Un buen cambio para Colombia

 MARIELA SAGEL
31 de Mayo de 2010, El Siglo

A estas alturas ya se habrán cerrado las urnas que contenían los votos depositados por los colombianos en las elecciones presidenciales de ayer. Debió haber ocurrido uno de dos escenarios: un empate técnico entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus o este último se convirtió en el próximo presidente de ese país.

Para los improvisados Mockus les parecerá un payaso, o como dijo Álvaro Vargas Llosa, a Colombia se le aflojó un tornillo. Fue dos veces alcalde de la ciudad más peligrosa, la capital, y logró cambiarle la actitud a la gente, convirtiéndola en una ciudad segura y amable, no agresiva, donde todo el mundo despliega buenas maneras. Es un matemático y filósofo de origen lituano, que cultiva la cultura de paz, pero no de la boca para afuera.

Antanas Mockus ha basado su campaña en algo tan básico como urgente para todos nuestros países: la educación como fundamento del desarrollo y la obediencia a las leyes, o lo que él llama “la legalidad democrática”. En apenas unas pocas semanas saltó de un penúltimo lugar de preferencias a disputarle el puesto al delfín del todopoderoso Álvaro Uribe, presidente saliente, cuya tónica ha sido el autoritarismo y el entreguismo total a los dictados de los gringos.

Muchos dirán que los locos están de moda. Mockus no tuvo que saltar de cama en cama en un carnaval para llegar a ser candidato a presidente; posee un planteamiento coherente y tiene propuestas concretas y racionales para un país tan lleno de riquezas como herido de muerte por la cultura del narcotráfico. Hace apenas unos años, cuando hacía otro doctorado en la Universidad de Harvard, lo señalaron como el más fiel seguidor de Josef Habermas, filósofo alemán para quien la razón es el componente primario de la comunicación.

Los seguidores de Santos mantienen las posiciones guerreras de Uribe. Los de Mockus apuestan a las teorías filosóficas y morales. Sus símbolos no son un fusil sino un lápiz (educación) y un girasol (la paz). Es un seguidor fiel de Jean Piaget, quien cree que hay una moral incipiente e infantil que está regida por el miedo y el castigo, que deviene en la corrupción administrativa. Pero también existe una moral superior, que muy pocos adultos acatan o siquiera se percatan de ella, pero la viven. Por ejemplo, uno no va al Súper 99 a robar porque sabe que hay cámaras que vigilan que esto no suceda. Los políticos deben regirse por esa moral superior.

Santos, como títere de Uribe, se dirige al niño asustado, Mockus al hombre racional. Uribe es un animal político, Mockus uno racional. Al primero lo mueve el poder, al segundo los principios.

Yo estoy muy ansiosa de ver cómo Mockus, así como le dio la vuelta a Bogotá, le da la vuelta a su país y, como consecuencia, a toda el área, incluyéndonos a nosotros, los panameños.

Licencia para hablar

MARIELA SAGEL
24 de Mayo 2010, El Siglo

Érase una vez un país donde quien quería hacer uso de la palabra por las
ondas hertzianas, debía tener una licencia de locutor. No sé de cuándo se
estableció esa norma, pero lo que sí recuerdo es que en 1983 me inscribí en
un curso que dictaba el Ministerio de Gobierno y Justicia que, además de
teórico (recuerdo que el admirado amigo Lloyd O”Meally expuso sobre cómo se
transmitían de torre a torre las transmisiones radiofónicas), también era
práctico. Como resultado de eso obtuve una licencia de locutora, la que he
ido renovando a medida que se iba venciendo y cuando aún estaba la Dirección
de Medios de Comunicación en el Ministerio, sin usar ninguna influencia, la
volví a renovar. Esa dirección, durante mi gestión, pasó al entonces Ente
Regulador de los Servicios Públicos, hoy Autoridad de los Servicios
Públicos, y la última vez que renové la misma, en el 2005, me fue expedida
sin fecha de expiración.

Esas licencias eran obligatorias para tener programas de radio y televisión
y, sobre todo, para hacer comerciales o cuñas que se transmiten a través de
esos medios. Muchas personas han hecho muy buena plata prestando sus voces
para los avisos de radio, ya que por una cuña de 30 segundos se llegaba a
pagar hasta $200 en mi época de publicista.

Entiendo que ahora tal requisito no es obligatorio y cualquiera que tenga
acceso a un micrófono puede hablar sin que se le obligue a tener el permiso
mencionado y los únicos que por ley deben tener la licencia de locutor son
los que hacen las cuñas comerciales.

También existió una vez un país donde una asociación de artistas estaba
pendiente a que los que se denominaban como tales cotizaran, y no se les
pasaba una cuña donde no se exigiera al que hacía la locución que portara su
permiso respectivo. Esa asociación también era la encargada de cobrar la
membresía a las que se denominaban alternadoras, que ejercen la profesión
más antigua de la tierra, la prostitución, ya que pertenecer a la asociación
les garantizaba que les expidieran su carné de salud periódicamente.

Como todo se va olvidando rápidamente, aun cuando en fecha muy reciente
estuvo en Panamá el que hace la voz de Homero Simpsom, Humberto Vélez, cuya
visita causó gran revuelo y mucha atención mediática, hay algo que se nos
está pasando desapercibido, y es el hecho que las cuñas del Gobierno
Nacional, especialmente cuando las encuestas muestran un descenso en la
popularidad del presidente Martinelli, son vocalizadas por el mismo
mandatario. ¿Habrá chequeado la ASEP que el sr. Martinelli tenga licencia de
locutor o la asociación que cobra sus cuotas rigurosamente a las
alternadoras -pero seguramente no a las prepago- iniciado la misma
diligencia? Sería interesante saber la opinión de los afectados.

Una y no más

MARIELA SAGEL*
La Estrella de Panamá, 30 de Mayo de 2010

La frase que utilizo como título se le atribuye a Santo Tomás de Aquino, religioso italiano que se destacó por aplicar el pensamiento aristotélico a la filosofía cristiana y la reflexión teológica. Anteriormente era común que los filósofos tendieran al pensamiento platónico (o de Platón). Pero no pretendo que lean en esta columna una disertación de filosofía o de pensamiento cristiano, sino aplicar esa frase que lo ha hecho famoso al resultado de dos eventos que se realizaron recientemente en Panamá: el censo de población y de vivienda y la marcha por la paz.

Todos pusimos todas nuestras expectativas en ambos y hemos visto cómo, prácticamente, se burlaron de las mismas. Los censos son algo muy importante y es imperativo que se realicen con seriedad, pero lo que resultó fue un relajo. Teniendo toda esa infraestructura montada y todo ese caudal de factor humano, se pudo haber obtenido mejor y más información.

El énfasis en buscar la afrodescendencia debió haberse extendido para conocer qué nacionalidades o procedencias tiene este “ crisol de razas ” que es nuestro país, qué porcentaje de la población es cristiana, católica, budista, musulmana o atea. De la misma forma, se pudo incluir un factor de hábitos que señalarían los patrones o tendencias de consumo: si se comen vegetales, frutas o enlatados es más necesario que saber cuántos televisores, cuántos teléfonos celulares tienen los que habitan una casa, porque ese dato lo maneja al detalle la entidad reguladora.

No faltó, por fortuna, la nota jocosa, que nos hemos pasado escuchando por dos semanas en radio y leído en medios impresos: que si en un apartamento en Punta Paitilla se preguntó si tenía cría de gallinas o cuántas cabezas de ganado poseía. A una amiga le preguntaron, —a lo mejor puso nervioso al empadronador—, si era negra o afrodisíaca. Y la tardanza y desorganización fueron la tónica en todo el proceso. Una verdadera lástima que las nuevas autoridades de la Contraloría no se tomaran en serio semejante responsabilidad.

El otro evento fue la Marcha por la Paz. Con gran entusiasmo muchos acudieron a la cita, a pesar de la lluvia y el sol, una vez que el primer conato antipaz —que fue la división que ocurrió entre los magnates de la televisión— fue subsanado, en su fachada. Hábilmente, y eso hay que reconocerlo, el Gobierno Nacional se tomó el evento e hizo lo que le dio la santa gana, anulando cualquier agenda que tuviera la mentada sociedad civil y los resultados han sido, como todo, un show mediático que se usará, posiblemente, en el próximo comercial en que el señor presidente haga la locución sin tener licencia para ello.

Pero es que de tontos útiles está lleno este país. Como no acostumbramos (o acostumbran) hablar de frente, sino en voz baja y por detrás, se hacen de cualquiera que tenga una pluma medianamente buena (o una columna fija, que no necesariamente es lo mismo), o de un programa de diatribas, para criticar sin fundamento. La ética y la educación cívica están ausentes en casi todos los casos de los llamados “ elegidos ” para opinar sobre un tema.

Los organizadores del censo, las fallas que hubo en el mismo, así como los que se dejaron robar el mandado de la Marcha por la Paz deben reclamar sus derechos y hacer sus mea culpa y no dejarse utilizar para subir o bajar en las encuestas. Ya podemos alardear de haber conseguido otro grado de inversión y dejar de repetir hasta el cansancio que después de 40 años se realizaron los juegos centroamericanos en nuestro país. ¿Para qué montarse en el show ajeno?

De ya pa’ ya

MARIELA SAGEL
El Siglo, 10 de Mayo de 2010

A fines del mes de abril se formó una corredera de parte de los que somos dueños de propiedades porque, sin apenas darnos cuenta, el último día de ese mes teníamos que pagar un impuesto sobre la tierra en que está erigido el edificio o casa en que vivimos. Poca fue la información que se tenía y mucha la ansiedad porque cualquier desembolso, por mínimo que sea, causa estrés a los ya menguados bolsillos de los panameños.

Lo malo no fue que se impusiera ese impuesto sin que apenas nos diéramos cuenta, lo peor fue que había que correr a pagarlo. La Ley 8 del 15 de marzo de 2010, que modificaba una regulación anterior del impuesto de terraje (Ley 49 de septiembre de 2009) hizo apenas bulla y nadie se enteró que, como ahora le toca al pueblo , todos tenemos que pagar no importa si cuando compramos nuestras propiedades, estaban exentas de impuestos por 20 años.

La información vía internet es deficiente y complicada así que hay que armarse de valor para acercarse a la Dirección General de Ingresos y en la sección de atención al contribuyente, hacer una fila de zigzag donde un señor, con un chaleco dentro del cual se siente militar, gritaba “siéntense, avancen”, pues la fila pasaba por otra fila de sillas.

Más parecía el juego de las sillas musicales que otra cosa. Aunque era fluida la circulación, no faltó quien preguntara si había fila de jubilados y otro que, lleno de angustia, decía que no sabía de dónde sacaría para pagar ese súbito impuesto. Cualquiera que tuviera una cámara indiscreta podría habernos filmado y pensaría que estábamos en una clase de “steps”.

Antes de eso, uno debe saber que tiene que “apersonarse”, como se dice en el argot del monstruo burocrático, con el número de la finca de tu departamento o propiedad y la cédula o RUC del contribuyente, para no hacer perder tiempo a los eficientes funcionarios que en tres patadas te dicen cuánto debes, te imprimen los montos y te indican si pagas en el banco, cómo debes hacerlo y si lo haces en el MEF, cuál es su modalidad.

La verdad es que ya uno no sabe si echarse a reír o ponerse a llorar de tantas sorpresas. Ahora se habla de cobrar mantenimiento a los apartamentos que no se han vendido, lo que trae de cabeza a los promotores, que han visto cómo la burbuja se ha ido desinflando de a poco y, al final, afecta que se emprendan nuevos.

Lamentablemente, tal parece que al final estamos casi como los argentinos, quienes acuñaron un dicho que me parece excelente: “Las crisis no son terminales y las oportunidades nos encargamos siempre de perderlas”.

“No son todos los que estamos”

Mariela Sagel
La Estrella de Panamá, 16 de Mayo 2010

Desde enero del año 2008 inicié esta columna semanal, la que he publicado ininterrumpidamente todos los domingos en este periódico, que me invitó gentilmente a colaborar en él. Me siento muy comprometida tanto con los directivos del medio como con mis lectores, la mayoría de los cuales hasta me reclaman si no compran el diario y yo no les mando la misma por mi amplia red de distribución de correo electrónico.

Quiero destacar los que no fallan en emitir una opinión sobre cada uno de los temas, lo que agradezco infinitamente y aunque puede que deje a alguien por fuera, ellos saben que recíproco cada comentario, a favor o en contra, siempre que se haga con respeto y no en el anonimato que escogen algunas mentes retorcidas que siembran comentarios en la sección correspondiente escudándose bajo falsas identidades.

Agradezco al presidente de mi fan de lectores, Spiros Vamvas, que se disputa este puesto con Mario Fábrega Arosemena y Eduardo Pazmiño. No puedo dejar de mencionar a Fernando Arias Chiari, Juan Samaniego, mi hija Adriana Méndez, Claudia Ferrer de Moreno y los amigos de mi madre, Carlos y Enilda Díaz, Publio y Thelma Vásquez, así como Rodolfo Echevarrieta y Juan Urquijo, que en la parte del mundo donde estén, me leen. Tampoco puedo dejar por fuera a Ernesto y Dora Pérez Balladares, Fernando Aramburú Porras y Eudoro Jaén, Rodrigo Burgos y Guillermo Antonio Adames, Dorita y Rubén Reyna, Dania de Troyano, Juan Carlos Navarro, Tony Domínguez y aquellos silenciosos lectores que no opinan, pero que sí me demandan que les envíe el artículo puntualmente, como Erika Nota y Elvira Terán. En mi infinita ignorancia cometo errores, y siempre me son señalados por Ana Matilde Gómez y Juan Ramón Vallarino y hasta mis amigos, Saky Kosmas y Noel Riande, tan poco asiduos a emitir opiniones, porque son de los de mi cofradía, de vez en cuando me los comentan.

Y explico lo de mi cofradía: Yo no doy explicaciones, porque mis amigos no las necesitan y mis enemigos no las van a creer. Así las cosas, no quiero dejar de resaltar los que no me escriben, pero que cuando me ven me lo expresan y con entusiasmo, como Stanley Muschett y Fernán Molinos y otros muchos más que no cabría el limitado espacio de esta columna para agradecerles sus atinados comentarios. Domplín, Álvaro Alvarado, Fernando Correa y otros comentaristas de peso, que a veces hasta leen el artículo en sus programas de radio y televisión, lo que me honra y les agradezco.

Debo resaltar la labor especialísima de la editora de opinión, Doris Hubbard-Castillo, que con paciencia y conocimiento de causa lidia conmigo y el resto de los columnistas, que a veces podemos ser muy necios e insoportables, esperando que si se vuelve a ir de “ vaca ” nos deje a alguien que entienda la importancia del trato y la impresión del diario al final.

Y sobre todo, a Ebrahim Asvat y Abdul Waked, que me invitaron a colaborar en ese medio a través de una carta firmada por ambos, enviada a mi residencia.

Hoy, celebramos el XI Censo Nacional de Población y el VII de Vivienda y existen muchas expectativas sobre los mismos. Nos es obligatorio conocer sus resultados y, sobre todo, que los mismos nos sean de gran utilidad en proyecciones y estudios que requieren el entender las tendencias de crecimiento que marca la población y los lineamientos y patrones que se siguen.

Escuchaba recientemente a una persona versada en la materia que hay muy pocos centros de estudios para la gran cantidad de población por educar a la que nos estaremos enfrentando. Y, en una charla magnífica a la que asistí, con motivo del lanzamiento del proyecto “ la cultura como herramienta para el desarrollo ”, por parte de la Organización de Estados Iberoamericanos y la Universidad Tecnológica, entre otros, adopto los señalamientos de los excelentes panelistas que disertaron esa noche: que la cultura es generadora de utopías.

Yo adopto mis columnas de opinión, en este diario y en los espacios que me invitan, como vehículos para despertar esa cultura. Ojalá que el censo permita ver cuánto hemos crecido en ese rubro y no solo si tenemos o no teléfono celular.

Trilogía sueca en el cine

MILLENNIUM DE STIEG LARSSON

La adaptación al cine de los tres éxitos del sueco Larsson, ha sido tan exitosa, que Hollywood ha comprado los derechos para hacer un remake

MARIELA SAGEL

23 de mayo en Facetas de La Estrella de Panamá
Por esas extrañas y felices razones que nos ofrecen las amistades, me prestaron las tres películas que se filmaron después de la publicación de los libros de Stieg Larsson, y que fueron los libros más vendidos el año pasado en todo el mundo y cuya trama ha seducido a millones de lectores y sentado parámetros en estilos, como el que marcó Lisbeth Salander, la protagonista femenina principal.

La adaptación del primer libro, “Los hombres que no amaban a las mujeres” fue estrenada en Suecia y Dinamarca a inicios del año 2009, cuando nosotros apenas despertábamos con la curiosidad de leer esa novela. Filmada en Suecia por la productora Yellowbird, esta primera película tuvo como director al danés Niels Arden Oplev, y los papeles estelares correspondieron a los actores suecos Michael Nyqvist y Noomi Rapace, como la pareja protagonista (el periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander). Es de una factura impecable, rodada en las afueras de Estocolmo, más concretamente en algo que semejara la isla de Hedeby donde un atormentado Henry Vanger ha estado buscando por más 36 años quién mató a su sobrina Harriet.

A pesar que la trama del libro teje toda clase de historias entre unos y otros personajes, tanto del lado del periodista Blomkvist como de la familia Vanger, la adaptación se libera de tanta parafe rnalia y se concreta en resaltar aquellos hechos que dejan una marca indeleble en quienes hayamos leído el libro: la violación de Lisbeth por su tutor, el abominable y depravado Nils Bjurman, el tatuaje que posteriormente ella le hizo en venganza, la artificiosa relación que sostenía la familia Vanger en esa isla y esa comunidad, donde unos se odiaban a los otros, remembranzas de la niñez de algunos de ellos y el salvaje rescate que hace Lisbeth de Mikael a un enceguecido Martin Vanger, cuando se ve descubierto en medio de su cámara de torturas.

Mucho del cotilleo de la relación extra conyugal que mantenía Mikael con su editora en la revista, Erika Berger, es totalmente pasado por alto y otros detalles que le restarían fuerza a la trama y que son difíciles de incluir en un rodaje de apenas un poco más de dos horas de duración. Todas las prolijas descripciones de la tecnología de la que hace mano Lisbeth y las marcas suecas que abundan en los autos y otros enseres son hábilmente puestos en la pantalla, por lo que el resultado es una magnífica película tanto para los que leímos el libro como para los que no lo harán.

La segunda película, adaptación del libro, que con un nombre tan largo como enredado (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) va introduciendo la parte de los recuerdos de la infancia que nos dan pie a entender los traumas que tenía Lisbeth y las razones que la llevaron a ir tras su padre. Esa técnica de repetir una y otra vez la escena cuando le tira gasolina a su progenitor y le prende fuego recurre una y otra vez para justificar sus acciones al haber estado atada en una cama de un sanatorio de hospital y sufrido toda clase de vejámenes. Esta película, tan dramática como la primera, fue dirigida por el sueco Daniel Alfredson y sigue con el dúo estelar Michael Nyqvist y Noomi Rapace y da paso a colocar a Lisbeth como la protagonista principal, de esta segunda parte y de la que le sigue.

Por la razón de individualizar al personaje, Lisbeth se ve aún más sola y las personas que más se relacionan con ella son su padre, el desfigurado Zala (el actor búlgaro Georgi Staykov) y su amante Mimmi (Yasmine Garbi). Aparece el gigante rubio que parece de mentira porque es insensible a los golpes y hasta a los balazos y las tomas se tornan más cerradas porque muchos de los acontecimientos suceden en el interior de los recintos y en horas de la noche.

Son muy crudas las escenas de esa segunda historia, especialmente la persecución de la que es producto Lisbeth por parte de su padre y su hermano, cómo la entierran viva y luego cómo ella sale y le causa heridas terribles a Zala. Igual de fuertes son las que muestran la muerte de Dag Svensson y su mujer, Mia Bergman, cuando estaban listos para sacar un reportaje sobre una complicada red de tráfico y crímenes de prostitutas. Pero el recurso del cine también permite que muchos detalles que abundan en las descripciones interminables del libro se pasen por alto o se muestren sin mayor aspaviento. Seduce la transformación de Lisbeth y creo que su selección fue una de las más acertadas (igual pienso del atractivo pero un poco feo Mikael) porque impone todo un “allure” que estoy segura será su legado cuando pase la fiebre Larsson.

Esta serie ha sido muy bien aceptada por el público escandinavo y tal parece que también por el español, que tuvo el privilegio de verla (la segunda, por lo menos) en octubre del año pasado.

La tercera adaptación, a la historia que relata “La Reina en el palacio de las corrientes de aire”, lleva la tensión a los límites porque hay que darle mucha cabeza a toda la trama y olvidarnos que Erika siquiera aceptó irse de la dirección de la revista para encargarse de un poderoso medio impreso de comunicación. Eso sobra. Todo se enfoca en cómo saldrá Lisbeth librada de la acusación de triple asesinato, cómo se mantiene desde su cuarto de hospital conectada con los hechos que guían tanto a su abogada como al propio Mikael a escarbar en el pasado que la persigue y atar todos los cabos.

La misma inclusión de Mónica Figuerola, como la atlética policía que conquista finalmente el corazón de Mikael es tratada de manera tangencial para no restarle el protagonismo que merece este cierre de oro –porque el autor de la trilogía murió antes de ver publicado su primer libro— a una historia que ha sido aclamada a nivel mundial, cuyos libros se han vendido por millones y traducido a más de 15 idiomas.

Tal parece que Hollywood ha comprado los derechos para hacer un remake de las películas y se ha dicho que hasta George Clooney está muy interesado en hacer el papel de Blomkvist, así como también fueron considerados Brad Pitt y Quentin Tarantino. Para personificar a Lisbeth se habla de la nominada al Oscar por la película “Juno”, Ellen Page pero lo que sí parece seguro es que el guionista va a ser Steve Zaillian, ganador del Oscar por “La lista de Schindler”. Espero que este remake no sea un pastiche pero nos queda siempre el recurso de ver las películas originales que, aunque en sueco, tiene subtítulos en español o inglés.

Una marcha por la paz

MARIELA SAGEL*
La Estrela de Panamá
23 de Mayo de 2010

Quizás cuando muchos lean este artículo ya haya pasado la gran marcha por la paz que se ha convocado para el día de hoy. Supongo que la idea de hacer algo masivo surgió después de la celebración de eventos similares que se han llevado a cabo en otros países, como fueron los dos conciertos que ha organizado Juanes, uno en la frontera entre Colombia y Venezuela y otro, más recientemente, en La Habana, donde estuvo una gran cantidad de artistas que estremecieron con sus voces al mundo, por lo menos a los que nos preocupamos por esos temas. Esta iniciativa es loable, en cuanto que surge sin pretensiones mediáticas ni figuras de farándula que reclamen un clima pacífico para nuestro país.

Entiendo que los organizadores del evento son grupos de la sociedad civil, que se han unido para crear una Gran Alianza por la Seguridad Ciudadana en una gran Cruzada por la Paz en nuestro país, y que cuando lanzaron esta idea crearon en sus inicios un enfrentamiento de competencia entre los dos grupos televisivos más poderosos del país, los que al final se pusieron de acuerdo para que, a través de sus señales, se transmita el acto, en el cual se prohíbe que se exhiban banderas o insignias de ningún partido ni se pretenda convertir esta marcha en un cabildo de exigencias, como pasó con la reunión que sostuvo el presidente Martinelli la semana pasada, con la tan mentada sociedad civil, donde no faltó ni la asociación de ralladores de coco.

La paz que reclama la sociedad panameña es la de tener la garantía de una ciudad y un país seguro, que se erradique de una vez por todas el temor que todos tenemos de salir y ser víctimas de asaltos, robos, secuestros y aún más, caer en medio de un fuego cruzado entre bandas de jóvenes que han sido seducidos y reclutados por uno u otro cartel de la droga, que han encontrado en nuestro suelo un terreno fértil para disputarse el liderazgo de su mortal negocio, llenando de luto y dolor a muchas familias panameñas.

La paz que queremos los panameños es la de no estar expuestos a las rivalidades políticas que se dan, aún entre los propios miembros de un mismo colectivo o una alianza política, donde se vierten acusaciones a diestra y siniestra como revancha por cualquier acto que un funcionario de gobierno ejerza desde su alta investidura.

La paz que anhelamos los panameños es poder expresarnos sin cortapisas ni censuras, ni amenazas y que nuestro derecho a expresarnos sea igualmente respetado y si surgen divergencias, las mismas sean ventiladas dentro de la altura y civismo que exige una cultura civilizada y no mediante amenazas y mensajes electrónicos o estridencias de radiocomentaristas desfasados, que en aras de desmeritar lo que uno expone, desacreditan a la persona, practicando a estas alturas la táctica de matar el mensaje matando al mensajero.

La paz a la que todos tenemos derecho es la que cantan los poetas y los cantautores, los quiméricos y los grandes pensadores.

Una cultura de paz debe empezar con un cambio de actitud. Leía hace un par de días un ensayo del gran uruguayo Eduardo Galeano, donde citaba al criminólogo Anthony Platt, quien ha observado que los delitos de la calle no son solo fruto de la pobreza extrema, sino fruto de la ética individualista.

Esa ética que a veces vemos que no existe entre nuestro compatriotas y muchos menos entre nuestros gobernantes.

Ojalá que esta gran cruzada que se manifiesta hoy por la paz sea el inicio de muchas acciones que nos lleven a cambiar actitudes negativas por positivas y a buscar el bien de muchos, no sacando ventajas solo para unos pocos.

Caso cerrado

MARIELA SAGEL
El Siglo, 18 de mayo 2010

En mi artículo anterior toqué tangencialmente el tema de una ley que
obligará a los promotores a pagar las cuotas de mantenimiento de aquellos
apartamentos que no se hayan vendido u ocupado, sugiriendo que eso alejaría
las inversiones de los grandes condominios. Y digo tangencialmente porque la
descripción de la larga fila que hay que hacer en la oficina de la DGI se
robó todo el espacio.

La reacción fue en pandilla: me dieron hasta con la suela del zapato y con
alegatos legales aquellos que -igual que yo- piensan que es injusto que unos
carguen con la carga de otros en el mantenimiento de un bien que se
construye. Por eso, hago este mea culpa público, ya que en el condominio
donde vivo el constructor no ha pagado en 16 años la cuota de mantenimiento
que le corresponde a la azotea, con la que se quedó, y no ha habido manera
directa o judicial que logremos cobrar esa deuda.

Pero hoy quiero referirme al cabildo que se celebró la semana pasada como
reacción a la exigencia de “cogobernar” que supuestamente ha puesto la
“sociedad civil” al gobierno del presidente Martinelli. Primero fue el
requisito de tener una agenda antes de asistir a la reunión, lo que me
parece más que correcto: si me citan a una reunión exijo, así sea con mi
familia, una agenda de la misma. Luego fue el “free for al”l que se formó.
Mis ojos no podían dar crédito a los relatos que leí con mucha atención y
muerta de la risa: que se presentaron los jugadores de canicas y de
ping-pong , y mi periodista radial favorito agregó que también estuvo
presente la asociación de ralladores de coco.

Conversando con el sociólogo Raúl Leis, que estuvo presente en ese demencial
encuentro, analizamos las consecuencias o resultados que el mismo puede
tener y abrimos un compás de espera, no sin cierta esperanza de que todo lo
allí vertido (y recogido obedientemente en 18 páginas por el Presidente)
sirva para enderezar el rumbo y que no solamente fuera un show mediático, en
medio de una serie de acusaciones de medios extranjeros de vínculos del
mandatario con oscuros intereses, la remoción de la embajadora de Estados
Unidos -la madrina de su alianza por el cambio- y la presencia de
distinguidos representantes de la Sociedad Interamericana de Prensa en
Panamá.

Llama la atención que acompañaron al Presidente a la cita con la sociedad
civil los ministros que ostentan las carteras menos sensitivas, y que gozan
aún de cierta popularidad. No puedo imaginarme qué hubiera pasado si
hubieran estado presentes la ministra Cortés o el ministro Mulino. Hubieran
faltado varios martillos para decretar, ante la ausencia de un moderador
tiránico, cada caso como “cerrado”, tal como lo hace Ana María Polo en su
programa de Telemundo.

Un panameño que no honra

Por Mariela Sagel
24 de Agosto de 1997

En el próximo Congreso de Escritores, que se verificará unos días antes de la celebración el Congreso Universal del Canal de Panamá, del 3 al 6 de Septiembre, organizado por el Pen Club, se distingue entre los intelectuales que nos honrarán con su presencia a un escritor franco-panameño que ha dado renombre a nuestro país a través de toda una vida dedicada a las letras. Su nombre es René de Obaldía.

Monsieur de Obaldía nació en Hong Kong, el 22 de octubre de 1918. Sus padres fueron José Clemente de Obaldía, que fungía en el momento del nacimiento de su tercer vástago como Cónsul General de Panamá en Hong Kong, y la dama francesa Madelaine Preuvel de Obaldía. Su infancia la pasó en la localidad de Boves (Francia) y culminó sus estudios secundarios en el Lyceé Condorcet, en París. Sirvió como soldado en el Ejército Francés en la II Guerra Mundial, cuando cayó prisionero durante cuatro años, permaneciendo en un campo de concentración en Silesia, Polonia.

Una vez liberado, inicia su regreso a París, donde actualmente reside, y donde se ha dedicado exclusivamente a escribir. Su producción literaria es abundante y variada, destacándose, primordialmente, en la dramaturgia, que le ha permitido merecer importantes premios en el país galo, así como en otras partes del mundo.

Publicó, entre 1952 y 1959, varias obras de cuento, novelas y relatos, algunas de las cuales obtuvieron galardones tan importantes como el Premio al Humor Negro (Fuga a Waterloo-novela). Incursionó en la poesía, escribiendo desde 1949 en esa disciplina, misma que le ha retribuído al ver algunos de sus poemas reproducidos en los textos escolares de Francia. Otros poemas, como Innocentines, escritos en 1969, fueron editados para un disco de poemas “para niños y adultos” por Grasset.

En el teatro, donde he mencionado que ha descoyado con luz propia, tiene una producción vastísima, con obras estrenadas y algunas premiadas, muchas de ellas traducidas a otros idiomas y puestas en escenas en diversos países. Llama la atención en su extensísimo currículum la divulgación que han tenido sus obras de teatro, a nivel de escenarios, a nivel de programas de radio, a nivel de discos. Sus memorias, titualadas Exobiographie, fueron premiadas en 1993 con el premio Marcel Proust.

Este panameño ilustre, de familia proceresca, ha cosechado en vida muchas distinciones, algunas de las cuales he mencionado, desde la aparición de su poema Midi, en 1949. De los más importantes cabe destacar el Gran Premio de Teatro 1985, concedido por la Academia Francesa; el Gran Premio de Poesía, concedido en 1988 por la Sociedad de Autores, Compositores, Escritores y Músicos de Francia; el Gran Premio del Pen Club de París, en 1991, por el conjunto de su obra; el Premio Moliére por la mejor obra teatral del año 1992; y el Premio Letras de Francia, en 1996, entregado por la Primera Dama de Francia, entre otros.

Ha sido galardonado y condecorado en Francia en innumerables ocasiones, entre ellas con la Cruz de Guerra, en 1944, y Comendador de la Orden de Artes y Letras de Francia, en 1994. La Casa de la Moneda de Francia le distinguió con la Medalla de Honor, con su esfigie en relieve, en 1997. En Panamá, recibió la Orden Vasco Núñez de Balboa, en el grado de Caballero, en 1961, y fue ascendido al grado de Comandador en 1993.

Sobre su obra se han publicado diversas antologías, tales como Obaldía-Humor Secreto (Julliard) 1996, y Chez Moi, 1977, esta última con selecciones de poemas de Innocentines. El disco Obaldía-Poetas de Actualidad tiene selecciones de sus obras poéticas. En 1970 se publicó en Argentina una selección de sus obras teatrales, traducidas al español. En París se han presentado espectáculos con textos poéticos y piezas cortas, tales como La Rue Obaldía (1968), Spectacle Obaldía (1977); Soirée René de Obaldía (1980) en el Centro George Pompidou. En países como Turquía e India se han organizado Festivales Obaldía, Ciclos Obaldía y seminarios sobre su obra. Dentro de la nutrida bibliografía sobre el autor destacan ensayos y tesis universitarias, así como el libro Encyclobaldía, de Gérard-Denis Farcy, publicado por la editorial Jean Michel Place en 1981.

René de Obaldía ha sido invitado a dictar conferencias y cursos en diversas universidades de países europeos y americanos, especialmente en Estados Unidos y Canadá. En nuestro país, que también es el suyo, dictó una charla en la Universidad de Panamá en 1972. Ahora, en el marco del Congreso de Escritores, y en el Centro Earl S. Tupper del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, en el corregimiento de Ancón, dictará un charla sobre su obra y sus raíces el miércoles 3 de Septiembre, a las 7 de la noche, con entrada totalmente gratis para el público. Y el viernes 5 de Septiembre, en el Teatro Nacional, entablará un conversatorio con el escritor Argentino, Tomás Eloy Martínez, autor de Santa Evita, quien también asiste al Congreso de Escritores, organizado por el Pen Club, a las siete de la noche, abierto a todos los que les interese la recreación del espíritu y conocer a un panameño que nos hace honor en el campo de la literatura y la dramaturgia.

Celebrando en voz baja

MARIELA SAGEL*

2 de Mayo de 2010

El mes que acaba de terminar —que ya es el cuarto del año— tuvo varias celebraciones que nos deben hacer reflexionar sobre el valor que le damos a las conmemoraciones versus lo que practicamos a diario.

Y es que no solamente se trata de un día pintarnos de verde, porque es el Día de la Tierra, o de morado, porque es Viernes Santo, o acordarnos de Rogelio Sinán, porque es el Día del Escritor, o regalar un libro, porque es el Sía del Libro, o festejar a la secretaria por su día. Las celebraciones deben ser modos de vida, como el que va a la iglesia y practica en su vida diaria eso por lo que tanto reza y hace reverencial genuflexión ante las imágenes de los santos.

La naturaleza ha azotado con fuerza a nuestro maltratado ambiente, y lo que se esperaba iba a ser una sequía o verano larguísimo, ha traído, súbitamente en abril, en lluvias inclementes que han sorprendido a más de uno, y causado severos daños materiales por la malas prácticas de los ciudadanos, de disponer de lo que no quieren —léase basura, electrodomésticos, colchones, envases de foam, etc.— en las quebradas y ríos, dando como resultado que esas primeras lluvias tengan bloqueadas las endebles alcantarillas y se formen unas colosales inundaciones.

También se celebró el día o semana del reciclaje, y en otra columna resalté la importancia de reciclar, que se define como “someter a un proceso físico químico y/o mecánico a una materia o a un producto ya utilizado, a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto”. También puede ser “la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de nuevo en el ciclo de vida y se produce ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales”.

Actualmente, muchas personas conscientes están reciclando papel, que es el más fácil de los materiales con que tratamos día a día, y también las latas. En algunos lugares venden un aparato que las aplasta y de esa manera, es más fácil disponer de ellas, pues el aluminio es de fácil reciclaje, como lo es el vidrio (si tienen duda, dense una vuelta por Casa Cor y vean cómo hicieron la taquilla).

Supongo que la conmemoración a reciclar en un día específico estuvo ligada a la celebración del Día de la Tierra, que fue el 22 de abril. Valdría la pena investigar si en las materias que se imparten en las escuelas se enseña el valor y la importancia del reciclaje, ya que esa sería una manera muy eficaz de influir sobre la conciencia del individuo desde su temprana edad. Si en su casa no se enseña que los recursos no son limitados y que por el contrario, hay que apreciar lo que se tiene para darle otra vida, de ser posible, pues que se aprenda en el colegio.

Me contaba mi hermana que vive en Indonesia que allá, donde el agua no es potable, no se vende nada envasado en plástico en el colegio donde asisten sus hijos y los chicos deben llevar su botella reusable para servirse de los dispensadores de agua embotellada.

El composting o degradar desechos orgánicos a abono —por ejemplo todo lo que se recoge de los jardines (ramas, hojas)— se desintegra a abono que se re-usa. En teoría se puede hacer lo mismo con los desechos orgánicos de la cocina, pero el tema es que esto atrae roedores, cucarachas y otros animales con los que no quisiéramos tropezarnos.

Existen ya industrias completas que basan sus recursos en la reutilización de materiales existentes. Están muy de moda las carteras hechas de empaques de gomas de mascar o cualquier otro material y las mismas son el último alarido de la moda. Recuerdo que a nosotras en Las Esclavas nos enseñaron a hacer pequeños petates con esos empaques, pero ahora la sofisticación ha llegado a tanto, que es elegantísimo llevar esas carteras y son muchos los países que innovan con otros materiales y con otros productos.

Tratemos de crear y adoptar una cultura de reciclaje. De hacerlo así, como dice el juramento que se le toma al que accede a un puesto, “Dios y la patria os lo agradecerán o de lo contrario, los castigará”. Yo añadiría “y el medio ambiente también se lo agradecerá o lo castigará”.