El oficio de columnista

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

Los que nos leen creen que este oficio de escribir columnas de opinión es soplar y hacer botellas. Y encima tienen el atrevimiento de agredirnos si no están de acuerdo. El que tiene una columna de opinión es porque tiene la valentía de exponer lo que piensa de algo, esperando que quien disienta, lo haga con respeto. Hay quienes ponen su acuerdo o desacuerdo en la misma página digital, o quienes se toman el trabajo de escribirle al autor.

No acostumbro ver los comentarios que ponen las personas en el mismo periódico, porque ya me he dado cuenta que muchos lo hacen desde el anonimato, escudándose en falsas identidades. Otros, convencen a columnistas fijos que escriban contra un tema y son los primeros que ponen comentarios elogiosos y ataques con nombre y apellido, muchas veces por asuntos tangenciales. Esos son patéticos y da mucha pena que los que se consideren columnistas serios se presten para esa triangulación de odios y maldades.

El oficio de un columnista es esclavizante, no remunerado, tiene una extensión limitada, además de ingrato. Es decir, uno se tiene que ceñir a las palabras que le permita el formato del diario. Tener una columna fija es aún más esclavizante aún, porque requiere que uno siempre tenga cosas frescas qué decir y que sean interesantes para el público y que las envíe a tiempo. Yo tengo casi 30 años de emitir mi opinión, tanto en temas políticos como culturales, en diarios locales y extranjeros, y en revistas nacionales e internacionales. Así que vengo de vuelta de todo.

En 1998 nos unimos a un grupo de “escribidores” en un Círculo de Columnistas, que tuvo poca vida, pero mucha salsa, porque las mejores plumas de entonces convergieron allí. Algo muy importante que se realizó durante esa corta vigencia fue recibir capacitaciones de profesores de español y de periodistas experimentados.

Las columnas de opinión son eso, la opinión de quien las escribe y como nadie es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, hay quienes no nos leen, o a quienes no leemos. Yo dejé hace mucho rato de siquiera mirar el titular del todopoderoso farsante de La Prensa , porque no paso al que cree que sabe escribir o que todo lo sabe. Igual pueden hacer todos aquellos que no les caigo bien.

Me adhiero a lo que una vez dijo Voltaire: “Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo”. Esa es la base de la libertad de expresión.

Adiós a un Maestro

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

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Foto de Mónika HerránLa muerte no debería sorprendernos, ya que es lo único seguro que tenemos en la vida. Pero cuando se va una figura icónica, como fue Manuel Chong Neto en Panamá, hace unas semanas, y apenas el lunes 7 de junio Omar Rayo, en Colombia, siempre nos deja una sensación de vacío.

Omar Rayo era un pintor, escultor y grabador colombiano cuya obra es emblemática de la geometría abstraccionista. Oriundo de Roldanillo, una pequeña comunidad de apenas 70 mil habitantes, localizada en el Valle del Cauca, al pie de la cordillera Occidental, tomó un curso de dibujo por correspondencia a la temprana edad de 16 años de una academia argentina y al año siguiente, ya graduado, se fue a vivir a Cali donde se ganó la vida haciendo caricaturas e ilustrando periódicos locales. La academia de bellas artes caleña no pudo enseñarle nada que él no supiera.

Su siguiente paso fue la capital colombiana, donde conoció a muchos intelectuales que lo apoyaron, entre ellos el gran amigo de Gabriel García Márquez y también escritor y mecenas, Álvaro Mutis. De esa época es lo que se le conoce como ‘maderismo’ y que son retratos de los bohemios asiduos a un café de moda y también otra patente llamada ‘bejuquismo’, creaciones de figuras artísticas hechas con bejucos.

Trabajó como caricaturista en casi todos los diarios de Bogotá y luego empieza un largo peregrinaje por Sur América, donde convive con las culturas indígenas que lo van llevando hacia la geometría que distinguió su obra posterior. Obtiene una beca para estudiar grabado en México y de allí logra la Guggenheim que lo traslada a residir en Nueva York y le permite catapultarse a la fama.

Era una especie de Omar Shariff pero más alto, con un porte muy elegante y una forma cautivadora de ser. En 1981 abrió las puertas al público el Museo Rayo de Grabado y Dibujo Latinoamericano, una obra de arquitectura tan avanzada que parecía que hubiera aterrizado un platillo volador en la mitad de Roldanillo.

Me tocó asistir a la inauguración de su museo y compenetrarme con el avanzado concepto que el arquitecto mexicano Leopoldo Gout incorporó al mismo y luego regresé, siempre hospedándome en la acogedora casa del Maestro Rayo y su esposa, la poetisa Águeda Pizarro. En ese museo varios fueron los panameños que tomaron cursos de grabado e hicieron trabajos valiosos que hoy muchos coleccionistas cuelgan orgullosos de sus paredes.

A Omar Rayo no se le puede catalogar de artista abstraccionista, su obra es puramente geométrica, lineal, precisa, con cuadros, rectángulos y líneas en zigzag. Sus conceptos unían los dibujos ancestrales con la imprecisión del futuro. Sus grabados llamados intaglios se definen como un juego de impresión y de pliegues sobre papel mojado, con la finalidad de producir relieves. Una técnica aparentemente simple, pero sin duda innovadora en la que Rayo expuso toda su genialidad, su sutil finura y creatividad. Éstos, a diferencia de las obras geométricas, incorporaban elementos de la vida real.

En Panamá solamente recuerdo los intaglios que Mónica Kupfer hizo en su momento.

La importante crítica de arte Marta Traba, argentina de nacimiento que residió en Colombia, desde donde ejerció una crítica punzante e ingeniosa, y quien falleció junto a su esposo, el escritor y crítico literario uruguayo Angel Rama en un lamentable accidente aéreo ocurrido en 1983, dice de Omar Rayo en su libro ‘Arte en América Latina 1900-1980 que ‘abraza la experiencia óptica y la sigue de modo inalterable hasta el presente’. También se refirió a él de forma no tan elogiosa en una entrevista donde señala que ‘Rayo plantea un arte con una conducta singular, que viene del neoplasticismo de Piet Mondrian y del húngaro Vasarely, pero me parece demasiado analítico’.

La obra de Omar Rayo podría confundirse con las experiencias ópticas que le son privativas hasta ahora a los venezolanos Carlos Cruz Diez y Jesús Rafael Soto, pero su fidelidad a la geometría pura y simple lo distancia de ellos.

Pero Omar Rayo fue también un gran filántropo, además de famoso artista internacional, con más de 200 exposiciones en las principales capitales del mundo. Proveyó a su pueblo natal de un museo del primer mundo, donde hoy día se exponen allí más de dos mil cuadros y grabados de su producción, y más de quinientos de diferentes artistas latinoamericanos que hacen parte de su colección personal.

En ese majestuoso edificio modular en forma de pirámides truncadas funcionan también diferentes salones para exposiciones permanentes, itinerantes, una biblioteca y el taller de artes gráficas, además de un teatro con capacidad para 150 personas.

Su deceso y posterior entierro han sido lamentados por miles de personas, tanto los que los conocimos como los que de lejos lo admiraron. Roldanillo se vistió de luto el miércoles 9 de junio para despedir sus restos, con arrullos de las cantadoras y más de 2,000 asistentes. En ese mismo pueblo nació el padre de Omar Torrijos Herrera.

Feminización de la sociedad

MARIELA SAGEL*

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Atendiendo una invitación de la embajadora Abigail Castro de Pérez, representante de la OEA en Panamá, asistí la semana pasada a un interesante foro bajo el tema: Mujer y poder: por un mundo con igualdad, en ocasión del Año Interamericano de las Mujeres, 2010. Además de la embajadora Castro, participaron como panelistas la embajadora de México, Yanerith Morgan; la ex canciller Nivia Roxana Castrellón; la ex procuradora Mercedes Araúz de Grimaldo; la rectora de la Universidad Tecnológica, Marcela Paredes de Vásquez; la ex magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Esmeralda de Troitiño; y la presidenta del Foro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos, Elia López de Tulipano.

Ante un salón atestado de personas, la embajadora de México, nos contó que en el servicio exterior mexicano hay un 50% de mujeres. Con la candidez y agudeza que la caracteriza, detalló los obstáculos invisibles que impiden que la mujer ascienda en la escala laboral, profesional y social. Esos obstáculos son patrones culturales repetidos por los padres a través de generaciones, que estigmatizan a la mujer como la que tiene que atender la casa; y el hombre, el que se encarga de buscar el sustento. No se invierte en la educación de la mujer, porque su destino es el de casarse y procrear.

Otros obstáculos invisibles son la violencia en el hogar, el tipo de educación que reciben las niñas y la causa de que muchas mujeres se estanquen: el embarazo juvenil. La embajadora Morgan aseguró que las mujeres que han logrado ascender a puestos de poder lo han logrado porque han roto con esos obstáculos, y yo endoso completamente esta aseveración, por experiencia propia. La recursiva Nivia Roxana Castrellón vino armada con una presentación digital, abordando el tema de la responsabilidad profesional, donde uno se enfrenta a que el 70% de los pobres del mundo son mujeres y dos tercios de las analfabetas también. La mitad de la población mundial es femenina, pero apenas contamos con una centésima parte de las riquezas. Mencionó que la empresa mundial de servicios de inversión Goldman Sachs, ha comprobado que el retorno de invertir en la educación de una mujer es mayor que en la del hombre. Actualmente en Panama, 83% de los egresados de las universidades son mujeres. Es un hecho que hay menos hogares en situación de pobreza cuando la mujer es la cabeza de la familia.

La Dra. Castrellón no dejó de reiterar que el poder se consolida totalmente cuando se tiene poder económico, de allí lo importante que es promover la independencia económica de la mujer. Cuántas mujeres se aguantan un mal matrimonio por el terror a enfrentar la vida sola o no tener quién las mantenga.

Mercedes Araúz fue muy estricta en su tema Seguridad Jurídica de la Mujer Panameña y volvió a destacar el lamentable hecho que en nuestro país las posiciones gerenciales más altas están acaparadas por los hombres. La rectora Paredes agregó una nota simpática, relatando cómo fue que se postuló a un cargo que había sido ocupado tradicionalmente por hombres, y cómo ganó por un pelito. También reafirmó lo ya expuesto: que la calidad de empleos que ostentan los varones triplica el de las mujeres. Señaló cómo hemos retrocedido en esta gestión de gobierno, teniendo solo tres mujeres en el Gabinete (de 14 ministros) y seis mujeres diputadas, de un total de 71 ‘padres de la patria’. Es fiel creyente que hay que impulsar que los hombres se preparen mejor.

Esmeralda de Troitiño, abordando la perspectiva judicial, recordó también cuánto hemos perdido al no tener actualmente representación en la Corte y entre su largo y animado recuento hizo alusión a cómo se les llama a las aeromozas, por el término ‘mozas’ y sus contrapartes, por el contrario, se les dice sobrecargos.

A doña Elia, que lidia a diario con el tema de la participación política electoral, le tocó terminar apurada, porque se le acababa el tiempo, pero pudo mostrar unas gráficas interesantes de las postulaciones en las últimas elecciones por partido y género y exhortar a que exista paridad en las nuevas reformas electorales. También sugirió que parte del subsidio electoral sea utilizado para capacitar a las mujeres.

En fin, un tema que da para mucho y tal como lo dijo su anfitriona, es el primero de varios foros donde se buscará la equidad para la mujer panameña.

Sobre las elecciones colombianas

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com
El Siglo, 6 de junio de 2010

El lunes pasado tocaba el tema de las elecciones de nuestro vecino, Colombia, asegurando el triunfo de Antanas Mockus versus el delfín del presidente Uribe, Juan Manuel Santos. No hubo quién no escatimó esfuerzos en hacerme llegar, hasta donde ahora mismo estoy, fuera de Panamá, sus burlas e insultos. Lo que muchos no comprenden es que estas columnas de opinión deben ser entregadas con días de anticipación para que puedan ser publicadas a tiempo, con excepción, por supuesto, de la Bitácora que sale a mi lado y que es, precisamente, del Presidente de la empresa.

De todas formas, mis pronósticos, aunque no exactos, se cumplieron en parte, ya que en las elecciones, el señor Santos no alcanzó, pese a la monstruosa maquinaria gubernamental que debe tener a su servicio, el porcentaje de votos requeridos y el señor Mockus obtuvo un representativo caudal que los llevarán a una segunda vuelta el 20 de junio próximo.

Pero así como hubo quienes se burlaron de mis pronósticos -no tengo bola de cristal ni uso turbante, ni mucho menos la capa de Walter Mercado- también personas reflexivas me hicieron llegar sus comentarios, especialmente los que, como yo, anhelamos que lleguen horizontes de más humanidad, decencia y ética para el noble pueblo colombiano. Otro más cáustico me comentó que los colombianos llevan la actitud guerrerista en su ADN y no tanto la filosofía (Mockus es matemático y filósofo) y recordamos con dolor cómo, desde que nació, ese país ha vivido al borde de la desintegración. Ecuador, Venezuela y nuestro propio país son prueba de ello, al igual que las asonadas independentistas de la costa caribeña y Antioquia.

En una aleccionadora nota que hizo llegar el candidato Mockus a sus simpatizantes al día siguiente de la primera vuelta, las muestras de humildad y respeto por el ser humano desbordan las “vivas” a la ola verde que él lidera. Entre sus más importantes postulados está el que “no todo vale”, especialmente en elecciones donde las campañas sucias son la tónica. Que se pueden alcanzar los resultados a los que se aspiran sin sacrificar los principios.

El voto a un anticandidato, como puede definirse a Antanas Mockus es un poco como “combatir la cultura del atajo”, como él mismo lo definió y que representa de cuerpo entero a nuestros vecinos. A pesar que está difícil ganarle al ungido del todopoderoso Álvaro Uribe, por lo menos se nota que en ese país no todo está perdido, o no todos están perdidos. Así como Jaime Baily, el sarcástico escritor peruano y divertido comentarista, cuyos libros tampoco pude nunca terminar, muchos estamos encandilados con el fenómeno Mockus y tenemos la esperanza de una Colombia decente y alejada del manipuleo de los todopoderosos.

Rival de la gloria de Bolívar

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.comPortada del libro

En la sala de conferencias de la Academia Panameña de la Lengua fue presentado el libro ‘El Mariscal que vivió de prisa’, obra que obtuvo el Premio Bicentenario otorgado por el Grupo Planeta de Colombia y Telefónica en 2009, en conmemoración de la independencia de las colonias americanas, que se inició con cruentas batallas en el año de 1808 y que este año 2010 se celebra con júbilo en varios de nuestros países vecinos. Su autor es el periodista y político Mauricio Vargas Linares, quien estuvo presente en la presentación que, a diferencia de las ya tradicionales que estamos acostumbrados a asistir, fue una conversación con el Dr. Aristides Royo, nuestro culto e insaciable lector y ex presidente de Panamá.

Mauricio Vargas es un hombre joven, que no llega a 50 años, pero que ha tenido una intensa vida en el ámbito periodístico desde muy temprano en diarios de su país, Colombia, así como en España y Francia. Durante la administración de César Gaviria fue su consejero de comunicaciones y llegó también a ser su Ministro en esas lides. Un par de años en la vida política fueron suficientes para que se alejara y pusiera todos sus ímpetus en escribir y hacer periodismo a través de la radio y la televisión, además de vincularse a la revista Cambio. Este premio no ha sido el primero; en el año 2001 ganó otro Planeta pero de periodismo y en ocho ocasiones, el premio de periodismo Simón Bolívar. Además de columnista de El Tiempo, ha escrito dos novelas anteriores. En la presentación su interlocutor le alega que metió mucha historia, aunque algún historiador dirá que metió mucha novela. Es más bien una biografía novelada.

La contraportada del libro señala que escribir una novela sobre Antonio José de Sucre –el Gran Mariscal de Ayacucho, ‘el rival de mi gloria’, según Bolívar— ‘debió ser una empresa de locos, un desfiladero abismal como por el que se volcaron, durante años y con las uñas, los patriotas colombianos para arrebatarle su suelo a España’.

Después de haber leído más de una docena de libros sobre el Libertador, hoy apropiado por el que se cree su reencarnación, leer sobre uno de los militares más completos entre los próceres de las independencias americanas es supremamente refrescante, más cuando se es llevado por la pluma ágil, pícara y bien hilvanada de Mauricio Vargas. El Gran Mariscal de Ayacucho procedía de Cumaná, Venezuela, de una aristocrática familia de ascendencia franco-belga, por parte de padre, y española por la madre. A pesar de su corta vida (murió o lo mataron cuando apenas tenía 35 años) no solo dejó una estela heroica en una época que este año se conmemora con gran pompa sino un hijo con cada mujer que tocaba (y a su paso y muchas batallas, fueron varias).

Sucre, como dijo el Dr. Royo en la presentación, es una figura novelesca, que estuvo precisamente en el vértice de las luchas independentistas de varios de los países que se llamaron en su momento bolivarianos, como Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, para convertirse posteriormente en el primer presidente de una nueva república, Bolivia. Se resalta, a lo largo de toda la novela, la estrecha relación que mantenía Antonio José con su mentor, el Libertador, que era una sutil mezcla de amistad con admiración, no sin estar exenta de algunos celos y extrema sensibilidad, todo arropado por una incuestionable lealtad. Es de destacar la enorme confianza que depositó Simón Bolívar en Sucre, al punto que le dejaba firmar a su nombre hasta las proclamas.

El Gran Mariscal de Ayacucho poseía una estricta educación militar y era hombre de pocas lecturas, contrario a Bolívar, cuya erudición era conocida. Las descripciones del autor de sus escaramuzas iniciales en el campo sexual son magistrales y de allí en adelante, tal como lo señaló el Dr. Royo, relación que tenía, descendencia que producía. Durante toda la lectura del libro me llamaron la atención la cantidad de dichos y refranes que el autor entreteje en su animado relato y en la nota final Vargas explica de dónde provinieron, muchas de ellas que resalté por un apego similar que tengo de esos valiosos recursos que son las frases literarias. Como buen periodista que es, sabe mantener los párrafos cortos y las ideas largas, tanto que pasan de página a página sin cansarnos.

La novela tiene una estructura inusual, pues empieza por el final: cuando Sucre está en el preámbulo del ataque que fue víctima en Berruecos, en el departamento de Nariño, Colombia. Combina los tiempos mediante el relato en tercera persona y los diálogos de una manera muy hábil. Lleva las descripciones, sobre todo de las mujeres, al punto de casi sentirlas y su figura sobre un caballo produce tristeza, sabiendo que fue educado para destacar con hidalguía en esas lides y no como un mal jinete. Uno llega a quererlo tanto como quizás lo quiso Bolívar –quien le reclama no haberlo designado padrino de la hija que tuvo dentro de su matrimonio -, y entiende su melancolía y escepticismo a pesar de tantas guerras y tantas batallas ganadas. Ese sentimiento nos lo siembra Vargas Linares mediante su fina pluma.

El libro, o la historia, como un círculo, termina como empezó, con la muerte de este hombre que vivió de prisa. Una novela histórica o una historia novelada, una biografía que vale la pena disfrutarla, pero sin prisa.

Debacle en este lado del mundo

MARIELA SAGEL*

La Estrella de Panamá, 6 de Junio de 2010
CAMBRIDGE, MA. En el mundo entero todos los fenómenos naturales andan manga por hombro. Los terremotos en Haití y posteriormente en Chile, la erupción del volcán con nombre impronunciable en Islandia, que trastocó el tráfico aéreo entre Europa y el resto del mundo e hizo perder millones de dólares a miles de compañías y afectó a individuos que debían estar de uno u otro lado del Atlántico o de allende los mares, hasta el deplorable derrame totalmente antinatural, que hoy afecta el Golfo de México, no sabemos si la naturaleza se ha ensañado con los humanos por el abuso al que la hemos sometido.
Acá en Massachusetts amanecimos un día con una neblina un poco sospechosa y resulta que era el humo que se producía por unas quemas en Quebec, que a su vez habían sido causadas por descargas eléctricas, que provocaron incendios forestales tan fuertes que su humareda se sintió a kilómetros y kilómetros de distancia.

El derrame del Golfo de México es todavía más preocupante, porque si bien todos los fenómenos naturales son parte de la factura que nos pasa la madre naturaleza por el maltrato y el abuso, la culpa de esta tragedia es entera responsabilidad del contubernio de las petroleras con el gobierno, para decirlo de una manera elegante.

Si por el golfo llueve, en Centro América no escampa. El huracán Ágata se estrenó con fuerza antes que se iniciara oficialmente la época de huracanes y sus secuelas están dejando muchas víctimas en esas empobrecidas regiones y muy malos tiempos en nuestros países, donde está lloviendo más que nunca. Agréguenle a esto las erupciones de volcanes en Guatemala (otro fenómeno natural más) y en Ecuador y vamos sumando desastre tras desastre.

Ayer, 5 de junio, se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Mientras las entidades promotoras de la conservación y adscritas al protocolo de Kyoto —que todavía está vigente, pero que nunca lo firmó Estados Unidos— y tantas otras preocupadas por los recursos naturales de nuestro planeta exhortan a las buenas prácticas ambientalistas, en Panamá estamos dando alegremente concesiones mineras a cielo abierto que son altamente dañinas, no estamos siguiendo las pautas para que las represas hidroeléctricas se apeguen a un verdadero plan de desarrollo del área y seguimos sin solucionar los problemas elementales que abruman a los habitantes del pequeño istmo, como son el alcantarillado, el saneamiento de la bahía y la disposición de los desechos.

El gobierno, tal como si fuera Harry Houdini, se saca ahora de la manga una nueva autoridad de aseo, sumando más burocracia a la ya inoperante existente y todo empieza a caminar como la procesión de Taboga (tres pasos para adelante y dos para atrás).

Me preocupa qué va a hacer el señor alcalde ahora que ni la basura va a recoger. De repente se le ocurre organizar un concurso de bailar por un sueño en la Cinta Costera y allí sí que la acabamos de rematar. Creo que además de una abierta degradación para la posición del burgomaestre, es una gran bofetada para los que votaron por él, porque se burlan de esa confianza que depositaron en quien ni de sus mentores ahora la merece. Tal como dice mi admirado periodista y excelente columnista, —de los pocos buenos que quedan en La Prensa—, Paco Gómez Nadal, ‘hoy es la misma mierda que ayer, multiplicada por 1000. Mejor sinceremos esta basura de planeta’.