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¿QUÉ NOS ESPERA EL 2017?

Por Mariela Sagel, El Siglo, 26 de diciembre de 2016

No tengo una bola de cristal para predecir lo que pueda sucedernos en el año que apenas se despereza, pero las circunstancias que marcaron el terrible año anterior no dejan duda de que será un año de muchas correcciones y aclaraciones.  Hay tantas preguntas sin respuestas que este año, que es pre-pre electoral debería ser uno que rinda cuentas por lo hecho hasta ahora en este gobierno –lo malo es que aún no se aclara lo hecho en el anterior, que son casi lo mismo –.

Los panameños debemos exigir que se lleve a la justicia el tema de los Mossack Fonseca Papers, porque estos señores, que tanto daño le han hecho al país y han forzado a las autoridades a contratar costosísimas campañas internacionales para lavarnos la cara, siguen felices de la vida con sus fortunas intocables.  De igual forma, debe aclararse todo lo relacionado con el caso Waked, ya que ni la rocambolesca oficina de los gringos, OFAC, que se da el lujo de aplicar medidas administrativas fuera de sus fronteras, ni ninguna otra instancia estadounidense han encontrado una sola evidencia de las esgrimidas “razones para creer” que han puesto a este diario al borde de su extinción.

Lo más reciente revelado, de que la constructora Odebreccht pagó $59 millones de dólares a funcionarios panameños para hacerse con sus contratos requiere una rendición urgente, y señalar a cada una de las obras y los beneficiados, sean de este, el gobierno anterior y el que le abrió las puertas a esa empresa brasileña. En la lista de coimas, los panameños tenemos el más alto importe per cápita y les ganamos por cancha a los colombianos, lo que no es fácil.

Ojalá se defina finalmente lo pertinente a la hidroeléctrica de Barro Blanco, para beneficio de la población indígena y que los diputados hagan los nombramientos pendientes, pero esto ya es como hacer una carta al Niño Dios, que esos señores trabajen es algo que no está en sus planes.

A todos, un mejor año y que haya paz, bienestar y sobre todo, salud.

 

UN NOVELISTA ARROLLADOR

Por Mariela Sagel, Facetas, 25 de diciembre de 2016

A pesar de no ser el único “rock star” de la última FIL,  Arturo Pérez Reverte tuvo la mejor presentación, más cálida y con muchas risas de los presentes que cualquiera que pretendiera pisarle los talones. El recinto estaba abarrotado y Pilar Reyes, su editora, con esa elegancia que la caracteriza, hizo una magistral introducción a la novela Falcó, empezando por decir que “Arturo Pérez Reverte le ha dado a la literatura una obra rica, ambiciosa y muy popular.  Una obra que crea una complicidad gozosa entre la novela y el lector.  Desde el Club Dumas, en 1993, se ha convertido en el escritor más leído en España, un escritor que desde entonces no ha dejado de escribir y de recibir el favor del público libro a libro.  Arturo Pérez Reverte le ha dado a la literatura algunos personajes que consiguen la curiosa hazaña de parecer seres reales.  Es algo misterioso y que pocos autores logran, que un personaje de palabra tenga el mismo espesor que una persona de carne y hueso.  Uno tiende a creer que Diego Alatriste es un personaje histórico, que lo ven en la Taberna del Turco sentado con Quevedo en el Madrid de los Austrias.  O Teresa Mendoza, la formidable Reina del Sur, cuya versión reencarnada recientemente en una serie enamoró a más de uno.  El poder de la ficción revertiana es tal que a su lado la realidad palidece.  La novela que hoy presentamos es de esa estirpe y celebramos con su aparición no solo el acontecimiento literario que cada obra del autor supone sino la bienvenida a la inmortalidad de la ficción de su protagonista”.

Su contertulio en esta gala de la palabra fue el escritor mexicano Elmer Mendoza, su carnal, según ambos conspiradores, a quien conoció cuando estaba investigando los vericuetos de los narcos en Culiacán, Sinaloa, y quien mejor ha entendido el mundo revertiano.

LORENZO FALCÓ, EL NUEVO PERSONAJE REVERTIANO

Con apenas un par de semanas de haberse publicado, el libro era el más demandado en su momento.  Era su regreso después de Hombres Buenos, su novela anterior, que relataba la aventura de dos académicos tras una edición de la Encyclopédie de D’Alembert y Diderot en el siglo XVIII.  Lorenzo Falcó es un personaje de los años 30 que, según el escritor, es muy típico de su territorio, poblado de espías, torturadores, malhechores e inescrupulosos.  Contrario de Alatriste, el personaje de sus siete novelas que ahora han sido reunidas en “Todo Alatriste”, que es un mercenario, mata por dinero pero tiene principios, códigos éticos y morales, Falcó es un sinvergüenza desde pequeño.  Es el típico tipo que te quita la novia, te roba el dinero, te engaña, te utiliza, pero al mismo tiempo es tan simpático que te cae bien, todas las mujeres quisieran, por lo menos, irse a bailar con él y los hombres tomarse una copa.  Es un asesino, un doble espía y doble agente, carente de escrúpulos, pero también es elegante, guapísimo, encantador.

Portada de la última novela de Arturo Pérez Reverte

Dice Pérez Reverte que lo ubicó en los años 30 porque cuando escribió El tango de la guardia vieja se le quedaron colgando un montón de flecos, temas de modas, de copas, de glamour, y como no quería escribir otra novela de espías –pues los de ahora son muy vulgares, tienen teléfonos celulares, drones, GPS – rescató aquellos ingredientes que en esos años todavía se usaban.  En ella encontramos trenes lujosos, mujeres misteriosas, lugares sórdidos, fascismo, comunismo, socialismo, y una Europa entre guerras que presentaba el ambiente ideal para ubicar a su lobo en un territorio de caza, porque Falcó para su autor es un lobo de caza.

En la amena conversación que sostuvieron esos dos carnales delante de un público entusiasta, Mendoza recordó una frase en la que sugiere que a las mujeres les interesan los hombres guapos, pero prefieren irse a la cama con los canallas.  Don Arturo, con esa simpatía que desborda, recordó que de joven era muy caballeroso con las chicas, les abría las puertas, les pedía permiso para besarlas y en el camino se dio cuenta que estaba equivocado.  De allí que en cada personaje hay algo de cada autor, aunque lo nieguen.

Pérez Reverte explicó que toda novela tiene una arquitectura: se quiere contar una historia y que la misma sea eficaz.  Entonces busca los personajes, las escenas.  Por eso situó Falcó en Salamanca, que era el cuartel general de los franquistas, en Cartagena que estaba llena de republicanos y de paso se los llevó a Portugal.  Recordó que la ventaja que tenemos los lectores –y en ese recinto todos lo éramos –es que vamos a un lugar y podemos ver allí a personajes de la historia.  Eso brinda la lectura, el poder proyectar lo que has leído, es algo extraordinario.

Aunque ha reiterado una y otra vez que no es una novela de la Guerra civil española, está situada en ella y Falcó es un doble agente para la liberación de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange.  En todas las guerras hay gente de un lado y del otro, y quienes por hacer negocios están del lado que les convenga, del que les dé de comer.  Aunque no vivió en esa época, tiene recuerdos de cómo su padre, en los años cincuenta encendía un cigarrillo, o cruzaba las piernas para que no se le estropeara la raya del pantalón.  O su madre vistiéndose para salir, poniéndose esas medias que tenían una costura atrás, prendiéndose un broche.  Todas esas actitudes lo marcaron.  Así que tenía información muy valiosa, primaria, a la que había que agregarle el corpus, que también estuvo conformado por los viajes, los libros, las experiencias.  En el caso de su familia, su padre era un joven de buena familia que luchó, junto a su hermano, del lado de los republicanos mientras que su suegro, que era de izquierda, defendía a Franco.  La guerra civil fue un azar, una ruleta.

Presentación de Falcó en la FIL Guadalajara. Élmer Mendoza, Arturo Pérez Reverte y Pilar Reyes

El autor de Falcó la considera una novela policíaca canónica.  Es seca, tiene diálogos muy cortos, es directa, sin muchas arandelas, ágil, rápida. No es como El tango de la guardia vieja.  El sombrero que usa Falcó y que aparece en la portada, es su sello y la forma en que lo lleva también lo distingue.  Pérez Reverte necesitaba sembrar en el lector ciertas cositas –en sus propias palabras—de forma inconsciente, que despertaran en su cabeza recuerdos, ecos, como por ejemplo, un piano, un pianista negro y un bar y seguro que se imaginaba Casablanca.  De allí el énfasis que hizo de la descripción de la ropa, del reloj de marca, de la colonia que usa Lorenzo Falcó.

SOBRE LOS TIPOS DE ESCRITORES

Ambos carnales se enfrascaron en una explicación sobre los tipos de escritores que hay: el recolector, que tiene sus archivos y sus novelas giran en ese mundo.  Eso ha dado cronistas buenos.  Pero hay otro tipo de escritor, que es el cazador, a quien el territorio que conoce no le basta por razones genéticas y biológicas.  Necesita más y va a por eso.  Ese cazador sale de su territorio, a veces no vuelve pero cuando lo hace tiene cosas que contar y esas cosas todo el mundo quiere escucharlas.  Él se considera un cazador, Elmer Mendoza una especie mixta.  Cuando un novelista habla de violencia y la describe y no la ha vivido se le nota.  Pero cuando la conoce y escribe sobre ella, también se nota.

Los ambientes en que se desenvuelve Falcó tienen mecanismos que los hacen facilitadores sociales, como el alcohol y el tabaco. Y Lorenzo Falcó lo sabe y los utiliza muy bien.

SOBRE LAS MUJERES

Últimamente ha habido todo un debate, a veces controversial, en torno a si Pérez Reverte es un machista.  Él resalta que en sus novelas siempre hay mujeres potentes, fuertes y en Falcó no hay excepción.  En la época en que la sitúa, la  II República había liberado a la mujer, le había devuelto sus derechos, se había terminado la sumisión y colocado en el lugar que les correspondía.  Y el franquismo las devolvió otra vez a la cocina, a la iglesia, el confesionario, a cuidar a los hijos y atender la casa.  Eva Rengel, una de las protagonistas, encarna el tipo de mujer fuerte que a él le gusta y admira y a pesar de eso, tiene muchos rollos con las feministas radicales, esas que dicen que no se debe comer miel de abeja porque proviene de una mujer explotada.  Para él, que tiene una hija mujer, las féminas tenemos una capacidad de soportar el dolor mayor que los hombres, el horror de la vida de manera más intensa y fuerte y nos respeta. El hombre es de impacto y la mujer más de fondo.  Falcó en cambio, es un depredador, para quien las mujeres son hembras, él caza mujeres y por eso, cuando reconoce a una mujer igual de peligrosa o poderosa, cambia su actitud.  Y en un mundo de corderos, como es éste, al final uno acaba teniendo simpatías por los lobos. Y enfatiza que hasta las mujeres tontas tienen una lucidez genética que ellas mismas no saben que la tienen.

Para reconstruir toda la trama de las claves de inteligencia y espionaje tuvo que leer mucho, investigar otro montón.  Con eso no pretende contar la guerra civil, es simplemente un escenario donde ha puesto su novela.  Una época donde los términos nazismo, socialismo, comunismo, anarquismo no tenían la mala prensa que hoy tienen y que había gente honrada que pensaba que algunos de esos términos eran la solución a los problemas.  No se habían conocido los Gulags, ni Auschwitz o Treblinka, nada de esos horrores.  Había esperanzas, gente que luchaba, que moría, que mataba, que se sacrificaba pensando que iba a cambiar el mundo para bien.  Ahora no hay esperanzas.

Como la trama de la novela gira alrededor de liberar a Primo de Rivera, reitera que son detalles de fondo, sin profundizar en ellos.  Contrario a Franco, a Hitler que era un sicópata y un gánster, a Mussolini que era un payaso, José Antonio era ilustrado, culto, abogado, hablaba idiomas y a veces Pérez Reverte se pregunta qué hubiera pasado si ese tipo de fascismo hubiera llegado a desplegarse en Europa.  Falcó, por el contrario, es un aventurero, un hombre al que le disparan pero que no lo matan, le gusta la adrenalina, esa sensación de soledad, de caminar por la vida sin compromisos.  Solamente anda con su tubo de aspirinas (sufría de dolores de cabeza permanentes), su cápsula de cianuro, un tipo de héroe despojado de todas las ataduras.  Todos sus personajes tienen ataduras morales, ideológicas y a éste le ha gustado plantearlo así.  Dice que se lo ha pasado tan bien que ya va por el segundo libro de Falcó, llevándolo a Sevilla y a Tánger.  Por eso dejó el final abierto.

SOBRE LA INCULTURA Y LA FALTA DE LECTURA

Pérez Reverte, escritor, periodista de guerra, lector, no desaprovechó su estreno en la FIL para reiterar que el que ahora es inculto es porque quiere, ya que tanta tecnología a la que uno puede acceder pone la información sobre la mesa.  Y no se imagina a alguien que no lea, que no esté rodeado de libros.  Para él, un académico de la RAE, la lengua es una patria formidable, y en el caso del castellano es un vínculo que hermana y une.

Al referirse a su libro dijo: “Cuando veo el producto de la eficacia narrativa, resumido en tinta y papel y una excelente editora, me siento satisfecho.  No es un arte, es un oficio, una artesanía, muy noble, pero es oficio.  Lo que el escritor debe hacer es transmitir lo que lleva en la cabeza, situarlo en la escena que está narrando.  Vivir con él vidas que jamás pudiera tener si no te leyera.  Ayudarlo a que entienda más el mundo, que entienda mejor la vida.  Y me pregunto muchas veces, cómo hacen los imbéciles que no leen para soportar el dolor, la soledad, el fracaso, la muerte, los reveses de la vida.  La pérdida de seres queridos.  Cómo hacen, con qué se consuelan, con qué interpretan el mundo, qué mecanismo utilizan para sobrevivir sin leer.  Porque cuando he tenido momentos difíciles, no hubiera podido sobreponerme sin tener libros a mi lado, me suicidaría o saldría a la calle a matar gentes.  El libro es todo, es consuelo”.

Falcó, la última novela de Arturo Pérez Reverte es impecable literariamente y es un disfrute leerla.

DAÑOS COLATERALES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 25 de diciembre de 2016

En esta batalla sin tregua que estamos dando los columnistas de La Estrella y El Siglo, de la mano con los periodistas, trabajadores y ejecutivos de esa empresa, gremios, sociedad civil, empresarios, sindicatos, defensoría del pueblo y algunos partidos políticos (ojo, que ni el Panameñista ni Cambio Democrático han manifestado solidaridad en esta violación al derecho de la libertad de expresión) ha surgido un nuevo término que va de la mano con la cándida frase que emitió el embajador gringo hace 7 meses:  “daño colateral” en vez de “razones para creer”.

El presidente del grupo GESE, Eduardo Quirós expresó recientemente en entrevista de radio que los “periódicos son un ‘daño colateral’ que el país no debe permitir, se trata del derecho de información de los panameños”.  En los mismos días en que estábamos –y aún lo estamos— inmersos en esta lucha, salió un artículo en la popular revista Semana, de Colombia, titulado “La peor de las guerras”, en referencia a cuando el presidente Juan Manuel Santos recibía el Premio Nobel de la Paz en Oslo, Noruega.  El columnista, Antonio Caballero, señala como el responsable de todos los conflictos, y del peor, — la  guerra decretada por los Estados Unidos, “policía planetario, criminal planetario”— a las drogas, que ellos mismos alimentan y crean para sustentar su afán de armamentismo.

“De todos sus crímenes imperiales, el peor que han cometido los Estados Unidos en sus dos siglos de historia ha sido éste. Peor que sus invasiones militares y sus despojos territoriales en nombre de la libertad, que sus estrangulamientos económicos de países rebeldes en nombre del capitalismo, que sus derrocamientos y asesinatos de gobernantes indóciles en nombre de la democracia…. su más grande crimen ha sido el de imponerles su hipócrita y devastadora y por añadidura inútil guerra contra las drogas a todos los demás países del mundo. Una guerra que libra cada uno de ellos contra sí mismo por cuenta de la impotencia interna de la prepotente república imperial que con todo su poderío es incapaz de hacer cumplir sus propias leyes por sus propios ciudadanos. Y en consecuencia les traslada la tarea a todos los demás. A los países productores de drogas prohibidas por los Estados Unidos, como Colombia; o de tránsito en su tráfico hacia los Estados Unidos, como México; o que nada tienen que ver con lo uno ni con lo otro. Una guerra insensata que hasta los propios Estados Unidos libran contra ellos mismos. Y, aunque la puedan imponer, son los primeros en perderla”.

El término que utilizó el Lic. Quirós para referirse a la sentencia de muerte que ha emitido la OFAC a La Estrella y El Siglo no puede ser más acertada.  Un daño colateral es un término utilizado por las fuerzas armadas para referirse al daño no intencional o accidental producto de una operación militar. El término comenzó siendo un eufemismo acuñado por el ejército de los Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam, y puede referirse a fuego amigo o al asesinato de civiles y destrucción de sus propiedades.  Entendemos ahora que, en su supuesta persecución por los dineros que según las “razones para creer”, se mueven en Panamá y financian el narcotráfico, escogieron aquellos grupos que, además de todo lo que alegan perseguir, tiene un conglomerado periodístico que ha sido un ejemplo de independencia editorial desde que la familia Waked lo compró, y que suma siglo y medio de existir en el país.

Nuestro gobierno, que desde el mes de mayo debió emitir un pronunciamiento fuerte en torno a esta afrenta, ahora anda correteando respuestas en el departamento de estado, a sus tibias notas enviadas tardíamente y como quien no quiere la cosa, piden una extensión de un año a la licencia de operación.  Para no dejar en evidencia la irresponsabilidad de las declaraciones del diplomático gringo, se erigen en los salvadores, un poco demasiado tarde, y seguro querrán que se les reconozcan y se les agradezcan “sus buenos oficios”.  Utilizando la frase de moda por la muerte del Guerrillero del tiempo, en este caso ni al Presidente, la Vice Presidenta y Canciller, ni el Ministro de Economía y el resto del gabinete, incluso los que irresponsablemente se auto excluyeron del asunto aunque era su deber interceder, “la historia no los absolverá”.

NO TENEMOS DERECHO A OLVIDAR

Por Mariela Sagel, El Siglo, 19 de diciembre de 2016

El título de esta columna es el del libro que publicó este año el ex Embajador cubano Lázaro Mora sobre su experiencia en los trágicos momentos que los panameños sufrimos cuando fuimos invadidos inmisericordemente por los Estados Unidos la noche del 19 de diciembre, amaneciendo el 20. Mañana se cumplen 27 años de este acto imperialista deleznable que tuvo un nombre cándido para el mundo, “Just Cause” pero que en realidad significó para los Estados Unidos, “Just because”.

El diplomático Mora expone, sin tapujos, todas las situaciones a las que se vieron expuestos los que integraban esa misión y los que allí buscaron refugio y asilo.  Debemos recordar que hasta ese momento, y desde que Omar Torrijos restableciera las relaciones con la isla, en 1974, ambos países mantenían una cordial amistad, que se profundizó con el respaldo irrestricto que le dio el recién desaparecido líder histórico de la revolución cubana, Fidel Castro, a la causa por la recuperación del Canal de Panamá.

Tuvieron que pasar más de 25 años para que pudiéramos conocer muchas cosas que nos eran desconocidas, de los aciagos días que empezaron con la caída de las bombas la madrugada del 20 de diciembre.  Ahora se abre una luz de esperanza para que sepamos toda la verdad, con el trabajo que está haciendo la Comisión 20 de diciembre, que rendirá un primer informe el día de mañana.

La invasión fue vista por una minoría como una liberación pero independientemente de las preferencias políticas partidistas de cada uno, fue un acto que todos los panameños debemos rechazar porque no se justificaba enviar 26 mil soldados para capturar a un solo hombre, que había sido agente de sus agencias de inteligencia y que seguramente sabe muchas cosas que no ha dicho sobre el gobierno gringo.  De la misma manera, impedientemente de nuestra ideología o inclinación partidista, todos debemos estar alerta a que, todavía, no podemos olvidar esta acción vil que muestra a un país por sus acciones, que muchas veces van en contra de sus postulados de libertad y respeto.

LA CARNE, DE ROSA MONTERO

Por Mariela Sagel, Facetas, 18 de diciembre de 2016

La escritora española, Rosa Montero, también periodista y columnista de El País, nos ha entregado una magnífica novela titulada La Carne y ante tan sugestivo nombre no podemos caer más que rendidos.

Antes de éste libro, el año pasado había vuelto a las andanzas del thriller con El peso del corazón, una novela de aventuras y el ingrediente adicional del tema ecológico, de fantasía y ciencia ficción que, a su juicio, es de sus mejores novelas.  Tenía un personaje protagónico, la detective Bruna Husky que se enfrentaba a la corrupción internacional.  En el 2013, su libro íntimo “La ridícula idea de no volver a verte” era desgarrador, en el que plasmaba su dolor al perder a su marido y enlazaba su vida con la de Marie Curie, la famosa científica polaca que ganó dos premios Nobel y descubrió el radio y el polonio.  En ese libro hacía uso de un recurso en su momento muy novedoso, el de los #hachstags o etiquetas.

Con La Carne nos entrega un libro reflexivo sobre la soledad y el amor, que tiene un ritmo de suspense que engancha al lector hasta terminarlo.  Sin ser estrictamente de suspense, es el manejo que hace la autora de la trama lo que la hace palpitante.

Portada del libro La Carne de Rosa Montero

LA ENTREGA DE LA CARNE

La trama del libro es sencilla pero intrincada y cuando menos uno cree, se tuerce.  Suspense es, según el diccionario de la RAE “expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso en un relato” y en este caso, esa expectación e impaciencia se basa en cómo acabará la historia de una sesentona que, queriendo desquitarse de un ex amante, contrata a un gigolo o prostituto profesional joven, que se anuncia en una página web, para que la acompañe a una función de ópera, donde estará su antiguo amor, con el que acaba de terminar.  El asunto le funciona, el ruso que escoge es bien parecido, atractivo y sigue sus instrucciones de ser cariñoso con ella en público.

Soledad y Adam se siguen viendo después la noche de la ópera por un incidente un poco intrincado que sucede, que hasta cierto punto los une, y ella se aficiona a él, y de alguna manera, a Adam no le es indiferente, llega hasta a no cobrarle sus servicios.  Como es una constante en las novelas de Rosa Montero, la escritora no descuida ningún escenario, y lo que se deja vislumbrar es el afán de ambos de no estar solos.

Soledad es comisaria de exposiciones de arte y prepara una muestra de escritores malditos, lo que la lleva a explorar la vida de algunas de las más sonadas plumas que vivieron atormentadas e incluso utiliza el recurso de relatar una reunión que sostiene con una periodista famosa de El País, nada menos que Rosa Montero. Ella misma se vuelve protagonista de la novela y se hace una crítica a su desorden impertinente y su vestimenta estrafalaria.

Rosa Montero en ©FIL/ Paula Islas

La Carne es una novela sobre las personas que viven angustiadas por el miedo a la soledad, al deterioro que causa la vejez, pero también es una novela sobre el amor, aunque suene contradictorio.  Resalta las huellas que van dejando el tiempo y las cicatrices en cuerpo y alma que se marcan en todos, sean jóvenes o viejos.  Es notable el terror que causa en una mujer, sobre todo una que no ha tenido hijos o no se ha casado, el paso de los años pero como en todos sus libros, Rosa Montero se alza con gran imaginación a este terror, haciéndolo comprensible y hasta alegre, no mirando con nostalgia cómo se ha dejado de ser, sino cómo se es en la actualidad.  A pesar de todo, el tema tratado es la búsqueda desesperada del amor, el que se da y el que se necesita recibir.

VERICUETOS INSOSPECHADOS

Aunque pareciera un argumento plano, el libro nos lleva por giros insospechados, impredecibles, y muy bien narrados.  Soledad se obsesiona con Adam, llega a espiarlo, descubre dónde vive, dónde trabaja, es un emigrante desesperado y frustrado, que llegó a un país en crisis y por su espectacular físico pudo redondear sus ingresos prestando servicios como gigoló.

Si bien la venganza y el orgullo motivan a Soledad a buscar esa compañía, le va tomando cariño a Adam, y a pesar de estar apretada de dinero, lo consiente, le compra ropa, lo lleva a cenar a restaurantes caros y él le devuelve los favores en carne pero también en aprecio.  Algo que es constante en los temas que aborda Rosa Montero en sus libros es la fortaleza y la debilidad o fragilidad de los personajes.  Soledad es hipocondríaca y temerosa, se enfrenta a una edad donde los ungüentos y medicinas son parte del equipaje que lleva una mujer.  Pero todo lo hace ver la escritora con vitalidad y alegría, sin tristeza ni nostalgia.

La Carne no es una novela triste ni decadente, todo lo contrario, es muy vital, dinámica y el desenlace o el final es el menos esperado, lo que logra con singular maestría esta escritora madrileña que ronda los 65 años y que habla desde el fondo del corazón.  La situación laboral que enfrenta Soledad, organizando tan importante exposición, se ve amenazada por la injerencia de una arquitecta joven, que pisa fuerte y reta lo que hace nuestra protagonista.  Pero lejos de amedrentarse, Soledad se eleva sobre su experiencia e impide que la desplace por medio del conocimiento y la agudeza de hacerse de contactos, entre ellos la misma Rosa Montero.

Hay algunos recursos que tiran un poco al melodrama, especialmente en el pasado de Adam, como el de su hermano gemelo, pero que no llegan a serlo tanto por la maestría de la novelista, que se erige como el único dios del destino de sus criaturas, las que en manos de Rosa Montero vibran y se estremecen como si estuvieran vivas.  Tampoco se deben trazar paralelismos entre la historia del ruso y la de Soledad.  Esa es prerrogativa de la autora, ya que son privilegios del novelista, único dios del destino de sus personajes.

El desenlace sorprende, tanto en el aspecto profesional como el sentimental –entre Adam y Soledad surgen sentimientos de pasión y hasta de amor y el resultado es una novela de un gran contenido humano, muy sincera y real y que nos hace volver a creer en el ser humano.

Hay veces que de un momento a otro las cosas son de una forma e inmediatamente se pueden torcer.  Rosa Montero está allí en el momento preciso en que las cosas se trancan y le brinda a su personaje, Soledad, el momento del paso a la felicidad de alguien.

La Carne es una lectura deliciosa, atrapadora y muy actual, con la energía y calidez que le da una autora como Rosa Montero.

LA RECTA FINAL

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 18 de diciembre de 2016

Este año, que afortunadamente pronto termina, –aunque no sé si el próximo será mejor–, ha sido “horribilis”, como dijo la Reina Isabel II del año 1992 en que la familia real enfrentó toda clase de contratiempos en su vida personal y sentimental, el Castillo de Windsor sufrió un incendio y los contribuyentes ingleses le retiraron el cheque en blanco del que ha disfrutado la monarquía.  En la celebración del cuadragésimo aniversario de asumir al trono, pidió a la prensa “dulzura y comprensión”.

Si en el mundo ha llovido, en Panamá no ha escampado.  Cosas buenas y malas han pasado, pero estamos golpeados por las malas, que eclipsan las buenas.  Celebramos la inauguración de la ampliación del Canal de Panamá, aunque aún no se han aclarado todavía los litigios que hay pendientes con los contratistas, y siguen las malas ejecuciones de los órganos del estado, el ejecutivo contradictorio e ineficiente, el legislativo chantajista y vago y el judicial inmerso en una lucha interna de poderes que no hace avanzar a la justicia.

El fin de semana pasado apareció publicado un muy bien sustentado reportaje en el Miami Herald, en el que trabajaron por meses el Stabile Center for Investigative Journalism de Columbia University en colaboración con ProPública.  El Centro Stabile Brinda entrenamiento al periodismo investigativo y ProPublica es una organización independiente, con sede en Manhattan, New York, que estudia temas de interés público.  Se enfoca en historias importantes, sobre todo que tenga un impacto moral en las sociedades.  Los resultados son reportajes que destacan los errores que cometen los poderosos en detrimento de sus países y la explotación que se hace de los más vulnerables.

El tema del reportaje fue los personajes políticos latinoamericanos que, sospechosos o señalados de cometer actos de corrupción en sus países, han buscado refugio en Estados Unidos y, lo que es peor, ese país se los ha brindado y los protege.  Encabeza la lista y destaca lo amplio de la investigación el caso de Ricardo Martinelli, que voló en su avión privado hacia Miami, Florida, unos días después de que la Corte Suprema abrió la primera de más de una docena de casos en su contra, que tienen que ver con el robo, malversación, desafuero y abierta corrupción que caracterizó a su gobierno.  Desde entonces, –eso fue en enero del 2015– el ex presidente vive lujosamente en ese estado del sur del país norteño, va y viene a sus anchas en su avión, pero no sale de territorio estadounidense porque, deducimos, ha entregado su pasaporte para que le brinden asilo.  Y lo peor del asunto es que lo tienen allí, protegido contra viento y marea.

Mientras tanto, siguen las amenazas de los Estados Unidos contra la soberanía de Panamá, permitiendo aplicar medidas administrativas que están a punto de cerrar el diario más antiguo del país y el tabloide de mayor circulación.  Es una doble moral de ese país, proteger a un fugitivo de la justicia panameña y abrogarse el derecho a decidir qué periódicos pueden seguir publicándose.  Y es también doble moral de este gobierno, que fue parte del de Martinelli, no hacer nada, no defender los intereses panameños, sobre todo cuando ha sido demostrado que no hay cargos contra los dueños del grupo editorial, ya la fiscalía dictaminó que archivaran el caso y gremios, partidos políticos, instituciones y la mayoría de los comunicadores del país han mostrado su respaldo a La Estrella y el Siglo.

El periodismo investigativo certero y respetable está en peligro.  Por un lado la demonización que se ha hecho de él por haber ventilado a nivel mundial un caso como los Mossack-Fonseca Papers (mal llamados Panama Papers) y por el otro, los medios han llegado a verlo como un lujo, no les asignan recursos, y se basan en la inmediatez para hacer un periodismo de feria libre o de corregiduría.  La Estrella, especialmente, estaba haciendo una labor extraordinaria, que le fue reconocida con sendos premios, hasta que cayó en esa aberrante Lista Clinton.  Lo que ha hecho estos últimos meses ha sido sobrevivir con los pocos recursos que le ha dejado la fuga de publicidad, la falta de acceso a insumos y la reducción de personal.  Si permitimos que la cierren, se apagará una estrella en el firmamento que alumbra la democracia y sobre todo, la independencia del país.

Artículo del Miami Herald: http://www.miamiherald.com/news/local/community/miami-dade/article119785488.html#storylink=cpy

LA PÉRDIDA DE LA DIGNIDAD

Por Mariela Sagel, El Siglo, 12 de diciembre de 2016

El grupo editorial al que pertenece este diario, el de mayor circulación del país, el periódico del pueblo, está en coma, gracias a la imposición del gobierno estadounidense de sanciones administrativas al accionista principal.  La inclusión en una mentada Lista Clinton cayó sobre las empresas del grupo Waked en mayo pasado y desde entonces se han ido extinguiendo una a una, sin que se hayan encontrado pruebas de las “razones para creer” que tiene el representante diplomático gringo para asegurar que están involucradas en lavado de dinero producto del narcotráfico o financiamiento del terrorismo.

En estas circunstancias, la presión que se ha ejercido sobre las tiendas, el centro comercial y el banco en que el grupo tenía intereses ha sido tan fuerte, que se han visto obligadas a vender o poner las acciones en fideicomiso a un precio ínfimo de su valor real.  Es sospechoso el resultado, sobre todo si se indaga o profundiza sobre a quién beneficia al final del camino.

El órgano ejecutivo no ha sabido –o no ha querido—hacerle frente a este asunto de una manera digna, como debe ser su obligación, defendiendo el derecho de los panameños, y llamando a capítulo al entrometido diplomático, con actitudes de procónsul, que se da el lujo de señalar a todo el mundo y hacer el ridículo yendo a comprar a Félix B. Maduro sus regalos.

Lo peor en este punto es que puede ser el golpe más duro que se dé a la libertad de expresión en nuestro país, no se han presentado pruebas, la justicia panameña ya ha dictaminado que las mismas no existen, y nos pone en un punto tan vulnerable que si el día de mañana se le antoja al nuevo presidente de Estados Unidos cerrar el canal, porque por él pasan barcos “sospechosos” de cooperar con el narcotráfico, así se hará.  No queremos que extiendan la licencia, exigimos que saquen a estos diarios de la Lista Clinton.

LA COBARDÍA DEL SILENCIO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 11 de diciembre de 2016

El pasado lunes 5 de diciembre empezó la cuenta regresiva de un mes para que deje de sonar la rotativa del diario más antiguo de Panamá, La Estrella, y del tabloide más popular, El Siglo, ambos pertenecientes al grupo GESE.  Hace siete meses, en mayo, la embajada de Estados Unidos dio a conocer que el propietario mayoritario de este grupo editorial estaba en la Lista Clinton, una especie de lista negra que pone a su antojo, por meras sospechas o “razones para creer” (como dijo el cándido embajador gringo en nuestro país) a aquellas empresas y personas vinculadas a dineros provenientes del narcotráfico.  Quien cae en esta lista se ve impedido de realizar transacciones con empresas estadounidenses.  Es emitida por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Office of Foreign Assets Control (OFAC)), adscrita al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y fue parte de una serie de medidas de guerra contra los carteles colombianos de la droga que se iniciaron en 1995.

Si bien el supuesto delito no es vinculante, afecta en la relación que se tenga con proveedores, bancos y demás.  Ha habido casos de personas a las que se les incluyó por error, o por haber trabajado en empresas que eran fachada del narcotráfico, y el perjuicio que les ha causado ha sido enorme.

El gobierno panameño ha demostrado una falta de compromiso y de voluntad en materia de relaciones internacionales que no es congruente con el hecho de que el actual presidente fue Canciller del gobierno anterior, y la vicepresidenta, que ocupa hoy esa cartera, tiene una supuesta experiencia en negociaciones y conciliaciones.  No ha sido eso lo demostrado por estos dos funcionarios, ni en este caso ni en otros, como el caso de Barro Blanco, por mencionar apenas uno.

Desde que se conoció del proceso administrativo que enfrenta el accionista principal de los diarios, los ministros de Comercio, Economía y Trabajo constituyeron una comisión para resolver el asunto de manera que no afectara a los empleados de algunas de las empresas que conformaba el grupo señalado.  La fórmula que se encontró para la tienda Félix B. Maduro, el centro comercial SoHo y ahora el Balboa Bank ha sido la de vender.  Pero ¿a qué precio?  A precio irrisorio, casi de remate, con la consecuente pérdida para los involucrados.  Se convirtió en una mordaza el subsistir creando fideicomisos.  Una manera de retomar mercado a punta de amenazas de cañón.  El Presidente y la Cancillería han guardado un silencio cobarde y cómplice.

Desde que supimos de este atentado al cierre de estos diarios los columnistas independientes, –más de 100–, nos solidarizamos con el grupo GESE. Aquí hemos encontrado una ventana respetuosa para opinar, sin cortapisas de ninguna clase, sobre lo que pensamos, sea del tema y del color que sea, lo que no ocurre en otros diarios, donde el titiritero que maneja la redacción pone en lista negra a columnistas y hasta impide que salgan sus fotos en las páginas sociales.

Obligar a un diario a vender a quién sabe qué oscuros intereses, manipulados por la embajada americana es el colmo del atrevimiento diplomático.  Unos días antes de empezar la cuenta regresiva del lunes 5 de diciembre, ya el Presidente Varela había dicho que había logrado con éxito la venta de Félix B. Maduro y que le tocaba al dueño de los diarios vender.  Ese mismo guión lo repitió el embajador estadounidense en un precipitado comunicado que sacó el mismo día en que nos reunimos en la concurrida conferencia de prensa del lunes pasado.  Pareciera escrito por la misma persona y no quisiera pensar que a nuestro presidente le estén dando las directrices a seguir desde la embajada gringa.

Nuestro país peleó con la potencia más grande del mundo por obtener su soberanía territorial por décadas y ahora parece que no hay patriotas que defiendan nuestra dignidad.  El día de mañana se le ocurrirá al nuevo presidente de Estados Unidos, que ya ha mencionado nuestro Canal como un bien que tiene que recuperar, que lo cierran o que hay que venderlo (o devolverlo) porque entraron en la Lista Clinton los países cuyos barcos sean sospechosos de estar relacionados con el narcotráfico o el lavado de dinero.  Si nos dejamos, hasta allá podemos llegar.  Presidente, no queremos que se le extienda la licencia al grupo GESE, exigimos que se les saque de la oprobiosa Lista Clinton.

CULTURA CIUDADANA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 5 de diciembre de 2016

Con la voz y oídos que ahora tenemos todos mediante las redes sociales, se ha vuelto viral una modalidad que tienen los suecos, de tener una entrada en el metro abierta para aquellas personas que no pueden pagar, por la razón que sea, el peaje.  Y cómo se respeta y casi no se usa ese pase, que para los que no somos suecos sería usado por los mismos millonarios de cada país tercermundista.  Pero claro, esos millonarios no van a usar el metro así que es cuestión de extrapolar el ejemplo.

Los últimos años hemos visto con frecuencia que a lo largo de la vía interamericana, en cualquier carretera fuera de la ciudad y hasta en los corredores, camino a las afueras, los hombres se arrima a un lado para poder evacuar su vejiga, o sea, orinar.  Pero ahora, en plena ciudad, en El Cangrejo, en una calle tan transitada como la Calle José Issac Fábrega, frente a donde desemboca la calle Demetrio Herrera Sevillano, que es la que une Nuevo Reparto El Carmen y El Cangrejo, en un árbol frondoso, a diario orinan a plena luz del día unos desvergonzados individuos.  Yo me atreví a increpar a uno de ellos, cuando ví que el asunto se repetía y a la vista de todos, si no le daba pena hacer eso, y el tipo, desafiante, me dijo que no, y que qué le iba a hacer.

Este asunto debe ser tomado en cuenta seriamente por las autoridades, aunque sea por las municipales, ya que de las nacionales, como el Ministerio de Obras Públicas –que empieza a reparar los huecos y los deja abiertos y en peores condiciones en medio de este endemoniado tráfico que sufrimos en esta temporada– y tomar consciencia de que se enseña con el ejemplo, el camino definitivamente es la educación, pero también el ejemplo y el incentivar una cultura ciudadana.

UN BALANCE DE LA FIL GUADALAJARA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 4 de diciembre de 2016

Hacer una evaluación de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que hoy culmina su 30a. celebración, es un poco temerario visto en el inmenso universo que abarcó, al tener de invitado de honor a América Latina.  Me senté a conversar con el escritor guatemalteco David Unger, que es el representante de la FIL a nivel internacional, y aclaré muchas de mis dudas, pero me surgieron otras.  Los escritores de nuestro continente tienen hoy día una pujanza parecida a la que se vivió con el “boom latinoamericano” de los años 60 y 70 con la particularidad de que algunos de sus más destacados integrantes no escribían desde su país de origen, como fue el caso de Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar.  Algunos estaban imbuidos de ambientes europeos y expuestos a diversas influencias.

LOS PROTAGONISTAS

En esta feria los protagonistas principales fueron el peruano Vargas Llosa, a quien correspondió el honor de inaugurar el encuentro cultural, ante una audiencia delirante que confundió la literatura con la farándula, para ver de cerca o de lejos a su actual pareja, la llamada “reina de corazones” Isabel Preysler.  Algunos dicen que tuvo la acogida de un “rockstar”.  Yo me limito a destacar la excelencia de su disertación, después de una introducción magnífica del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.  Fueron “un poco demasiado” los homenajes que se le rindieron al autor de “Pantaleón y las visitadoras” y en cada uno tanto escritores cercanos a su edad (expresó que era el último sobreviviente del “boom”) como de la siguiente generación, la de Santiago Roncagliolo y Xavier Velasco, señalaron las obras que más les influyeron en su camino a convertirse en escritores.

En el homenaje que se le rindió por sus 80 años

Uno de los autores que más protagonismo tiene en la FIL cuando la visita es Arturo Pérez Reverte, que presentó su última novela, “Falcó”, de la única manera que él sabe hacerlo:  abierto, sencillo, franco y elocuente.  El auditorio, que no era el salón más grande de la Expo Guadalajara, un centro de exposiciones diseñado como tal, gozó a más no poder con su lenguaje sincero y falta de remilgos.  Pero no fue el centro de atención como lo ha sido en años anteriores porque al señor que se entregó a “La civilización del espectáculo” le siguieron celebrando sus 80 años, acontecimiento que ha sido portada del Hola!, que coincide con la separación abrupta de su segunda esposa, apenas acababan de tirar la casa por la ventana por sus bodas de oro.

Portada de la última novela de Arturo Pérez Reverte

Otro que se disputó el protagonismo de la FIL fue el también español Carlos Ruíz Zafón, que presentó la culminación de su saga del Cementerio de los libros olvidados, que comenzó con “La sombra del viento” y termina ahora con “El laberinto de los espíritus”. Lo más sorprendente de su presentación fue que el público era mayormente joven y el escritor estuvo desde las 8 de la noche hasta las 11 firmando libros.

LOS DEBATES

Como el invitado de honor era América Latina, se hicieron varios debates en torno a qué  rayos es este continente.  No quedó claro si se logró entender la complejidad del tema, pero en lo que sí coincidieron casi todos los panelistas es que la elección de Donald Trump es una verdadera amenaza y que ningún muro podrá levantarse contra la palabra escrita y la lengua española.

El continente americano es tan vasto y tan desigual, que algunos países, cuya industria editorial está muy desarrollada, sobresalieron sobre otros que apenas se mencionaron.  El problema también es de recursos y no todos los países cuentan con ministerios de cultura o instituciones culturales que tengan presupuestos o sepan qué se debe hacer y tengan una visión clara en este campo para participar medianamente honrosos en una feria tan demandante como la FIL. Otros, como el caso de Panamá, optaron por llevar 60 bailarines para una gala folclórica en vez de hacer debates en torno a los Panama Papers, por ejemplo, o la ampliación del Canal de Panamá, que hubiera sido una representación de más relevancia.  Nuestro país ha sido foco, este año que agoniza, de muchísima atención, para bien o para mal.  El stand de nuestros libros apenas tenía un metro de ancho y pasó desapercibido.

Eduardo, Sacheri, último premio Alfaguara por su libro “La noche de la Usina”

 

 

 

 

 

 

 

La programación de la FIL se hace con mucho tiempo de anticipación, y tiene que dejar espacio para los imponderables, como los inevitables decesos que ocurren. Este año uno de los más activos escritores mexicanos y académico de la lengua, Ignacio Padilla, falleció en un  accidente automovilístico y además de recordarlo, se presentó su último libro, un ensayo titulado “Cervantes y compañía”.  Otros escritores muertos también fueron recordados, como Elena Garro, escritora mexicana que es hoy día consideraba de las mejores, pero que vivió perseguida por la sombra de su ex marido, Octavio Paz, que no le permitió ser reconocida en vida como se merecía.  Carlos Fuentes y Roberto Bolaño (chileno) volvieron de la tumba con libros póstumos.

Roberto Bolaño, de quien se presentó una obra póstuma “El espíritu de la ciencia ficción”

La FIL es también el escenario de los más destacados autores mexicanos y es así como Gonzalo Celorio, Jorge Zepeda Patterson, Elena Poniatowska, Sanjuana Martínez y Guadalupe Loaeza presentaron sus últimos libros. Yo esperaba que este año la efervescencia de los temas nacionales e internacionales cobrara mucha atención, como lo fue hace dos años la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o los debates en torno a candidaturas independientes para las próximas elecciones.  No sé si el impacto de la noticia de la muerte de Fidel Castro la noche antes de la inauguración dejó a todos medio noqueados pero este año los debates no fueron ni remotamente encendidos ni confrontativos.

LAS EDITORIALES

Hace unos años se decía que pronto la FIL tendría dos avenidas: la de Random House y la de Planeta y definitivamente que ambos sellos editoriales, que ahora suman a Alfaguara el primero y Tusquets el segundo marcan la pauta con los invitados que logran presentar.  Random y Alfaguara la botaron con Vargas Llosa, Pérez Reverte, Julia Navarro (que venía de Panamá, donde presentó “Historia de un canalla“) y los ganadores del Premio Alfaguara — que cumplió este año su décimo segundo aniversario– con la presencia de Juan Gabriel Vásquez, Xavier Velasco, Sergio Ramírez, Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman, Laura Restrepo y Elena Poniatowska en una interesante mesa de debate.  Igual hizo Planeta y Tusquets, con Carlos Ruíz Zafón, Alonso Cueto, Santiago Posteguillo y Rosa Montero entre otros.  El tan esperado escritor cubano Leonardo Padura, a quien Elena Poniatowska ansiaba conocer finalmente (ambos han ganado premios importantes en España, el Cervantes la “Poni”, como le dicen de cariño, y el Princesa de Asturias el segundo) no llegó a la cita cultural por las circunstancias especiales que se dieron con la muerte del nonagenario líder de la revolución cubana.

Veremos qué nos espera el otro año.  Madrid es el invitado de honor y no dudo que lucirá sus galas por todo lo alto. Con América Latina no se oyeron todas las voces de los países que la conforman y no se logró entender a un continente tan variado pero tan rico en identidades y tan diferente en idiosincrasia y problemas políticos y culturales.