Voto de los panameños en el extranjero

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 8 de abril de 2013

El Tribunal Electoral ha puesto en práctica un novedoso servicio en línea, que les permite a los panameños que residen en el extranjero ejercer su derecho al voto mediante un registro previo. El proceso se hace en su portal www.tribunal-electoral.gob.pa en su aplicación www.rere.pa y es muy fácil, primero la inscripción en un formulario y después la validación de la persona que está interesada en cumplir con su obligación mediante una entrevista vía Skype.

Esta modernización, que es el resultado de las innovaciones que ha ido introduciendo esta institución mediante las reformas electorales, pretende llegar a todos los panameños que están fuera, independientemente de si funcionan o no los consulados en las poblaciones donde viven. En el peor de los casos, a veces, ni siquiera un panameño que reside fuera tiene una representación panameña cerca, por lo que el sistema debe funcionar y, sobre todo, ser transparente. Se aplica solamente a los candidatos a presidente y vicepresidente.

En el 2009 se llevó a la práctica el ejercicio por primera vez del voto en el extranjero. En esa oportunidad se inscribieron en el Registro de Electores Residentes en el Extranjero (RERE) 1706 ciudadanos, de los cuales ejercieron el sufragio 530 a través de correo postal. En las próximas elecciones, mediante el Decreto 18 del 31 de octubre de 2012, se reforma el mecanismo y se introduce la entrevista virtual para validar la identidad del interesado en inscribirse en el RERE.

El servicio no tiene costo, ya que al eliminarse que la firma en el voto postal tenga que autenticarse ante un notario y apostillarse por vía consular, no se tiene que pasar por pasos que a lo mejor desaniman a los panameños que estén fuera y que casi todos están pendientes de lo que aquí sucede y, sobre todo, de quiénes nos van a gobernar. Después del registro, se hace una cita con el funcionario, que, incluso le recuerda la hora de la misma, vía e-mail, y hasta le indica cómo bajar el Skype en caso de que no lo tenga entre los programas que usa. La entrevista, como se dice en buen panameño, es ‘en tres patadas’ y de forma muy amigable y se espera que muchos panameños que residen fuera participen y se incremente el porcentaje de participación en los próximos comicios.

Esta es una buena noticia para los que, desde lejos, tienen la Patria y su futuro en el corazón. Importante, debe ser realizado antes del 23 de abril de este año. ¡Ahora es cuando!

 

Nada ocurre por casualidad

MARIELA SAGEL

opinion@laestrella.com.pa

La Estrella de Panamá, 7 de abril de 2013

Después de una semana de sobresaltos diarios de un candidato que se baja, otro que se sube, una que se sospecha tira la toalla y alianzas que se especula se concretarán para tratar de rescatar que ‘los locos nunca más’, debo hacer un alto para reflexionar.
Dos o tres periodistas han sido degollados por supuesta poca sintonía con sus radioescuchas o sus lectores, anticipándonos a que los espacios de opinión libre, sin ser comprados por la chequera estatal, están en peligro. No es casual que ocurran en medio de rumores de compra de medios y control de la información. En uno de los cócteles a los que asistí en ocasión de los agasajos de mi tío Jorge Rubén, la fotógrafa de la Prensa tomó una foto exhortada por uno de los socios del bufete, y dijo tácitamente que tendría que tomar otra, porque yo no puedo salir en ninguna publicación de ese diario por órdenes superiores. Hasta allí llegan los abanderados —y autoproclamados dueños— de la libertad de expresión. Claro que me salvó de salir al lado de un magistrado al que ni la mano le hubiera dado.

Los candidatos del partido oficialista arrecian sus campañas y hacen lo imposible por hacer ‘branding’, que es invertir en su nombre y figura, porque bien saben que no van para ningún lado. El colmo ha sido la cuña del CD, donde hasta el presidente la sella con su típico audio, sin licencia de locutor. Quisiera saber si estas cuñas las paga el Estado.

Las odiosas y terribles estadísticas demuestran que a las primarias del PRD asistió una concurrencia no esperada, estando tan dividido el partido y habiendo 17 candidatos. Si vemos los votos que sacaron los 16 restantes, veremos que de esa concurrencia, una mayoría contundente respaldó a Juan Carlos Navarro. Las primarias del Panameñista se vieron deslucidas por la poca participación y el retórico final del candidato elegido, que levantó más de una interrogante de su complicidad, no solo en los 26 meses en los que cogobernaron, sino en el desmadre d el Municipio.

Lo malo es que nadie pide cuentas, ni la Fiscalía Electoral, por las inversiones publicitarias, ni la zarina anticorrupción por lo que pasó en el tiempo que se bailaba por un sueño en el Municipio, que es la presidencia chica. Lo peor es que los candidatos oficialista se están sacando la madre en estas primarias y lo que no se vio en los dos partidos que ya las celebraron, se verá en las próximas semanas, en una verdadera campaña sucia, donde no quedará piedra sobre piedra, ni familia ni vida privada que no ventilen en público. Hay que reconocer que ni el PRD ni el panameñismo hicieron mano de esa herramienta en sus campañas a las primarias.

Lo bueno es que las redes sociales, el Facebook, el Twitter, hacen conscientes a muchas personas, entre ellos muchos jóvenes, a participar activamente en las opiniones y ya no es necesario ir a un medio o escribir una columna para lanzar su opinión, a veces cajonera, sobre uno u otro tema. Cuando uno ve Debate Abierto se da cuenta que muchas personas, que ni siquiera son miembros de partidos o figuras conspicuas, vierten con crudeza su posición u opinión.

El presidente ruega en un tuit que no critiquemos, que propongamos; eso es lo que hacemos a diario, por medio de nuestras opiniones. Y que evaluamos lo que pasa, lo analizamos y tomamos decisiones, porque las casualidades no existen, son causalidades, causa y efecto, y en este caso son condenas lapidarias por una gestión que ha roto los niveles de irreverencia, corrupción y poco importa hacia la opinión pública y encima, amenazas, compra de medios y vasallaje. Es hora que despertemos del letargo y anestesia en que estamos sumidos.

El testigo invisible

HISTORIA Y LITERATURA

MARIELA SAGEL

facetas@laestrella.com.pa

El último libro de la novelista Carmen Posadas fue publicado a principios de año en España. En él la escritora española-uruguaya retorna al género de la novela histórica

¿A quién no le seducen las historias de la realeza? Muchos saben más de lo que hacen los príncipes de Asturias que lo que pasa en nuestro entorno. La familia imperial rusa, los Romanov, no ha estado exenta de ese morbo que genera el poder y el lujo que los rodeó y la forma tan misteriosa y estrepitosa como acabaron con sus vidas, un mes de julio de 1918. El testigo invisible

Carmen Posadas, con esa pluma incisiva, magistral y recursiva le da voz a un deshollinador (wáter baby) de chimeneas que los fisgoneó desde que él era un adolescente, adorando a una de las cuatro hijas de Nicolás y Alejandra, –la emperatriz alemana que muchos detestaban — y después se convirtió en un pinche (ayudante) de cocina, presenciando su final. Leonid Sednev toma voz propia con palabras muy de él para describir lo que acontecía en esos años tan determinantes.

El último libro de la autora uruguaya-española, El Testigo Invisible, fue publicado a principios de año en España y en él Carmen Posadas retorna a la novela histórica, haciendo mano de recursos y vocabulario exquisito y cautivador, mostrando detalles desconocidos de la vida de la familia imperial rusa, donde las corrientes en boga, la francesa, la alemana, la austriaca y hasta la polaca, marcaban tendencias, con sus modismos, dichos y desdichas.

Es un libro que se lee con gozo, disfrutando de cada página que revela las penurias de una emperatriz introvertida pero de carácter fuerte, que se hacía la enferma para no figurar, sus cuatro hijas, cada una más bonita y peculiares, el malogrado zarévich Alexei (que sufría de hemofilia) y sobre todo, la influencia que ejerció Grigori Efimovich, Rasputín, el ‘monje loco’. 

Carmen enmarca cada personaje con mucho savoir faire, con charme, con caché, al punto que describe el gabinete de la zarina con tanto encanto que uno huele ‘el mal gusto victoriano’ en sus paredes color malva (mauve boudoir) o las peripecias que como deshollinador fisgón hacía Leonid para ver si se tropezaba con su amada Tatiana.

DE PEQUEÑAS INFAMIAS A TESTIGOS INVISIBLES

Carmen Posadas estuvo en Panamá el año pasado en una visita personal, y asistió a una de las presentaciones de la feria del libro en forma fugaz. Disfrutó de una inolvidable cena, junto a Javier Moro y Laura Martínez Belli, donde compartieron anécdotas que nos hacían doblar de risa. Se le nota la curiosidad y acuciosidad con que mira todo lo que le rodea y eso es muy obvio en la lectura de sus libros, que empezó a escribir para niños. Es autora de guiones de cine y televisión, relatos y artículos periodísticos que al día de hoy, son muy leídos.

Con el Premio Planeta de Novela de 1998 cautivó a los lectores con Pequeñas Infamias (así se llama su columna en El Semanal) y sus libros han sido traducidos a más de veinte idiomas y publicado en cuarenta países. Su novela anterior, Invitación a un Asesinato, es una obligada reverencia a Agatha Christie y rememora su obra Cianuro Espumoso.

Esta novela es una deuda pendiente que tenía con su historia personal, ya que vivió en Rusia por cuenta que su padre ocupó puestos diplomáticos que llevó a su familia a vivir en Moscú, Buenos Aires y Londres, y ahora reside en forma casi permanente en Madrid. Sus dos hijas le han dado dos nietos y recién estando su libro en imprenta, nació su nieta Carmencita, a quien le dedica el libro.

De la misma forma, El Testigo Invisible es un sólido y muy ameno homenaje a los muchos ‘rusos blancos’ que llegaron a los alrededores del Río de la Plata a asentarse entre las dos guerras mundiales y que seguro de ellos ella ha podido rescatar, con mucha gracia y elegancia, parte de estos retazos del imperio ruso.

LOS ROMANOV

La familia imperial rusa estaba atrapada entre los casamientos entre la realeza, que los obligaban a lealtades a veces cuestionables, y la fastuosidad de una corte que aún hoy, después de haber pasado decenas de años bajo un régimen comunista, sorprende por la riqueza y ostentación que mostraban. La novela es profusa en contar cómo las duquesitas llevaban hasta dos corsés atiborrados de piedras preciosas y cadenas de oro al momento de su fusilamiento y recrea con detalle el desgreño, suciedad y embriaguez que destilaba Rasputín, el starets (vocablo ruso que puede traducirse como santón).

De igual forma la autora hace mano de un montón de palabras en francés (la lengua de Moliére, como le acredita en su agradecimiento) que mezcla hábilmente con dejos ingleses y rusos, que hacen muy ameno el relato. Es cautivante y a la vez subyugante esta historia de uno de los grandes imperios que acabaron en el siglo XX y cuyos tesoros se muestran en forma itinerante en todas las capitales del mundo, lo mismo que en sus grandes y muy preservados museos.

En honor a su fama de gran cocinera, especial de su Boeuf Strogonofff, Carmen no descuida los aspectos culinarios en su historia, ni las conversaciones entre la zarina, a quien su esposo llama Sunny, su familia Alix (diminutivo de Alicia) pero la población rusa le gritaba niemka, en forma despectiva, en momentos de gran tensión, por su origen germánico.

No escapa de este círculo concéntrico tampoco la historia de Anna Anderson, la mujer que por años se creyó era Anastasia, una de las duquesas, que se habría salvado del fusilamiento ni tampoco las referencias obligadas de las prácticas esotéricas de Rasputín, de sus ojos color de hielo ni el tamaño de su miembro varonil, sobre el que se tejieron numerosas leyendas.

Es muy grande y tenaz la investigación que tuvo que hacer Carmen Posadas de esta historia, llena de mitos y realidades, de luces y sombras, como ella misma dice, ‘en un desfile de princesas y deshollinadores, zares y bolcheviques, lujo y miseria’ y más aún, la maestría con que tuvo que hilvanar todos los círculos concéntricos y claroscuros que tiene este relato para que nosotros podamos leer, en apenas 450 páginas, una época que marcó el rumbo de la historia, de un país como Rusia, así como del mundo entero.

 

Érase una vez una tacita de oro

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 1o. de abril de 2013

La semana pasada la ciudad de Colón, a solamente 40 kilómetros de la boyante capital panameña, fue objeto de un amplio reportaje en el periódico The New York Times.

Con una tajante contumacia, el autor la comparó con una ciudad de Haití, el país más pobre de América, donde los edificios se están colapsando, las aguas servidas gotean por los aleros, el acueducto está seriamente dañado y el crimen y la desesperanza han empujado a sus residentes a protestar.

Recordando al Colón de mi infancia, y teniendo muchos amigos que son oriundos de allá, aproveché el fin de semana largo y me fui a darle una vuelta.

La ciudad a la que en el pasado uno se refería como ‘una tacita de oro’ es una de las mejores trazadas y en su momento reunió la elegancia de la arquitectura francesa con el exotismo de la India y China y la cadencia del Caribe.

Para nadie es extraño que aún hoy, con las fachadas sucias y casi en ruinas, se nota la visión de los arquitectos que previeron que los peatones estuvieran cubiertos por los balcones en las aceras.

Una rápida vuelta por el centro te enfrenta al tremendo contraste que hay en esa ciudad portuaria, creada en 1852 en virtud de la apertura del ferrocarril: por un lado el puerto de cruceros y la Zona Libre –que aunque tiene una discreta fachada, es generadora de muchas riquezas— y por el otro, el puerto de Cristóbal.

En el medio está el Colón que se resiste al colapso, que está ‘cacofónico’, como señaló el articulista. Mis recuerdos me llevaron a las tiendas de la avenida del Frente, donde íbamos a comprar telas y al Hotel Washington, frente al mar Caribe. También al área del puerto de Manzanillo, que en su momento tenía casas de arquitectura tropical, estilo ‘zonian’. Colón necesita un remozamiento y eso solamente se lo pueden dar sus residentes, cuidando lo que tienen con esmero y las autoridades municipales, con políticas orientadas a preservar sus riquezas arquitectónicas. Lo que generan esos polos de desarrollo que mencioné no puede pasar por encima de Colón, sino que debe permearlo. Se señaló en el artículo que la discriminación racial es parte del problema.

Los colonenses se quejan de que los gobiernos los han olvidado, pero ellos no hacen nada por rescatarse.

Hay una iniciativa de restaurar el centro de Colón y elevarlo a categoría de monumento del mundo. Ojalá que si esto pasa, no le construyan una costanera para beneficiar a algún cocotudo que tenga un proyecto sobre el mar.

 

Tras las huellas de su andar

MARIELA SAGEL

opinion@laestrella.com.pa

La Estrella de Panamá, 31 de marzo de 2013


El martes 2 de abril llega a la envidiable edad de 90 años mi tío y padrino Jorge Rubén Rosas. Y digo envidiable porque cumplir tantos años con la vitalidad, salud y la memoria intacta es una bendición, sobre todo para los que podemos nutrirnos de sus experiencias.

No va a tener un evento fastuoso como el de mi querido amigo Tony Fergo, porque no ha formado cantantes ni compuesto jingles, pero ha hecho cátedra política, ejercida de manera ejemplar. En su larga vida profesional no solo fue diputado por cuarenta años, llegando a presidir la Asamblea Nacional, sino ministro de Trabajo y viceministro de Gobierno y Justicia. Sus cargos en la empresa privada han sido siempre destacados, siendo gerente de Air Panamá en sus inicios y especializándose en Derecho Aeronáutico, orientando hasta hoy día a grandes consorcios del ramo. Su ejercicio como abogado lo hace desde la firma familiar que fundó con su hermano Olmedo Rosas, y ha sido fundador de empresas de gran prestigio en Panamá, como Aseguradora Mundial y el Banco Exterior (hoy fusionadas y convertidas en multinacionales).

Lo interesante de su arribo a los 90 años no solo es el hecho en sí de haber vivido una vida dejando tantas huellas que emular, sino que las celebre. Hace cinco años, en el 2008, publicó un libro, Huellas de mi Andar, de 460 páginas, donde plasma su recorrido, y todavía hay muchas otras cosas que dejó de plasmar en ese documento. Ahora son varios los homenajes que le preparan para celebrar sus efemérides patronales, la más importante sin lugar a dudas la que le van a hacer en Tolé, una pequeña comunidad en el oriente chiricano, donde nació él y todos sus hermanos, entre ellos, mi madre.

Yo nací en la casa de mi tío Jorge Rubén en Panamá y allí viví con mis padres y mi hermana mayor hasta que tenía cuatro años. Cuando rondaba los dos tuve una caída en un escalón y se me hizo una herida en el canto o comisura externa del ojo, de donde brotaba mucha sangre. Me cuentan los que se acuerdan de ese accidente, que mi tío me llevó al hospital con una pila de pañuelos de hilo, inmaculadamente doblados para su uso y el chorro de sangre no paraba. Siempre ha sido una luz en la vida de mi familia y aunque militemos en partidos diferentes, el respeto a las ideas y el reconocimiento a los méritos de cada uno prevalecen por encima de las pasiones temporales politiqueras.

Uno de los aspectos de su vida que menos se conoce es que fue uno de los impulsores de la ley que creó las universidades privadas, que benefició la fundación de la Universidad Santa María la Antigua, lo que abrió un sendero que ha sido reforzado por la instauración de otros centros de educación superior que satisfacen la demanda por especializarse que tienen los panameños, especialmente la Universidad Autónoma de Chiriquí, creada mediante Ley Orgánica.

El otro es el que lo mantiene atado a su natal Tolé, y sus huellas son palpables, en la construcción de obras alrededor de esa campiña. Cuando estaba pequeña e iba a visitar a mis abuelos, vi cómo evolucionaba el acceso, de un triste camino de tierra hacia un ramal de concreto armado que lo comunicaba con la interamericana y la infraestructura que se tendió en el pueblo, desde donde vela por el beneficio de los pobladores de esa región. Su hijo Jorge Alberto ha sabido seguirle los pasos y hoy es el diputado más serio que tiene la Asamblea Nacional, por su verticalidad en los planteamientos y resistencia al transfuguismo.

Gracias a mi tío Jorge Rubén por esa enseñanza de vida y el ejemplo que nos ha dado.