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Atención a usuarios de electricidad

Lunes 19 de enero de 2015

Les pregunté si ese centro de atención estaba en Panamá y me dijo, evasivamente, que eran una plataforma virtual

El fin de semana, nuestro edificio sufrió un daño en el cable del poste desde donde se alimenta la energía eléctrica. Esto afectó también el suministro de agua. Cada uno de los condóminos llamamos al teléfono de quejas, pasando de un número a otro hasta que por insistencia nos contestaba un/a colombiano/a y nos preguntaban todos nuestros datos. Cuando, finalmente se generaba el reporte y nos daban el número del mismo, cada uno le preguntaba cuándo venían a reparar el daño, con mucha ansiedad. La chica que me atendió la primera vez me dijo que ‘no había reportes relacionados’ por lo que no me podía decir cuándo lo repararían.

Me entró la curiosidad puesto que mis vecinos me habían dado sus números de reporte y volví a llamar y a pasar por toda la parafernalia de marque aquí, marque allá hasta que me contestó otro operador, con acento colombiano, y me dijo que cuál era mi afán, que ellos trabajaban hasta las 6 de la tarde (eran las 4 de la tarde y no contábamos con servicio desde las 8 de la mañana). Les pregunté si ese centro de atención estaba en Panamá y me dijo, evasivamente, que eran una plataforma virtual. O sea, no estaban aquí y no sabían ni dónde era la dirección que reclamábamos ni los horarios de atención de la empresa aquí.

Desesperada, me guindé del Twitter y empecé a reclamar, con copia a la ASEP que vinieran a reparar el daño y al instante me respondieron que les diera el No. de reporte y dónde me podían contactar. Seguidamente me llamaron para decirme que trabajaban 24 horas y que vendrían enseguida, y así lo hicieron, pudiendo restablecer los servicios casi a las 8 de la noche.

Dejo al juicio de los que me leen, si no es un desatino tener ese centro de atención fuera de Panamá y, si el que no tiene Twitter, puede poner la queja con efectividad.

Panamá pierde

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 9 de Octubre de 2011

La reunión que se desarrolló en Panamá la semana pasada, la conferencia preparatoria a la cumbre del cambio climático, que a todas luces fue polémica no solo por los temas tratados, sino por las aristas que insisten en sacarle los políticos irresponsables que estuvieron a cargo de su organización, van más allá de lo que debemos anteponer cuando alardeamos que colocamos al país por delante de los intereses personales.
Mi hija, especialista en ambiente, me ha ayudado a resumir las oportunidades que Panamá pierde al no tomar en serio el tema ambiental, sobre todo en el marco de esta conferencia que es antecesora de la cumbre de Durban, Sudáfrica.

Panama pierde, ya que siendo un país con amplias costas, será uno de los más afectados por el cambio climático, porque se presume que una posible consecuencia sea el aumento del nivel del mar.

Pierde la cooperación que conlleva formar parte de las negociaciones. Pierde conocimiento en adaptación: qué están haciendo los otros países para adaptarse ANTES de que pasen desastres como lluvias torrenciales que, según dicen, podrían ser más frecuentes, sequías, etc. No hay ni que imaginarse la dimensión de los desastres como las inundaciones que se dieron en Chiriquí la semana pasada, dejando las secuelas que presenciamos.

Pierde oportunidades de proyectos de investigación: los colegios, universidades, centros de investigación, cada vez más conforman un papel más importante y podrían usar al país y su envidiable posición geográfica como plataforma para investigaciones e incluso proyectos pilotos de reducción de emisiones, adaptación, etc.

Pierde conocimiento en energía: qué están haciendo otros países para generar una energía más limpia y de menos impacto, tales como las mini hidroeléctricas, la energía solar y la geotermia.

Pierde conocimiento en muchas otras áreas, como el transporte colectivo, tratamiento de la basura, maximización de uso de residuos, legislación acorde, que en los demás países funcionan y podrían ayudar a Panamá y a sus ciudadanos a vivir de una manera más sostenible y responsable.

Sobre todo Panamá pierde oportunidades de negocios: el cambio climático conlleva a hacer proyectos que en su mayoría son un buen negocio, porque aumentan la rentabilidad de los procesos. Panama NO es un país productor ni de manufactura, o sea que proyectos que tengan en común eficiencia energética, de prevención de la contaminación, generarían oportunidades de trabajo y empleo y quizás podría hasta aumentar y revivir la actividad manufacturera, porque sus procesos podrían ser vistos como más limpios y de mejor calidad. Ejemplo: utilización de llantas en cementeras como combustible, rellenos sanitarios limpios que no contaminen el agua subterránea ni las playas, producción de productos químicos a partir de fermentación, entre otros. Sobre todo, el uso excesivo de vidrios en la construcción podría optimizarse para abaratar costos y ser más ‘verdes’.

Podemos quedarnos rezagados en el pasado: al no participar ni escuchar qué hacen los demás, perdemos visión de futuro, porque tarde o temprano se tendrán que adoptar medidas para prevenir emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes. El aire y el agua son finitos, así como los suelos, mientras más contaminación haya, menos valor tiene nuestra tierra.

Panamá ha perdido también en no aprovechar que se realizara una reunión de esa categoría en nuestro país, al estar los enemigos políticos ventilando el rol que debieron jugar en su organización. Es realmente lamentable que el actual canciller salga con las acusaciones que vertió en los medios contra su antecesor, cuando ninguno de los dos —ni el actual, ni el botado— hizo nada para que jugáramos un mejor papel. Panamá pierde cada día mientras los cantamañanas del gobierno y los desplazados del poder sigan buscando ese pobre protagonismo. Bien decía Antonio Machado: ‘¿Tu verdad? No, la verdad, y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela…’. 

 

INCOHERENCIAS GUBERNAMENTALES

Mariela Sagel

El Siglo, 30 de Mayo de 2011

     Las políticas gubernamentales no son coherentes con las prácticas que vemos a diario.  Un ejemplo es la alarma emitida de que estamos al borde de rebasar la demanda de energía, versus la que disponible (tanto hídrica como térmica y otras modalidades) y en cambio, vemos que se alumbran edificios gubernamentales recientemente inaugurados (como es el caso de la sede de la Caja de Ahorros) hasta altas horas de la noche, o se pretende construir una torre financiera totalmente de cristal, lo que requeriría electricidad equivalente a toda la energía que se consume en la ciudad de Las Tablas.

Los proyectos millonarios que se firman cada día no se sabe cuánto cuestan pues se hacen en su mayoría en la modalidad “llave en mano”, que si bien le permite al gobierno no desembolsar en un inicio, al final acaban costando el doble o triple.  Ya se anunció que metiendo la primera palada el anhelado metro de la ciudad va a costarnos unos 400 millones de dólares más.  Así mismo es el caso de la tercera fase de la Cinta Costera, cuya orden de proceder se dio sin que se conozca la ruta que va a tomar y si afecta el entorno del Casco Antiguo, que es patrimonio de toda la humanidad y uno de los 1,000 lugares que hay que visitar antes de morir, según revistas especializadas.

La seguridad alimentaria está realmente amenazada y no hay visos que se haga algo por el productor, que lo desanime de abandonar sus cultivos y venir a la ciudad a buscar su sustento.  Es preocupante que gobiernos pasan y no se realizan los cambios y políticas que nos den una real soberanía sobre la producción de alimentos, especialmente los que son básicos en la dieta del panameño.

En defensa de los faraónicos proyectos en los que se han embarcado los ministros de Salud y Economía (como si el primero fuera vendedor de bienes raíces) éste último señaló que somos cuatro gatos que se oponen a la construcción de la torre financiera señalando que los dirigimos dos ex ministros y una ex directora del INAC del gobierno del Toro.  Para completar los cuatro, digo yo, ha que contar al presidente, que fungió como director del Seguro Social en ese gobierno y cuyo paso por esa institución es recordada con estremecimientos, los mismos que todos tendremos si seguimos al ritmo de todas estas incoherencias.

Progreso o Pobreza

En Panamá pareciera que el progreso no se genera para mitigar la pobreza. Cada vez que alguien ve la oportunidad de coadyuvar al mejoramiento de la calidad de vida de los panameños lo acusan de atacar el ambiente, querer despojar a los vecinos de sus huertos o hasta de envenenamiento. Omar Torrijos pudo hacer las hidroeléctricas que hoy nos salvan de pagar más caro el combustible porque no tuvo que lidiar con un Ente Regulador (o como se llame ahora) lleno de personas que demoran los trámites o los hacen más largos, a fin que unos pocos se sigan enriqueciendo.

Las fuentes alternativas para generar energía en forma limpia en Panamá (como diría el Protocolo de Kyoto) son principalmente la solar, la eólica y las hidroeléctricas. Por ser un país donde el sol siempre sale por algún lado, lo ideal serían los generadores solares, pero ellos conllevan una enorme inversión, que tarda en retornar y desde la liberalización de la generación, la cosa no es tan fácil. En las hidroeléctricas siempre hay un problema de por medio. Como se utiliza un recurso natural (cauce de río) tiene que lograrse una concesión de parte de la ASEP, y allí es donde la puerca tuerce el rabo. Los trámites pueden durar infinitamente, se logran los acuerdos de distribución (PPA) con uno de los dos jugadores del oligopolio que nos rige y podemos perder hasta la camisa en el camino, si no la misma concesión.

La energía eólica es la generada por el viento o por el efecto de sus corrientes de aire. Su utilización data desde la antigüedad, cuando los barcos eran impulsados por el viento y todavía de ella dependen los veleros.

La energía que el viento produce se convierte en eléctrica mediante aerogeneradores. Se considera un recurso abundante, renovable , limpio y ayuda a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero al reemplazar termoeléctricas a base de combustibles fósiles, lo que la convierte en un tipo de energía verde . Sus grandes torres con aspas, que simulan molinos de viento, son representativas de las ventajas que se brindan. Pero estás, para los amantes de los pájaros, representan un peligro.

Panamá importa 70% de su energía, casi todo el petróleo que consume es importado, no produce ni consume todavía gas natural y el 60% de la energía eléctrica proviene de las hidroeléctricas. El resto es generada por las térmicas. Se están haciendo intentos por incursionar en la provechosa generación de energía eólica, tropezando con los interminables trámites y la ignorancia que prevalece a pesar de ser un país con un bajo índice de iliteratos. Todo es cuestión de poder y la naturaleza humana se envilece cuando dota de poder a la ignorancia.

El gobierno dice incentivar y promover el uso de tecnologías ambientalmente sostenibles para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y sus autoridades ambientales apoyan el valor de los créditos de carbono. Sin embargo, para echar a andar un proyecto se pasan la mano el uno al otro y se tienen que esperar años para el inicio de la generación.

La ciudad de Panamá, donde se concentra la mayor cantidad de población, debería poder contar con fuentes de energía alternativa que le permitan tener la suficiente capacidad como para que un edificio ostente grandes vitrales decorativos que a la vez sean paneles solares (hace unos años la Embajada de Canadá presentó en una expo Capac esta innovación) y pequeños molinos sobre las azoteas que le hagan muy poco daño a la abundante población de aves que nos caracteriza.

Así mismo, áreas como Sarigua, que no sirven sino para ser un atractivo turístico, pueden ser poblados de paneles solares que sean generadores potentes. En el campo eólico, entiendo que varios proyectos
están por arrancar, pero sería muy interesante ver en las espesas montañas del Cerro Tute, donde el viento ya no tiene sombra y no para de soplar, sendos aerogeneradores que nos hagan parecer la visión del Quijote cuando embistió contra “los gigantes” que había en La Mancha.

Una iniciativa ejemplar en el Medio Oriente es la torre de Burj al-Taqa. Esta torre será una de las torres más altas del mundo, autosuficiente en términos energéticos. La torre tendrá un sistema de auto refrigeración muy avanzado (usando el agua del mar para refrescar el aire que entra al
edificio), tomando en cuenta que el diseño de la estructura (la torre es cilíndrica por lo que no hay superficies directamente expuestas al sol) y materiales que no permiten que el frío del aire acondicionado se disperse al exterior (la temperatura promedio en algunos días es de 40 grados C).
Además será autosuficiente ya que tendrá una turbina de 60 metros de alto en su azotea que será combinada con paneles solares sobre el edificio y otro juego de paneles solares sobre el mar que se verán desde la torre.

Las constructoras y los responsables de diseños de edificios autosuficientes deberían ser premiadas por sus iniciativas, si es que algún día llega alguien a ser tan creativo en Panamá. Incentivos fiscales, además de créditos de carbono podrían abaratar los costos de estas obras además de incentivar a constructoras a proponer estas ideas. Para referencia, a fines de 2007, la capacidad mundial de los generadores eólicos fue de 94.1 gigawatts.

Mientras la eólica genera alrededor del 1% del consumo de electricidad mundial,[ ]representa alrededor del 19% de la producción eléctrica en Dinamarca, 9% en España y Portugal, y un 6% en Alemania e Irlanda (Datos del 2007).