El derecho al trabajo

Mariela Sagel

Lunes, 20 de septiembre de 2010 

El Siglo

Recientemente salió en la noticias que a Martín Torrijos le van a dar un contrato de asesoría en la Organización de Estados Americanos y ardió Troya. Hasta los más conspicuos personeros de este gobierno vociferaron desacreditando al ex presidente violentando un derecho que tiene todo ciudadano de este país, que es el de tener un trabajo, aunque éste no haya ejercido esa práctica por pruritos tan infantiles como si éramos del grupo del ‘Toro’.

Llaman la atención los aspavientos que se levantaron cuando se insinuó que Martín asesoraría a Inzulsa. Ese hecho puso en peligro la fastuosa fiesta que dicen va a celebrar —o ya celebró— el tránsfuga de Willie Cochez, a quien el gobierno de los locos le premió su adhesión con la embajada ante ese organismo, cruzando a muchos militantes del partido que se dice llamar Cambio Democrático, que no es ni de cambio, ni es democrático. Por allí mismo le sacaron a la OEA que había mandado, sin el consentimiento del gobierno panameño, a otro ex presidente de observador a Bolivia, como si las decisiones de ese organismo debieran consultarse con una gestión que precisamente adolece de una crónica falta de política exterior.

Como dice mi admirado Domplín, en este país somos cómicos. Nos debe enorgullecer que panameños sean honrados con designaciones semejantes, más si esas personas han ocupado puestos de importancia en el rejuego político. Tanto Martín Torrijos como Aristides Royo son personas perfectamente idóneas para asesorar no solo a Insulza, sino a otros gobiernos porque estuvieron en puestos de conducción gubernamental donde se tejen muchas telarañas que a veces enredan a los que están dentro del engranaje. Torrijos tiene a su haber todos los amigos incondicionales que tuvo su padre, como Gabriel García Márquez, Felipe González y Aristides Royo, quien es una figura tanto profesional como cultural a nivel internacional.

En cambio, si la tal designación cayera sobre algún personero de cualquier pelafustán de un partido de gobierno, las bocas quedarían cerraditas, o las ponderarían a más no poder. ¿Pueden imaginarse que a Mireya Moscoso le pidan asesorar a Insulza? Podría asesorar a la esposa de éste en cómo no andar andrajosa, por ejemplo. O a la recién desempolvada señora Sánchez, en cómo guardar dólares en una refrigeradora.

Así que dejémonos de tonterías y aplaudamos que a un panameño se le nombre en una organización como la OEA de asesor.

Algunos sí pudieron

MARIELA SAGEL* 

marielasagel@gmail.com

La Estrella, 19 de Septiembre de 2010

El slogan de campaña de Martín Torrijos fue ‘Sí se puede’ y muchos tendíamos a generalizar que la mayoría de los funcionarios se dedicaron a servirse del poder y no a servir al país e incumplieron esas promesas. Sin embargo, recientemente tuve que hacer un trámite en la Contraloría General de la República y me sentí, honestamente, que estaba en una empresa privada o en una institución de Estado en otro país.  Recordaba que ir a la Contraloría era un riesgo a la salud. Había que subir escaleras y si se me ocurría buscar algo en Estadística y Censo, el asunto se convertía en un acto heroico.

Para mi sorpresa, el ingreso en esta ocasión —a principios de este mes— fue de un cambio radical. Los ascensores funcionan, hay un módulo de información en la planta baja, una oficina para hacer trámites al lado de ese módulo de información y enfrente un centro estilo biblioteca, donde consultar y sacar fotocopias en forma expedita y amable.

Como mi trámite requería que el documento llevara timbres, me indicaron que afuera, al lado de la entrada, había un expendio de timbres (supongo que era una filial del Banco Nacional). Todo el proceso me tomó apenas unos minutos, porque las personas que atendían estaban en línea (no es que fueran flacas, sino que había un sistema computacional que funcionaba), eran amables y dispuestas a servir, algo que no es común encontrar en los panameños, sean funcionarios públicos o empleados de la empresa privada. Lo mejor de todo es que coincidió con la visita de mi hija a Panamá y ella quedó más que sorprendida, pues donde ella vive (Canadá) ese tipo de atención es lo usual y el Estado es eficiente.

Indagando y ponderando la grata experiencia que había tenido al ir a la Contraloría (donde abundan los baños, para damas y caballeros, y sobre todo, con papel higiénico y en buen estado) se me señaló a Dani Kuzniecky como el contralor que lideró este cambio radical hacia la modernidad y la actitud de servicio y él tuvo a bien remitirme sendos documentos que resumen su gestión, que apenas fue de 2005 a 2007, pero que puso en el siglo XXI a la institución que fiscaliza, controla y custodia los fondos y el patrimonio público. En esos documentos pude revisar la envergadura de lo que acometió el Lic. Kuzniecky durante su fugaz paso por la Contraloría. Y me imagino todos los paradigmas, resistencias pasivas y activas y problemas que tuvo que enfrentar.

La modernización de una institución tiene sus principales enemigos en los mismos funcionarios que se han acostumbrado a hacer siempre las cosas de una manera, aunque esa manera sea la más larga, tediosa y errónea, pero es como siempre se ha hecho.  Los documentos que me remitió el señor ex contralor tenían un detalle pormenorizado de las mediciones de las actividades que se efectuaron en la Contraloría durante su gestión y los resultados de los casos resueltos. Coincidió en el puesto con la celebración de los 75 años de fundación de la institución y rescató muchos documentos que destacaban la labor de los más recientes contralores que tuvimos y el remozamiento de sus instalaciones, de las que pude percatarme.

Entre las anécdotas que me contaron fue que el contralor veía a diario una puerta caída y un día preguntó por qué estaba caída y la respuesta fue que porque sí. Mandó a comprar las bisagras y la tal reparación no ascendió a más de $200. Es una lástima que tantas buenas acciones, en beneficio no solo de los abnegados funcionarios de la Contraloría sino de todo el país, hayan sido pasadas por alto, por falta de divulgación y también por una, a mi juicio, anticipada salida del señor Kuzniecky.

Espero que sus siembras no hayan sido devastadas por la nueva administración que para muestras ya nos dio un botón: El estrepitoso resultado negativo de los censos nacionales.  Los sistemas prevalecen, pero generalmente la dirección la marca el líder y Dani Kuzniecky demostró ser un líder, silencioso y hacendoso, que con creces demostró que, en su caso, sí se pudo hacer un cambio.

El reino de la incultura

MARIELA SAGEL 

 marielasagel@gmail.com 

El Siglo, 13 de septiembre de 2010

 

Hace unos días Pedrito Altamiranda publicó un excelente artículo en La Estrella sobre el ‘runchismo’, que es el ‘ismo’ más prevaleciente del istmo donde vivimos.

Daba mucha risa el artículo y era totalmente acertado. Pero como muchas veces las verdades duelen, también es desalentador darnos cuenta que nuestro Panamá está muy lejos de ir camino a ser mejores y más cultos, por más rascacielos que se construyan o grados de inversión que se consigan. Recientemente nos señalaron como el segundo país más interesante donde invertir, después de Chile, pero con la observación que aún debemos hacer mucho en la educación.

Los primeros que deben dar el ejemplo de una buena educación, una cultura aceptable y sobre todo, un autocontrol en caso de una incontinencia verbal, son las figuras públicas. El ciudadano común y corriente tiende a emular a sus gobernantes, a los presentadores de televisión, inclusive hasta a Casimiro lo imitan. El fenómeno mediático solamente hay que verlo en el éxito que tiene un ministro que ni se le oye la voz, pero como sale en un programa de televisión y en un par de comerciales de ropa para hombres, es el más popular del gabinete. Por suerte, ese ministro no anda con la camisa por fuera, como sí lo hace el Presidente.

Otra tendencia peligrosa que se repite, en algunos casos con más agudeza dependiendo del grado de megalomanía que se tenga –y si existe una tendencia al autoritarismo es peor— es la de irse de bruces con la lengua. Actitudes así nos pueden meter a todos los que habitamos este runcho istmo en serios problemas. Las desafortunadas declaraciones de guerra que emitiera recientemente el Ministro de Seguridad son apenas la punta del iceberg de lo que son capaces estos tongos ‘wanabe’.

Hace unos años, cuando el entonces ministro Delgado Diamante convocó a todas las personas que en algún momento tuvimos que ver algo con la seguridad del país, a reuniones y consideraciones sobre los Decretos de Seguridad que en ese entonces se iban a pasar, no recuerdo que el actual Ministro de Seguridad fuera precisamente benevolente hacia esas leyes, que hoy son chicha de piña ante la magnitud del zaperoco en que estamos metidos en la frontera con Colombia.

Y tal parece que el que lo provocó a emitir tan temerarias declaraciones fue el Dr. Asvat. ¿Será que adquirió su libro Bitácora del Presidente?

Cultura y políticas públicas

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

La Estrella de Panamá, 12 de Septiembre de 2010 

Dentro del programa I +D Cultura, que lleva a cabo la Universidad Tecnológica con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), se verificó la charla sobre Sistemas de Información Cultural y Políticas Públicas. Las oradoras, de Colombia y México respectivamente, expusieron las experiencias que en uno y otro país ha tenido el tema cultura como motor de desarrollo y el hilo conductor que debe existir entre la promoción cultural y la turística.

Se partió desde la base que la cultura es una herramienta de paz y ha servido, a través de su ejercicio, para recuperar comunidades que estaban sumidas en la violencia, especialmente en países que están condicionadas por ella, como es el caso de Colombia. La facilitadora del tema enumeró cómo se había llevado a cabo el plan decenal en ese país y todo lo que se había avanzado, pero, a la larga, el fallo estuvo en que no se diseñaron parámetros que midieran o evaluaran su efectividad.

En México, por el contrario, sin existir tal planificación, abundan los indicadores y ese país ha sido líder en políticas culturales, primordialmente porque ha respetado la variopinta diversidad de corrientes y manifestaciones y eso le ha servido para proyectarse hacia el extranjero. Donde uno menos espera se encuentra con un conjunto de mariachis, con una margarita o una taquería, no solo en el país al Norte del Río Grande, donde se piensa que se van todos los ‘güeys’.

Fue muy interesante conocer de viva voz cómo, al querer medir las entradas que provenían de las manifestaciones culturales —tal como se hacía con el turismo, que es una verdadera industria en México— los primeros que se opusieron a esas mediciones fueron las autoridades turísticas, precisamente porque sentían que se le podía quitar a este rubro el presupuesto del que había gozado. Y no hay que ser un genio para darse cuenta que el atractivo turístico mexicano está mayormente basado en, precisamente, las expresiones culturales.

Es muy importante volver a recalcar la importancia que tiene la cultura como arma política. Si esto lo entendieran nuestros artistas lo utilizarían de forma más estratégica y si así lo hicieran los políticos, entenderían mucho mejor al país. Hasta ahora, ese escenario no se ha visto reflejado en nuestro patio, se hizo un intento en la época de Omar Torrijos, pero la dinámica del resto de los gobiernos ha sido imponer a todo trapo el país de plástico.

El tema toma relevancia cada día más, especialmente porque ahora nos enteramos que después que malgastamos millones de dólares en crear una supuesta imagen de país, que no terminó de hacer el cantante—ministro, el actual gobierno tira por la borda todo el inventario y esfuerzo que se ha hecho y se trae al creador de la imagen de Colombia, a un costo elevadísimo.

¿Cuándo vamos a entender que el aceptar como bueno lo hecho por una gestión anterior no demerita en lo más mínimo los logros que alcance una administración posterior? Al fin y al cabo, siempre se van a abrogar los méritos ajenos o como se dice, se pretende tumbar las puertas del cielo con indulgencias ajenas.

Esta serie de conferencias que se dan cita todos los meses, por parte de quienes vienen a impartir las clases del diplomado de cultura y desarrollo para capacitar a gestores culturales, son un oasis en medio de la triste realidad que nos toca vivir a diario. Somos un país, con un canal, que hasta permite que se obvie por razones políticas la celebración de la fecha en que fueron firmados los tratados que marcaron un hito histórico para el continente y para el mundo y que nos devolvieron lo que es hoy en día el activo y la empresa más importante de la nación, para que lo manejáramos los panameños.

Hace falta un diálogo cultural y más participación de todos los actores de la sociedad para que no se siga permitiendo a los que tienen incontinencia verbal que nos mal representen o metiendo en problemas. Siempre hay mucho por hacer, y esa responsabilidad nos toca a todos, partiendo desde el punto de vista cultural y docente.

El racismo de Arnulfo Arias

MARIELA SAGEL
6 de Septiembre de 2010

Durante años hemos escuchado que Arnulfo Arias fue racista y que sus políticas estaban encaminadas a evitar que llegaran a Panamá ‘razas indeseables’ que desmejoraran la nuestra. Sin embargo, nunca tuve acceso a una evidencia que esto fuera algo que él expresara, hasta que recientemente me llegó un ‘Boletín Sanitario’, publicado en agosto de 1934 por el Departamento de Sanidad y Beneficencia, cuyo director era precisamente el Dr. Arnulfo Arias Madrid.

En dicho boletín se editorializa sobre la eugenesia, término derivado del griego que significa ‘bien nacido’ o ‘buena reproducción’, y se manifiesta abiertamente el respaldo a las prohibiciones de las migraciones de chinos, japoneses, sirios, turcos, indio-orientales, indio-arios, dravidianos y negros de las Antillas, de las Guayanas, cuyo idioma original no sea el castellano, al territorio de la República, en apego a leyes que fueron promulgadas en 1827, 1926 y 1928. Las llama además razas parasitarias ‘que se dedican generalmente al comercio’.

El documento señala en forma alarmista que las autoridades han relajado y en ocasiones, apadrinado, la entrada al país de razas indeseables, y que la poca cultura que tenían los panameños de entonces no les había permitido desarrollar ‘un orgullo nacional para no mezclarse con elementos que lo inferiorizan’, y señala cómo ‘una nube negra de habla inglesa’ ocupa los barrios de Las Sabanas, Pueblo Nuevo y Río Abajo, y ‘una mancha amarilla’ se extiende por las aldeas, pueblos y ciudades ‘que arrebatan con sus métodos comerciales de cuartillo y su dieta de arroz y chop suey los negocios de las manos de los panameños’.

En estos mismos términos sugiere no solo atacar este peligroso elemento, ya sea por expulsión o repatriación, sino ‘extender su erradicación por medio de métodos de esterilización a aquellos enfermos de ambos sexos que podrían aumentar su familia o establecer una’ con estas personas indeseables.

El boletín está firmado por el Dr. Arias Madrid y por la fecha, era el auge del predominio pro nazi que posteriormente desencadenó la Segunda Guerra Mundial. No me entra en mi razonamiento que documentos y posiciones de corte tan visceral no sean óbice para que una gran población endose una supuesta doctrina política, que solamente tiene de su líder el nombre, porque no se conoce lo que es en esencia el panameñismo.

Sería interesante saber cuántos chinos, hindúes o negros son miembros hoy en día de ese partido.

El tiempo entre costuras

5 de Septiembre de 2010

Cada cierto tiempo se descubre un nuevo escritor que deslumbra, y todo el

Plaza España en el Marruecos Español-Tetuán

mundillo literario gira alrededor de ese libro específico que nos cautiva.
Así pasó hace unos años con Carlos Ruiz Zafón y su Sombra del Viento, y con
Ildefonso de Falcones y la Catedral del Mar.

Si bien esta cualidad no es privativa de los autores españoles (o en lengua
castellana, para ser más precisos), es la que más nos toca por la parte
mediática a la que las editoriales le meten todo su empeño. Ahora nos llega
‘El tiempo entre costuras’, de la también española María Dueñas, una mujer
joven, docente de filología inglesa en la Universidad de Murcia, cuyos
anteriores trabajos fueron mayormente académicos.

Con esta primera novela, que combina una profunda investigación histórica
con una entelequia llevada a su máxima expresión por su prosa espléndida y
generosa, la novelista nos deja sin aliento y con ganas de seguir leyendo
sobre la España y la Europa post guerra civil española y pre II Guerra
Mundial (finales de los años ’30 y principios de los ’40).

En un sinfín de escenarios, tanto en una España empobrecida y reprimida,
como en localidades exóticas como el Marruecos español o la Lisboa
libertaria, una modista de origen humilde llega a ser una espía sin
preparación o entrenamiento, nada menos que para la corona inglesa, a riesgo
de su propia vida.

El libro tiene una trama inesperada desde todo punto de vista y demuestra la
maestría que posee la autora tanto de los conocimientos históricos, como de
las costumbres y los hechos que hicieron de una época el modus vivendi de
muchos sobrevivientes.

La historia es inusual: una modista que se instala en Tánger y después en
Tetuán, el antiguo protectorado español de Marruecos, y por medio de los más
inverosímiles subterfugios se convierte en la costurera de la más rancia
clase de expatriados que en el fondo, son figuras claves para los
acontecimientos políticos y bélicos que desencadenarían el gran conflicto
mundial de la II Guerra. Relata cómo esta emperatriz de los remedios
(exquisita frase usada por la autora) llega a conocer a Rosalinda Powell
Fox, una aventurera entreguerras que de verdad existió y cuya relación
amorosa con un alto funcionario del franquismo puso en jaque al mismísimo
Franco y a su cuñadísimo Serrano Suñer. Algunos personajes son inventados,
los otros son reales y las circunstancias son casi todas relacionadas a los
tiempos aciagos que se vivían.

La trama y los desenlaces son totalmente inusuales, la velocidad que va
cogiendo la novela no nos deja ni el reposo para abandonar su lectura y sus
descripciones de los géneros de telas, botones, encajes y colores dan rienda
suelta a la imaginación de lo que sería una época de belle epoque y grandes
festejos, al margen y a la par de las maquinaciones de uno y otro bando en
conflicto.

Portada del libro El Tiempo entre costuras

Quizás por haber sido yo misma una consumada costurera encontré fascinante
que Sira Quiroga utilizara sus patrones como mensajes cifrados para rendir
informes sobre sus actividades de espionaje.

Las obras escritas por mujeres tienen un matiz muy especial, primordialmente
en el manejo de los más profundos sentimientos filiales y románticos, y
también sus descripciones físicas se tornan casi táctiles y en esta novela
no son una excepción. María Dueñas estrena con paso firme su vena
novelística en este libro que nos pone a buscar, investigar, estudiar y
entender una época, una relaciones, unas intrigas y unos intereses mundiales
que condicionan los más importantes conflictos que ha vivido la humanidad.

Parte de esas investigaciones me descubrieron que María Dueñas -o su
familia- vivió en Tánger o en Tetuán, en el Marruecos Español, ‘en los que
espías, millonarios, bellezas cosmopolitas y un tanto disolutas, refugiados
judíos, se daban cita en la barra del hotel Minzah, donde Dean preparaba los
cócteles. Un ambiente en el que claramente se inspiró Casablanca, la
película que se tenía que haber llamado Tánger’. La Lisboa que describe y
vive Sira Quiroga es la ciudad cosmopolita, repleta de oportunistas, espías
y refugiados sin rumbo, que cocina toda clase de traiciones que afectarán a
un sinnúmero de personas que se debaten entre el glamur de la vida en los
casinos, los talleres de alta costura y los grandes hoteles y la inminencia
de la realidad de una Europa a punto de una guerra.

Este libro es una novela de ficción, pero con un trasfondo histórico probado
y de referencias muy valiosas, que no solo captura sino que envuelve de tal
manera que no se puede soltar.

Escenarios donde se desarrolla la novela

Un gratísimo descubrimiento de manos de una narradora que cautiva y que como
una filigrana va tejiendo historias tal como diseña y cose botones, plumas o
encajes a sus vestidos. Casi el mismo oficio, pero con un resultado que
permite disfrutar a plenitud de una historia envuelta entre costuras.

Alarma económica

MARIELA SAGEL*
La Estrella, 5 de Septiembre de 2010
El informe del Cato Institute ha removido los cimientos de todos los que
aspiran a criticar las políticas del actual gobierno, pero no tienen las
estadísticas y los datos del rumbo desacertado que lleva este país, o no se
toman el trabajo de buscarlas y analizarlas.

La Comisión Económica del PRD organizó hace una semana una conferencia en la
que el Dr. Fernando Aramburú Porras, que fue el primer ministro de Economía
y Finanzas (después de la fusión del de Planificación y Política Económica y
de Hacienda y Tesoro, en 1999) expuso el resultado de una sucinta tarea que
muestra en forma coherente, igual que lo señala el mencionado informe, cómo
lo actuado hasta ahora contradice totalmente lo que se plantearon como
promesas de campaña de un gobierno pro apertura de mercado y liberalización
de la economía.

A grandes rasgos, la presentación demostró que la reforma fiscal no ha sido
equitativa en lo absoluto, ha sido grandemente selectiva y no ha favorecido
a los sectores más productivos. También analizó que en la parte de servicios
públicos, al crearse un impuesto a la generación hidroeléctrica, sentó un
pésimo precedente que puso en peligro el grado de inversión de algunas
importantes empresas. La gran metida de pata, en ese sector, fue permitir al
Estado intervenir en la generación y no mantenerse solo en el marco
regulatorio, el que también se ha visto vulnerado, lo que manda una pésima
señal para la inversión extranjera.

De la misma forma, la base de los ingresos del gobierno -que se vieron
duplicados durante la gestión de Torrijos- pretende mantenerse incólume
durante este quinquenio, sin hacer los correctivos apropiados y creando una
burocracia excesiva, con nuevas agencias de gobierno y puestos de mando que
no aligeran la carga burocrática, de por sí ya muy pesada.

Contrario a lo que se pueda vociferar, el Dr. Aramburú demostró con cifras,
que el 89% de la población no se ha beneficiado con la rebaja del impuesto
sobre la renta, lo mismo que profundizó en los hechos y acontecimientos que
demuestran que la obtención del grado de inversión, con cuyo logro se llenan
la boca los personeros de este gobierno, no fue un triunfo de ellos, sino un
largo camino que finalmente dio sus frutos, para beneficio del país, no de
un partido político.

Este trabajo, supremamente bien sustentado, lleva varias hojas de balance,
que muestran cómo se sumaron a la economía nacional las ganancias del Fondo
Fiduciario, en la columna de ingresos de capital, lo que es gravísimo,
distorsiona cualquier estado de situación y encima, permite hacer estimados
sobre bases irreales.

Analizando el presupuesto nacional, recién aprobado como el más alto que se
haya estimado, es pertinente que vaya acorde al crecimiento de la economía,
lo que se demostró que no es así, acto muy irresponsable y sumamente
peligroso. Los estimados de inversiones se consideran muy exagerados y
cumplirlos va a ser muy difícil. Todas las condiciones e intervenciones que
se le han hecho a la política económica permiten visualizar que no se
obtendrá un resultado positivo.

El expositor desenfundó su prejuicio contra los proyectos ‘llave en mano’
-que ascienden a $2940 millones-, los que considera altamente riesgosos, sin
control y onerosos al Estado, sin una base de asignación y seguimiento
ceñido a la transparencia que tanto se pregona. Será muy difícil cumplir con
todos los proyectos que se quieren alcanzar ni este año, ni en lo que resta
de la gestión, toda vez que actualmente solo se tiene un 32% de cumplimiento
de lo presupuestado. La publicidad estatal siempre pone la carreta delante
de los bueyes y hace ver que esos proyectos se han concluido o, por lo
menos, iniciado.

En conclusión, para los neófitos en los análisis financieros, la política
económica del gobierno Martinelli es incoherente, porque se basa en
hipótesis nada científicas. Todo lo expuesto no tocó, ni tangencialmente, la
recompra de los corredores, otro despropósito en el que se quiere incurrir,
y demostró que ese factor pone en el mismísimo borde el límite fiscal que
permite la Ley.

Ante este dantesco panorama, no hace falta seguir pensando en castillitos en
el aire (o torres financieras que acaricien las nubes). Hay que ponerse a
trabajar para no tener que lamentarnos después.

Tareas importantes

30 de Agosto de 2010

Se dice usualmente que las personas tendemos a no ser eficientes porque hacemos generalmente las cosas urgentes, relegando a segundo plano las tareas importantes. Esto pasa en todos los ámbitos, pero en el manejo general de los desempeños como profesionales a veces se hace más evidente, perjudicando la mayoría de las veces lo que beneficia a los demás, buscando solamente lo que nos beneficia a nosotros.

Este comportamiento se hace más evidente cuando se ejerce un cargo público. Pongamos el caso de la Torre Financiera que se pretende erigir en el terreno que ocupaba la Embajada de Estados Unidos en la Avenida Balboa. ¿Creen los lectores que se hace urgente construir allí el rascacielos más alto de América Latina cuando existen tantas prioridades que tiene el gobierno por solucionar en el campo de salud, educación, seguridad y tantos otros –derogar la ley chorizo, por ejemplo–?

Este edificio se dice que ocupará tanto oficinas gubernamentales –Ministerio de Economía y todas las dependencias afines a él, supongo— así como también se ofrecerá como una valiosa propiedad para venta de bienes raíces. Encuentro incongruente el planteamiento toda vez que el Estado, generalmente, no es el mejor administrador de propiedades y los funcionarios públicos no se caracterizan por cuidar con esmero los ambientes donde desarrollan su trabajo. Tampoco la burocracia, que es inherente a la función de gobierno ayuda para efectuar una reparación o una simple función de mantenimiento se tienen que gestionar tantas autorizaciones o firmas que es usual que se espere a que un ascensor se dañe, que un cielorraso se caiga o un aire acondicionado deje de funcionar, para solicitar, con urgencia notoria, se proceda a repararlo o reemplazarlo.

La ciudad de Panamá creció en forma desordenada y anárquica, producto desde sus inicios a la presencia y limitaciones de la existencia de la Zona del Canal. No hubo un trazado con visión que previera el crecimiento que hoy se experimenta. La Embajada Americana quedó en forma estratégica al lado de la gran obra de Belisario Porras, el Hospital Santo Tomás, el elefante blanco como se le llamó en su momento, con el frente hacia el mar. La silueta de los edificios de Punta Paitilla y Punta Pacífica se ha ido puliendo en los últimos años ajena a una sesuda planificación urbana. Tratemos de conservar nuestra historia, destinando este vetusto edificio a un uso más adecuado que sirva a toda la población.

Se quiere emular a los rascacielos de otras capitales

Prioridades del “cambio”

29 de Agosto de 2010

Una reciente publicación del Cato Institute’s Center for Global Liberty and Prosperity, firmada por el coordinador de proyectos para América Latina, Juan Carlos Hidalgo, enuncia en un informe que hay una gran desilusión en Panamá del gobierno liderado por Ricardo Martinelli. El artículo, titulado Dissapointment in Panama, hace un cuidadoso detalle de las expectativas que había creado su estruendosa campaña pro mercado abierto versus los resultados un año después.

Llama la atención que, entre los primeros señalamientos que hace del tema, va directo a criticar la construcción del ‘lavish’ (fastuoso) rascacielos que se pretende erigir en la avenida Balboa, en donde ha estado ubicada, desde su construcción, la Embajada de los Estados Unidos. Esa Torre Financiera, que quiere romper record como la más alta de América Latina, es objeto también de serios cuestionamientos de parte de muchos sectores de la población, quienes se preguntan con qué argumentos se nos puede convencer que se justifica su construcción, justo al lado de un edificio tan histórico como importante, como lo es el Hospital Santo Tomás.

Poca atención le he parado al proyecto en sí, de tantos temas que a diario nos abruman y a los cuales hay que meterles cabeza, pero muy recientemente recibí la opinión de una versada amiga que me preguntaba cómo se haría para mantener dentro de esa torre tanto oficinas de gobierno como valiosas propiedades, sobre todo por el pésimo mantenimiento que el Estado hace de sus bienes. Añadía ella, con cierta sorna, que en poco tiempo se convertiría en un muladar y que para reparar algo se tendría que esperar que ya no sirviera irremediablemente.

Cuesta creer que un edificio de 70 pisos, en un terreno que está atestado de calles de dificultoso acceso, pueda ser mayormente público, funcione eficientemente y no vaya a explotarle una planta eléctrica o tenga un escape de gas —que se han puesto tan de moda—, sin que la bola donde apoya sus botas Vasco Núñez de Balboa acabe enterrada en medio de la bahía.

Bella Vista ha debido preservarse como un barrio ícono, tal como lo ha hecho Manhattan con sus avenidas Quinta y Park, sin que ello les reste a los rascacielos ni agresividad, ni pujanza. Los servicios en la avenida Balboa están al borde del colapso y los estacionamiento no se han previstos en las áreas existentes, a menos que la Cinta Costera entera se convierta en un inmenso estacionamiento soterrado, que no se inunde a la primera lluvia con marea alta.

Hagamos el ejercicio de enumerar los múltiples beneficios que se le podría dar al edificio de la Embajada americana y a lo mejor, con lista en mano, podremos hacer caer en cuenta al gobierno que es un despropósito empeñarse en hacer algo que no va a remediar nada y que hay muchos problemas urgentes que resolver antes de erigir fastuosos edificios que ofenderían a un país que ya de por sí ve una silueta de ciudad que no le pertenece, y que en la misma capital conviven dramáticos contrastes entre los pocos que mucho tienen y los muchos que poseen poco.

Las grandes ciudades son famosas por sus bien planificadas avenidas, parques, paisajes, aceras y nomenclatura. Ya mencioné a New York, Paris tiene a los Champs Elysses y Montmatre, Londres su Hyde Park y la Tower of London, Shanghai ha creado una magnífica y bien planificada área financiera e infraestructura apropiada acorde a su transformación como ciudad del primer mundo, Río de Janeiro su Copacabana, Washington D.C. su Georgetown y los maravillosos jardines que permiten los cerezos en flor. Sin embargo, ninguna de estas ciudades se creó en un período de gobierno, fueron muchos gobernantes y hubo continuidad y sentimiento de patria, mediante acciones programadas, visión de futuro y leyes que se cumplen, con ciudadanos comprometidos en poner de su parte, porque ven el dinero de sus impuestos bien invertido.

Tal pareciera que, durante esta gestión, el afán por romper records antecede a las necesidades reales que tiene la población.

El Cato Institute no es precisamente una organización de izquierda sino todo lo contrario, es conocido por impulsar un estilo de gobierno limitado, la apertura de mercados y la paz social. En próximos artículos seguiré detallando sus señalamientos.

Las zapatillas del pueblo se están tornando horribles

Decir misa

23 de Agosto de 2010

La Procuradora separada, Ana Matilde Gómez

En esos duros términos se refirió el presidente Martinelli a las declaraciones de la procuradora separada Ana Matilde Gómez, una vez conocida su condena. Y es que nuestro primer mandatario no se caracteriza precisamente por tener un léxico lleno de adjetivos, sino todo lo contrario, ha dado cátedra de chabacanería y desprecio por el buen verbo. La misma respuesta la dio recientemente el cantante colombiano Juanes, que ha celebrado varios conciertos por la Paz, ante las críticas que le hizo el músico argentino Fito Páez de que sus conciertos son un negocio, señalando que él (Juanes) sabe lo que hace y que los demás “ya pueden decir misa”. ¿Será que nuestro mandatario sabe muy bien lo que hace no sólo él sino lo que hacen sus cercanos colaboradores?

Pero del juicio, sus vicios y también de sus consecuencias inmediatas y futuras, mucho se ha dicho y se dirá. Concentrémonos ahora en lo que pueda ocurrirnos directamente a cada uno y que seguramente la mayoría de los usuarios no saben que está pendiente desde la apertura de las telecomunicaciones. Me refiero a la “portabilidad numérica” y que es la simple transferencia del mismo número de teléfono que uno tiene con un proveedor y se cambia a otro proveedor por mejores ofertas, precios o cualquiera otra razón.

Han sido ya varios los intentos por llegar a tener esa portabilidad numérica, establecida mediante la ley de telecomunicaciones y que debió empezar a regir desde el mismo día que se abrió el mercado, el uno de enero de 2003. Esa rebuscada expresión que pocos entienden y todos los que tenemos derecho a ella ignoramos, ya tiene una mora de siete años.

El caso no es nuevo, en otros países del área, como Argentina, las autoridades obligaron a los operadores a brindar este servicio de forma gratuita, no solamente en la telefonía móvil, sino hasta en la fija. Lo consideran, tal como debe ser, un derecho, toda vez que al cambiar de número de teléfono se pierden clientes, en caso que sea un teléfono comercial. Se acaba de celebrar la licitación para proveer el servicio y estamos a la espera del resultado. Hubo una licitación anterior y tuvo que ser declarada desierta al detectarse irregularidades. Mientras tanto, seguimos en mora con el servicio. ¿Se dirá otra vez que podemos decir misa y se escogerá a los que ya se tienen designados?