cambiaron por otra. Algunas veces le reconocen ese apoyo que les permitió llegar a ser lo que son, o a publicar lo que tenían en ciernes. En la mayoría de los casos, prevalece la mezquindad. Y es doloroso que no se le reconozcan los sacrificios que hizo. Espero que la tía Julia haya muerto con la tranquilidad de sentirse, en cierta forma, resarcida por todos sus esfuerzos.

Las mujeres que amamos los libros


El año 2009 arroja un balance favorable en lo que a novedades de lectura y eventos culturales se refiere. Gracias a este espacio en el suplemento Día D, he podido publicar algunos de mis trabajos, los que he querido recapitular en este breve resumen de fin de año.
Lo más importante ha sido, definitivamente, la celebración de la V Feria Internacional del Libro de Panamá, que se verificó en agosto. Este año las fechas se corrieron por la coyuntura que en mayo, mes cuando tradicionalmente se organiza, se celebraron elecciones y de allí a julio, cuando fue la toma de posesión, poco era lo que se podía hacer en uno u otro sentido. La feria tuvo de país invitado a Perú, que se lució con una delegación de escritores e historiadores que dieron lustre al evento, además que promocionó su gastronomía por todo lo alto. Atrás quedaron los malos resabios –aunque algunas heridas aún no sanan— que nos dejó la feria del 2007 cuando, siendo España el país invitado, por diversas razones no se le sacó filo a ese hecho. Fue una verdadera fiesta cultural que contagió a todos y, aunque tuvo sus tropiezos para iniciar, por la reticencia del gobierno municipal a apoyar el pabellón infantil –como lo había hecho en todas las ferias anteriores— demostró que en este país, los lectores somos más.

En lo personal, viví un verdadero frenesí durante todo el año con tantas y tan buenas obras que salieron al mercado, destacándose entre éstas la Trilogía Millennium(Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire), de Stieg Larsson, el escritor sueco que ha sentado pauta en la narrativa y que a pesar de ser libros muy grandes, son los más vendidos y leídos en el mundo. Junto al esperado libro de Dan Brown, autor del Código de Da Vinci, El Símbolo Perdido, no hay evento cultural o feria de libro donde estos títulos no sean las estrellas. Mi tropiezo con Junot Díaz, el ganador del Pulitzer por “The brief wondrous life of Oscar Wao”, me causó tanta alegría que le dediqué un artículo al dominicano que escribe de manera muy jocosa en Spanglish, al que posteriormente he tratado de manera informal por residir y enseñar en la misma universidad donde mi hija hace su maestría.

Otras novedades editoriales fueron las relativas a los aniversarios que ocurrían durante el año y a las que en alguna medida se les rindió homenaje en la feria, entre los que se cuentan Mario Benedetti (fallecido en mayo 2009) y Corín Tellado (ídem abril 2009) y las conmemoraciones de la muerte de Julio Cortázar (25 años), Juan Carlos Onetti (15 años), de los 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe, y los 150 años de la publicación del origen de las especies, de Charles Darwin. La Embajada de los Estados Unidos organizó una conferencia magistral en la Biblioteca Eusebio A. Morales después del evento ferial, dirigida por Roberto Quintero, y en el marco de la feria se llevó a cabo una mesa de debate sobre el Origen de las Especies, que dio como resultado que el sacerdote que participaba endosara la teoría darwiniana y el laico que se suponía la iba a defender, se pusiera del lado de la iglesia.

Isabel Allende lanzó su esperado libro, La Isla bajo el Mar, que nos deleitó con su recursivo manejo del lenguaje y de las situaciones, además de la profunda investigación que refleja su historia, esta vez escenificada en islas del Caribe y en New Orleans y cuyos personajes son tanto negros esclavos c

Biografía de Gabriel Lewis Galindo
Biografía de Gabriel Lewis Galindo
Premio Alfaguara 2009
Premio Alfaguara 2009
ültima novela de Isabel Allende
ültima novela de Isabel Allende

omo blancos esclavistas, y las diferentes coyunturas que se daban durante esa terrible época como lo fue la esclavitud.

Alfaguara como siempre trajo al ganador del premio anual, el cual había recaído en el argentino-español; Andrés Neuman. El autor resultó un personaje encantador, lleno de humildad y respeto por los demás, con solamente 32 años, pero un compromiso inclaudicable ante la narrativa.

Aparte del delirio que siempre causa la visita de un escritor así, a nuestro país, la conferencia de prensa que el sello ofreció daba pena: los periodistas, a lo mejor sin tener idea de qué le iban a preguntar y mucho menos, de qué se trataba el libro, lo interrogaron sobre Chávez, Evo Morales, el cambio climático y la guerra en Afganistán. Afortunadamente hubo otros que salvaron la situación ahondando no solo en la parte literaria sino en la humanística, porque la novela “El viajero del siglo” da para muchas interrogantes, por su estructura y por su contenido. Creo que Andrés Neuman tuvo muy buena cobertura mediática en los tres principales diarios y ojalá que su cautivadora presentación invite a los que la presenciaron o leyeron sus entrevistas a leer su libro y otros que ha publicado. Lástima que a pesar de tanto esfuerzo que hace este sello editorial por dar a conocer a sus autores, siempre vamos a las actividades los mismos.

Círculo Editorial y la familia Lewis Navarro tiró la casa por la ventana al presentar la esperada biografía de Gabriel Lewis Galindo, por la novel autora María Mercedes de la Guardia de Corró. En el acto de presentación no faltó ni el clásico alfiler, todo el que tuvo que ver con las negociaciones de los Tratados Torrijos Carter, con la cruzada civilista y con el Gobierno de Pérez Balladares, además de las muchas amistades que esta familia tiene tanto en nuestro país como Allende en los mares. Con la magistral presentación del Dr. Jorge Eduardo Ritter (no por su relación con Gabriel, las negociaciones del tratado o el régimen de Noriega, tanto como por ser académico de la lengua), el acto fue de una altura que ojalá se hagan así todas las presentaciones de libros en este país y que los asistentes compren con ese frenesí el volumen presentado.

Esa empresa representante y distribuidora de libros cierra con broche de oro el año con el libro Una Vida, de Gerald Martin, la biografía de Gabriel García Márquez que le demoró al “inglés loco que correteó a Gabo 19 años” y que es tan amena y enriquecedora, que uno no se cansa de saber más del nobel de Literatura. Las presentaciones que del libro se hicieron en diferentes países dan cuenta de que fueron por demás muy interesantes, especialmente aquellas donde ha participado la familia del biografiado donde, en ocasiones, aclaran supuestos conceptos equivocados que se vierten en el libro, como el de su hermano Jaime García Márquez, que en la voz de sus familiares fallecidos, aclara ciertas aseveraciones que considera desacertadas, siempre desde el envidiable sentido del humor de esa familia. Por ejemplo, esta atribuida a Luisa Santiaga, su madre: ¿Por qué necesitó tantos años para hacerlo? Siendo él adivino. Él sabe más de mí que yo, sabe, por ejemplo, la fecha de inicio de la gestación de Gabito… Es una lástima que en Panamá no hayamos podido disfrutar de un lanzamiento como Dios manda de este importante libro.

En lo personal (y nacional), resalto el esfuerzo que hizo el Arq. Álvaro González Clare, al editar un compendio de sus artículos publicados en una revista social de la localidad y la edición del libro del Dr. Pedro Rovetto, dedicado médico panameño que reside en Cali, Colombia, Ideas Médicas: Una mirada histórica. El Ex Presidente Aristides Royo publicó un interesante libro titulado “El Instituto Nacional de Panamá: Recuerdos y vivencias de una época” que ha sido el deleite de toda una pléyade de ex aguiluchos que le han dado lustre a este país. También resalto la edición por la Editorial Portobelo de un compendio de artículos, presentaciones y crónicas literarias del poeta inigualable César Young Núñez, que tituló La Memoria es una extraña campana, donde tiene una dedicatoria al Pabellón de la Amistad, en la cual me incluye, junto a artistas plásticos, como Juan Carlos Marcos, Mario Calvit y Antonio Alvarado, escritores como Dimas Lidio Pitty, Tristán Solarte y Meco Fábrega y dedicadas lectoras como Claudia Ferrer, Berna Calvit y yo, entre otros.

Una gran sorpresa fue Samuel Bassán, a quien Día D dedicó la portada y una entrevista en el mes de octubre. Panameño y de sólida cultura literaria, no forma parte de ningún grupo, círculo o clan de escritores –sobre todo de esos que se abanican entre sí y esconden su mediocridad– pero su obra poética es verdaderamente buena y espero que su libro inédito –Diciembre Rojo– se presente este año, aunque ya algunos de sus libros publicados por editoriales extranjeras están disponibles.

Destaco mi encuentro con un autor francés que me cautivó, Marc Levy, cuya obra a la que tuve acceso, gracias a las gestiones del grupo Planeta de México, “Las Cosas que no nos dijimos”, se alzó por encima de los leídos de Larsson, Allende e Idelfonso de Falcones, con su Mano de Fátima. Igualmente, cierro con broche de oro mis lecturas del año con la inigualable de Ángela Becerra, Ella, que todo lo tuvo, en la que una vez más esta autora colombiana, radicada en Barcelona, nos devela un erotismo y cadencia que no tienen parangón en la narrativa femenina actual. Espero que la señora Becerra sea una de las que prestigie la próxima feria del libro que, a partir de este año, se hará anual y no cada dos años, como hasta ahora.

Yo culmino mi año de lecturas (el leer nos hace libres) con El Olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, una oda a la paternidad solamente comparable a lo escrito por Kafka, los Roth y V.S. Naipaul, entre otros. No dejo de agradecer a mi madre, que cargó con más de seis libros desde Buenos Aires; a mi hermano que me trajo muy formalito el de Ángela Becerra; a Juan McKay, que cada vez que suena una lata en Colombia, me trae el libro por el que sonó la lata; a Rodrigo Burgos, que de donde sea y cómo sea cumple con todos mis encargos; a Lorena Roquebert, que me los corretea y me los fía; y a las chicas de Santillana, que siempre me mantienen con lo último. También a Eugenio Roca, de Planeta México, quien a raíz de mis reseñas en este suplemento, sobre libros, me manda de vez en cuando alguna novedad; a Queenie Altamirano, que me envió el primer libro de Larsson; y a Jenny de Riande, por la Mano de Fátima. Y por supuesto, a mi hija Adriana, mi hermana Rita y mi amiga Claudia Ferrer, que son caja de resonancia de todas mis lecturas y comentarios, así como a Roxanna Cain, mi compañera en las Esclavas, que compartió conmigo un programa de televisión en el que hablamos del libro “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Al final, muchas gracias a Egbert, el editor de este suplemento, que siempre destaca todas las “dittantadas” que se me ocurre escribir y lo hace con verdadero entusiasmo.

La vida de un Tycoon

María Mercedes de la Guardia de Corró
María Mercedes de la Guardia de Corró

Reseña de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “Hasta la Última Gota”

El mérito de esta biografía radica no solamente en recoger en un volumen una vida fascinante sino, el conocimiento de muchas de las acciones que dieron paso a que hoy seamos soberanos sobre nuestro principal recurso natural.

Mariela Sagel

PA-DIGITAL-15 de Nov. 2009

Con mucho interés, pero con más entusiasmo, emprendí la lectura de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “Hasta la Última Gota”, escrito de forma magistral por María Mercedes de la Guardia de Corró. “Chelle”, como se le conoce, estuvo en el medio periodístico casi una década y su pluma siempre fue reconocida como aguda, elegante y acertada. Sin embargo, en su debut como biógrafa no solo supera las expectativas que pudiéramos habernos creado sobre ella sino que deslumbra el nivel de investigación que denotan las numerosas instancias por las que nos lleva de la mano en esa vida fascinante que tuvo Gabriel.
Más de dos años le tomó a “Chelle” escribir la biografía de un hombre que no descansó un minuto en sus 67 años de vida, quien dejó a su paso no solamente obras que son dignas de admirar, sino que sus acciones le ganaron, por igual, detractores, seguidores y más de un creyente de que su estilo es irrepetible.

Lo más importante de este trabajo es darnos a conocer, al mortal de los panameños, el valor que tuvieron, tanto Lewis Galindo como el resto de los negociadores de los tratados del Canal, conocido como Torrijos Carter, así como las presiones a las que se vieron sometidos por parte de la potencia del norte.

Quizá a muchos de los de mi generación los diversos y variados libros sobre la invasión nos dejaron más o menos claros cómo llegó Noriega a convertirse en el monstruo egoísta que era, y confieso, honestamente, que pensé que ya me lo había leído todo sobre el tema y, como quien dice, era periódico de ayer. No sólo devoré lo que escribieron tanto los autores gringos como los panameños sino que me formé mi propia conclusión de ese período tan trágico que fue la época de los últimos años ’80. Tengo, inclusive, el manuscrito de la obra de John Dinges (o primera prueba) ‘Our Man in Panama’, por deferencia del autor y, en mi haber, variadas vivencias de la cruzada civilista y, especialmente, de la época post invasión, donde por circunstancias de la vida me tocó estar en primera fila en el escenario de cómo se manejaba el nuevo gobierno con los representantes estadounidenses y lo meritorio y censurable que resultó ese triunvirato juramentado en la antigua Zona del Canal.

Lo importante del libro es la combinación que tiene de episodios determinantes de nuestra historia patria, junto con intimidades familiares que, si no fuera por lo dicho en la presentación y leído en los medios, fueron autorizadas por la viuda y los hijos de Gabriel, junto a sorprendentes causalidades que se fueron dando durante la vida de este magnate panameño que se recuerda en todos los círculos locales y en los políticos de Washington.

La historia entrelaza la niñez de los hermanos Samuel, Gabriel y Carmen y también sus antepasados, con la boda de “Nita” y Gabriel, esa dama excelsa e inimitable que compartió penas, desventuras y éxitos siempre junto a su amado esposo y luego la llegada de cada uno de sus seis hijos.

Paralelamente, la incursión en los negocios de un hombre que no tuvo academia, pero que demostró más que disposición para el emprendimiento y el trabajo. Se avanza en su lectura con su encuentro con el general Torrijos, la química que surge entre ellos, viniendo cada uno de tan diferentes orígenes. Esto es comprensible en la medida como se calibre la personalidad de ambos y su objetivo común: servir a la patria.

La época de Contadora es narrada con gran detalle y efusividad y remueve muchos recuerdos que por lo menos yo tenía de esos paseos en el Casimiro (en una de sus versiones, porque otra fue quemada por las huestes de Noriega) incluyendo aquello con lo que Gabriel estaba obsesionado, retener en una cámara fotográfica todos los momentos que vivía pero, sobre todo, compartía, razón por la que muchas de sus cámaras fallecían de agotamiento, según el decir de Samuel Casimiro, su cuarto hijo. Una nota curiosa, y que no acabo de aclarar, es el detalle que menciona la autora al principio: que “Nita” y Gabriel atendían desde su casa o su bote, mas no se sumergían en el mar, porque no sabían nadar.

Avanza el libro con detalles intrincados de su sociedad con los tíos y las grandes oportunidades que se dieron precisamente por la visión del “tycoon” que era Gabriel (se traduce como magnate) y su posterior incursión en el mundo diplomático con la única misión de capturar con su encanto y “charm” a una elite tan especial y siútica como es la de los políticos de Washington. Excelente selección que tuvo Torrijos padre para ponerle una presión de “tractor” a la recuperación de nuestro mayor recurso, usufructuado injustamente por los gringos desde su construcción.

Prosigue con la muerte del general, la degeneración del gobierno militar y la decisión de Gabriel en irse de vuelta precisamente, donde era querido, admirado y respetado y su papel determinante en conducir tanto a los cruzados en el exilio como a los políticos que no sabían qué hacer con el narcodictador.

Me produjo tanta admiración cómo sumó a convencidos y sumisos adláteres de Noriega a su causa, a riesgo de sus vidas y cómo sufrió, él y su familia, toda clase de vejámenes, peligros y enormes pérdidas económicas personales. Posiblemente, algunos libros describieron este proceso, como el de Juancho Sosa u otros, pero estoy segura de que no tienen el valor tanto estilístico como humano que se siente en “Hasta la Última Gota”.

Su posterior integración a la vida nacional y el rechazo que sufrió por parte del gobierno de Guillermo Endara no dejaron de causarme cierta sorpresa aunque la vida me ha enseñado que “Mal paga el diablo a quien bien le sirve”. Todo lo referente a los negocios con el banco donde tenía intereses y la mezquindad de los socios al no permitirle hacerse con más acciones (y más peso) me causó mucha tristeza, similar a la de saber que su fiel Rufino lo había dejado en la mitad del camino.

La desaforada gestión que llevó a cabo como Canciller del gobierno del Presidente Pérez Balladares, apenas dos años antes de su muerte y la dolorosa enfermedad que lo llevó a recibir un trasplante de pulmón y el apoyo que le dieron sus amigos, de todas partes del mundo, poniendo al alcance de su familia los mejores tratamientos e instituciones médicas dan cuenta de que, como dice la autora, a estas alturas, Gabriel no tenía adversarios, “todos querían verlo de pie, andando. El gran seductor se acercaba a la batalla final respaldado por una pléyade de amigos”.

María Mercedes, además de demostrar un conocimiento extraordinario del manejo del lenguaje, supo combinar tanto los valores familiares como los momentos históricos importantes, conjugándolos con hitos en el devenir de la humanidad que, de una y otra forma, afectaban tanto la economía mundial como la definición de Panamá como país. No deja de sorprenderme la cantidad de “perlas literarias” que logra “Chelle” transmitirnos –como me dijo un gran amigo mío lector— en su bien lograda biografía, y, más aún, cómo “la vida te da sorpresas”, según dice la canción, ya que, en la presentación del libro, no solo estaban presentes sempiternos enemigos o adversarios políticos sino una variopinta de aquellos a quienes Gabriel combatió, sumándose al justo tributo que merecía en vida y merece su más que elocuente labor como patriota.

El mérito de esta biografía radica no solamente en recoger en un sendo volumen una vida fascinante sino, el conocimiento de muchas de las acciones que dieron paso a que hoy seamos soberanos sobre nuestro principal recurso natural: el Canal de Panamá. También el darnos cuenta de que, aunque “hijo de tigre nace rayado”, ni el vástago del general ni el del embajador-canciller les llegaron a los tobillos a sus progenitores durante sus gestiones en la administración pasada. Y lo más importante, la dedicación, asertividad y compromiso con la verdad, por un lado, por parte de la encomendada a llevar a cabo este importante proyecto, como de la familia –su viuda e hijos— que se atrevieron a mostrar al mundo, en cuerpo y alma, las interioridades de una vida llena de virtudes y también de defectos, como la de todos los seres humanos.

Finalmente, emerge la fortaleza de una mujer que fue eco de todos los pensamientos, aunque fueran descabellados, de su marido, y que se atrevió a darlos a conocer, sin tapujos. Con justa razón, “Chelle” le dedica a “Nita” el libro, porque es la historia de su vida, que ha vivido hasta la última gota.

Portada de "Hasta la Última Gota"
Portada de "Hasta la Última Gota"

Lo que restaba de la Trilogía Millennium

Escenas del filmLa Reina en el Palacio de las Corientes de aireTercer libroEl Domingo, 25 de octubre de 2009
Mariela Sagel
PA-DIGITAL

Después de 2231 páginas finalmente terminé la lectura de los tres libros que componen la Trilogía Millennium, esa saga fascinante que está volviendo locos a todos los lectores y desploma las góndolas (estanterías) de las librerías.

Aquí en Panamá, el primero de los libros fue presentado en la V Feria Internacional del Libro, por Gabriel Sandoval, director Editorial de Grupo Planeta de México, responsable de la edición para esta región de Latinoamérica, y por la Dra. Rosa María Britton, conocida escritora nacional. Los hombres que no amaban a las mujeres, como se llama la primera novela, lo reseñé en este suplemento a principios de agosto (antes de la feria) y de manera magistral lo hizo a fines de septiembre Mario Vargas Llosa en su columna Piedra de Toque, donde señala que “solo deplora que Stieg Larsson se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado”.

El fenómeno Larsson o el fenómeno Salander, como se llama la protagonista de esta saga, ha recorrido el mundo en todos los idiomas. Ya perdí la cuenta de a cuántas lenguas ha sido traducido y cuántos millones de euros lleva generados en regalías, mismas que le han escatimado a la compañera de toda la vida del autor. La película de la primera novela se estrenó y siguen corriendo ríos de tinta tratando de entender –y de promocionar— los libros “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, que es como se llaman los dos posteriores.

No estoy segura de cuál de los tres libros me gustó más. Posiblemente el tercero. A partir del segundo, una vez resuelta la incógnita de la familia Vanger –una familia tan complicada y disfuncional que me recordó un par de núcleos locales que no se hablan entre sí y se meten zancadillas todo el tiempo— el autor se permite andar del timbo al tambo (¿o se dice del tingo al tango, como escribió Julieta de Fábrega en su libro?) por el mundo (bueno, Lisbeth en este caso)— y ahonda en el uso de marcas suecas y de tecnología sofisticada. No olvidemos que la Salander es una “hacker” y de las mejores. Y que Suecia es un país con un alto nivel de desarrollo en esa rama, cuna de Volvo, Erickson, Ikea y Skanska, entre otros, además del vodka Absolut. Las descripciones sobre la forma en que hacen uso debido e indebido de la informática y de las armas de fuego son exhaustivas y a veces tan enfáticas que preocupa saber que podemos estar en manos de cualquier escucha que apenas se parezca al grupo WASP (los hackers de Salander), especialmente después de la ley que recién pasaron en Panamá y de los “zarinos” que tienen en sus manos la seguridad del país.

Otro punto relevante es la importancia que le da Larsson a los medios de comunicación –en este caso impresos— como son los periódicos y las revistas, y la forma en que son controlados, manipulados y utilizados por los grupos de poder. Parte de las enseñanzas que extraje del ejercicio de haberme leído estos tres libracos ha sido el comprender cabalmente el imperio de los medios que, aliados a las fuerzas de seguridad y otros diablos, pueden hacer desastres. Se pueden convertir en la Corte Suprema Mediática o, como escribí recientemente, señalar culpables por titulares. Leyendo un poco sobre Suecia, aprendí que es uno de los países donde más personas leen periódicos y éstos, versus la población existente, tienen una circulación envidiable. La gran diferencia es que, por lo menos en la novela, las unidades investigativas son usadas para desenredar verdaderos entuertos y no perseguir meras tirrias y dañar reputaciones por el simple hecho de ser adversarios políticos. En los escenarios que trata Larsson, caen industriales y financieros, que tienen sus manos, sospechosamente, metidas en los medios de comunicación.

Más allá de la fascinación por la narración está el hecho que retrata a los suecos en cuerpo y alma: su liberalismo, su modernismo en aceptar todo lo avanzado y su vasta geografía. Es importante resaltar, como lo he comentado en las tertulias donde irremediablemente terminamos hablando de Larsson, la innumerable cantidad de nombres nórdicos (o escandinavos) de personajes que usa el novelista, todos impronunciables, con las diéresis que nos son ajenas, aunado a la descripción de los lugares y recorridos que hacen en los zangoloteos y pesquisas en que se ven inmersos los protagonistas. En ningún momento me sentí perdida, aunque no conozco Suecia, pero de algo sí quedé más que segura: todos duermen desnudos.

Stieg Larsson pone especial interés en los personajes femeninos: Lisbeth Salander es una inmortal de la ficción, como la definió Vargas Llosa y no me extraña que para este día de las brujas mucha gente se llene de tatuajes y piercings para emularla. Ericka Berger, la ejecutiva impecable, sensual y avasallante, es un ejemplo a seguir. Y en el tercer tomo entra en escena una sorpresiva vikinga, Mónica Figuerola, que se va a convertir en la Juana de Arco del desenlace. Hay otras figuras femeninas que merecen consideración, como Annika Gianninni y Susanne Linder, además de todas las periodistas de la revista Millennium y las investigadoras de Milton Security y del tratamiento que le da el novelista a ellas se deduce su compromiso sin claudicaciones con el sexo femenino. De allí que uno de los principales temas de esta extensa trilogía sea la condena al maltrato a la mujer y el respeto por el trabajo que hacemos.

También se resaltan, ya no a nivel de valor literario, la exaltación de los sentimientos como la amistad, la sinceridad y la solidaridad. Tal como dije en el programa de televisión al que fui invitada a conversar sobre el primer libro, Ericka es amante de Mikael, ella está casada con un pintor relativamente conocido y su marido acepta que tenga esa relación. Un amigo que vive en el extranjero, que se motivó a leer estos títulos catalogados como del género “novela negra”, me señaló algunas frases para tener en cuenta, tales como que “nadie puede evitar enamorarse… tal vez uno quiera negarlo, pero es posible que la amistad sea la forma más frecuente de amor”. Y otra: “no hay nadie inocente, sólo hay distintos grados de responsabilidad”.

Suecia también es la cuna de la Academia que otorga los Premios Nobel. No creo que Larsson hubiera podido alzarse con uno por esta trilogía, -si hubiera vivido – lo que sí estoy segura es que tal como mencionó el escritor peruano Alonso Cueto, en la presentación del primer libro en Panamá, el autor ha realizado una verdadera proeza en escribir una novela popular, y eso ha hecho que muchísimas personas hayan vuelto a la lectura como el pasatiempo o mejor, el ejercicio que más estimula al ser humano. Y como también dijo Gabriel Sandoval en esa ocasión en la feria, “tenemos entre manos una novela prodigiosamente adictiva, que no tendrá piedad del lector y lo someterá ante la imposibilidad de dejar para mañana lo que se puede leer hoy”.

La muerte de Stieg Larsson, sin haber visto publicado ni el primer tomo de lo que se ha convertido la Trilogía, debe hacernos reflexionar si no ha sido su historia, su propia historia –en la figura de Mikael Blomkvist— la que parecería haber sido ideada por algún Director de Marketing celestial empecinado en hacer aún más efectivo el fenómeno que hoy se apropia de todos los temas de conversación.

Las Cosas que no nos dijimos

Mariela Sagel

El título me sedujo sin conocer nada del autor. Llegó en un momento en el cual sentía que se me quedaron cosas por decirle a mi ex marido, que recién había fallecido. Me las ingenié para conseguir la edición española y el esfuerzo valió la pena. Posteriormente me puse a investigar sobre el autor y me llevé agradables sorpresas.

Marc Levy está catalogado como el autor más leído de Francia. Tiene otras obras que tengo pendiente encontrar si están traducidas, especialmente porque no leo en francés, pero parece que hay una constante en su narrativa: el romance. No se considera un escritor romántico sino un hombre romántico. Ha publicado desde el año 2000 con repetido éxito y su primera novela ¡Ojalá fuera cierto! fue llevada al cine por el director Mark Waters. No se hubiera imaginado ser escritor si no fuera porque una noche, cuando ya su hijo tenía 9 años, como acostumbraba a diario, le estaba leyendo un libro. El chico le dijo que prefería ver la tele, por lo que decidió escribirle para cuando creciera.

Fue socorrista de la Cruz Roja y vivió en los Estados Unidos dirigiendo una empresa de diseño digital hasta que volvió a Francia, donde lo involucraron hasta con Cecila Sarkozy –como su amante— lo que niega rotundamente y se lo achaca a los opositores del Presidente francés. Tiene una interesante pinta de galán de cine y actualmente vive en New York, ciudad donde se lleva a cabo casi toda la trama de ‘Las Cosas que no nos dijimos’, además otras escenas que se desarrollan en Montreal y Berlín. Los relatos en torno a la más cosmopolita ciudad de la provincia de Quebec son sobrecogedores y tan vívidos que de alguna manera me hacen ser un poco sesgada en esta nota, toda vez que es una de mis ciudades preferidas.

El libro empieza con una cita de Albert Einstein, a quien considera un genio además de un tipo con un peculiar sentido del humor. En una entrevista que apareció en la prensa española con motivo de la edición de Planeta España citó una frase de Einstein que decía que “hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez humana, aunque sobre la primera todavía tengo mis dudas”. Yo me identifico con ese pregón y hasta agregaría que “la naturaleza humana se envilece cuando dota de poder a la ignorancia”. La trama es totalmente inusual pero rebosa de aquellos sentimientos que muchas veces un malentendido orgullo nos hace adoptar durante nuestras vidas una actitud de no decir lo que sentimos por aquellas personas que queremos, aunque nos hagan la vida de cuadritos.

Julia, la protagonista principal, va a casarse y no espera que su padre asista a la boda. Justo unos días antes de celebrarse la ceremonia recibe el anuncio que su padre, de quien se había alejado desde que tenía 18 años, ha muerto. Posteriormente le espera una sorpresa en su departamento del Lower Manhattan que la dejará perpleja –y a nosotros también— y tiene entonces la oportunidad de recorrer todos los caminos y averiguar el por qué de todos los silencios que mantuvo su progenitor con ella durante toda la vida.

Montreal le ofrece la oportunidad de volver a la iglesia donde la bautizaron –la Basílica de Notre Dame— y encontrar a quien fuera el amor de su vida en un retrato al carbón de una dibujante de esas que se apostan en la Plaza Jacques Cartier. Berlín es utilizada por Marc Levy como el escenario perfecto para recrear una reconciliación, ya que vuelve sobre los años al día maravilloso donde se encontraron el este y el oeste y el muro cayó. Las alegorías son estupendas y los diálogos y escenas todavía más. Acabé el libro en lágrimas, convencida que no debemos pasar por este mundo sin decirle y repetirle a los que queremos cuánto los queremos, y no posponer decir o hacer aquellas cosas que pueden hacer felices a los que amamos.

Termino de hacer este escrito mirando en la televisión el funeral del Presidente Guillermo Endara. He podido evaluar cómo la desaparición de una figura que jugó un papel protagónico tan importante en la historia política de nuestro país ha causado tan genuino dolor entre la población. Y siento que a don “Cuchungo“, en vida, se le dijeron muchas cosas y ojalá que sus más allegados sientan que no se les quedaron otras sin decir.

Portada del libro de Marc Levy
Portada del libro de Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy

La trilogía Millennium

Cada cierto tiempo aparece en el mundo literario un fenómeno, un autor (a) que de buenas a primeras publica un extraordinario libro, que se convierte en best sellery al que todo el mundo pone de referencia. Así pasó con Umberto Eco y El Nombre de la Rosa, El Perfume de Patrick Suskin, La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso de Falcones con La Catedral del Mar. Algunos de estos autores vieron la fama solamente con su obra máxima y otros han seguido cosechando éxitos, título tras título. Stieg Larsson no pudo ver el fruto de su talento porque murió apenas terminó de escribir la última novela de la trilogía Millennium, a los 50 años de edad. Sueco de nacimiento, era periodista y las tres novelas policíacas que componen Millennium se titulan Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.

El autor.

Larsson era oriundo de una comunidad del campo sueco, cuyo nombre menciona en su primera novela y fue criado por sus abuelos. Además del periodismo y el diseño gráfico, su vida estuvo muy comprometida con las luchas progresistas contra el racismo y la ultra derecha. Fue miembro de la Liga Comunista de Trabajadores y participó en la fundación del proyecto antiviolencia Stop the Racism, promovió los principios de la Fundación Expo (dedicada a “estudiar y cartografiar las tendencias antidemocráticas, de extrema derecha y racistas en la sociedad”) y dirigió la revista de ese nombre. Sus trabajos de investigación periodística los realizó en torno a los grupos nazis de su país y las interrelaciones entre la extrema derecha y el poder político y el financiero. Otro de sus intereses era la ciencia ficción.

El autor quiso escribir estas sendas novelas imaginándose algunos escenarios y personajes de literatura sueca que son un poco alejados de nuestras referencias. Era un escritor de ficción en sus ratos libres y su énfasis era el policíaco. La trilogía Millennium es el resultado de un ensayo en darle vida a la niña que la escritora sueca Astrid Lindgren creó al escribir su célebre cuento Pippi Calzalargas (o Pippi Longstockings, como se le conoce en inglés), y de allí se fue desarrollando una trama, en el primer libro, que tiene de sexo (malo y bueno), informática, suspenso, intrigas, peleas familiares, sucesos mundiales, ideologías (una abierta crítica al fascismo y el nazismo) y viajes por el mundo, en una complicadísima trama que no te deja tiempo si no para seguir leyendo el libro con fruición. Se ha señalado que con ese primer tomo, Larsson marcó una tendencia en la literatura europea, y también se le ha incluido en el género de novela negra, a la que pertenecen los libros de Agatha Christie, entre otros autores. “El misterio, los enigmas y los rompecabezas a resolver han sido siempre parte importante de la creación literaria. Pero sólo algunos autores han conseguido crear personajes que hayan hipnotizado a través de su lógica, su indagación y, en muchos casos, su arrojo a la hora de resolver misterio que se les planteara”. Así lo define Casa del Libro de España este género.

Stieg Larsson falleció de un fulminante ataque al corazón en el año 2004, unos días después de haber entregado el manuscrito del tercer volumen de la trilogía y sin ver aún publicado el primero de los libros y habiendo empezado el cuarto volumen que daba seguimiento a su saga. Una publicación francesa muy influyente, en www.evene.fr, calificó a Larsson de «figura legendaria, cuyo extraordinario genio literario ha creado una de las obras literarias más importantes del siglo XXI… Las tres novelas constituyen un auténtico fresco de la sociedad moderna que no puede compararse a lo que ningún escritor de novela criminal ha hecho nunca antes». Ya se conoce de una adaptación de la primera novela al cine. Los hombres que no amaban a las mujeres, cuyo nombre en inglés esThe girl with the dragon tatoo, y la subsecuente The girl who played with fire – títulos que me parecen más apropiados -, han sido traducidos a más de 40 idiomas y vendido más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo, uno de éstos nada más en España. Su tercer volumen, puesto a la venta recientemente, era esperado con gran expectativa y se ha constituido otro fenómeno de venta.

La obra.

Este primer volumen, sobre el cual me voy a referir porque estoy en proceso de leer el segundo, es una edición de 665 páginas que gentilmente me trajo Queenie Altamirano de España, pero que ya está a la venta en Panamá. Es una excelente traducción del sueco al español, pero demasiado español de España, con ordenadores, vales y cotilleos sin parar, y algunos modismos que no usamos mucho o no entendemos (marcar un farol o ser un cantamañanas). Indagando un poco sobre el origen de las lenguas, y en vista de que mi hija también lo quiere leer y está en la disyuntiva de si hacerlo en inglés o en francés, entiendo que el sueco es un idioma germánico, como el inglés, de allí que para los que puedan, seguramente, les resultará más conveniente leerlo en esa lengua.

La narrativa es de una fuerza que te deja siempre con ganas de más y la forma en que maneja los escenarios y los personajes, así como las tramas es tan inventiva, que parece un circo de varias pistas, sin que pierdas el hilo de uno o de otro y te pasees por toda la intrincada saga como Tarzán en su liana. Yo me leí 250 páginas en una sentada de avión y si me descuido, igual me termino el libro, algo que muchas veces no suele ocurrirme, no porque los libros sean malos, sino porque o tengo que volver para atrás para entenderlos o voy despacio porque tengo prisa.

Si bien es una novela policíaca, en el mejor contexto de su género, es atrevida en cuanto a las relaciones que se entrelazan, los desenlaces de estas relaciones y la información tecnológica e informática que maneja. Hacía tiempo que no me sentía tan a gusto con un libro tan grueso y pesado. No es una lectura lineal sino una montaña rusa, o mejor dicho, sueca.

Entiendo que el autor se divirtió tanto escribiendo sus dos primeros libros que prácticamente lo hizo en secreto y se lo entregó al editor cuando ya los había terminado. Definía, antes de morir, su afición a la escritura como un “pension insurance”.

En la próxima V Feria Internacional del Libro se va a realizar una presentación de este primer tomo de la trilogía, y seguramente durante el desarrollo de la misma se va a ampliar mucho más sobre este interesante título. Mientras tanto, cumplo con dar mi humilde opinión para despertar el interés de aquellos que siempre andan buscando algo bueno que leer, que además sea entretenido y agregue valor al conocimiento que ya tenemos.

Extracto del libro
… ¿Qué le sucedió a Harriet?
Harriet Vanger desapareció hace 36 años durante un carnaval de verano en la isla sueca Hedeby, propiedad prácticamente exclusiva de la poderosa familia Vanger. A pesar del despliegue policial, no se encontró rastro de la muchacha de 16 años. ¿Se escapó? ¿Fue secuestrada? ¿Asesinada? Nadie lo sabe: el caso está cerrado, los detalles olvidados.
Pero hay quien sigue recordando a Harriet, su tío Henrik Vanger, un empresario retirado, ya en el final de su vida y que vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir.
En las paredes de su estudio cuelgan 43 flores secas y enmarcadas. Las primeras 7 fueron regalos de su sobrina. Las otras llegaron puntualmente para su cumpleaños, de forma anónima, desde que Harriet desapareció.
Vanger contrata a Mikael Blomkvist, periodista de investigación y alma de la revista Millennium, una publicación dedicada a sacar a la luz los trapos sucios del mundo de la política y las finanzas. Mikael no está pasando un buen momento: está vigilado y encausado por una querella por difamación y calumnia. Detrás de la querella está un gran grupo industrial que amenaza con derrumbar su carrera y destruir su reputación. Así que acepta el extraño encargo de Vanger de retomar la investigación de la desaparición de su sobrina e intentar tirar de algún cabo suelto.
Un trabajo complicado para el que recibe el regalo inesperado de la ayuda de Lisbeth Salander, una investigadora privada nada usual, incontrolable, socialmente inadaptada, tatuada y llena de piercings, y con extraordinarias e insólitas cualidades como su memoria fotográfica y su destreza informática.
Así empieza una novela que es la crónica de la guerra interna de una familia, un fresco fascinante del crimen y del castigo, de perversiones sexuales, de trampas financieras, un entramado violento y amenazante entre el que sin embargo crece una tierna y frágil historia de amor. Una historia de amor entre la que será la pareja más memorable de la literatura criminal.

*Tomado de Casa del Libro
Primer tomo de la trilogía Millennium, "Los Hombres que no amaban a las mujeres"

El autor Stieg Larsson, quien murió cuando entregó el tercer manuscrito de la trilogía
El autor Stieg Larsson, quien murió cuando entregó el tercer manuscrito de la trilogía
Sello postal del personaje Pippi Calzalargas
Sello postal del personaje Pippi Calzalargas

El nuevo West Side Story latino

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La noche del blackout
La noche del blackout
Autor de la obra, Lin Manuel Miranda
Autor de la obra, Lin Manuel Miranda
Fachada del Teatro Richard Rodgers
Fachada del Teatro Richard Rodgers
Recientemente publiqué una reseña en este suplemento sobre el libro del autor dominicano Junot Díaz, La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao, cuando en mi reciente visita a la ciudad de Nueva York me entusiasmó la obra musical In the Heights. Recuerdo perfectamente la dinámica que ocurría en Washington Heights, un barrio en el Upper West Side de Manhattan, donde hay una gran concentración de hispanos, mayormente cubanos, puertorriqueños y dominicanos. Aún cuando en treinta años no he dejado de visitar constantemente la gran manzana, no me he acercado por ese vecindario y la obra despertó mi curiosidad en el montaje recién estrenado. Las estadísticas arrojan que la población hispana de este vecindario está arriba del 70%.

Lin-Manuel Miranda, puertorriqueño nacido en Nueva York, es el responsable del libreto y la música. Este artista, de apenas 29 años, es miembro fundador del movimiento teatral de hip-hop y también ha actuado en series como Sex and the City y Los Soprano. Creó la obra musical durante su último año en Wesleyan University como una asignación académica y posteriormente, revisado y mejorado lo presentó en la Conferencia Nacional de Music Theatre. Entre los productores del show se menciona a Kevin McCollum y Jeffrey Seller, quienes fueron también responsables de Rent y Avenue Q, reseñado en mi artículo anterior.

In the Heights se estrenó en 2007 fuera de Broadway y en 2008 en el centro del arte teatral. Ha recibido varios premios, entre los que se pueden contar un Tony Award para el mejor musical del 2008 y también un Tony Award para el mejor guión original escrito para una obra de teatro. Ese año recibió trece nominaciones.

La historia original se le debe a la autora puertorriqueña de ascendencia judía, Quiara Alegría Hudes, que estudió en Yale y Brown, entre otros centros de estudios y tiene una vasta producción literaria. Representa la vida y vivencias durante tres días en la comunidad de Washington Heights y la música y bailes van desde el hip-hop, salsa, merengue y música soul. El elenco está compuesto por más de 15 artistas, todos con cualidades de baile extraordinarias. Tanto la coreografía como los protagonistas que en el play se presentan han recibido críticas favorables por su dinamismo, juventud, escenografía y moderna partitura, así como por la excelencia de la orquesta.

Las escenas son de una cotidianeidad apabullante: la tienda o bodega (el colmado para los dominicanos, la tienda del chino para nosotros), la peluquería y el servicio de alquiler de autos, para rematar al fondo con el puente George Washington Bridge, con quien colinda este populoso vecindario y emblema del mismo. Por supuesto que están presentes las casas donde, en sus balcones, ondean las diferentes banderas de los países de los residentes.

Usnavi, el dueño de la bodega, debe su nombre a la primera visión que tuvieron sus padres cuando arribaron a los Estados Unidos: U.S.Navy. Sueña con regresar a su país. Casi lo logra cuando se da cuenta que su verdadero sitio está precisamente en su barrio y con su abuela, una especie de matriarca de todos, que lo crió. Este personaje, interpretado magistralmente y representando una avanzada edad, no deja de dar sus pasitos en el escenario y reclamar, con justa asertividad, venir de Cuba, especialmente cuando se refiere al barrio de Víbora. Con melancolía relata cantando su salida de la isla en 1943 en una bella canción que desgrana lo que le enseñó su madre desde chica: Paciencia y Fe. Nina, la esperanza del barrio, hija de una pareja de esforzados inmigrantes con un negocio de alquiler de servicios de limosinas, estudia en la Universidad de Stanford, en California, pero se retira de los estudios porque no le alcanza la beca para proseguir su carrera. La actriz que me pareció mejor caracterizada es Daniela, una típica dominicana dueña de un salón de belleza, sitio donde todo el vecindario femenino se reúne a bochinchear. Hay otros personajes que complementan el elenco, como el vendedor de piraguas (en la jerga puertorriqueña lo que para nosotros sería el raspao). No está exento en el play el lumpen artista de graffiti que al final resulta ser el que más loables sentimientos tiene.

Nos tocó asistir a la obra a fines del mes de junio, y la obra se escenifica un 3 de julio, cuando se anunciaba una ola de calor que batiría record. Amanece y Usnavi se apresta a servir lo pertinente de todas las mañanas, café y periódicos y escucha los sueños e historias de todos los vecinos: el empleado de la tienda Rosario quiere un ascenso, las chicas del salón chismean y la mujer que le quita el sueño, Vanessa, quiere mudarse a un apartamento en un lugar alejado de Washington Heights.

Una tras otra se van sucediendo escenas cotidianas de barrio, insatisfacciones, aspiraciones, realidades. Unos se lían entre sí, salen, se descubren, intimidan. Otros pelean y se enteran que uno de ellos compró un ticket en la bodega de Usnavi que fue premiado en la lotería.Se embarcan en cada uno imaginarse cómo se gastarían esa pequeña fortuna.

El día sigue su caluroso desenvolvimiento y la noche atrae a los enamorados, quienes como buenos latinos, se van a bailar a un bar. Lo que viene son escenas delirantes, de gran destreza y música pegajosa. Daniela, la peluquera, es la que mejor baila y, además, posee una potente voz que mezcla hábilmente palabras en inglés y en español, el Spanglish que tanto se oye en ese barrio.

Como en toda historia, hay sentimientos encontrados que atraen a los que los expresan: Nina confiesa sentirse fuera de lugar en Stanford y Benny, el empleado negro que tiene la familia Rosario, se siente un extraño en un barrio latino por ser afroamericano. Sin embargo, baila mejor que muchos caribeños que conozco. El show se lo roba el vendedor de piragua, que con su carrito hace piruetas en la pista y canta una pegajosa canción.

En medio del bailoteo hay un apagón y al día siguiente la bodega de Usnavi amanece saqueada, hasta con la tolda rota. Vuelve a recurrir en sus sueños de volver a la isla de Quisqueya. Nina y Benny consumaron su romance esa noche, para malestar de los padres de ella. Aumenta el calor y los expendios van cerrando uno a uno sus puertas, para siempre, por el saqueo y los problemas financieros. Los latinos tenemos una manera muy particular de capear los temporales y bajar el estrés y es bailando, así que se forma otra vez la danza febril, cuyo propósito principal es el que los enamorados se den cuenta de que pueden perder su oportunidad si no la toman en ese momento.

Llega el momento casi cumbre de la obra, cuando Usnavi revela que la ganadora del billete de lotería es la abuela Claudia y casi inmediatamente, anuncian su muerte. Los padres de Nina anuncian que han vendido el negocio para hacerle frente a los gastos de la universidad de su hija y Daniela toma control otra vez del baile, cerrando el salón y cantando otra vez la célebre “No me diga”. Demuestra también su altruismo saliendo de fiadora a Vanessa para que se mude al barrio al que aspira.

Amanece el tercer día y Usnavi ve la desolación que se apodera de su querido barrio: su negocio saqueado, la peluquería cerrada y el servicio de limosinas de los Rosario ostentando el viejo aviso de un servicio irlandés y una panadería judía. El lumpen del barrio, bueno para nada, asombra a todos con un retrato de la Abuela Claudia en el muro de la bodega, que le ha tomado hacer toda la noche. Se devela la obra y Usnavi se da cuenta de que su lugar está allí y no en la isla donde no ha vivido jamás.

En lo personal disfruté cada minuto de la obra, cada canción y cada indumentaria (Carnaval del Barrio) así como me conmovieron los sentimientos que se dejan entrever entre los protagonistas y sus personificaciones. Algunos le llaman el West Side Story latino moderno, por su canto al amor. Para mí tiene su peso propio. Creo que faltó la mujer con rollos que tan común es en nuestros barrios, pero la producción es nítida en detalles, coreografía y sobre todo, la música es una exquisita mezcla del inglés que machacan los emigrantes latinos en las alturas del puente George Washington, que se admira al fondo.

CRONICAS DE VIAJE

christmas-eve-and-rod5755578theater-avenue-qsffVolver a andar los pasos recorridos a veces resulta muy reconfortante, sobre todo si se tienen buenos recuerdos del lugar al que nos llevaron esos pasos. En esta ocasión volví a Manhattan, lugar al que me fui a vivir cuando me casé, hace más años de los que quisiera recordar y al que he vuelto innumerables veces, siempre descubriendo cosas maravillosas de una ciudad tan delirante como interesante. Como el marco de este viaje era el de reunirme con parte de mi familia dispersa en Asia y acompañar a mi ahijado a descubrir la gran manzana, me puse mi sombrero de guía turística para que los excursionistas pudieran tener un pantallazo de casi todo lo que ofrecía la ciudad que nunca duerme, a la que le han cantado Frank Sinatra, John Lennon, Madonna y Liz Minelli, entre otros.

Aparte de los íconos obligados que identifican a New York, escogimos dos obras musicales de Broadway que me dejaron con la satisfacción del deber y el placer cumplidos, además de ver una exposición temporal en el Museo Guggenheim, del renombrado arquitecto Frank Lloyd Wright. Coincidimos precisamente con la muerte de Michael Jackson, de la que no han dejado de hablar en ningún medio bajo ninguna circunstancia, el aniversario de la liberación gay (The Big Gay Pride Liberation Parade) y el concierto de Juan Luis Guerra en Radio City Music Hall.

Los plays a los que fuimos fueron Avenue Q y In the Heights. La primera fue creada en el 2003 y sus protagonistas son todas marionetas o títeres pero, a diferencia de Casimiro, los actores van con ellas en mano toda la obra y ambos actúan. Tiene su base conceptual en Plaza Sésamo y sus principales temas son el racismo, la pornografía, la búsqueda de un propósito en la vida y el compromiso entre parejas, además de la represión sexual de un broker de Wall Street que quiere “salir del closet” y la realidad de la carga financiera de los que dependemos de nuestro trabajo.

La obra, además de su contenido educativo, es muy divertida y la puesta en escena muy interesante, ya que combina una recursiva escenografía con elementos audiovisuales que le agregan al resultado final una excelencia insuperable. Avenue Q ganó tres premios Tony en el año 2004, incluyendo el mejor musical y el mejor libreto, derrotando al que hasta entonces se mantenía como favorito, Wicked, que además de llevada a escena, fue publicado por la Editorial Planeta como Wicked: memorias de una bruja mala. Una decena de personajes, con sus respectivos actores que los manejan y les dan vida, desfilan en animada secuencia y perfecta sincronización entre ellos además de otros que actúan per se. La promoción advierte que no es recomendable para menores de 12 años porque tiene “full puppet nudity” (nudismo total de los títeres) y es así de explícita en escena. Además de estar en el Golden Theatre, desde junio de 2006 la están presentando en Londres.

En esta obra cobran vida algunos personajes que hacen referencia a otros famosos, como Kate Monster y Trekkie Monster (este último inspirado del Cookie Monster de Plaza Sésamo y de los Trekkies, los admiradores obsesivos de Star Trek), y es una versión obscena del come galletas y manejado por dos personas, con una dinámica más que interesante, sobre todo en sus movimientos de los dedos. Entre los que no usan marionetas, sino que actúan sus propios papeles, están la japonesa Christmas Eve, que impresiona con su potente voz que cautiva a la audiencia, cuando habla y más cuando canta y la personificación femenina de Gary Coleman, el mítico actor estadounidense de pequeña estatura que tanto nos hizo reír con su popular serie Different Strokes a través de los años, que se convierte en la administradora de Avenue Q, una especie de suburbio o edificio en la ciudad de Nueva York.
Rod es el títere que quiere “salir del closet” pero mientras tanto despista a todo el mundo agenciándose una supuesta novia en Canadá, y Princeton recién egresa de la universidad y busca su propósito en la vida. Música, letras de canciones y los parlamentos son realmente dignos de seguirlos en detalle, especialmente aquel que dice que Internet es la única inversión estable en los mercados de capital. No falta en el casting la femme fatale, Lucy the Slut, que estimula sexualmente a todos los hombres en el bar del barrio.

Algunas de las canciones de Avenue Q se convirtieron en éxitos, especialmente Internet is for porn, cuando personajes de World of Warcraft la hicieron famosa en un video de YouTube y The More you Ruv someone, cantado por la japonesa con el comiquísimo nombre de Christmas Eve, entendiendo que el uso de ruv significa love, con su poderoso acento.

Tanto los actores, sus puppets, el escenario y los efectos dan como resultado una relajante obra musical que dentro de las risas que provoca y la hilarante personificación, nos revuelven los más profundos sentimientos de solidaridad, comprensión, perspectiva de la vida y la gran interrogante que quizás nunca saciamos, cuál es el propósito de nuestras vidas en este mundo por el que transitamos.

Pensar en bilingüe

El autor
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Portada del libro
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Reseña “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”

A mediados del año 2008, al concederse el prestigioso Premio Pulitzer, la sorpresa para muchos fue que recayó en la obra de un dominicano, Junot Díaz, que se constituyó en un bestseller del New York Times. Su nombre era tan cautivador como intrincado: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, que se tradujo en español como “La Breve y Maravillosa Vida de Oscar Wao”.

Me enteré de este maravilloso libro a fines del año, durante un viaje a los Estados Unidos, gracias a un encargo que me hizo el poeta César Young Núñez. Cuando lo busqué en Internet, resultó que había sido publicado en inglés originalmente por lo que emprendí la tarea de sabueso hasta conseguirlo y, ahora, culminar su lectura. Fue una experiencia tan interesante que no quería que se acabara la saga de Oscar Wao, yendo y viniendo de un lado a otro, entendiendo el gran recurso que utiliza el autor mediante las notas a pie de página, el spanglish que no demerita ni a uno ni a otro idioma y la profunda introspección que hace de una época tan importante como el trujillato y sus más recordadas aberraciones: el asesinato de las hermanas Mirabal y la desmedida codicia y lascivia del personaje de la Fiesta del Chivo.

El escritor tiene 41 años y es dueño de un recursivo manejo del lenguaje literario que hizo pensar que estaba escrito en “Spanglish”.

Una vez acometido el acto heroico de leerla e investigar sobre sus “leitmotiv”, entiendo que no es así, que el uso magistral del español, el inglés y el slang dominicano se entreteje para ofrecernos no solamente el disfrute de leerlo, sino el aprendizaje de toda una cultura atávica que se cuece en las urbes estadounidenses donde residen los inmigrantes, y en las provincias olvidadas de la isla de Quisqueya.

El autor, que partió desde su nativa Santo Domingo a los seis años, con destino a Nueva Jersey, empieza induciéndonos a términos very dominicans, como fukú, que va a ser repetido durante el desarrollo de la novela. Este modismo responde a “la maldición que cualquiera puede lanzar contra aquellos que odia, de manera que los persiga y aniquile sin importar cuántos años le tome. Al igual que ocurre con el azar, el destino, las fuerzas de la historia o lo que llamamos intervención divina, el fukú puede saltar continentes y generaciones pero, a diferencia de semejantes potencias, sólo pretende hacer daño de manera implacable”.

La edición que yo leí, de 335 páginas de Penguin Books, combina las costumbres, la saga de los inmigrantes, la investigación histórica de una época que marcó para siempre la cultura de ese pueblo –como lo fue el gobierno de Rafael Leonidas Trujillo, el Chivo de Vargas Llosa y el “Jefe”, el Tigre del Caribe por más de 30 años en la isla que originalmente Cristóbal Colón llamó Hispanola –, sus más conocidas atrocidades y devaneos, narradas desde una óptica refrescante, relajada y hasta cómica, que te tiene atrapado al libro, subrayando cada frase célebre y cada ocurrencia de este dominicano inusual, que no es precisamente producto de la llamada diáspora, pero que no abandona sus raíces ancestrales.

Junot Díaz es un ex nerd al que el idioma inglés no le era fácil cuando aprendió a sobrevivir en su país de adopción, los Estados Unidos. Creó su personaje, Oscar Wao, luego de una rumba –según él mismo confiesa–, y agarró una copia de La importancia de llamarse Ernesto y se le grabó el nombre de su autor, Oscar Wilde. En su mente atiborrada en ese momento y traducido al dominicano lo que salió fue Óscar Wao. De allí en adelante Oscar se convierte en un buenazo gordinflón medio nerd, que sueña con todo: ser escritor, enamorarse, etc.

El profesor Díaz había publicado anteriormente un libro de cuentos con el nombre Drown y gozaba de una beca Guggenheim en México cuando le llegó la noticia del codiciado premio. Actualmente enseña la materia de escritura creativa en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Boston, De las entrevistas que concedió a raíz de su celebrado premio se destaca una concedida a EFE en Madrid, donde establece que la civilización actual necesita recuperar su humanidad para poder retomar el hábito de leer, por lo que reivindica un movimiento pro vida tranquila o ‘slow life’, similar al de la comida -‘slow food movement’-. Junot Díaz defiende que la lectura es algo “muy solitario” que pone al lector en contacto con “otro sistema nervioso y otra imaginación. La lectura es un ritmo muy humano, en la que te puedes pasar dos o tres horas manteniendo contacto con otro ser humano”.

A juicio de Díaz, esta novela fue traducida aparentemente de forma magistral al español, la razón por la que las editoriales publican cada vez menos libros es porque la gente “no está leyendo”, y en su momento invitó a los escritores a buscar formas alternativas como Internet para dar a conocer sus trabajos e intentar promocionarse para llegar a ser publicados.

“Es importante conectar con el público. Los escritores tienen que buscar lectores, aunque sea en una web, porque son ellos los que te dan la oportunidad de mejorar tu arte, y conseguir oportunidades de publicación”, dijo.

Sobre su estilo de escribir, ha dicho que lo que escribe “no es esa cosa desaliñada que llaman spanglish sino una especie de criollo, con palabras y expresiones intercaladas de español”. Hay quienes acometen su libro con diccionario en mano, pero la mayoría se deja arrastrar por el río caudaloso su prosa vivaz, moteada con expresiones al alcance del americano medio: “Then you will be mi negra bella”.

Junot Díaz cree que se le da demasiada importancia al “poder mítico” de la lengua, sea el inglés o en español. “La gente está obsesionada con el sueño del idioma puro como una cosa uniformadora”, admite. “Y ésa es una idea que fomentan mucho los políticos… Estados Unidos es el opuesto a España en el siglo XIV: los que tienen el poder hablan un idioma; los demás hablan, tú sabes, una lengua distinta” (entrevista concedida a Oscar Fresneda en Nueva York). “Los gringos quieren negar el español, lo perciben como una amenaza”, asegura Díaz, “pero lo cierto es que este país camina hacia el bilingüismo. Con el español pasa lo que nunca ha ocurrido aquí con otro idioma, que se va reforzando con la llegada de nuevos inmigrantes. Cada cinco o seis años viene aquí un nuevo ‘draw’, una extracción de dominicanos, y los mexicanos que no dejan de llegar, y los colombianos, los ecuatorianos, los argentinos…”

Para Junot Díaz, un nerd es una persona inteligente fascinada por el conocimiento científico y aislado de la sociedad. Dice que él fue uno hasta los 14 años, cuando se dio cuenta lo que se estaba perdiendo con las chicas. Es un gran aficionado al mundo del cómic y la literatura de género, y señala que el libro trata un aspecto autobiográfico que recrea las lecturas de su infancia, pero que a pesar de ello le requirió un esfuerzo importante de investigación y puesta al día.

En estos momentos, previos a la celebración de la gran fiesta cultural que es la Feria Internacional del Libro, es un momento ideal para volver a la lectura –aquellos que se han alejado, como Domplín*, que me lo confesó en su programa radial— y desvirtuar el paradigma que los únicos que leemos somos intelectuales (o nerds). Es una reivindicación de la literatura y por default, de algo tan cotidiano como la forma informal en la que hablamos.

*Domplín es un conocido radio comentarista y político panameño cuyo nombre verdadero es Andrés Vega.  Su programa se llama El Cañonero de Domplín y se transmite diariamente.