LA IMPORTANCIA DEL CINE DOCUMENTAL

Por Mariela Sagel, Facetas, 15 de septiembre de 2017

Panamá ha ido colocándose, poco a poco y de forma independiente, en el mapa de los productores de cine alternativo y también comercial. Este año se celebró la sexta versión del International Film Festival (IFF) en abril, que con un demoledor apoyo de la empresa privada lleva a cabo la fundación IFF, en asocio con el Toronto International Film Festival (TIFF) y esta semana culminó la décima versión del Festival Ícaro con la presentación de la película del documentalista peruano-español Javier Corcuera, “Sigo siendo” (Kachkaniraqmi en lengua quechua).

A nivel centroamericano, el Festival Ícaro cumple 20 años, y sus inicios se dan en Guatemala, a fin de unir la región a través del arte y la cultura, poniendo especial énfasis en la diversidad cultural, los derechos humanos y el medio ambiente, utilizando como herramienta una cultura de paz.  Intenta, a través de la Política Cultural de Integración Centroamericana promover bienes y servicios que deriven de industrias culturales y creativas a escala internacional.  Los festivales se realizan en la región, desde Guatemala hasta Panamá y también en ciudades como Nueva York, La Habana, San Juan, Buenos Aires y Barcelona.

En Panamá, el Festival lo organiza el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), que desde el principio se comprometió con su contraparte guatemalteca en realizar una muestra itinerante de lo mejor del material fílmico y ahora está aliado a la Fundación pro Artes Escénicas y Audiovisuales (FAE), lo que le ha permitido ampliar la actividad a la parte formativa.

CINE DOCUMENTAL

Javier Corcuera vino durante la realización del Festival Ícaro e impartió un taller por tres días sobre “El proceso de creación de una película documental”, ante un entusiasta y numeroso público, en el Centro Cultural de España-Casa del Soldado, y presentando el día miércoles 13 de septiembre su película “Sigo siendo”.

Para este cineasta, no hay diferencia en el cine de ficción y el documental.  Todas son películas y están construidas de fragmentos de realidad, testimonios de personajes históricos, porque todas usan el lenguaje del cine.  Varían las herramientas con las que son construidas.  Corcuera trabaja directamente registrando la realidad, sin hacer recreaciones; cuando ha tocado algunos temas históricos ha trabajado con archivos.  Hay películas como la de Víctor Erice “Al sol del Membrillo” que cuenta el proceso creativo de pintar un cuadro, que es una película de culto.  En “Sigo siendo” cuenta al Perú desde su música popular.  Es partidario de llamar películas a todo, independientemente si son puestas en escenas desde un guion de ficción.  También hay películas que cruzan las fronteras de la ficción y utilizan el documental.

Se considera un cineasta, ese es su oficio, y en el cine documental existe el guion, pero a diferencia del de ficción, no es uno que llevas a la puesta en escena, en el documental el guion atraviesa todas las facetas de hacer una película. Se hace guion durante la investigación, se hace durante el rodaje, durante el montaje.  Son procesos distintos, el de la ficción y el documental.  Comparten algunos métodos pero en otros son muy diferentes.  Lo interesante es que nunca sabes lo que estás haciendo, no hay un mapa, haces algo sin saber qué va a salir, no decides cuál es el final.

También hay diferencias entre las películas documentales.  Si están basadas en hechos históricos, si trabajas con testigos directos te llevan a realizar una película que a lo mejor no era la que te habías pensado.

Javier Corcuera colabora con muchas escuelas de cine, y con el Instituto de Cine de Madrid se dedica a hacer películas y de manera constante compartir su experiencia con jóvenes realizadores que empiezan a hacer cine documental. Encuentra en América Latina un potencial enorme por la falta de formación en el cine en general y en el documental en particular.  No hay muchas escuelas públicas y en ciertos países simplemente no existen.  Eso es muy grave, es como querer tener médicos sin escuelas de medicina. Ese agujero se profundiza en el cine documental.  La escuela emblemática es la cubana, y después la argentina.

Este cineasta estudió en la Universidad Complutense de Madrid, y su filmografía está producida en España.  Entre sus más destacadas está “La guerrilla de la memoria”, que es la historia de los que después de que terminó la Guerra Civil española siguieron combatiendo.  Es una historia oculta, tapada, porque el régimen franquista siempre negó que hubiera resistencia, pero la hubo, y constaba de unos cinco mil guerrilleros organizados por toda España, que no aceptaron la derrota y siguieron luchando, se les conocía como los “maquis”.  El régimen los señalaba como bandoleros, y se intentó ocultar su existencia, no solo durante el franquismo sino también en la democracia, que no los reivindicó como los últimos soldados de la república.  Y tomó lugar desde el año 1939 hasta 1952, ese año murió el último maqui, un gallego al que le llamaban El Piloto, todo un personaje.  Fue una resistencia muy larga.

En la película “Invisibles”, coproducida por Javier Bardem, se cuentan cinco historias, con cinco directores, cada uno con un conflicto en un lugar del mundo.  Javier Corcuera rodó el tema sobre la guerra interna en Colombia.

Ha quedado sorprendido del poco apoyo gubernamental a la producción de cine en Panamá.  Javier trabaja en el ayuntamiento de Madrid que promueve la producción de documentales.  Son importantes los grandes festivales y los pequeños festivales, para poder ver las producciones de nuestros países.  Sobre Netflix, le parece muy buena la plataforma, hay que repensar cómo se va a divulgar la producción cinematográfica a futuro.

Las leyes de cine son fundamentales para el desarrollo de la industria de cine salvo que quieran que sus países no tengan cine, que no recojan su memoria.  El país más avanzado en este tema es Francia.

En “Sigo siendo” toca de alguna manera el conflicto que se verificó en Perú con Sendero Luminoso.  Tiene que realzarse mucho lo que pasó, hay que hacer memoria para que nunca más vuelva a suceder.

En sus palabras, “Sigo siendo” es una película sobre un país oculto.  “Desde la música y desde los grandes maestros de nuestra música, la película cuenta la diversidad cultural peruana, la complejidad del país, su pasado y su presente.  La película es una historia de retorno, los personajes vuelven a sus lugares de origen, donde compusieron sus primeras melodías.  Personalmente este documental es también una forma de retorno, una deuda con un país que dejé atrás, un lugar por contar y cantar”

 

 

TENDENCIAS DEL MOMENTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de septiembre de 2017

El pasado lunes 11 de septiembre se cumplieron 16 años del ataque perpetrado contra las torres gemelas en la ciudad de Nueva York que inició una guerra contra el terrorismo a nivel mundial.  Inmediatamente después de este hecho insólito empezó la guerra de Afganistán (en octubre) contra los talibanes, supuestos responsables del ataque al World Trade Center.

También ese día 11 de septiembre se cumplían 44 años del golpe de estado contra el gobierno del Presidente chileno Salvador Allende, que dio paso a una época de terror y represión contra todos los que apoyaron en su momento el gobierno de la Unidad Popular.  El golpe, perpetrado por el General Augusto Pinochet, estuvo apoyado por el gobierno de los Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).  Tanto el primero como el segundo son censurables desde todo punto de vista, con sobradas razones para exigir que no se olviden.

En Panamá tuvimos una invasión gringa en 1989 para ponerle fin a la dictadura militar de Manuel Antonio Noriega, que trajo a 26 mil soldados que cayeron desde helicópteros nuevos en aguas fangosas con el único fin (supuestamente) de capturarlo.  Este hombre, que recién falleció y pagó sus culpas en cárceles estadounidenses y francesas, además de en Panamá, se entregó voluntariamente a las tropas invasoras.

Después de casi 28 años poco hemos hecho por conocer la verdad.  El año pasado se conformó una comisión del 20 de diciembre de 1989, que ha estado evaluando mediante entrevistas y audiencias públicas los ataques que por tierra, mar y aire ejecutó el ejército de los Estados Unidos.  En su misión establece claramente que no está entre sus tareas la de discernir sobre los temas políticos que caldeaban el ambiente en esos años sino analizar los hechos mismos de la cruenta invasión y los posteriores saqueos y daños al comercio, la industria y el agro, así como los muertos y desaparecidos que no se sabe dónde fueron enterrados.

Resulta ineludible que esta comisión reciba el apoyo de toda la ciudadanía, porque echar al olvido el hecho más doloroso de nuestra historia es negar nuestra identidad nacional e impedir que nuestro pueblo se encuentre con su propio pasado.  Nunca en la historia del país se perdieron o afectaron tantas vidas, ni ocurrió tanta destrucción.  Por ser un pasaje trágico y luctuoso, no se le puede dar la espalda.  En su momento, la Asamblea General de Naciones Unidas calificó la intervención en Panamá por parte del gobierno de los Estados Unidos como “una flagrante violación al derecho internacional de la independencia, soberanía e integridad territorial de los estados”. (Resolución 44/240 del 29 de diciembre de 1989).

Esta misma comisión ha estado trabajando para que de una vez por todas se decrete el 20 de diciembre como día de duelo nacional y que éste no se convierta en día puente, si cae en fin de semana, como se logró hace un par de años con el 9 de enero.

Tendemos a prestarle atención a asuntos superficiales, como el que ha tenido a todo el mundo opinando recientemente, de una mujer tirando bolsas de basura en varios puentes de la ciudad, o a un artículo de un folclorista que se refirió a la procuradora como una mujer guapa.  Pero esa misma señora no avanza en las investigaciones de todos los escándalos que han tenido al país en el ojo de la tormenta mediática desde hace más de un año y los pronunciamientos de unos y otros –hasta de los que no deben meterse en temas internos del país– lo que hacen es tirar una cortina de humo sobre las responsabilidades que todos esperamos que cumpla la Procuraduría General de la Nación en los casos que tiene que investigar.  Desde junio se nos prometió la lista de los involucrados en el caso Odebrecht y todos los meses sale una excusa nueva para no afrontar ese delicado asunto.  Ahora el entretenimiento es que si un comisionado de la policía le hizo propuestas sexuales a un cabo.  Estamos abusando de la civilización del espectáculo, y los medios noticiosos contribuyen a eso, porque se convierten en una especie de corregiduría o episodios del programa “Caso cerrado”.

Tanto el gobierno, como los medios de comunicación y las redes, que han puesto los temas intrascendentes como #trendingtopics, debemos ser más serios y enfocarnos en lo verdaderamente importante y urgente, que es adecentar al país.

LA CONMEMORACIÓN DE LOS 40 AÑOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 11 de septiembre de 2017

La semana pasada se conmemoraron 40 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter, denominados en un magnífico video que produjo la secretaría de comunicación del PRD como “la religión que unió a Panamá”.  Fueron muchas las actividades que resaltaron esta efeméride, principalmente la que llevó a cabo la Autoridad del Canal de Panamá, la develación de una escultura con la figura de Omar Torrijos en la Fundación que lleva su nombre, –donada por el gobierno de China, hecha por un artista chino –, la solemne y didáctica ceremonia que le dedicó la Asamblea Nacional al tema, con dos oradores de lujo, como Aristides Royo y Luis Navas, además del sub administrador del Canal, Manuel Benítez, y una gran conferencia celebrada en la sede del partido PRD donde debatieron Adolfo Ahumada y Aristides Royo, ambos negociadores.

Fue una semana extenuante pero gratificadora, sobre todo por ver el respaldo que muchos panameños, después de 40 años, le dieron a la causa nacional que nos unió para recuperar el usufructo de nuestro mayor activo nacional: la posición geográfica.  Muchas embajadas, instituciones importantes (como el Centro Carter) y diversas entidades se unieron a esta celebración.

Pero la mezquindad se evidenció, una vez más, en el gobierno nacional. Durante el acto de la Asamblea, ni un solo representante del ejecutivo ni del órgano judicial se hizo presente, y que yo me haya dado cuenta, ni una sola alocución a la fecha emanó de la malograda Secretaría de Comunicación.  Encima de que los gobiernos arnulfistas o panameñistas, como se quieran llamar, se opusieron no solo a los tratados sino a la ampliación, fueron los que les tocó recibir en las ceremonias oficiales, por esas vueltas del destino, tanto la administración del Canal de Panamá el último día de 1999 y hace un año inaugurar la ampliación.  Podrán negar la figura de Omar Torrijos, pero no podrán negar que convirtió la causa del Canal en la religión que nos unió.

LA RELIGIÓN QUE UNIÓ A PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 8 de septiembre de 2017

Ayer se cumplieron 40 años de la firma de los Tratados Torrijos Carter, que devolvieron a nuestro país su soberanía sobre la ignominiosa franja que a ambos lados del paso transístmico controlaba los Estados Unidos desde 1903, gracias a un tratado que ningún panameño firmó y que le permitió a la potencia del norte terminar de construir el canal empezado por Ferdinand de Lesseps, con la finalidad de facilitar el tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico.  Esta prodigiosa obra de ingeniería, que opacó la gloria del empresario francés por el fracaso que representó en nuestro país (después de haber sido alabado por la culminación en 1869 del Canal de Suez), fue desde sus inicios una constante afrenta a nuestra soberanía, (por existencia de la Zona del Canal) que logró unir a los panameños para demandar el reintegro de esas tierras y su usufructo por la joven nación.

Muchos han sido los actos que se organizaron para conmemorar esta histórica fecha, que se escenificó en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) el 7 de septiembre de 1977 ante la presencia de mandatarios de varios países y personalidades famosas.  Los tratados fueron ratificados en Panamá en un plebiscito celebrado el 23 de octubre de ese mismo año, con un porcentaje a favor de 66.14% y en Estados Unidos, pese a la férrea oposición de los sectores más conservadores, el Senado estadounidense ratificó lo firmado por el presidente James Carter, gran amigo de Panamá, que estaba convencido de que Estados Unidos debía corregir una injusticia, y los tratados entraron en vigor el 1 de octubre de 1979.  Tuvieron que pasar 23 años para que Panamá recibiera en su totalidad todo el territorio ocupado, pero la transición se hizo de manera ordenada, culminando el 31 de diciembre de 1999.  La paradoja del asunto es que quienes recibieron con la formalidad del caso la administración del Canal fueron los que se opusieron al tratado en su momento, por la simple y mezquina razón de que la había negociado Omar Torrijos, que a juicio de Carter, tenía gran coraje político y honestidad y a quien consideró su amigo personal.

Al acto celebrado en la sede de la OEA concurrieron representantes de 27 naciones del mundo, entre los que se contaban 18 jefes de estado. Los presidentes de Colombia, Alfonso López Michelsen; Venezuela, Carlos Andrés Pérez, Costa Rica; Daniel Oduber y México, José López Portillo, estuvieron entre los más destacados defensores de las negociaciones que se llevaron a cabo durante años, con Torrijos a la cabeza, sin que ninguna bala fuera disparada, después de los aciagos días enero de 1964.

Fue un triunfo de la diplomacia y la unión de un pueblo en una causa común, que contó con el respaldo de personas tan dispares como el actor John Wayne y el multimillonario David Rockefeller, así como Josip Broz, «Tito», jefe de estado de la antigua Yugoslavia, Fidel Castro de Cuba, Felipe González de España y de entusiastas intelectuales como Graham Greene y Gabriel García Márquez, entre otros.  Torrijos emprendió una gira internacional para obtener el respaldo a la causa de Panamá y la obtuvo de parte de la mayoría de las naciones que visitó.

En ocasión de esta celebración, la Fundación Omar Torrijos divulgó un video con el título de esta nota: “la religión que unió a Panamá” en la que Adolfo Ahumada, ex negociador, destaca dos obras fundamentales que marcaron una generación, para comprender las complejas relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos: “Las relaciones de Panamá y los Estados Unidos”, de Ernesto Castillero Pimentel y “3 de noviembre”, de Diógenes de la Rosa.  De igual forma explica que Panamá no era enteramente soberano y lo primero que se eliminó fue el gobernador, los jueces, las leyes, el sistema institucional y estructural, migración, el control de los puertos y sobre todo, se recuperó el usufructo de su posición geográfica.

Fue una lucha que unió a los estudiantes, a los dirigentes campesinos, a los obreros, a los profesionales, a todo un pueblo, que logró que la causa se convirtiera en una religión.

El video empieza con un verso del poeta Manuel Orestes Nieto, publicado en el bellísimo poemario editado en varias lenguas “Aquí nací y moriré”: “Vendrán las madres de otras madres, y ésta será también su patria sagrada.  Aquí estará por siempre el lugar donde nací.  Este delicado hilo de luminiscencia que entró a mis pupilas al nacer y salió al morir, es este privilegiado y amoroso filamento de tierra entre dos prodigiosos océanos….. Aquí nací y moriré”

HACE FALTA UN LÍDER

Por Mariela Sagel, El Siglo, 4 de septiembre de 2017

La semana pasada se sobregiró en temas sensitivos, algunos de los cuales nos hicieron volver a ese sentimiento de desasosiego que invade a muchos panameños, al ver la patria desmoronarse.  Por un lado sale una Procuradora, sin convocar a una conferencia de prensa y sin decir nombres, alegando que sus jueces y fiscales están sometidos a presiones para dejar en la impunidad casos de alto perfil.  E inmediatamente, aparece ante las cámaras el ex ministro de Seguridad José Raúl Mulino, mostrando el fallo unánime de la Corte Suprema de Justicia, en el que echa por tierra todo el proceso seguido contra Finmecánica y por supuesto, contra él.

Al día siguiente el país estuvo 11 horas esperando el fallo del juez Edwin Torres en relación a qué hacer con el ex presidente Martinelli, y a media tarde se conoció que el abusivo ex mandatario es sujeto de extradición.  Eso quiere decir, que lo van a mandar para acá, y seguro no pasará un día en la cárcel ni llegará esposado, como Noriega, ya que no ha sido condenado en Estados Unidos.

Como anda el sistema judicial en Panamá, seguro el prisionero de Miami llegará, estará un día o dos en la celda preventiva de la DIJ y luego, con algún artilugio de esos que se sacan como de una chistera, saldrá para su casa por cárcel, ya que aunque le pongan la fianza más estrambótica, la pagará reído de la vida, pues él conoce el “dossier” de todos en Panamá.  Que eso no se nos olvide, pues lo pregonó a los cuatro vientos y los periodistas de televisión se han encargado de recordárnoslo esta semana.

Tantas cosas irregulares que pasan, la injerencia del ejecutivo en la corte y la procuraduría, y estamos como en pausa. Los partidos políticos no dicen nada y nos conformamos con escribir un twitter de protesta.  Hace falta un líder que nos soliviante a todos a salir a las calles y exigir que pare la caída al barranco para dónde vamos.

LA LIBRERÍA DE PANAMA VIEJO

Por Mariela Sagel, Facetas, 3 de septiembre de 2017, La Estrella de Panamá

El pasado 9 de agosto, en el Centro de Visitantes del Conjunto Monumental Histórico de Panamá Viejo, se inauguró la Librería de Panamá Viejo, en el marco de la firma de un convenio entre el director del Archivo de Indias, Dr. Manuel Ravina y el presidente del Patronato Ernesto Boyd, para la publicación de un libro que conmemore los 500 años de la fundación de la primera ciudad de Panamá, el 15 de agosto de 1519, que incluirá imágenes que reposan en ese famoso archivo, ubicado en Sevilla.  Allí se verificó la entrega del premio del I Concurso Internacional de Ensayo Histórico Panamá Viejo 2019 que ganó el historiador chiricano Mario Molina, que tanto ha aportado con sus inmejorables libros a conocer nuestro pasado y genealogía.  Esta librería, diseñada de forma sencilla y luminosa, se nos presenta como un nuevo y esperanzador espacio cultural, que tanta falta nos hace, en una ciudad que abre centros comerciales más de los que necesita y un país que remedia la inseguridad invirtiendo en más cárceles.

El Patronato del Centro del Conjunto Monumental de Panamá Viejo, que fue designado como tal mediante Ley 91 de diciembre de 1976, custodia 28 hectáreas de las 60 que fueron originalmente las que conformaron la primera ciudad de Panamá en el Pacífico, en 1519. En julio de 2003 el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO lo incluyó al conjunto monumental en su lista como una extensión del Distrito Histórico de Panamá. Gracias a la ley 30 del 6 de febrero de 1996, lo que hasta ese momento era solamente un monumento nacional, (Ley 91 de diciembre de 1976 modificada por la Ley 16 de 2007) le permitió contar con fondos públicos y gestionar proyectos que generen ingresos para su mantenimiento.

El patronato está conformado por el Club Kiwanis de Panamá -que lo preside-, el Instituto Nacional de Cultura, la Autoridad de Turismo de Panamá, Banistmo y la Fundación RILEMO. Ha recibido la ayuda y respaldo de algunas gestiones de gobierno, que han comprendido la importancia de preservar nuestra historia, y empresas privadas que han unido esfuerzos para la construcción y apertura del Museo, que muestra de forma interactiva cómo fue la vida de esos pobladores de las clases elitistas de nuestro país así como la sede de los representantes de la Corona española y autoridades de la iglesia, los dos grandes puntales de la sociedad colonial a mediados del siglo XVI y que fueron desalojados por el ataque del pirata Henry Morgan en 1671.

Gracias a la dedicación y tenacidad del patronato, el conjunto monumental ha podido ser rescatado de las invasiones de pobladores aledaños, de piqueras de buses y se ha ido recomponiendo el incesante transitar por el medio, que tanto daño le hizo por el peso y el ruido que producía, y los linderos, así como sus ruinas, se han ido modificando y en el caso de éstas últimas, acondicionando para que sean utilizadas en eventos de diversa índole, unos de los más representativos los que se realizan en el verano, como son el festival de música antigua y conferencias y presentaciones de libros o temas históricos, bodas o ceremonias de diversas índoles.

Ahora, con la apertura de la librería y el museo, el sitio da pasos firmes para estar a la altura de los grandes monumentos históricos del mundo.

LA LIBRERÍA

Regentada por Ediciones Balboa, una empresa editorial que está operando en Panamá desde el año 1998, y que hasta la fecha se ha especializado en la edición y promoción de libros de lujo, –los denominados “coffee table books”–, con títulos como “Canal de Panamá”, “Los Parques Nacionales de Panamá”, “Patrimonio de la Humanidad”, “Panamá”.  Ediciones Balboa también produce posters, postales, guías y revistas de alta calidad, y una gran cantidad de artículos promocionales para las tiendas del Museo del Canal, de las esclusas del Canal y otros. Sus dueños son propietarios de más de 60 tiendas en museos en España, entre ellos el Museo Reina Sofía (y todos sabemos las bellezas que se pueden encontrar en las tiendas de museos).

Recién abierto, es un espacio muy iluminado con libros de diferentes editoriales del mundo, donde sobresalen títulos de Anagrama y Alfaguara, además de libros de otros sellos  que raramente se consiguen en Panamá, como Siruela, y se está a la espera de muchos más en las próximas semanas.  Tiene una primorosa área infantil, donde los niños van a deleitarse con libros que pueden sumergirse en las bañeras y otros títulos interactivos.  Orientado al público ávido de conocimientos, que sí lee y consume libros –contrario a las desafortunadas declaraciones que el año pasado quisieron justificar el cierre de una librería en Panamá por razones puramente crematísticas – ofrece libros impecables de cocina, de manualidades, históricos y también los imprescindibles libros de narrativa moderna que nos llenan a todos de tanta tibieza intelectual.

Todas las ventajas de la librería de Panamá Viejo, ubicación, estacionamientos, amplias salas para recorrer todos sus estantes y demás se complementan con un horario que se extiende hasta el domingo, de manera que no hay excusa para no pasar por allí durante las horas libres del fin de semana.  Estoy segura que con la vocación que han tenido sus administradores, en ofrecer “un sitio de encuentro” pronto va a ser un referente para todos los que quieran presentar un libro, realizar una tertulia o simplemente invertir horas metiendo las narices en el dulce placer que produce buscar libros, encontrarlos y leerlos.

RESISTENCIA PASIVA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 1 de septiembre de 2017

Terminamos una semana en la que hemos tenido de todo: una lánguida e inentendible declaración de la Procuradora de la Nación aludiendo a que recibía presiones de empresarios, medios de comunicación y otros poderes (sin identificarlos) para que queden en la impunidad casos de alto perfil que se están investigando, y alrededor de los cuales se han invertido ingentes tiempos y esfuerzos, para llevarlos a condenas.  En países con otra cultura política, después de semejantes declaraciones, lo que sería digno para el/la funcionario/a que denuncia estas presiones es renunciar.  Pero no acababa de dar la Procuradora sus declaraciones, cuando el ex ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, anunciaba mediante una conferencia de prensa, que desde abril, la Corte Suprema de Justicia falló para que se desestimaran todos los señalamientos que lo habían mandado a la cárcel por el tema de la compra de los radares y la relación con la empresa Finmecánica y que le causaron una seria lesión al estado,  por faltas de la fiscal al debido proceso y al cumplimiento de los tiempos estipulados por la ley. Primer caso de alto perfil que sale impune.

Según el argot político, la resistencia pasiva “es una de las variantes que puede asumir el derecho de resistencia de los pueblos ante el abuso autoritario”.  Esa táctica la usó de manera exitosa Mahatma Gandhi (1869-1948) contra las fuerzas colonialistas inglesas en la India en 1913 y entre nosotros, seguramente hemos vivido y experimentado en asociaciones, en grupos gremiales y hasta en la propia familia, actitudes de resistencia a las iniciativas que uno emprende, no dejando que las cosas fluyan, pero no oponiéndose abiertamente.  En el caso de Panamá, la resistencia pasiva al ejercicio de la justicia ha sido flagrante, casi activa, especialmente desde el gobierno actual, que fue parte del gobierno anterior y aprendió de todas sus maleanterías.

No se habían enfriado los micrófonos de un rabioso Mulino, cuando se empezaron a escuchar (y a leer) anticipos de otros fallos de nulidad de otros casos de alto perfil, por lo que van dos de cinco, y la Procuradora sigue sin explicar ni señalar de dónde provienen las presiones.  Si el Presidente Varela no se pronuncia, –que fue quien nombró a la Procuradora–, y la Corte Suprema, que responde a sus dictámenes en forma obediente, están enfrentados en este momento, en la víspera de la decisión del juez de Miami que pondrá a las órdenes de este entramado judicial el enjuiciamiento de un individuo que saqueó al país de forma incalculable e imperdonable, va a ser cómplice por comisión y omisión.  Hoy se da a conocer que habló con el deleznable presidente de la Corte Suprema hace 15 días sobre “situaciones que no están bien” dentro de su jurisdicción y los rumores de venta de fallos por parte de jueves y fiscales, pero de la misma forma en que se ha manejado este gobierno, no avanza ni retrocede y todos los que han sido señalados, acusados, conducidos y aprehendidos, salen para sus casas aunque no puedan salir del país, y parece que no pasa nada.

A los tres años y meses que lleva este gobierno, los “memes” que se proliferan por las redes sociales repiten, incansablemente, qué se espera que haga y la respuesta es la misma: que se acabe.  ¿Pero qué podemos esperar, si a Martinelli lo extraditan, como en efecto lo ha decidido la corte de Miami?  La situación se complicará más, la gestión de las autoridades judiciales y de la misma asamblea se verá comprometida a grados impensables, y el ánimo, la esperanza y la actitud del panameño común se verán muy afectados, sin mencionar que se volverá un enredo para el mismo gobierno varelista. Parece que la buena estrella de nuestro Panamá se está haciendo fugaz y nos asomamos a un espectáculo desolador.  Toca unirnos en una gran fuerza aglutinadora que exija la transparencia que nunca han aplicado a pesar de prometerla en campaña y exigir los nombres de quienes presionan a la Procuradora, así como la prometida lista de los coimeados por Odebrecht.