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“LOS DIVINOS” DE LAURA RESTREPO

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 27 de mayo de 2018

Hace año y medio un crimen atroz conmocionó a Bogotá, a Colombia y al continente entero.  Se trataba del secuestro, violación y asesinato de una niña indígena que perpetró el arquitecto bogotano, de clase alta, Rafael Uribe Noguera.  Yuliana Andrea Samboní, de apenas 7 años era de una familia de los desplazados por la violencia.  Esto ocurrió el 4 de diciembre de 2016, en el barrio marginal Bosque Calderón y los vecinos se alzaron y los gobernantes no pudieron proteger al chico de mamá y casi lo linchan.

Ese crimen enfrentó, según las noticias, las dos Colombias, la de las clases pudientes, que evaden la justicia comprando los que la administran, y los desplazados y pobres –que hay muchos en ese país – y el mismo presidente Juan Manuel Santos pidió que se investigara de manera expedita.  Se sospechó que los hermanos del sicópata, Francisco y Catalina estaban involucrados y el conserje o guardia de seguridad apareció muerto unos días después, aparentemente se suicidó.  El juicio se celebró, condenando a Rafael Uribe Noguera a 58 años de cárcel, y los padres de Yuliana se regresaron a su pueblo para nunca más regresar a la capital.  Su madre estaba embarazada de siete meses y durante el funeral de la pequeña se desmayó dos veces.

Laura Restrepo, ganadora del Premio Alfaguara con su obra “Delirio” en el año 2004 y autora de diez novelas, acaba de publicar “Los Divinos”, un libro que relata de una manera magistral el aberrante secuestro, abuso y asesinato de Yuliana Samboní.  Restrepo ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 1997, que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a historias escritas por mujeres por la novela “Dulce compañía”

LOS DIVINOS

     Así se titula su última novela, la primera que publica desde 2012 y se sintió impactada por la tragedia que conmocionó a toda la sociedad colombiana.  La ubica en Bogotá, en el ambiente de los privilegiados de la clase alta, que tienen de todo y que, siendo profesionales, se entregan a toda clase de desafueros.  La novela lleva un ritmo trepidante y no es hasta más allá de la mitad que va entrando en materia del secuestro y abuso de la niña.

Portada de Los Divinos

Laura Restrepo se revela en esta nueva novela como una escritora con muchísimo bagaje cultural, cuajada en el oficio periodístico y como estuvo involucrada en política y sufrió un exilio forzoso, es muy crítica de las clases pudientes colombianas, llenas de códigos de estatus y desprovistas de prejuicios.  También utiliza de manera preciosista el lenguaje, sobre todo el coloquial, y el humor al grado máximo, haciendo que un tema tan duro y escabroso se haga interesante y no horrorice más de lo necesario.

Los personajes de “Los divinos” son cinco amigos que vienen juntos desde la secundaria.  Cuatro de ellos son exitosos profesionales y el quinto, que es el protagonista, un maniático de la soledad, traductor y soltero.  Sus sobrenombres son de lo más sintomáticos, “El Muñeco” (que es el asesino), el Duque, Tarabeo, El Píldora y Hobbo, el que narra.  De esos sobrenombres derivan otros: El Muñeco es alias Kent, Milindo, Dolly-boy, Chucky.  El Duque es alias Nobleza y Dux.  Tarabeo es también Táraz, Taras Bulba y Rexona, entre otros; El Píldora es Piluli, Pilulo y Gorila, y el Hobbo es el Hobbit y Job.  Se llamaban a sí mismo los Tutti Frutti, y tenían unas formas de hablarse y comportarse muy particulares e hilarantes.

Los juegos de palabras con formidables, los retos intelectuales entre el Hobbo y El Píldora son a punta de versos. Hobbo está enamorado de la novia del Duque, pero nunca se lo dice.  Tarabeo está casado, pero tiene una “polverita” (un departamento para sus aventuras) y El Duque tiene una finca fastuosa donde a veces se reúnen los Tutti a jugar al póker.

Así se lleva la historia, con idas y venidas, juergas y bromas, puro hedonismo, con la advertencia de la novia del Duque de que El Muñeco estaba actuando raro, estaba obsesionado con un juego y que todo indicaba que algo iba a pasar, muy al estilo de “Crónica de una muerte anunciada” del Nobel García Márquez.  Cuando ocurre el fatal desenlace, uno de los amigos trata de ayudar a El Muñeco a huir del país, lo que no logra, y otro le pide al Hobbo –sin decirle el lío en que se metió su compañero de juergas – que borre de la computadora del asesino toda evidencia, que elimine los archivos que contengan pornografía.  Con la paciencia de Job el traductor se dedica a quitar fotos y videos no sin que antes vaya en ascenso su sorpresa de cuánta degeneración hay en esa Mac que le pidieron limpiar.  Cuando llega a las imágenes de niñas, queda horrorizado de que su amigo, El Muñeco, el niño de mamá, exitoso, bello, corpulento, esté metido a pederasta.  Y entonces le suena la campana: lo llama su hermana desde Australia para decirle que están buscando al Muñeco porque unas cámaras de seguridad lo vieron llevarse a la niña, que había sido reportada por sus familiares.  Hobbo es distraído y ensimismado y no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.

De allí en adelante no puedes soltar el libro y Laura Restrepo logra, a partir de un crimen que aconteció y estremeció a la ciudadanía, construir una ficción, pero una punzante, que revela el oscuro andamiaje que habían tejido los Tutti Frutti.  Las vidas de la mayoría de ellos los va llevando, de manera inexorable, al camino de la transgresión intolerable. El más cercano a Hobbo, el Píldora, se suicida por lo que tuvo que hacer para proteger al Muñeco, personificando así al celador del edificio donde se perpetró el crimen.

La crítica ha dicho del libro que “Los Divinos” es un extraordinario ejercicio de comprensión y reinterpretación de los hechos, además de un relato perturbador contra el feminicidio.  “En esta novela, la autora trasciende el crimen narrado para llegar, a través de él, hasta los recovecos más oscuros de toda una cultura”.

LAURA RESTREPO

Su obra ha tenido una constante que no incluye esta recreación de un crimen tan espantoso, pero ha estado siempre vinculada con la política y los movimientos sociales en varios países.  Se graduó de Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y tiene un post grado en Ciencias Políticas.  Ha sido profesora de literatura en la Universidad Nacional y del Rosario y posteriormente se activó en los temas políticos.

Laura Restrepo

Su activismo lo inició en su tierra natal, pero lo continuó en España, y siguió en Argentina, donde trabajó en la resistencia contra el gobierno militar.

Es una mujer muy sensible a la pobreza, la injusticia, la desigualdad y los abusos de poder que afectan a los más vulnerables, que generalmente son las clases bajas, los niños y las mujeres.  Se dedicó al periodismo y ha participado en zonas de guerra, viajando a lugares en conflictos, como el tiempo que estuvo entre Nicaragua y Honduras, a fin de escribir sobre las guerras entre los Sandinistas y los Contra.

Gabriel García Márquez fue su mentor en la revista Semana, donde lo conoció (ella estaba encargada de los acontecimientos políticos nacionales e internacionales) y formó parte, en 1983, de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación que debía negociar un acuerdo en el Movimiento M-19.  Se vio forzada a emigrar por las situaciones que vivió y de su experiencia es el libro reportaje “Historia de un entusiasmo”.  Vivió en México y trabajó en La Jornada y la Revista Proceso, viajando constantemente para sensibilizar a los diferentes países de que se volvieran a abrir los procesos de negociación para lograr la paz en Colombia, que le es tan esquiva.

De su narrativa se han expresado elogiosamente José Saramago, Gabriel García Márquez, Harold Bloom y ha tenido importantes reseñas en The New York Times Book Review. Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas.  Publica regularmente en el diario El País de España y da clases en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York.

UNA EXPOSICIÓN DE DELACROIX EN EL LOUVRE

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 20 de mayo de 2018

      Desde el 29 de marzo y hasta el 23 de julio se muestra una magnífica retrospectiva del pintor francés Eugène Delacroix en el Museo del Louvre, que no es un asunto menor ya que la última que se organizó en torno a este genio pictórico fue en 1963, cuando se cumplía un siglo de su muerte.  La exposición, que tiene unos 180 cuadros, de lo más representativo de su obra y que se une con el hilo conductor de los momentos históricos que le tocó vivir al artista, se ha hecho en conjunto con el Metropolitan Museum of Art de la ciudad de New York.  Es un gran tributo a su carrera, que inició como exponente de los famosos salones que se realizaban en los años 1820 hasta las pinturas -menos conocidas- que estuvieron inspiradas en el misticismo religioso y paisajes.  Se puede apreciar en ellas la permanente tensión que siempre existió en su interior para mantener su individualidad y a la vez seguir los pasos de los maestros flamencos y venecianos de los siglos 16 y 17.

Durante el recorrido de la exhibición seguramente encontraremos respuestas a las preguntas que nos surgen por su larga y prolífica carrera y podremos apreciar facetas que atisbaban en sus cautivadoras manifestaciones artísticas: trotamundos e investigador, escritor culto y exquisito, dibujante meticuloso a la vez de curioso y crítico de las realidades que enfrentaba, y que estaba, hasta cierto punto, obnubilado con su fama, a la que se dedicaba por entero.

UNA REIVINDICACIÓN TARDÍA

      Leí en un artículo en El País, del crítico Alex Vicente, publicado en los días en que estuve visitando la exposición en el Louvre, que el director del departamento de pintura del museo parisino, Sébastian Allard y comisario de la exposición, declaró que a Delacroix se le conoce en forma fragmentaria, ya que pasada la primera década de su carrera artística, durante la cual produjo algunos de los cuadros que lo catapultaron a la gloria, el resto de su producción es desconocida y también incomprendida.

Faltaba un relato que diera unidad al conjunto de su producción”.

En el panel de bienvenida a esta gran muestra se lee “¿Qué queda por decir de uno de los artistas más aclamados de los últimos siglos, cuyos lienzos figuran entre los más visitados en esta misma pinacoteca, y cuya influencia parece extenderse de Monet a Van Gogh y de Cézanne a Picasso?”  Los esfuerzos por reunir estos 180 cuadros han valido la pena porque en su recorrido podemos apreciar el inmenso talento del francés que quedó fascinado con Tánger y que expresó del puerto marroquí al descubrirlo: “Vengo de recorrer la ciudad.  En este momento soy como ese hombre que sueña y ve cosas temiendo que se le escapen”.  Su obra, a partir de ese encuentro con el paisaje tangerino, sufrió una transformación innegable.  Hay una Galería Delacroix en la Rue La Liberté, que sube hacia el Gran Café de París, casi enfrente al mítico hotel El Minzah.  Estaba de paso en un viaje con el Conde de Mornay, entre enero y julio de 1832 y recalaron, entre otros lugares, en Sevilla y Argelia, además de Marruecos.  No llevaba un proyecto artístico definido, pero buscaba renovar su inspiración. En la cúspide de su fama, como solo lo pueden hacer los grandes genios, reinventa toda su experticia y se pone a pintar “cuadros de comedor”, —a juicio de uno de sus más fervientes admiradores, el poeta y ensayista Charles Baudelaire —bodegones y composiciones florales tan tétricas que nadie compra.  Pinta también duelos ecuestres que parecen traducir sus conflictos interiores, “pinturas religiosas repletas de figuras patéticas y cuadros a medio camino entre la realidad histórica y la ficción de la literatura más culta, denostados por el público de su tiempo”.

Cuadro de Delacroix con influencia árabe

LA EXPOSICIÓN

En unos pocos metros cuadrados se pueden apreciar los gigantescos lienzos del pintor, que fue considerado genio antes de su muerte y que alcanzó la fama muy temprano:  La barca de Dante, La matanza de Quíos y la famosísima “La Libertad guiando al pueblo”, un gran fresco sobre la Revolución de 1830 que pintó solo unos meses después de que se produjeran los hechos, vinculando la actualidad política a la pintura histórica.  El gobierno burgués de esos años consideró el cuadro demasiado vehemente y lo destinó a los sótanos del Louvre y no fue hasta cuarenta años más tarde, durante la Tercera República, que el gobierno napoleónico lo convirtió, junto a los otros tres, en íconos, ya que estaban sedientos de nuevos talentos. “Durante los primeros años de la Restauración, de manera paradójica, se tomaron más riesgos que bajo el Imperio. Los museos franceses se quedaron sin los cuadros expropiados durante las campañas del ejército. Y ese hueco se llenó con el arte contemporáneo”, explica Allard.

La libertad guiando al pueblo

En sus años de juventud, en los que participaba en los salones parisinos, Delacroix se impuso por encima de otros pintores como representante de la nueva pintura francesa.  Muchas veces la crítica se dividía en las opiniones sobre el artista: unos se escandalizaban, como lo hicieron ante el cuadro “La muerte de Sardanápolo” y las descripciones de objetos, telas, joyas y cuerpos mestizos, que se unen en un suicidio orgiástico.  Hasta uno de sus colegas envidiosos lo acusa de “masacrar la pintura” por el uso indiscriminado de los colores carnales y los exuberantes claroscuros.  Baudelaire, siempre avanzado en sus valoraciones artísticas, lo llamará, ante esos ataques, de “excelente dibujante, prodigioso colorista y compositor ardiente” capaz de producir “una mezcla admirable de solidez filosófica, ligereza espiritual y entusiasmo ardiente”.

La muerte de Sardanápolo

Se definía a sí mismo como romántico y, según Allard, decía que “Si entendemos por romanticismo la libre manifestación de las impresiones personales y la repugnancia por las recetas académicas, entonces debo confesar que no solo soy romántico, sino que ya lo era a los 15 años”.

En la segunda mitad de la muestra, que es también la de su trayectoria, está lo más interesante y lo menos conocido.  Allí es donde están los “cuadros de comedor”, arreglos florales y escenas ecuestres que no fueron del total agrado del público.  Como cualquier genio que vive para contarlo, el artista francés se pasó el resto de su vida, que fue larga y productiva, haciendo todo lo contrario a lo que se esperaba de él.  Se dedica a la experimentación, y “reafirma su singularidad y su originalidad confiando en la fuerza expresiva de su pintura”.

Sus cuadernos, diarios y correspondencia de viaje son parte importante en esta retrospectiva, por ejemplo, la amistad que mantuvo a través de cartas con el compositor polaco Chopin.  Para los comisarios de la exposición ha sido el artista “que más escribió”.  Los bocetos de su gran pintura decorativa para edificios como el del Senado y la Asamblea también son parte de esta exhibición.

La exposición cruzará el Atlántico al finalizar su tiempo en el Louvre con algo menos que los 180 cuadros exquisitamente reunidos para ser vistos en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el otro brazo ejecutor de esta muestra. A Delacroix se le considera a la par de Picasso, el otro gran pintor elevado a la categoría de genio.  El propio artista resumiría su misión como en una que consistía en enfrentarse a “la infernal comodidad que proporciona la brocha”.

“LA FRÍA EXACTITUD NO ES ARTE”

En su etapa madura, el artista desdeñó la nueva moda surgida de la mano de una nueva generación de pintores realistas, a los que encabezó Courbet, a quien Delacroix llegó a acusar de crear obras “vulgares e inútiles”. Para Delacroix, copiar la realidad no servía estrictamente de nada. “Todo el mundo visible es solo un almacén de imágenes y signos a los que la imaginación concede un lugar y un valor relativos. Es una especie de alimento que uno debe digerir y luego transformar”, reza otra de las frases de su diario. “La fría exactitud no es arte. El ingenioso artificio es el arte en su conjunto”.

PROTESTAR CONTRA LA GUERRA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 13 de mayo de 2018

      Baltimore, Maryland —. En esta visita casi familiar que me ha alejado de la entrega de los Premios de Periodismo, que organiza anualmente el Fórum de Periodistas por las libertades de expresión e información, me regocija el reconocimiento, más que merecido, que se le ha rendido a la periodista Flor Ortega, premiando su excelencia en la profesión.  La Profesora Ortega, además de una consagrada profesional, ha dedicado sus años más productivos a la docencia.  Fue fundadora del Fórum y también su Directora Ejecutiva, labor que cumplió con pulcritud y compromiso.  Por dos años seguidos se ha entregado este premio, que reconoce la excelencia de un periodista, a mujeres que se han dedicado a enseñar y formar profesionales en el oficio que García Márquez definía como el mejor del mundo.  El año pasado a Griselda López, que fue la directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá hasta hace poco y ahora lo recibe la Profesora Ortega.  Enhorabuena por el reconocimiento a su trayectoria y al género femenino.

Como siempre que visito lugares cercanos o lejanos me gusta adentrarme en las historias que los definen, al lado del suburbio donde me estoy quedando, en Ellicott City, cerca de Baltimore, hay una pequeña población llamada Catonsville, de unos 40 mil habitantes, de donde son oriundos los famosos Catonsville Nine, nueve activistas católicos que en 1968 se opusieron abiertamente a la guerra de Vietnam y que levantaron sus protestas de las maneras menos ortodoxas.  Entraron a los archivos de las oficinas gubernamentales, donde había 378 expedientes de jóvenes que estaban en el frente, se los llevaron a un espacio abierto, les echaron napalm y les prendieron fuego.  Dos de ellos, un cura jesuita y un artista, habían formado parte de los Baltimore Four, que previamente habían hecho una acción similar, pero derramando sangre humana sobre los expedientes. Estaban en libertad condicional cuando participaron con los otros siete en el acto de Catonsville.

Los propósitos que buscaban, y que lograron, fue llamar la atención sobre la insensatez de la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam.  A pesar de ser juzgados y condenados la población se manifestó masivamente a favor de detener ese demencial conflicto bélico.  Algo parecido se refleja en la película The Post (o Los papeles del Pentágono) que fue estrenada a principios de este año y cuyos actores estelares son Meryl Streep y Tom Hanks, y en la cual la actriz a la que Trump insultó públicamente llamándola actriz “sobrevalorada”, personifica a la mítica Katherine Graham, dueña del Washington Post y primera mujer que dirigió un periódico.  Muy bien recreada en los años ‘70, muestra la dura batalla que libraron The Washington Post y The New York Times al publicar los famosos papeles del Pentágono, que demostraban que administración tras administración, desde Harry Truman, pasando por Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, encubrieron la verdad sobre las “razones para creer” que tenían para participar en esa lamentable confrontación.  Ambos diarios fueron llamados a juicio por atentar contra La seguridad nacional, y a ellos se les unieron otros medios que respaldaron la libertad de expresión que estaba en juego en esos momentos.  Al final del juicio, el veredicto del jurado los eximió —en las afueras del edifico donde se celebraba la audiencia se hicieron presentes miles de personas que apoyaban a ambas publicaciones — y muchos han comparado las actuaciones de Richard Nixon con las de Donald Trump, especialmente por la escena final, en las que se ve el perfil del presidente que renunció por el escándalo Watergate (por andar pinchando teléfonos) girando instrucciones para que ningún periodista del Washington Post entrara a La Casa Blanca ni a cubrir un evento social.  Nixon opacó sus logros, — como ponerle fin a la intervención en Vietnam, la traída de los prisioneros de guerra a su patria, eliminar el servicio militar obligatorio, el establecimiento de relaciones diplomáticas con China y el inicio del détente con la Unión Soviética—, con el escándalo Watergate, al punto que es el único presidente en la historia de los Estados Unidos que ha dimitido.

Esta magnífica película fue nominada a varias categorías de los Oscares y los Globos de Oro y fue elegida mejor película de 2017 por el National Board of Review y seleccionada como una de las 10 mejores películas del año por la revista Time y también por el American Film Institute.  Demuestra que la guerra no lleva a ningún lado y que Donald Trump ha sobrevalorado sus estrategias bélicas.

 

 

JAVIER MORO Y “MI PECADO”

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 6 de mayo de 2018

El escritor español Javier Moro, que en 2011 ganó el Premio Planeta con “El imperio eres tú”, novela histórica que relata el reinado del emperador Pedro I de Brasil y IV de Portugal, vuelve a sorprendernos con su última novela, acabada de salir, “Mi pecado”, sobre la vida de Conchita Montenegro, una actriz vasca que en los años ’30 triunfa en Hollywood y tiene amores con los más importantes galanes de la época.

El libro salió a la venta el 5 de abril, pero a fines de febrero recibió el Premio Primavera de Novela, de la editorial Espasa, dotado con 100 mil euros. Yo estaba en Madrid y había hablado con Javier el día antes de recibir el premio y justo estaba leyendo un libro de una periodista, también española, Carmen Ro, titulado “Mientras tú no estabas” que trataba de la vida de la actriz.  Le dije a Javier sobre la coincidencia y después leí que se había formado una polémica en torno a unas declaraciones que él había dado al recibir el premio, ya que desconocía de ese otro libro.

Mi pecado

Al terminar de leer “Mi pecado”, que me hizo llegar el autor como lo ha hecho con sus libros anteriores, puedo decir, sin temor a equivocarme, que su libro no tiene nada que ver con el otro.  El de la señora Ro trata se enfoca en los años de Conchita en Hollywood, pero desde el recuerdo de un enamorado perdido que ella tuvo, que ya está en sus últimos días, y la recuerda con todas sus extravagancias, compartiendo esos recuerdos con una joven que, para paliar su depresión por una ruptura amorosa, va a leerle a los ancianos. El personaje no es la actriz sino el anciano y la chica. Ni asomo de la rigurosidad de la investigación de Javier Moro y, sobre todo, de los acontecimientos posteriores que vivió la actriz, a la que llamaron la Greta Garbo española.  Esos hechos son primordiales para entender la trascendencia de Conchita y que sea una referencia histórica que, además de haber llevado una vida glamorosa y excéntrica, llena de amores y desamores, también fue un eje fundamental en los acontecimientos políticos de la II Guerra Mundial y la dictadura de Francisco Franco.

UNA POLÉMICA DE PELÍCULA

Apenas Javier Moro recibió el premio se desató una polémica en torno a un libro que todavía no había salido.  Los más aguerridos periodistas y opinadores le cayeron encima por haber ignorado el libro de Carmen Ro, sin siquiera haber leído “Mi pecado”.  Yo le insistía a Javier que siempre que hay polémica, los libros se venden más y la historia se vuelve más interesante. Él debería saberlo porque su libro, “El sari rojo”, publicado en 2006, que narra la vida de Sonia Gandhi, fue prohibido en India sin que ningún miembro de la familia Gandhi lo leyera.  La imagen del escritor fue quemada y sus otros títulos también.  No fue hasta hace tres años, en 2015 que, cuando los Gandhi fueron desplazados del poder, Javier Moro volvió a Nueva Delhi y en menos de un mes le rindieron honores y firmó contratos para que su libro fuera traducido a varios de los dialectos que se hablan en ese inmenso país y se publicaron millones de ejemplares.

“El sari rojo” trata a Sonia Gandhi con benevolencia y hasta con inmenso respeto, no había ninguna razón para que los miembros del Partido del Congreso Indio, de la dinastía Nehru-Gandhi, se ofendieran por lo novelado en el libro.  Pero victimizaron al autor y el resultado ha sido que ahora más indios han leído sobre la nuera italiana de Indira Gandhi.

El escritor español Javier Moro

Lo mismo está pasando con éste, aunque repito, uno no tiene ni remotamente comparación con el otro, porque se abordan desde dos enfoques diferentes.  “Mi pecado” lleva el título de un perfume que el gran amor de la vida de Conchita Montenegro, el actor británico Leslie Howard, le regalaba y es de la casa Lanvin, lanzado en 1924.

UNA HISTORIA FASCINANTE

     Javier Moro es un maestro en la técnica de novelar historias.  Lo hace con elegancia y cadencia, que son importantes a la hora de leerlo.  Sus capítulos son cortos y sus párrafos también y describe los ambientes y los personajes con preciosismo y meticulosidad. Él mismo vivió en Hollywood durante cinco años así que conoce los escenarios donde lo llevó la investigación sobre la diva española.

En el caso de Conchita, ella se va a Estados Unidos con su hermana Justa para perseguir una carrera de actriz en el Hollywood que tiene que adaptarse a la transición del cine mudo al sonoro, y a una industria que para sobrevivir en medio de una crisis económica que arrasó al mundo, vive en una burbuja de derroche y fiestas estrafalarias.  Conchita aprende rápido el inglés (ya hablaba francés pues tenía un show de baile en París antes de su aventura hollywoodense) y su fuerte carácter e impactante físico le ganan el respeto y los favores de los más importantes directores del momento.

Fue famosa porque no se dejó besar por Clark Gable, porque se hizo amiga de Charles Chaplin y Greta Garbo, así como por haber sido la obsesión de jóvenes actores (o aspirantes a serlo) que en ocasiones tomaron revancha contra ella cuando los despreciaba.

A pesar de sus devaneos amorosos, su corazón quedó prendado de Leslie Howard, que estaba casado y no pretendía dejar a su familia y le llevaba veinte años.  Sufría de ansiedad que la llevaba a comer en forma descontrolada para después provocarse vómitos (bulimia) y rechazaba cualquier connotación a que se le viera como una artista latina, no anglosajona.

Conchita era además muy buena amiga, buena hija y buena hermana.  Mantuvo sus vínculos familiares intactos a pesar de las distancias y las formas tan complicadas en que se tenían que comunicar de un continente a otro.  Se casó, cuando su meteórica carrera de artista estaba en la cúspide, con el marido de su mejor amiga después que ella murió en un lamentable accidente de auto, y se fue a vivir a Brasil. Él era un actor brasileño y su matrimonio no duró mucho y ella se volvió a Madrid, donde conoció a un diplomático con el que conspiró contra los nazis y contra Franco.  Era su prometido cuando Leslie Howard reapareció en su vida, con una misión importante que le encomendó Winston Churchill.  Gracias a esa coyuntura, se logró que Franco declarara la neutralidad de España en la II Guerra Mundial.

Mi pecado” es un libro fascinante, sus descripciones de las fiestas del Hollywood de ese tiempo, de los encuentros amorosos de Conchita y Leslie y de los escenarios donde ella vive, tanto en España como en Estados Unidos, son cautivantes.  Javier tiene la virtud de entretejer en la trama a todos los protagonistas, muy famosos en la industria del celuloide de sus tiempos y al final hace un recuento, en el epílogo, de qué pasó con cada uno de los personajes principales, especialmente los españoles que fueron a dar a Hollywood.  No deja por fuera la feliz coincidencia de que su padre, Julio Moro, era el radiotelegrafista del barco en el que Conchita se trasladó a Montevideo para gozar su luna de miel, ni la apreciación que el escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante tenía de la actriz: “Conchita Montenegro fascinó a todos un momento y después desapareció.  Inútil buscarla en los libros, y en las enciclopedias de cine: ni siquiera la mencionan.  Solo nos queda su imagen fugaz, su belleza perenne y su encanto mórbido e inquietante”.

Javier Moro ha puesto a Conchita Montenegro y su vida de vuelta en las historias que hay que conocer y leer.

 

UNA ERA DE PAZ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 29 de abril de 2018

El viernes pasado se llevó a cabo una cumbre inédita en la historia de la península de Corea, y la protagonizaron los líderes de Corea del Norte, Kim Jong-un y Corea del Sur, Moon Jae-in al reunirse en la franja fronteriza desmilitarizada de Panmunjom, que divide a las dos naciones. Desde hace semanas la expectativa estaba en esa reunión, que fue antecedida por la noticia de que Corea del Norte, tan beligerante en el tema de armas nucleares, estaba dispuesta a abandonar sus arsenales bélicos.  «No habrá más guerra en la Península de Corea, hemos empezado una era de paz», declaró con satisfacción el presidente surcoreano, Moon Jae-in ante más de 2,800 periodistas que cubrieron la histórica reunión.

Este acuerdo es una voz de aliento y estímulo para que los vientos de paz recorran el mundo, tan agitado por los conflictos que se han dado recientemente.  En nuestro propio continente hay varios países que tienen disputas internas graves, como el caso de Nicaragua, o el de Venezuela, que se aísla cada vez más de la comunidad internacional.  El presidente de Estados Unidos Donald Trump ha anunciado su satisfacción por la anunciada desnuclearización de la península y también lo ha hecho el presidente de Francia, Emmanuel Macron.  El Primer ministro de Japón ha sido más cauteloso, esperando ver acciones concretas para que este acuerdo de paz sea efectivo.

El acercamiento de los dos líderes coreanos, que representan unos 80 millones de habitantes de ambas repúblicas, se inició mediante una diplomacia deportiva, al aceptar Corea del Norte la invitación que le hizo Corea del Sur a participar en los XXIII Juegos Olímpicos de Pieonchang, oficialmente conocidos como Juegos Olímpicos de Invierno, que se llevaron en febrero pasado.

Este hecho me hace recordar la famosa diplomacia del ping pong que marcó la ruta para que Estados Unidos estableciera finalmente relaciones con China.  A inicios de los años ´70 un equipo de tenis de mesa fue invitado a jugar a China en un campeonato y posteriormente el presidente Richard Nixon se reunió con Mao Zedong en 1972.  El lema fue “Primero la amistad, luego la competencia”.  Desde esa fecha ambos países mantienen relaciones diplomáticas, no se consideran ni aliados ni enemigos y en algunos renglones son socios.

El mundo entero ve con buenos ojos estos pasos que han iniciado las dos Coreas para normalizar sus relaciones, después de 65 años de haber terminado una guerra sin que se haya firmado un armisticio. Entre 1950 y 1953 se libró ese conflicto, que fue otro producto de las diferencias entre los Estados Unidos, que apoyaron a la República de Corea y la entonces Unión Soviética (hoy Federación Rusa) y China, que apoyaban a la República Popular Democrática de Corea o Corea del Norte.  Fue un indicio de la guerra fría que se mantuvo por más de cuarenta años hasta la caída de los países socialistas.  Se estima que esa confrontación, que duró 3 años, fue una de las más sanguinarias de la historia, donde murieron unos 3 millones de civiles y se extinguió el 15% de la población del norte.

La guerra fue el resultado de la división o repartición que hicieron Estados Unidos y la Unión Soviética de la península de Corea cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.  La frontera la trazaron en el paralelo 38, el mismo que el viernes fue el escenario del acuerdo de paz que suscribieron los representantes de las dos naciones en conflicto.

Recientemente me reuní con el embajador de Corea en Panamá, al que le pregunté si el fin era unir a los dos países.  Me respondió que era una pregunta difícil de responder porque a ambas naciones las separan diferencias abismales: Corea del Norte tiene unos 26 millones de habitantes y patrones de desarrollo diametralmente opuestos a su vecino del sur.  Corea del Sur tiene 50 millones de habitantes y una economía boyante, industrias tecnológicas de punta que marcan hitos en el mundo, y estilos de vida de avanzada.  Pero la convivencia y la cooperación entre ambas, la desnuclearización que es tan importante no solo para la región sino para el mundo, y el intercambio que puedan desplegar son a corto plazo y los objetivos irán acorde a los tiempos.

Por lo menos, con el compromiso de desnuclearización se elimina una de las más peligrosas amenazas que pendía sobre el todos, especialmente si el belicoso presidente de Estados Unidos seguía azuzando al dictador norcoreano.  Pronto ambos presidentes se reunirán y esperemos que la región goce de paz por muchos años, y mientras tanto, las dos Coreas avancen en cooperación y amistad y, por qué no, en intercambio cultural y deportivo.

 

 

 

DE PARTE DE ANATOLIA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 22 de abril de 2018

Una familiarización con la Turquía musulmana debe tomar en cuenta los cinco llamados diarios a la oración que un muecín hace desde cada mezquita, y empiezan a las 5:30 de la mañana. El muecín es el hombre (nunca es una voz de mujer) que desde el alminar de la mezquita convoca en voz alta a los fieles musulmanes para que acudan a la oración.  Los almuédanos están supuestos a tener una voz potente para que, sin necesidad de parlantes, sean escuchados por los fieles.  Pero en todas las mezquitas y en todas las ciudades se han colocado potentes bocinas que se dejan escuchar en tierra y mar.

Estambul es una de las tres ciudades en el mundo (las otras dos son Atyrau, en Kazajistán y Oremburgo, en Rusia) que tiene un pie en Europa y el otro en Asia.  Es alucinante ver a un lado de la ribera del estrecho del Bósforo la parte asiática y del otro la europea.

Cruzando de un continente a otro

En el mar de Mármara, ese mar interior que une las aguas del Mar Negro y el Mar Egeo, están las islas Príncipe, que apenas son cuatro.  En una de ellas, Büyükada, vivió de 1929 a 1933 León Trotsky, huyendo de la persecución de Joseph Stalin.  Después emprendió su exilio europeo que lo llevó a varios países para finalmente recalar en México, pero hasta allá, en 1940, lo alcanzó la mano larga y vengativa del dictador soviético, en la forma de un piolet que cruelmente enterró sobre su cráneo Ramón Mercader.

LA CIUDAD MÁS EUROPEA DE ASIA

     Estambul es una ciudad cosmopolita y a menudo deslumbra por su agresividad, mezcla de historia y mercantilismo.  Algo que han hecho bien los turcos es vender estupendamente el país.  Y lo han hecho tanto desde sus productos como desde sus servicios. Sorprenden, en esta época del año, sus cuidados jardines públicos, diseñados al punto del preciosismo, responsabilidad del Ayuntamiento, y donde destacan los tulipanes, que son originarios del Imperio Otomano.

Base de columna en La Cisterna con rostro de Medusa

Sus incontables monumentos históricos son de obligatoria visita, como la Mezquita Azul (la primera que tuvo seis minaretes), la catedral de Santa Sofía (construida por los bizantinos y posteriormente ocupada por los otomanos), así como el palacio Topkapi, donde vivieron varias generaciones de sultanes, que están allí enterrados y hay salas de exhibición de relojes incrustados con piedras preciosas, vajillas de las mejores casas europeas y asiáticas y armas salpicadas de pedrería.

Interior de Santa Sofía

Una visita que no se debe obviar es la basílica de la Cisterna, llamada “Palacio sumergido”, del período bizantino, (que data del año 527-565) por la impresión que dan sus 336 columnas de mármol, cada una de 9 metros de alto, que se lanzan hacia el cielo desde el agua.  Hay que bajar 52 escalones para ver toda su majestuosidad y el cielo abovedado que traslada las cargas tanto de presión como de peso.  Casi todas sus columnas son cilíndricas.  Hay dos que tienen como bases en bajo relieve la cabeza de Medusa.  Son muchas las leyendas sobre este personaje de la mitología, todas fascinantes.  Mientras se recorre esa misteriosa basílica, se escucha una música suave que va acorde a los peces que navegan en las aguas que están siempre bajo nuestros pies.

Un crucero por el Bósforo es algo obligado e inolvidable.  Con un buen guía se puede entender muy bien la importancia que, a través de la historia, ha jugado este misterioso estrecho, que ha sido un sitio estratégico desde el punto de vista geopolítico y que fue la razón de que el emperador romano Constantino I el Grande estableciera allí, en 330 d.C., su nueva capital, Constantinopla.  Con este nombre se refieren aún, con añoranza, los actuales griegos.  Su historia es interminable como incontables han sido los intentos de controlarlo.  Es un canal angosto en forma de “S” de naturaleza compleja, con varios cabos y curvas pronunciadas, lo que dificulta la observación en las esquinas. A ello se agrega el fenómeno de las corrientes cambiantes. El tránsito por el estrecho no se cobra, hasta ahora.

Navegando por el Bósforo

Tales condiciones geográficas y oceanográficas hacen que la navegación por el Bósforo, abierta al tráfico internacional, sea difícil y arriesgada. Durante los días que estuve en Turquía un barco perdió el control y se estrelló contra la mansión centenaria donde se filmaron algunas de las series que pusieron de moda las novelas turcas, con Onur de protagonista en “Las mil y una noches” y Suleymán en “El Sultán”.  Como en otros países, en Panamá también la turcomanía o el apogeo de las novelas turcas ha desplazado a las de otros países en años recientes.

Mansión que fue embestida por barco a orillas del Bósforo

Destaca en esa visita marítima el Cuerno de Oro, un histórico estuario del estrecho, que divide Estambul. Este emplazamiento, que forma un puerto natural espectacular, ha protegido a los barcos griegos, romanos, bizantinos, otomanos y actuales, durante miles de años. Primero fueron los griegos que lo acondicionaron para establecer allí la ciudad de Bizancio y bajo el imperio bizantino se construyó un muro que bordeaba la costa y protegía a la ciudad de ataques desde el mar.

Vista del Cuerno de Oro desde la colina de la casa de Pierre Loti

Desde la colina Eyup se contempla toda su magnificencia. Pierre Loti, el escritor y académico francés, se enamoró de una mujer turca y le dedicó una obra, Azidayé. Allí edificó su casa y hoy día es un sitio de culto, donde se va a comer, tomar algo y luego bajar en un funicular que pasa por sobre un cementerio y llega a las orillas del estrecho.

EL MÁS ASIÁTICO DE LOS PAÍSES

     Turquía es un país que emergió de una revolución realmente ejemplar en 1923, cuando el héroe nacional Mustafá Kemal Ataturk logró vencer el imperio otomano y construir una nación, bajo los cánones modernos y europeos, con la adaptación al alfabeto latino e instituciones independientes.  El imperio otomano estaba representado por el sultanato, los visires y los bajás y todo eso pasó a ser una república.  Es un país de 80 millones de personas, 18 de las cuales viven en Estambul, que hace producir su tierra con una gran variedad de productos, que tiene una agresiva industria ganadera y que ha sido testigo de excepción de las civilizaciones. Parte de su extensa geografía se denomina Anatolia, que corresponde a Asia menor.

En el majestuoso palacio de Dolmahbace, en la ribera europea del Bósforo, estuvo la sede del gobierno hasta 1922. En ese Versalles turco, que tiene la lámpara de araña de cristal de Bohemia más grande que uno imagine, murió Ataturk en 1938, por quien los turcos sienten una total devoción.

Palacio Dolmahbace

El escritor español Miguel de Cervantes Saavedra, padre de la novela moderna, estuvo preso en Argelia, y fue liberado cuando estaba en una de las galeras (barco bizantino) que zarparía rumbo a Constantinopla, atado con «dos cadenas y un grillo».

De Capadocia es San Jorge, que fue soldado, después mártir y al final santo cristiano.  Se estima que vivió en los años 270 y su muerte fue el 23 de abril de 303.  San Jorge es un fenómeno del sincretismo, porque su veneración se da tanto en las religiones afroamericanas como en las musulmanas, especialmente las del oriente medio como Palestina, donde adopta el nombre de Mar Giries (árabe cristiano) o Al-Khader (árabe tanto cristiano como musulmán).

Museo al aire libre de Goreme

San Jorge tiene una representación especial en el museo al aire libre de Göreme, dentro de unas cuevas rupestres, pintadas al fresco.  El aniversario de su muerte es el símbolo para la celebración del Día Internacional del Libro, que es mañana, en todo el mundo, que coincide con el aniversario de la muerte de tres grandes de las letras, Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega (murieron el mismo año, 1616).  A san Jorge siempre se le representa sobre un caballo blanco enterrando una daga sobre un dragón y se dice que de la sangre del dragón brotó una rosa, que el valiente caballero entregó a la princesa que él salvó.  De allí la tradición que se regale, en ocasión de esta celebración mundial, un libro y una rosa.

Goreme

Desde 1995 Unesco estableció esta fecha como el día Internacional del Libro y el Derecho de Autor, y en Panamá la Embajada de España organiza una lectura continuada del Quijote, obra máxima del escritor Miguel de Cervantes Saavedra.  La embajada de Perú inauguró una muestra sobre el Inca Garcilaso y el nacimiento de la cultura mestiza en América el pasado jueves 19 de abril.

 

CANCIÓN DEL PIRATA, por José de Espronceda, poeta español del romanticismo

Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,

no corta el mar, sino vuela,

un velero bergantín:

bajel pirata que llaman

por su bravura el Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.

 

La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento,

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa

y allá a su frente Stambul.

    

ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de abril de 2018

      Estambul, en la República de Turquía, es una de las tres ciudades en el mundo que está en dos continentes, Europa y Asia.  Fue capital del Imperio Romano de Oriente y del Imperio Otomano.  Se le conocía como Bizancio primero y después como Constantinopla. Se distingue por sus portentosas edificaciones, la icónica basílica bizantina de Santa Sofia, que data del siglo VI; la Mezquita Azul, la primera en tener seis minaretes, además de muchas otras que le dan una pátina de misterio y belleza a la mega urbe en la que hoy se ha convertido. El Palacio Topkapi fue morada de varias generaciones de sultanes. La ciudad fue el escenario del desmantelamiento del Imperio Otomano que llevó a cabo Mustafá Kemal Ataturk en 1923, que constituyó una verdadera revolución tanto social como económica que dura hasta nuestros días.

Pero no solo Estambul es digna de visitar, también están Ankara, la capital, que es la sede del gobierno y donde hay un Museo de las Civilizaciones de Anatolia -del Asia menor- y un mausoleo en honor a Ataturk que impresiona por las dimensiones y lo que muestra.  Existe un exacerbado culto a la personalidad de Ataturk y sorprende que el mismo perdure casi un siglo después de su gesta libertadora.

Capadocia no solo ofrece el paseo en globo que la ha hecho famosa -y que está muy bien organizado-, saliendo al alba y con pilotos profesionales que se han certificado en esta destreza. Cada día suben entre 150 a 200 globos, en un viaje sobre la caprichosa geografía que ofrece vistas impresionantes.  Dura como 40 minutos y se desciende suavemente.  Pero también tiene otros atractivos, como la ciudad subterránea y el museo al aire libre, con iglesias rupestres decoradas con frescos.  Hay una gran devoción por San Jorge que, aunque nació en Grecia, se le conoce como de esa región y cuya fecha conmemorativa coincide con el día del libro, 23 de abril.  Las formaciones conocidas como las torres de hadas son distintivas de Göreme.

Camino a Pamukkale se puede visitar un monasterio de los derviches, una mezquita y el mausoleo el profeta sufí Mevlana.  Los derviches eran parte de una cofradía ascética, y se les representa bailando. En Hierápolis se visitan unas calzadas calcáreas que forman unas piscinas descendientes y donde uno puede caminar recibiendo todos los beneficios de aguas termales.

Efeso fue la capital del Asía Menor en la época Romana y se pueden visitar diferentes monumentos arqueológicos donde se aprecia la famosa biblioteca de Celso y el templo de Adriano.  Un lugar que ofrece mucha paz es la casita donde vivió la Virgen María.  Kusadaki, a orillas del Mar Egeo tiene los restos de un hospital para enfermos mentales.

De allí se sigue a Troya, al sitio donde se libró la batalla con ese nombre y que conserva una réplica del famoso caballo.  Después se llega a Cannakale, a orillas del estrecho de los Dardanelos, y se cruza esta vía marítima en ferry para volver a Estambul, la ciudad de Orham Pamuk, que fue premio Nobel de Literatura en el año 2006, que él define entre amargada y melancólica.

Pamuk, en su magnífica obra llamada “Estambul”, nos adentra en los entresijos de esa urbe que se resistía a ser occidentalizada.  El misterioso Bósforo, que no es un río ni un canal, es un punto estratégico entre el Mar de Mármara y el Mar Negro.  El escritor quiso ser pintor y estudió arquitectura, pero al final se dedicó a la literatura.  Vale la pena, para adentrarse en la aventura de Mustafá Kemal Ataturk, leer la novela de Kenizé Mourad “De parte de la princesa muerta”, que relata el desplome del imperio otomano desde la óptica de una niña de 12 años.

Panamá tiene embajada en Turquía desde septiembre de 2015.  La decisión de abrir una embajada en Ankara obedeció al interés nacional de fortalecer las relaciones con todos los países, especialmente con aquellos con los que conjuga intereses comunes.  Turquía es observador ante el Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y ante la Organización de Estados Americanos (OEA).  Es además el principal socio comercial que tiene el país en la región centroamericana a tal punto que ahora contamos con un vuelo directo de la aerolínea Turkish Airlines. Ambos países son socios estratégicos en el tema humanitario, tan sensitivo hoy día, y esa nación es la que más refugiados alberga en el mundo, acogiéndose al mandato de la I Cumbre Humanitaria de Naciones Unidas, en la que Panamá participó activamente.

 

Nuestro país está dignamente representado en Ankara por el embajador Jorge H. Miranda, de probado profesionalismo y ejecutorias en el servicio exterior, que les ha dado un impulso definitivo a las relaciones de Panamá y Turquía.  El embajador turco en Panamá es Deniz Ozmen.

 

 

 

 

Marruecos en la literatura

Por Mariela  Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 1 de abril de 2015

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente

Hacer un balance de la literatura marroquí, sea en árabe, español o francés, que son las lenguas en las que generalmente se escribe y publica, es tarea de especialistas que durante años la han evaluado, especialmente por los vaivenes que esa región del Magreb ha tenido desde que se conoce de ella. El Reino de Marruecos, como oficialmente se llama, es un país musulmán en África, que tiene al norte el Mar Mediterráneo, y al oeste el Océano Atlántico, allí donde confluyen los dos grandes mares. Frente a Europa está África, a solamente 39 kilómetros de distancia.

Galería de Eugene Delacorix

Es una monarquía constitucional y hace un año y medio tiene una embajada en Panamá, aunque las relaciones entre los dos países datan de más de 40 años. Los anteriores embajadores eran concurrentes y despachaban desde países cercanos.

Se estima que es el lugar más antiguo del mundo, ya que en sus tierras se encontró un cráneo de Homo Sapiens en el año 8000 AC. Una de las lenguas y etnias más destacadas de Marruecos es la bereber y todo indica que surgió al mismo tiempo que la agricultura.

Como fue protectorado español y francés, no estuvo exento de disputas entre esos dos países, que querían contar con un frente estratégico en sus tierras, con cierto apoyo y mediación de Gran Bretaña. Al soplar los vientos de guerras, las tensiones se acrecentaron y los mismos marroquíes se fueron involucrando en movimientos separatistas, que lograron que en 1956 se constituyera un país independiente.

Mientras todo esto ocurría, y desde tiempos inmemoriales, Tánger, la ciudad puerto que une a Europa con África y al Mediterráneo con el Atlántico, seducía a muchos intelectuales, artistas, conquistadores y gente famosa, que hicieron de ese maravilloso lugar un mito, una atmósfera, que cuando uno la abandona se pregunta si es que la soñó.

LOS FAMOSOS DE TÁNGER

En el siglo XIX las misiones diplomáticas y comerciales europeas aumentaron su presencia en la ciudad y en 1925 Tánger se convirtió en Zona Franca internacional, bajo la soberanía del Sultán de Marruecos. Esa es la época dorada de la ciudad, cuando se experimentó un gran desarrollo cultural y económico que le creó una reputación ‘novelesca’ en el cine y en la literatura. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que en esa ciudad se inventó la globalización.

De los más emblemáticos tangerinos está Ibn Battouta, nacido en 1304, que fue un viajero, peregrino, explorador que, al igual que Marco Polo (con quien se le compara) recorrió kilómetros para conocer el mundo, aunque lo hacía por razones intelectuales, mientras que el italiano, por razones comerciales. Se estima que recorrió el oeste, centro y norte de África, parte del sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China, por lo que superó al viajero oriundo de Venecia en sus desplazamientos. Su tumba es lugar de peregrinación si uno visita su ciudad natal y a ella hacen referencia muchas novelas al igual que películas. Su ‘rihla’ o periplo le tomó 20 años, y está relatada por un estudioso granadino, Ibn Yuzayy, motivado por el sultán de esos tempranos años del siglo XIV, que lo contó en detalle en una crónica dictada por el trotamundos tangerino, a instancias del sultán.

Madre de leche y miel

Es interesante conocer que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1777 y, en agradecimiento, el Sultán Moulay Slimane regaló a la misión estadounidense una regia mansión en Tánger, en 1821. Hoy día funciona allí un museo, que muestra la historia de la ciudad entre los siglos XVII y XX.

A Tánger, como a un imán, fueron a dar muchos escritores, de la talla de Tennessee Williams, Paul y Jane Bowles, Ernest Hemingway, William S. Burroughs, Raymond Chandler, Truman Capote y otros que entre 1925 y 1960 fueron parte de un movimiento conocido como la generación beat. A ellos se les unió el pintor Henri Matisse, que decía de Tánger que era ‘el paraíso del pintor’ y otro artista francés, Eugene Delacroix, exclamó, al descubrir la ciudad ‘Vengo de recorrer la ciudad. En este momento soy como ese hombre que sueña y ve cosas temiendo que se le escapen’. Su obra, a partir de ese encuentro con el paisaje tangerino, sufrió una transformación innegable. Hay una Galería Delacroix en la Rue La Liberté, que sube hacia el Gran Café de París, casi enfrente al mítico hotel El Minzah, en donde se hospedaron en su momento, Rita Hayworth, Rock Hudson, el diseñador Yves Saint-Laurent, Tennessee Williams y Paul Bowles. Otro dato que es de resaltar es que la película Casablanca no fue filmada en esa ciudad marroquí, sino enteramente en Hollywood, pero para celebrar la notoriedad, hay un Ricks’s Café en la ciudad de Casablanca.

Eva, de Arturo Pérez Reverte, que se escenifica en Tánger

Los afectos de Saint-Laurent se establecieron en Marrakech, donde compró varias propiedades, una de ellas la Villa Oasis. En esa también maravillosa ciudad hay una fundación y ahora cuenta con un museo Yves Saint-Laurent.

PUENTE CULTURAL ENTRE LA LITERATURA ESPAÑOLA Y TÁNGER

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente. Autores marroquíes contemporáneos son muchos, aunque algunos no vivan en su país, como es el caso de Leila Slimani, que ganó el Premio Goncourt en 2016, el más prestigioso de la lengua francesa, por su libro Canción dulce y que hoy forma parte del gobierno del presidente francés Emmanuel Macron para el tema de la Francofonía. También destacan novelistas y cuentistas como Mohamed Akalay, Larbi El-Harti, Mohamed, Lahchiri y Najat El Hachmi; los relatos de género negro de Ahmed Oubali y la poesía de Mohamed Mamún Taha, Abderrahmán El Fathi y Abdellatif Limami.

Niebla en Tánger

Algunos escritores en lengua española que son dignos de mencionar, que recrean sus obras en Marruecos, son el mexicano Alberto Ruy Sánchez, que ha recibido más de 100 premios nacionales e internacionales y que fue elogiado en su momento por Octavio Paz, Juan Rulfo, Severo Sarduy, Alberto Manguel y Claude-Michel Cluny. Ruy Sánchez dirige desde 1988 la revista Artes de México y para él, cuando visitó el Sahara por vez primera, tuvo un Déjà vu que lo transportó a su primera infancia. Lo que él llama ‘la memoria involuntaria’ ha permanecido como una constante en sus obras.

Ángel Vásquez, nacido en Tánger, pero considerado escritor español, ganó el premio Planeta en 1962. Su mejor novela es La vida perra de Juanita Narboni , publicada en 1976 y de la cual se hizo una magnífica película, que transcurre en su ciudad natal. Hace un mes la cinta fue presentada en Panamá dentro del mes de la Francofonía por la Embajada de Marruecos. La obra de Vásquez ha sido elogiada por Alejo Carpentier y Juan Goytisolo.

Elías Canetti, de origen búlgaro y que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1981 publicó un interesante libro titulado Las voces de Marrakech , un recuento de su visita a esa ciudad.

Más recientemente, Arturo Pérez Reverte toma a Tánger y su puerto como escenario de la segunda novela de la serie Falcó, titulada Eva , que está formidable. También la escritora española, Cristina López Barrio, finalista del Premio Planeta 2017 se traslada a Tánger con su obra Niebla en Tánger. Javier Valenzuela, que laboró en El País y estuvo destacado en Rabat, tiene dos libros en torno a Tánger: Tangerina y Limones Negros , que son del género negro.

Librería Las Columnas

Y como siempre hay un lugar que aglutina a los escritores, la Librería Las Columnas, fundada en 1949, en la época de ebullición de la ciudad de Tánger, era donde se reunían autores como Samuel Beckett, Jean Genet, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Morand y otros. Ha logrado mantenerse como un espacio de expresión, de libertad, de consulta, de saber y difusión y allí se encuentran libros en árabe, español, inglés, francés y es un verdadero ícono de la ciudad.

TODO ARTE ES UNA FORMA DE LITERATURA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 25 de marzo de 2018

Hasta el 7 de mayo del presente año se muestra en la sala Sabatini del Museo Reina Sofía de Madrid la magnífica exposición en honor a Fernando Pessoa, titulada “Todo arte es una forma de literatura”.  Nadie podría pensar que en torno al poeta luso se pudiera recrear toda una alegoría de cuadros y expresiones artísticas que tienen que ver con los movimientos intelectuales que él liderizó en su país de origen, Portugal.  Sin embargo, es muy importante comprender que su producción literaria (la de Pessoa) fue catalizadora de la escena vanguardista portuguesa de los primeros años del siglo XX y que aglutinó en torno a ella a una comunidad artística con sensibilidades e inquietudes compartidas.

Catálogo de la exposición

FERNANDO PESSOA

Este poeta, escritor, periodista, ilustrador y publicista nació en Lisboa en 1888 y murió en su ciudad natal 47 años después, en 1935.  Su vida fue intensa, así como su actividad delirante, ya que se desdobló en varias personalidades que se conocieron como heterónimos.  Esta palabrita corresponde a una acepción literaria, o nombre falso que adopta un autor para nombrar parte de su producción.  Un ejemplo es Juan de Mairena, cantado por Joaquín Sabina en el homenaje que le rinde al poeta Ángel González, que es un heterónimo de Antonio Machado.  Es, en resumidas cuentas, un autor ficticio, o pseudo autor.  Fernando Pessoa fue el que más desarrolló este recurso literario, y se le atribuyen unos 70 heterónimos, algunos con nombre de mujer.  De allí que se le señale como que se desdobló en varias personalidades.

Es autor de muchos libros de poemas y su producción artística es extensísima.  Lo que más conocemos de él, en novela, es el famoso “Libro del Desasosiego”, y este año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara tendrá como país invitado a Portugal, donde seguramente se recrearán muchas de las facetas de esta figura enigmática que saltaba de un heterónimo a otro.  En ocasión de esta muestra, el Museo Reina Sofía editó un portentoso volumen con las piezas poéticas de Pessoa e ilustrado con la mayoría de las obras plásticas que la componen.

Cuadro de la exposición que también sirve de portada para El libro del desasosiego

De muy joven fue a vivir a Durban, en la República de Sudáfrica, entonces colonia británica de Natal, pues su madre, viuda cuando apenas Fernando tenía 5 años, se casó con el cónsul portugués en esa ciudad.  Gracias a esas vivencias, logró entrar en contacto con la literatura inglesa y estudiar a profundidad a Shakespeare, Edgar Allan Poe, Lord Byron, John Keats, entre otros escritores ingleses y a traducirlos.  El inglés se vuelve una lengua que él conoce y maneja casi a la perfección y desde entonces empieza a crear heterónimos, el primero de los cuales fue Alexander Search, que se envía cartas a sí mismo.

Regresa a vivir en Lisboa con su abuela en 1905, que era enferma mental, y dos criadas ancianas y ya inicia con paso firme su carrera literaria, que había anticipado en Durban.  Fernando Pessoa está enterrado en el Monasterio de los Jerónimos de Belém en Lisboa desde 1988, al cumplirse el centenario de su nacimiento, cuando recibió el reconocimiento que no tuvo en vida.  Un pensamiento fundamental de Fernando Pessoa fue: “Todo vale la pena cuando el alma no es pequeña”.

TODO ARTE ES UNA FORMA DE LITERATURA

     La exposición que se muestra en el Museo Reina Sofía impresiona porque por muchos heterónimos que haya tenido, demuestra que las artes, sean ilustraciones, pinturas, portadas de revistas y poemas, tienen un hilo conductor que une a los creadores.  También demuestra que mientras se daban en otras ciudades fenómenos artísticos como el cubismo o el futurismo, los artistas lusos los analizaban con mucho interés.  La producción de estos artistas, reunidos en textos teóricos o poéticos, influyó en obras plásticas y escénicas que fueron emblemáticas en su tiempo.

Fachada del Museo Reina Sofía

Pessoa y el escritor Mario de Sá-Carneiro fundaron en 1915 la revista Orpheu, que sirvió de vehículo de divulgación, aunque apenas se publicaron dos números y un tercero quedó a medias por falta de financiamiento.  También fue importante su colaboración con la revista Portugal Futurista, donde en el único número que vio la luz se publicó un poema de Álvaro de Campos, que se asemeja a un manifiesto futurista.  Se aliaron pintores con escritores y entre ambos pudieron darle vida a un movimiento que era una variante abstracta y colorista del cubismo, que contó con la participación de los pintores Sonia y Robert Delaunay, él francés y ella rusa, establecidos en Portugal, huyendo de la confrontación bélica.

Impresiona cómo las diferentes manifestaciones culturales en torno a Fernando Pessoa confluyen en poesía, pintura y obras de teatro.  Aquí también llegó la influencia de los ballets rusos, de los que he hablado en artículos anteriores tanto sobre Picasso como de Juan Gris.  En esos años se debió escuchar un pregón como “artistas del mundo uníos”.  Se realizaron performances en actos públicos que algunas veces generaron polémicas.

Cuadros de la exposición

El escenario político no dejó de influir en estas mentes creativas.  Cuando llegó al poder Antonio de Oliveira Salazar, que encabezó un régimen militar dictatorial desde 1932 hasta 1968, las corrientes artísticas que estaban en ebullición tuvieron algunos tropiezos.  Sin embargo, se logró imponer un movimiento de modernidad, menos agresivo, pero igualmente valioso sobre todo porque el arte europeo estaba en franco repliegue, como producto del período entreguerras.

Volvieron a invertirse ingentes esfuerzos en fundar otra revista, en este caso bastante heterodoxa, titulada Presenca, que logró influenciar el pensamiento artístico luso a lo largo de varias décadas, y se nota mucho en el cine.

La exposición “Pessoa, todo arte es una forma de literatura”, es una importante muestra de la escena vanguardista portuguesa que refleja sus especificidades contextuales, propuestas y protagonistas, y exhibe la amplia pluralidad del modernismo.  Complace ver la sinergia que existió entre las manifestaciones artísticas, evidenciando otros ejes, más allá de los discursos y lecturas que se imponen.  “La figura de Fernando Pessoa, abordada en este marco a través de su producción teórica, ofrece, con sus heterónimos, una lectura poliédrica del pensamiento y cultura del país, integrando sus tensiones, sus rupturas y sus afinidades con otros movimientos y corrientes de vanguardia”.

Cuadro de la exposición

Fernando Pessoa tuvo un heterónimo llamado Ricardo Reis, que lo define como latinista y monárquico, que muestra un apego a la herencia clásica de la literatura occidental, con estricto apego a la simetría y la armonía.  Lo mandó a vivir a Brasil, en supuesta protesta cuando se proclamó la República de Portugal.  José Saramago, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998 y el único de su país que lo ha obtenido, publicó un libro titulado “El año de la muerte de Ricardo Reis”, donde continúa el universo de este heterónimo de Pessoa que, ya muerto, los hace encontrarse, porque Reis sobrevive.

Una última reflexión sobre esta exposición y cómo un trabajo literario supo aglutinar las expresiones de varios artistas de su época.  Así también fue en Panamá, cuando Pimpito Dutary, Toño Alvarado, Mario Calvit y Julio Zachrisson, todos pintores, formaban una pandilla de intercambio cultural con escritores y poetas como Neco Endara, José Franco, César Young Núñez y José de Jesús Martínez, entre otros, que fueron trascendentales para definir nuestras manifestaciones artísticas. ¿Será que estamos perdiendo esa capacidad de conjugar voluntades para representar lo que es una identificación del país cultural que todos anhelamos?  Hace poco, en el homenaje que el Ministerio de Educación le rindió al poeta Franco, Neco recordaba, con su natural picardía, aquellos años en los que “desfilaban por la Avenida Central, como decía Korsi: “majestuosamente borrachos”, a las cuatro de la mañana”.  Ahora no vemos esto, los pintores no se relacionan con los escritores y así viceversa y algunos ni leen ni se interesan por cultivar la lectura. Debemos retomar esa importante relación que debe existir entre los artistas.

HONRAR HONRA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 19 de marzo de 2018

Bajo este pregón al escritor Rafael Ruiloba dedicó sus palabras en el acto en que se le rindió homenaje al poeta veragüense José Franco en su tierra de adopción, Las Tablas.  Este homenaje fue iniciativa del Ministerio de Educación y estuvo presente la ministra Paredes de Vásquez y se presentó una edición conmemorativa de “Por los caminos de mi patria” que recoge odas, sonetos, sermones y poesías de esta gran poeta.

La responsable de esta edición, bellamente ilustrada con la obra de Roberto Lewis “El nacimiento de la república” fue Aleida de Gracia, funcionaria del Instituto Nacional de Cultura (INAC) y ese día estuvimos presentes algunos de sus amigos escritores y familiares, y los que no pudieron ir, le enviaron unos mensajes preciosos que yo leí cuando me tocó a mí hacer la semblanza del poeta de la nacionalidad.

Portada del libro “Por los caminos de mi patria”

José Franco es el autor de “Panamá Defendida” que escribió apenas con 23 años, henchido de amor patriótico.  Desde que asistía a la Escuela Normal de Santiago empezó a germinar en él la semilla del patriotismo, del nacionalismo sin tregua, y desde entonces, su vida y sus obras han girado en torno a estos ideales, sin claudicar jamás.  Su poesía ha sido elogiada aquí y en el extranjero, confiriéndosele muy distinguidos premios, pero sus novelas, que también merecen ser leídas, como “Las luciérnagas de la muerte” y “Operación Plutonio” además de “La conspiración del silencio” deben ser de obligatoria lectura en los colegios nuestros.  A través de ella se puede conocer los dramas que Panamá ha atravesado en su larga lucha por su soberanía plena, que al parecer todavía no ha terminado.

Así como es importante esta edición de “Por los caminos de mi patria”, debe ser su divulgación entre nuestra juventud, que no vivió las luchas nacionalistas ni la cruenta invasión de hace 30 años.  La vida ejemplar de un patriota como José Franco debe ser destacada en las escuelas, para que se conozca los autores de esta patria nuestra.