El incomprendido mercado editorial

Domingo, 5 de octubre de 2014 – La Estrella de Panamá

“Dejémonos de decir que en nuestro país no se lee, porque… que sean más los asistentes a la feria y que las ventas de libros se hayan….

Mariela Sagel
opinion@laestrella.com.pa


Durante los seis días de la Feria del Libro de Panamá entraron al recinto donde se celebró unas 100 000 personas. Esa estadística representa un incremento versus los asistentes el año anterior, en el que el evento cultural no tuvo un país invitado y se unió a la conmemoración de las 500 años del supuesto descubrimiento del Mar Pacífico por Vasco Núñez de Balboa y el establecimiento de la primera diócesis en Tierra Firme. Gracias a esta última circunstancia, se pudo traer el Museo del Vaticano para exhibirlo en forma virtual, que fue muy bien manejado y se convirtió en uno de los mayores atractivos del evento ferial.

Se dice que en Panamá no se lee, y la celebración de la Feria del Libro es una fehaciente prueba que no es así y que al contrario de lo que la gente piensa, cada vez se lee más, porque cada día tenemos mayor acceso a los libros que se publican en el extranjero.

El tema editorial debe verse desde una óptica diferente a la reduccionista que se ha visto hasta ahora. En Panamá no hay oficinas de las grandes editoriales, por lo que dependemos del olfato de los libreros y su decisión de importar libros que a nivel internacional se estén vendiendo, como los esperados de Milan Kundera, Javier Marías y Ken Follet, entre otros, además de Coelho. Santillana, dueña del sello Alfaguara, tuvo una breve exitosa historia de sus oficinas locales, que fue en declive vertiginoso por razones personalistas y acabó cuando Random House Penguin adquirió la división de ediciones generales. Algunos de los autores panameños que fueron publicados por el sello resultaron impresentables fuera de nuestras fronteras. La idea de que los panameños publiquen sus obras en sellos internacionales es para que salgan de los estrechos círculos y carteles que existen en esta vereda tropical.

Los libreros, que son pocos y se cuentan con dos manos, tienen también su manera muy peculiar de comprar o pedir y en algunos temas no se arriesgan, como con los sellos costosos tipo Tusquets o Siruela. También está el tema de la consignación que algunas casas editoriales les permiten, versus la compra dura que ellos puedan hacer. Es injusto decir que tal o cual librería no tiene nada bueno, porque muchas veces su inventario está determinado por su capacidad de importar, a veces desde Europa y por barco, lo que los clientes están esperando. Y menciono por barco, porque eso significa consolidar pedidos para no encarecerlos innecesariamente.

En lo que respecta a las grandes editoriales, ellas tienen los países asignados regionalmente y es así que Planeta México se encarga de Estados Unidos, Centro América y Panamá, y existe Planeta Colombia región andina, que posiblemente a Panamá le sería más fácil traer de Colombia que de México. Sin embargo, este gigante editorial sirve muy bien al país, toma riesgos y resuelve y ya por lo menos a un escritor panameño ha publicado.

Random House tiene una oficina en Buenos Aires y desde allí suple las necesidades de todo el continente. En este caso dependemos de la sapiencia del librero, que atine a los mejores títulos disponibles y se arriesgue con escritores nuevos que puedan ser descubiertos por los lectores panameños. Random apostó al talento local el año pasado publicando la novela de la escritora panameña Itzel Velásquez, en su prestigioso sello Lumen.

América Latina, según dijeron recientemente el escritor Antonio Muñoz Molina y el director de la Feria del Libro de Frankfurt, ha salvado la industria editorial española —en Panamá se lee en inglés, pero no es en gran volumen— y hemos visto que los libros son cada vez más apreciados. Dejémonos de decir que en nuestro país no se lee, porque el hecho de que sean más los asistentes a la feria y que las ventas de libros se hayan incrementado desvirtúa este sambenito.

Ociosidad y lentitud

Domingo, 28 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

 

“Pero el Órgano Legislativo debería ser más consecuente con su misión de normar el marco legal que nos rige”

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Las expectativas que se levantaron cuando ganó las elecciones el pasado mes de mayo el presidente Juan Carlos Varela, más que otorgarle la confianza de un tercio de la población votante, le concedió el mandato de dos tercios de los panameños que no quisimos bajo ninguna circunstancia que los franquiciados de Cambio Democrático se perpetuaran en el poder.

Ahora confirmamos que para lograr los propósitos aviesos de elegir la nómina Arias-Martinelli no había límite en lo que se gastara, fueran fondos del Estado a través del PAN (prometieron eliminarlo en campaña), partidas circuitales (la misma promesa) o por medio de figuras disfrazadas de quién sabe qué.

Los diputados nacionales están, desde julio, entretenidos en presentar proyectos de ley que van de lo sublime a lo ridículo y le quedan a los padres y madres de la patria apenas mes y medio de debates para acogerse a un inmerecido descanso, sin que la población haya tenido un respiro que le reintegre la confianza en ese órgano del Estado, que a la fecha no ha logrado conformar la totalidad de sus miembros integrantes.

Iniciativas que institucionalizan los subsidios para entronizar la figura del Estado paternalista la encabeza el que le da casi quinientos dólares a las adolescentes embarazadas que no tengan recursos al mismo tiempo que se discute la urgente legislación que garantiza la educación sexual en las escuelas, a la que se han opuesto figuras que deberían estar a la vanguardia del pensamiento sobre políticas públicas orientadas a la niñez y demuestran cada vez que abren la boca que tienen una mente retrógrada.

También se habla de dar un subsidio para operaciones bariátricas (reducirle la panza a los gordos) en vez de incentivar que la gente coma en forma sana. Otros diputados ociosos han propuesto declarar como patrimonio histórico a la cutarra y el sancocho, sin tomarse el trabajo de revisar la creciente presión que ha estado ejerciendo la población consciente en cuanto a conocer nuestra historia patria para lograr que haya una mayor conciencia nacional que nos identifique.

Es más fácil restituir una ley que fue derogada en el Gobierno anterior para terminar de desbaratar la autoestima que tenemos como país, pero seguramente eso no va a debate, no roba cámara y no genera atención mediática. Lo de enarbolar solo la enseña panameña en todo el territorio es un poco desactualizado, porque ese logro lo obtuvimos hace 37 años con la firma del tratado Torrijos Carter (un solo territorio, una sola bandera) y el tema no tiene ninguna relevancia en estos momentos que se debate sobre la conveniencia y legalidad de la naturalización de extranjeros que se impulsaron en el Gobierno pasado.

Se está perdiendo mucho tiempo en confirmar la prohibición de construir estacionamientos soterrados en parques existentes (como el Harry Strunz, en Obarrio, cuya orden de proceder nos dejó la anterior alcaldesa de bonificación por su gestión) y a la impaciencia por ver cabezas rodar ante tantos escándalos de corrupción que se han destapado, se une la percepción de lentitud por resolver las impugnaciones a elecciones donde se comprobó la compra de votos y uso de fondos del Estado para campañas de afectos al Gobierno pasado y el vacío legal que es la necedad de realizar elecciones en esos circuitos donde se eligieron a los que finalmente resulten condenados.

No quiero unirme al clamor que hay a flor de piel, para que veamos en 100 días lo que no vimos en cinco años. Pero el Órgano Legislativo debería ser más consecuente con su misión de normar el marco legal que nos rige, en concordancia con las acciones del Ejecutivo, que nadie duda que quiere hacer las cosas bien y va a investigar todos los desafueros que se cometieron, más en cinco años que en cincuenta: el absoluto irrespeto a la integridad del ser panameño. Pero justicia tardía no es justicia, por lo que hay que pisar el acelerador.

Jorge Franco, el sucesor de ‘Gabo’

Domingo,  28 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

“Aún en vida, el Nobel colombiano lo señaló como su posible sucesor”

 EFE | Chema Moya

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


La novela ‘El mundo de afuera’ del escritor colombiano Jorge Franco se alzó, de entre más de 800 participantes, con la nada despreciable presea del XVII Premio Alfaguara de Novela, a inicios de este año.

El autor, muy conocido por su obra ‘Rosario Tijeras’ que ha sido llevada al cine y a una serie de televisión, fue señalado hace unos años por su compatriota el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez como ‘uno de los autores colombianos a quien me gustaría pasarle la antorcha’. Casi lo logra, pues el fallo del Alfaguara fue en marzo y Gabo murió en abril.

Las historias que escribe Jorge Franco son etiquetadas como literatura del sicariato, o recreadas alrededor del tema del narcotráfico, pero este paisa tiene otros títulos que han buscado mejores escenarios que una Medellín desangrada. De allí que su novela ‘Melodrama’ —que algunos catalogan como mejor que ‘Rosario Tijeras’— se haya escenificado en París, con elementos de los mundos bajos y sórdidos que existen en todos lados, pero que se exacerbaron en la época más violenta que haya vivido la capital del estado de Antioquia.

UN AUTOR CON MALA MEMORIA

Jorge Franco se tomó su tiempo para encontrar la carrera que le satisficiera. Ensayó con la pintura, deambuló por la facultad de ingeniería y estudió cine en Londres, en la afamada International London Film School. A su regreso a Colombia —y dándose cuenta que su ritmo no iba a la velocidad de la adrenalina que impulsa a otros directores—, entró a estudiar literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá. Sentía un vacío en lo que a lectura se refiere y aunque confiesa no venir de un hogar donde se leyera mucho, apenas entró en contacto con los autores clásicos quedó enganchado en el saludable e infinito hábito de la lectura.

Dice que tiene mala memoria. Apenas puede recordar los nombres de los personajes, por eso tiene una pizarra donde va apuntando los que ha ido desarrollando y así tiene enfrente de su lugar de trabajo una especie de mapa que le indica por dónde ir. Quizás así logra que su trabajo se convierta en una novela coral, como lo es ‘El mundo de afuera’.

A pesar de que las ediciones generales del Grupo Santillana —dueña de varios sellos editoriales entre los que está Alfaguara— fueron adquiridas este año por Random House, el ganador del premio ha visitado varias capitales importantes incluyendo Estados Unidos para presentarla. Lamentablemente no vino a Panamá, como ha sido tradicional en los ganadores anteriores, entre los que recordamos muy especialmente a Elena Poniatowska en 2001(La piel del cielo), Santiago Roncagliolo en 2006 (Abril rojo), Antonio Orlando Rodríguez en 2008 (Chiquita) y Andrés Newman en 2009 (El viajero del siglo), entre otros. Newman, de hecho, publicó después de concluir su gira maratónica del premio un simpático libro titulado ‘Cómo viajar sin ver’.

EL MUNDO DE ISOLDA

La trama de ‘El mundo de afuera’ es una mezcla de relatos fantásticos y hechos truculentos, todos —a excepción de los detalles precisos de la vida de Isolda, la princesa que habita el castillo— son verídicos y están basados en acontecimientos que ocurrieron en Medellín, donde Franco nació hace 52 años.

Parte del disparador que motivó al autor a escribir esta historia es el haber vivido en carne propia el secuestro de un familiar, el de su hermana. De allí que las amenazas y acercamientos entre la familia y los secuestradores sean tan bien descritos.

El sitio principal donde se desarrolla es una antigua mansión de la aristocracia antioqueña que hoy día es un centro cultural, y donde vivió y se fraguó el secuestro del padre de Isolda, una especie de princesa de un cuento de hadas en medio de unos habitantes desquiciados y tenebrosos que llevan una vida cargada de vicios.

Es la historia de una obsesión, de un mundo exterior que no tiene nada que ver con lo que pasa dentro del castillo, donde crece la adolescente de ascendencia teutona y donde su padre se sumerge escuchando óperas de Wagner, su madre se enloquece por el subdesarrollo de ese rincón de Suramérica y su nana alemana se escabulle todas las noches a la casita del jardinero.

También es la historia de unos descastados que viven obsesionados por la tenencia del dinero y las marcas que éste puede comprar y a quienes resulta fácil convencer para que se presten a secuestrar a Don Diego, el padre de Isolda.

Siendo una novela coral, mantiene en cada uno de sus relatos una tensión que resulta en una historia bien contada, con todas las dosis de fantasía y desquiciamiento que puede ofrecer un texto sobre sicariato. La presidenta del jurado del premio, la también escritora colombiana Laura Restrepo, quien igualmente ganó el Premio Alfaguara con su novela Delirio (2004), no dudó en catalogarla como ‘una deliciosa sorpresa’.

Es una lástima que las circunstancias del cierre de las oficinas de ediciones generales del Grupo Santillana en Panamá no nos hayan permitido gozar de la presentación de este libro, como había sido habitual en sus versiones anteriores. Seguramente el autor se hubiera visto sometido a las mismas preguntas de cómo fue que García Márquez lo endosó y qué sintió cuando Enrique Santos escribió sobre Rosario Tijeras en El Tiempo. Nos hemos perdido que nos relatara por qué los que regentan El Castillo en Medellín, que hoy es un centro cultural, no dejaron que se presentara allí el libro, apenas un día antes de la presentación, con las invitaciones cursadas.

Tal parece que los que responsables de esa misteriosa casa —que a Jorge Franco le daba temor entrar de pequeño, cuando ya Isolda había muerto y se decía que estaba embalsamada frente al piano—, son miembros del Opus Dei y no estuvieron conformes con cómo los hechos acontecidos allí habían sido narrados en el libro. Y seguramente el ingrediente de sexualidad, erotismo y libertad de pensamiento añadido les debió haber escandalizado.

La imaginación razonada

Domingo, 21 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

“Un recorrido por el trabajo literario de Adolfo Bioy Casares, el escritor bonaerense que ha vivido injustamente bajo la sombra de Jorge Luis Borges”

 Foto: Fotógrafo - La Estrella

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Durante el año 2014 estamos celebrando el centenario de Julio Cortázar (argentino) y de Octavio Paz (mexicano), además de nuestros autores Ricardo J. Bermúdez y Manuel Ferrer Valdés. Pero nos hemos olvidado de un escritor que el pasado 15 de septiembre hubiera cumplido 100 años, el también argentino Adolfo Bioy Casares.

Este último es un autor al que muchos le achacan el haber vivido a la sombra de Jorge Luis Borges, con quien tuvo una larguísima relación amistosa y de complicidad. Este vínculo se ha visto reflejado en Borges (2006), una compilación monumental del diario que llevaba minuciosamente Bioy Casares —más de 1,600 páginas— donde revela lo que acaso fue la amistad vital y creativa más productiva de la literatura universal. El albacea literario de Bioy Casares logró publicar hace unos años esta obra.

La escritura del autor bonaerense tiene una elegancia y una sutileza propias del que ha leído con fruición las obras clásicas y se ha tomado el tiempo necesario para estructurar un relato que capte la atención del lector.

Su libro más conocido, La invención de Morel , es catalogado como precursor de la literatura fantástica.

LAS ETAPAS NARRATIVAS DE BIOY CASARES

‘En su juventud Bioy Casares se deja dominar por el inventor; en su madurez, por el narrador; en su vejez, por el escritor satírico’ dice el periodista especializado en temas culturales Marcelo Pichón Riviére en un compendio sobre la obra del ganador en 1990 del Premio Cervantes —máximo galardón de la lengua española—, titulado La invención y la trama . En la primera etapa, encaja su novela más conocida, publicada en 1940, con un prólogo de Jorge Luis Borges y donde el mítico escritor subraya: ‘No me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta’.

Fue en 1940 que esa obra ve la luz, y la crítica literaria marca la fecha como un momento en el que se desenvuelve una profunda renovación de las letras argentinas. También ese año Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y el mismo Bioy Casares publicaron la Antología de la literatura fantástica .

Silvina y Adolfo Bioy Casares se casaron en 1940, habiéndose conocido en casa de la hermana de ella, la destacada intelectual de vanguardia Victoria Ocampo.

Bioy Casares nació en una cuna de alcurnia y gozó de una solvencia económica que le permitió tener el tiempo para leer los clásicos de la literatura, viajar, y estudiar temas humanísticos. No tuvo que hacer traducciones ni ejercer el periodismo para sobrevivir, como ha sido el caso de muchos escritores famosos. De él dijo Julio Cortázar: ‘Quisiéramos ser Bioy… porque nos gustaría tanto escribir sobre Bioy como lo hubiera hecho él… y… a nosotros nos va a ser imposible’.

No es desacertado señalar que la primera etapa del escritor estuvo dominada por la invención y la última por la sátira. Guardan cierta unicidad por la cadencia del narrador en primera persona. ‘Un yo que organiza tanto la perspectiva del relato como esa perplejidad metafísica de la identidad y las trágicas imposibilidades de la eternidad y la inmortalidad’, señala Pichón Riviére.

Tuvo una larga vida, ya que murió a los 84 años de edad, en 1999. En 1990 se le concedió el Premio Cervantes que fue a recibir en Alcalá de Henares al año siguiente y en su discurso finaliza agradeciendo a Miguel de Cervantes Saavedra, autor de El Quijote , ‘a quien le debo la literatura, que dio sentido a mi vida’.

Gloria Claudia Alfaro, en sus palabras, dijo: ‘Recomiendo a quienes hemos sido y seremos siempre lectores de Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, y Jorge Luis Borges, la lectura crítica de los diarios de Bioy Casares. En estos, se aprecia el mundo interior, la fuerza creativa de estas tres constelaciones de la literatura iberoamericana’.

La ciudad imaginada

Domingo,  21 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

El desarrollo de proyectos que nos lleven a profundizar en nuestro pasado nos hace reflexionar de dónde venimos y también hacia dónde vamos.”

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


Una fuerte sensación de ‘déjà vu’ se apoderó de mí cuando asistí recientemente a la presentación del último libro del Dr. Alfredo Castillero Calvo (si no me equivoco, son tres los libros que ha presentado este año, un ritmo vertiginoso que muy pocos autores pueden mantener) titulado ‘La Ciudad Imaginada’. Y es que ‘Déjà vu’ significa en francés ‘algo ya visto’, y no es un recuerdo, sino como si uno hubiera estado en la misma situación en el pasado. Leyendo la introducción del libro caigo en la cuenta que ésta es la segunda edición, ya que la primera se hizo por iniciativa del Ministerio de la Presidencia, en 1997, coincidiendo con la revitalización del Casco Antiguo (con una oficina que estaba adscrita a esa instancia gubernamental) y la obtención de la categoría de Patrimonio Histórico de la Humanidad de esa península que hoy se ve circunvalada por una cinta costera. La obra fue presentada en los meses iniciales del año 1999.

Esta segunda edición, que ha sido esmeradamente impresa, tras más de quince años durante los cuales el autor acarició la idea de reeditarla, como lo confiesa en su prólogo —se hizo una edición muy limitada de la primera edición— está corregida, revisada, actualizada y aumentada. Dice el Dr. Castillero que, a pesar del tiempo transcurrido, ‘no ha envejecido, que todavía puede ser útil para los amantes y estudiosos de nuestra ciudad primada’. Continúa diciendo que ‘ha sobrevivido al paso del tiempo con dignidad’. Yo diría que más que sobrevivir, el objeto de su estudio ha cobrado un dinamismo y un candor que la hace muy atractiva tanto para los nacionales, como para los turistas, colocándose entre los mil lugares que uno tiene que visitar antes de morir.

El Dr. Castillero Calvo agregó en este volumen un capítulo imprescindible sobre la destrucción de Panamá la Vieja y la mudanza a la nueva, otro sobre las iglesias y conventos y uno adicional donde analiza los cambios en el tejido urbano en virtud de la dinámica económica que ha ido marcando la ciudad desde su fundación hasta el siglo XX. También ha revisado los subtítulos de la obra original y algunas reflexiones sobre los valores patrimoniales excepcionales del Casco Viejo.

La lujosa publicación fue presentada en un no menos lujoso evento donde destacó la participación del Dr. Manuel Lucena, historiador español, que fue desgranando los capítulos que componen la monumental obra y después una conversación entre la presentadora y el autor. Algo que se reiteró en ese diálogo es que esta ciudad, en sus inicios, era una urbe elitista y el libro promete poner de manifiesto las rivalidades, miedos, celos e ilusiones que tenían nuestros antepasados que allí residían. Se hacen innumerables referencias a la vida cotidiana, la cultura material, la economía y prácticas religiosas.

Muchas fotos y mapas han sido incorporados a esta segunda edición, con una altísima calidad, y se incluyen las obras referentes a las infraestructuras del proyecto de preservación del Patrimonio Histórico que ha realizado en el Casco Antiguo el Ministerio de Obras Públicas.

Sin memoria histórica no hay conciencia. El desarrollo de proyectos que nos lleven a profundizar en nuestro pasado nos hace reflexionar de dónde venimos y también hacia dónde vamos. ‘La Ciudad Imaginada’ deja a nuestro alcance esa historia social desconocida y escondida en los archivos y bibliotecas de la que ni siquiera conocemos, aseveró la maestra de ceremonias al presentar al Dr. Lucena. Todos estos valores y reminiscencias para aportar a lo que debe ser un manejo cuidadoso y exitoso de una política cultural y de turismo que lleve a colocar a Panamá entre los países que respetan su pasado para seguir construyendo futuro. Un énfasis en turismo cultural no le vendría mal a la Autoridad Nacional de Turismo, en base a esta historia social y urbana del Casco Viejo de Panamá.

Sin pan ni circo

Domingo,  14 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

“Los que voten por él (Tito Afú) revelarán hasta qué punto prevalece el pan y el circo en la política panameña”

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


«Panem et circenses» (que significa literalmente «pan y circo») es una locución latina peyorativa del uso actual que describe la práctica de un gobierno (o de gobernantes) que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controversiales, obtener votos sin resolver los problemas más elementales, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios clientelistas. Gramaticalmente, está formada por el acusativo singular de panis, (‘pan’) y el acusativo plural de circensis, (‘juegos del circo’).

El silogismo viene a colación por el espectáculo que se verificó la semana pasada donde se llevó al banquillo de los acusados a Carlos Afú, abrazado patéticamente a una imagen de Santa Librada, buscando resolver la impugnación que interpuso el aspirante al puesto de diputado que ha venido ocupando el santeño, el Lic. Ovidio Díaz. Durante el desarrollo de la audiencia y en posteriores intervenciones, tanto de los abogados del impugnante, del mismo Sr. Díaz y conversaciones con los que saben de Derecho Electoral, es más que esperado el fallo que condena a Tito Afú por el uso y abuso de fondos del Estado para proselitismo político.

El colmo de lo que se vio en la audiencia fue la aparición, casi como de un ‘show’ de Houdini, del fiscal electoral, que no ha dicho ‘ni esta boca es mía’ en el derroche de fondos del Estado durante la pasada campaña, y ahora pretende esgrimirse en autoridad con credibilidad y que se le tome en cuenta en este espinoso asunto. También lo fue la aceptación del funcionario que manejó los fondos de las partidas que se destinaron para regalar bolsas de comida, colchones, electrodomésticos y hasta fuegos artificiales, de que cobraba una comisión por desembolsar esos dineros.

Me dicen los entendidos que la Ley Electoral no les permite a los magistrados simplemente dictar sentencia condenando a Tito Afú y darle la curul de diputado a Ovidio Díaz sin hacer unas nuevas elecciones. Esto llevaría al Circuito 7-1 de Las Tablas, donde corren Afú y Díaz, con unos 36 000 electores, a unos comicios, en virtud de la anulación de los celebrados en mayo, por medio del fallo. No sería extraño que esas mismas personas que dieron su voto antes por cinco libras de arroz y una hoja de zinc, vuelvan a darle su voto al diputado que derrochó más de cinco millones de dólares en campaña sin resolver los problemas agudos de ese circuito. Esto sería una verdadera tragedia y la prueba final de que el clientelismo exacerbado que mostró este caso (y muchos más) en las pasadas elecciones, llegó para quedarse.

La frase en latín ‘panis et circenses’ («pan y juegos del circo») se origina en Roma en la Sátira X del poeta Romano Juvenal (circa 100 A. D.). En su contexto, se define como la última atención hacia el pueblo romano, quien había olvidado su derecho de nacimiento, a involucrarse en la política. Juvenal mostró así su desprecio por la decadencia de sus contemporáneos romanos. Los políticos romanos visualizaron un plan en 140 a. C. para ganar los votos de los pobres al regalar comida barata y entretenimiento, los políticos decidieron que esta política de «pan y circo» sería la forma más efectiva de subir al poder.

‘… desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quién vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y solo desea con avidez dos cosas: pan y juegos en el circo…’.

Parece que nada ha cambiado desde los tiempos de los romanos. Los espectáculos circenses, aunque de pésima calidad, los seguimos viendo y si la sentencia de un diputado corrupto y clientelista lo lleva a correr en nuevas elecciones, olvidémonos de rescatar la decencia para este país. Los que voten por él revelarán hasta qué punto prevalece el pan y el circo en la política panameña.

Gozando de una rebelde madurez

 

Domingo,  7 de septiembre de 2014 – La Estrella de Panamá

Joaquín Sabina hizo vibrar Santiago de Chile. Una colaboradora de Facetas, sentada junto a Antonio Skármeta, describe la noche

 EFE

Mariela Sagel
marielasagel@gmail.com


La cita fue en el Movistar Arena de Santiago de Chile, frente a unas diez mil personas que se sabían las canciones de memoria. No había una edad en común, sino todo lo contrario, si algo caracteriza al público de Joaquín Sabina es que tanto jóvenes como viejos adoran sus canciones. ‘Como los Rolling Stones’, reza una de sus letras.

La gira, que se había anunciado unos meses antes, incluiría a Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay. En cada país haría más de una presentación, alrededor de diez en Argentina, por ejemplo, donde tiene tantos hinchas como Messi.

El nombre del tour era cautivante, ‘500 noches para una crisis’, donde rememoraría el célebre disco ‘19 días y 500 noches’, tras 15 años de haberlo compuesto.

Prometía cantarlo entero, pero adelantó que no incluiría ‘Dieguitos y Mafaldas’, ‘Como te digo una Co, te digo la o’ y ‘De purísima y oro’. El primero por ser más argentino que el Boca (y él era de Colo Colo), el segundo por ser demasiado monárquico y el tercero porque en ése país no había habido nunca corridas de toros. En su defecto incluyó piezas memorables como ‘Violetas para Violeta’, indefectiblemente chilena.

UN DESGRANADOR DE VERSOS

En esta ocasión, el cantante brilló con una voz muy cristalina, bien cuidadada. El usual carraspeo —‘voz de lija’, dice él—, ha desaparecido. El escenario se hacía pequeño para el despliegue de vitalidad que tanto él como sus músicos mostraron. Le dio las buenas noches a Santiago, a Chile —realizó un concierto posterior en Concepción—, y siguieron unas 20 canciones en un derroche de maestría tanto suya como la de Pancho Varona (con bajo, guitarra y voz), Antonio García de Diego (guitarras, teclado, armónica, guitarra portuguesa y voz), Jaime Asua (guitarras y voz) Pedro Barceló (batería), la inigualable Mara Barros —que cantó y bailó varias canciones y tocó panderetas— y Josemí Sagaste (saxo, clarinete, acordeón y percusión).

Después vino la explicación: hace 15 años, cuando cumplía los ‘40 y 10’, se entregó a la más apasionada de sus composiciones, coincidiendo con el final de su loca juventud, que alega consiguió alargar hasta los 50.

Confesó que practicaba costumbres poco edificantes, le sobrevino una depresión y un ictus cerebral. Componer este disco, y el hecho de haberse enamorado de la misma chica con la que hoy sigue, Jimena Coronado, su ‘Rosa de Lima’, le marcaron y así lo ha querido celebrar. Cantando ‘19 días y 500 noches’ hizo alusión a las redes sociales y a hacerse un ‘selfie’, mientras la gente cantaba a coro sus canciones, una tras otra.

SHOW SABINERO

Sin dejar de ser el poeta que es, ni el bohemio que cerraba los bares de mala muerte hace más de veinte años, desde su primera presentación en Chile, Joaquín Sabina demostró en el escenario, sin escatimar en energía, el cierre de una etapa de su vida con solvencia y de manera brillante.

Según el productor chileno, ‘Sabina revisita en esta gira los frutos más preciados de su larga y loca juventud, pero no como un acto de nostalgia sino de valentía, mirando sus canciones desde otra perspectiva’.

Después de esa extraña canción que se llama ‘A mis cuarenta y diez’ y menciona ‘el traje de madera que estrenaré no ha sido todavía plantado’, le dio paso a Jaime Asua para que cantara ‘El caso de la rubia platino’ porque según él, en lo más loco del frenesí del rock and roll que él era capaz de cantar hace 15 años, sería una injuria a la inteligencia que la cantara él mismo.

Le siguió ‘Donde habita el olvido’ en homenaje a Luis Cernuda, poeta español que tuvo una vida triste y un libro con ese título. Vino ‘Cerrado por derribo’ antecediéndole el verso: ‘Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas…’. Y la siguió recitando para depués mencionar que había estado haciendo referencias a poemas de Pablo Neruda.

Se sentó en el escenario, le trajeron una copa, brindó por Antonio Skármeta, y el público rompía en aplausos. En esa canción se menciona explícitamente los ‘Versos del Capitán’, del Nobel de Literatura chileno.

Vino la número nueve, ‘Pero qué hermosas eran’, con dibujos elocuentes de un tono erótico y le siguió ‘Peor para el sol’ para hacérselas que iba a terminar con ‘Noche de Bodas’, ‘Y Nos dieron las 10’, y de allí en adelante, ‘Conductores suicidas’ y otras memorables. Al cantar ‘Violetas para Violeta’ hizo mención del centenario de Nicanor Parra, que fue el pasado 5 de septiembre, con esa lírica preciosista que tiene, y recitó la letra de ‘Viva Chile, la tierra de mis amores’.

El obligado homenaje a Bob Dylan no lo dejó pasar, tampoco ‘Princesa’, y se despedía una y otra vez hasta llegar a más de 20 canciones, una de las cuales escuché cuando salimos adelantados para evitar el ‘taco’, topándonos con el ex presidente Ricardo Lagos y no perdonando una camiseta con la frase ‘Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver’, frase de ‘Peces de la ciudad’, que se escuchaba al fondo.

Una noche mágica, donde cada comentario, cada letra, cada gesto y animación del cantante poeta era seguido con avidez por el público.

ía más de una presentación, alrededor de diez en Argentina, por ejemplo, donde tiene tantos hinchas como Messi.

El nombre del tour era cautivante, ‘500 noches para una crisis’, donde rememoraría el célebre disco ‘19 días y 500 noches’, tras 15 años de haberlo compuesto.

Prometía cantarlo entero, pero adelantó que no incluiría ‘Dieguitos y Mafaldas’, ‘Como te digo una Co, te digo la o’ y ‘De purísima y oro’. El primero por ser más argentino que el Boca (y él era de Colo Colo), el segundo por ser demasiado monárquico y el tercero porque en ése país no había habido nunca corridas de toros. En su defecto incluyó piezas memorables como ‘Violetas para Violeta’, indefectiblemente chilena.

UN DESGRANADOR DE VERSOS

En esta ocasión, el cantante brilló con una voz muy cristalina, bien cuidadada. El usual carraspeo —‘voz de lija’, dice él—, ha desaparecido. El escenario se hacía pequeño para el despliegue de vitalidad que tanto él como sus músicos mostraron. Le dio las buenas noches a Santiago, a Chile —realizó un concierto posterior en Concepción—, y siguieron unas 20 canciones en un derroche de maestría tanto suya como la de Pancho Varona (con bajo, guitarra y voz), Antonio García de Diego (guitarras, teclado, armónica, guitarra portuguesa y voz), Jaime Asua (guitarras y voz) Pedro Barceló (batería), la inigualable Mara Barros —que cantó y bailó varias canciones y tocó panderetas— y Josemí Sagaste (saxo, clarinete, acordeón y percusión).

Después vino la explicación: hace 15 años, cuando cumplía los ‘40 y 10’, se entregó a la más apasionada de sus composiciones, coincidiendo con el final de su loca juventud, que alega consiguió alargar hasta los 50.

Confesó que practicaba costumbres poco edificantes, le sobrevino una depresión y un ictus cerebral. Componer este disco, y el hecho de haberse enamorado de la misma chica con la que hoy sigue, Jimena Coronado, su ‘Rosa de Lima’, le marcaron y así lo ha querido celebrar. Cantando ‘19 días y 500 noches’ hizo alusión a las redes sociales y a hacerse un ‘selfie’, mientras la gente cantaba a coro sus canciones, una tras otra.

SHOW SABINERO

Sin dejar de ser el poeta que es, ni el bohemio que cerraba los bares de mala muerte hace más de veinte años, desde su primera presentación en Chile, Joaquín Sabina demostró en el escenario, sin escatimar en energía, el cierre de una etapa de su vida con solvencia y de manera brillante.

Según el productor chileno, ‘Sabina revisita en esta gira los frutos más preciados de su larga y loca juventud, pero no como un acto de nostalgia sino de valentía, mirando sus canciones desde otra perspectiva’.

Después de esa extraña canción que se llama ‘A mis cuarenta y diez’ y menciona ‘el traje de madera que estrenaré no ha sido todavía plantado’, le dio paso a Jaime Asua para que cantara ‘El caso de la rubia platino’ porque según él, en lo más loco del frenesí del rock and roll que él era capaz de cantar hace 15 años, sería una injuria a la inteligencia que la cantara él mismo.

Le siguió ‘Donde habita el olvido’ en homenaje a Luis Cernuda, poeta español que tuvo una vida triste y un libro con ese título. Vino ‘Cerrado por derribo’ antecediéndole el verso: ‘Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas…’. Y la siguió recitando para depués mencionar que había estado haciendo referencias a poemas de Pablo Neruda.

Se sentó en el escenario, le trajeron una copa, brindó por Antonio Skármeta, y el público rompía en aplausos. En esa canción se menciona explícitamente los ‘Versos del Capitán’, del Nobel de Literatura chileno.

Vino la número nueve, ‘Pero qué hermosas eran’, con dibujos elocuentes de un tono erótico y le siguió ‘Peor para el sol’ para hacérselas que iba a terminar con ‘Noche de Bodas’, ‘Y Nos dieron las 10’, y de allí en adelante, ‘Conductores suicidas’ y otras memorables. Al cantar ‘Violetas para Violeta’ hizo mención del centenario de Nicanor Parra, que fue el pasado 5 de septiembre, con esa lírica preciosista que tiene, y recitó la letra de ‘Viva Chile, la tierra de mis amores’.

El obligado homenaje a Bob Dylan no lo dejó pasar, tampoco ‘Princesa’, y se despedía una y otra vez hasta llegar a más de 20 canciones, una de las cuales escuché cuando salimos adelantados para evitar el ‘taco’, topándonos con el ex presidente Ricardo Lagos y no perdonando una camiseta con la frase ‘Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver’, frase de ‘Peces de la ciudad’, que se escuchaba al fondo.

Una noche mágica, donde cada comentario, cada letra, cada gesto y animación del cantante poeta era seguido con avidez por el público.

Historia, materia urgente

Domingo,  24 de agosto de 2014 – La Estrella de Panamá.

“Hace falta que profundicemos en el debate de nuestra nacionalidad y no lo hagamos solo este año, durante el cual coinciden tantas conmemoraciones”

marielasagel@gmail.com


Hoy, domingo 24 de agosto, es el último día de la X Feria Internacional del Libro de Panamá, que tuvo como invitado a México, un país que es rico en tradiciones culturales, prolífico en escritores apasionados y sobre todo, muy respetuoso de su historia. Atlapa fue el escenario para que autores como Juan Villoro, Jorge Volpi, Rosa Beltrán, Francisco Martín Moreno y Jorge Zepeda dieran a conocer sus más recientes libros, así como lo hicieron JJ Benítez y Juan Bonilla, de España, Sergio Vilela del Perú, y de otros países como Uruguay, Colombia, etcétera.

Los panameños no se quedaron atrás y participaron activamente en esta fiesta cultural, que cada año convoca a más personas a sus predios. Llama poderosamente la atención que los temas históricos fueron los más atrayentes de la vasta oferta cultural de la feria, y libros como el auspiciado por la Autoridad del Canal, 500 años de la cuenca del Pacífico, del Dr. Omar Jaén Suárez, Panamá, historia contemporánea: 1808-2013, proyecto financiado por la Fundación Mapfre y dirigida y coordinada por el historiador Alfredo Castillero Calvo y enriquecida por el aporte de valiosos historiadores, y La leyenda negra: engaño y ficción, de Julio Linares Franco, no dejan que se nos pase la euforia de nacionalismo que este año se inició con la conmemoración de los 50 años de la gesta del 9 de Enero. Por mucho que hayan tratado durante cinco años de borrar el pasado que nos definió como nación, que labró el país que hoy tenemos, con sus virtudes y sus defectos —al eliminar la instrucción de la historia de la relación de Estados Unidos con Panamá, los autores de la nacionalidad, las materias humanistas— surge esta pléyade de documentos escritos y de referencia que impiden que nos olvidemos de nuestra historia.

Desde inicios de enero venimos recreando sucesos que nos han marcado, y al joven o niño que, al menos, no se le haya despertado la curiosidad por saber qué pasó ese día —el 9 de Enero de 1964— es porque está metido en videojuegos o en su casa o escuela no le están enseñando a ser panameño. Todo el año, tanto la Autoridad del Canal como los medios de comunicación y diferentes empresas, nos han ido induciendo el tema de cómo se construyó el Canal hace más de 100 años y se inauguró el 14 de agosto de 1914. Es meritorio que al tiempo que hemos visto sendas investigaciones como la que condujo Atenógenes Rodríguez en Telemetro, que rescató historias como la construcción del ferrocarril en 1850 y la vida que llevan en nuestro país los ‘zonians’ (los habitantes de la extinta Zona del Canal de Panamá, muchos de los cuales se han quedado a disfrutar de este caluroso clima) como complemento a las vicisitudes que pasaron, primero los franceses y después los estadounidenses, hayan hecho lo propio empresas como History Channel con su producción Panamá, el país que unió al mundo y cineastas locales que han apostado por Historias del Canal, una dramatización en cinco capítulos de la vía interoceánica.

El teatro tampoco ha estado alejado de esta efervescencia y se ha vuelto a montar la obra El Veredicto, que pretende juzgar el papel que jugó el francés Bunau Varilla en la separación de Panamá de Colombia y todos esperamos con ansia el resultado de las votaciones que se han estado dando a diario en el Teatro en Círculo para declararlo culpable o inocente de haber vendido el país a los gringos. Esa es la leyenda negra nuestra, que favorece la teoría de la invención de nuestro país por intervención directa y total de los Estados Unidos.

Hace falta que profundicemos en el debate de nuestra nacionalidad y no lo hagamos solo este año, durante el cual coinciden tantas conmemoraciones.

El imperio de la imaginación

domingo 17 , de agosto de 2014 – La Estrella de Panamá

Con este lema la Feria Internacional del Libro de Panamá abrirá sus puertas el próximo martes

 Foto: La Estrella de Panamá
Mariela Sagel

marielasagel@gmail.com


La fiesta cultural más esperada de los panameños, la Feria del Libro, se inaugura el martes 19 de agosto en el Centro de Convenciones ATLAPA. Esta décima versión tiene como invitado a México, un nación que ha producido algunas de las notables plumas del continente, como es el caso de Octavio Paz, Nobel de Literatura de cuyo nacimiento recientemente se conmemoraron cien años.

Además de Paz, la FIL también rendirá homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, fallecido en abril pasado. En el mismo participará Jaime Abello Banfi, director de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano, y el cantautor Rubén Blades, que seguramente reiterará las circunstancias especiales que lo unieron al Nobel colombiano.

También se le rendirán tributo a las letras locales, encarnadas en la figura de Ernesto Neco Endara, a quien se le reconocerá su aporte a la literatura nacional.

La agenda es extensa y cuenta con algo para todos los públicos. La misma incluye jornadas de promoción de lectura y formación del lector, degustaciones gastronómicas, exposiciones virtuales de la Casa Azul de Frida Kahlo, ciclos de cine, presentaciones de libros y talleres de artes diversas.

DEL PATIO

Las autoras Rose Marie Tapia y Gloria Guardia aprovecharán la cita literaria para presentar sus más recientes obras. Le corresponderá a Juan Carlos Tapia, hermano de Rose Marie presentar El poder desenmascara . Por su parte, Guardia presentará En el corazón de la noche , obra cuyo lanzamiento internacional tuvo lugar en mayo pasado en la Feria Internacional de Libro de Buenos Aires. Se sitúa en lo que se define como una ‘nueva novela histórica’. La escritora recurre al relato espistolar (tomado de diarios y apuntes de dos de sus protagonistas) que vivieron en carne viva la persecución de los nazi en la Europa de la II Guerra Mundial.

Germinal Sarasqueta, Julio Linares y Juan Gómez son algunos de los escritores panameños que presentarán libros como De la carreta a la avioneta, una historia de la aviación en Panamá , La leyenda negra: engaño y ficción (prestigiosos intelectuales discutirán el tema en una mesa redonda que formará parte del programa cultural de la FIL); y La novela de Remón , un vistazo a uno de los personajes más emblemáticos de la política panameña.

AÑO DE CONMEMORACIONES

Además de los centenarios de Octavio Paz y Ricardo J. Bermúdez la FIL conmemorará la gesta patriótica del 9 de enero de 1964 (a sus 50 años), la apertura del Canal de Panamá (a sus 100 años), y los 110 años de relaciones entre Panamá y México. En palabras de la señora embajadora de ese país, Alejandra Bologna, ‘México es punto de referencia para Panamá, y hay gran interés por conocer la labor mexicana en materia literaria y cultural’.

Siguiendo con el interés de preservar la historia, se estarán presentando sendos documentos, como Historia Contemporánea 1808-2013 , coordinada por el doctor Alfredo Castillero Calvo, con el auspicio de la Fundación Mapfre, y el documento Hacia una historia global: 500 años de la Cuenca del Pacífico , auspiciada por la Autoridad del Canal de Panamá y escrita por el doctor Omar Jaén Suárez.

DELEGACIÓN

La oferta literaria mexicana tendrá como punta de lanza a Juan Villoro, acompañado por Jorge Volpi, Jorge Zepeda Patterson (autor de ‘Los Corruptores’), Francisco Martín Moreno (con su libro ‘En media hora, la muerte’), y Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Autor de El disparo de Argón y Los culpables , Villoro estará participando en dos conversatorios con periodistas del patio (a quienes seguramente tendrá mucho que aportar). Asimismo, Conaculta (una especie de INAC que sí funciona) realizará un montaje de su célebre monólogo Conversación sobre la lluvia , bajo la responsabilidad de la Compañía Nacional de Teatro de México. El texto de esta obra es una fuente de humor, intelectualidad y recursos periodísticos que no tiene fin. Otros escritores mexicanos que estarán presentes en la X versión de la FIL Panamá son Rosa Beltrán y Benito Taibo, además de Mercedes de la Garza y Paola Tinoco, entre otros.

La verdad sobre los radares

Lunes,  11de agosto de 2014 El Siglo

Ahora se destapa el asunto frente a la realidad de que ni la mitad de esos radares están o han estado operativos

Desde fines del año 2011, tan pronto se dio a conocer la adquisición de radares por parte del Ministerio de Seguridad –que venía negociando con una empresa italiana desde hacía más de un año— empezaron los cuestionamientos sobre la conveniencia de esta compra, su alcance y la falta de transparencia que rodeaba la transacción. Alegando que la divulgación de los detalles del contrato era ‘asunto de seguridad’, se la pasaron el resto de la gestión, metiéndonos gato por liebre.

Ahora se destapa el asunto frente a la realidad de que ni la mitad de esos radares están o han estado operativos, ni remotamente estarán. Y el consorcio que los vendió alega que no tiene responsabilidad sobre su funcionamiento, pero ya cobró sus dineros, que no fueron unos miles, sino millones de dólares.

Cada día se destapa una arista adicional de este problema, que no solamente afecta nuestra seguridad nacional, sino las finanzas del Estado y, peor aún, la confianza que se debe tener en los funcionarios, que son los que deben hacer las contrataciones públicas, siempre poniendo por delante los intereses del país y sus ciudadanos, no los propios, que se han traducido en negociados, actos de corrupción y coimas millonarias.

Pareciera que esto no tiene fin, y apenas empieza. El exministro de Seguridad alega que todo estuvo en orden cuando se hizo la licitación y le pasa la responsabilidad a otro, y así se la siguen pasando hasta llegar a los que deben tomar acciones legales que, para rematar, no confían ni en la procuradora ni en el presidente de la Corte (y con razones plenamente justificadas). Lo que veremos al final es que nos quedaremos sin radares ni protección y cuidado lo que veremos es un campo de estos aparatos tecnológicos, llenos de maleza y sin uso, con criaderos de mosquitos y los millones de dólares que costaron estarán en los bolsillos y las cuentas bancarias de quienes negociaron su compra.