De la publicidad y propaganda

MARIELA SAGEL*

La biografía que a Gerald Martin le tomó 19 años completar, sobre la vida fascinante de Gabriel García Márquez, y que está a la venta desde fines del año pasado, Una Vida , revela detalles del Nobel colombiano que yo, en mi infinita ignorancia, desconocía.

Por ejemplo, que Gabito había trabajado en las agencias de publicidad Walter Thompsom, Stanton, Pritchard y Wood y también en McCann Erickson, que fue mi escuelita en el tema, porque fui su gerente en los años ”90. No duda en señalar el biógrafo que la experiencia vivida por Gabo le ayudó a entender la fama, a pensar acerca de la representación de uno mismo, a crear una imagen personal con sello propio y a saber gestionarla. “ Y, más irónico si cabe, esta formación temprana en el mundo de la publicidad y las relaciones públicas le permitiría vivir sus contradicciones políticas en público sin que los hostiles comentaristas estadounidenses lograran realmente dañarle en las décadas venideras ”.

Esto viene a colación por la reciente controversia que ha suscitado la aparente contratación, sin que haya mediado concurso o licitación para otorgarla, — dicho por el propio presidente de la República —, de un millón de dólares en cuñas para los dos grupos más poderosos de televisión y que ha levantado múltiples comentarios y amargos reclamos por parte de los medios que no se han visto favorecidos. Tal como me decía una especialista en el tema, en el campo de la publicidad los concursos no se pueden hacer en base a precio, porque de ser así, un folletín manuscrito, una radio en clave morse y una televisión que solo tenga cobertura en un distrito se adjudicarían el jamón del dinero que tiene destinado el Estado para divulgación de sus mensajes, sino en base a cobertura, a calidad de los contenidos y sobre todo, a comprensión de los hábitos de consumo que tenga la población.

Pero hay un recurso más poderoso que la misma publicidad y que, desde los tiempos del nazismo, ha sido utilizado con gran éxito por todos aquellos que saben, como García Márquez, gestionar no solo su propia imagen, sino aquella de las personas a las que se quiere enaltecer y, más comúnmente, perjudicar. Se ha repetido hasta la saciedad lo que Joseph Goebbels aplicó con gran éxito: que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Ministro de Propaganda de la Alemania de Hitler, su función consistía en controlar todos los medios, la radio, televisión, cine, literatura, etc. Así mismo debía impedir que saliera a la luz la información del exterior. Era también el encargado de promocionar o hacer públicos los avisos del gobierno y usó mucho lo que hoy en día se conoce como el marketing social , ensalzando muchos sentimientos de orgullo, promoviendo odios y convenciendo a las masas de cosas muy alejadas de la realidad.

Tal parece que ciertos medios han adoptado esta técnica y la han venido aplicando con éxito, especialmente para aquellos titulares que, siendo manipulados, hacen que la gente, como en los tiempos del Nuevo Testamento, prefiera a Barrabás sobre Jesús. No se explica la reacción del Ejecutivo frente a las críticas que se hacen de cómo se asigna la publicidad estatal, porque lo que se criticó en campaña, ahora se hace flagrantemente y, además, con desparpajo y hasta con amenazas. El énfasis en las “ barrabasadas ” que adoptan los díscolos encargados de hacer justicia es más destacado que las verdades que se dan tras los acontecimientos que afectan, no solo la imagen del país, como es la de la cacareada seguridad jurídica que está a punto de ser también, como con Goebbels, totalmente controlada.

Me queda de tarea mirar cómo se hicieron las contrataciones de años anteriores en cuanto a publicidad se refiere y, al respecto, tengo algunos datos precisos que arrojan las disparatadas pautas que se le daban a los medios que apenas circulaban en el quinquenio 1999-2004. A lo que vemos ahora son vallas anónimas que dicen que “ Ahora le toca al pueblo ” y, sin embargo, ese pueblo parece haberse reducido a un privilegiado grupo.

De taxis y textos

MARIELA SAGEL*
Publicado en La Estrella de Panamá el 10 de Enero de 2010

Es alentador que el gobierno no haya dado una extensión adicional al ya pospuesto compromiso que adquirieron los conductores de taxi de manera que todos uniformen sus vehículos al color amarillo. Varias prórrogas se habían concedido y no debía extenderse ni una más, especialmente por el pésimo servicio que brindan. Sin embargo, me cuentan mis amistades que los utilizan que tanto las piqueras organizadas como los independientes han festinado el hecho que no pueden circular aquellos que no estén pintados para incrementar el precio de los traslados. Encima del abuso, las condiciones de la mayoría de ellos no son las mayores y a veces es un riesgo el subirse a uno por lo malogrados que están estos vehículos, muchas veces causados por el manejo desordenado y la forma arbitraria que detienen el tráfico y que causa la mayoría de las veces accidentes y abolladuras que nunca reparan. Y encima no cuentan con un medidor para cobrar por lo justo de los desplazamientos.

Leía recientemente, en la biografía de Gabriel García Márquez escrita por Gerald Martin, “ Una vida ”, que para el escritor colombiano los conductores de taxis son una fuente de conocimientos inconmensurable. Eso es definitivo y mucho más valedero en ciudades como Bogotá o México (por no decir Buenos Aires, donde hasta a abogados les toca, en épocas malas, conducir taxis) donde además de conocer la historia de la ciudad, saben quiénes la han hecho —próceres, artistas plásticos, escritores, por decir lo menos—.

Sin demeritar a los nuestros, es cierto que son un recurso valioso para saber qué candidato tiene posibilidades de llegar a un puesto de elección, o qué político tiene la antipatía de la masa, pero no llegan a tener mucha cultura, porque nuestra educación no permea ni siquiera desde la casa, mucho menos en la escuela. La gran mayoría tiene un gran conocimiento de los bochinches de la farándula o de los deportistas, pero desconoce principios fundamentales de nuestra historia patria y ni remotamente por qué se erigió tal o cual monumento o quiénes son los ilustres intelectuales que han dado lustre a Panamá.

Yo personalmente trato de conversar con los conductores de taxi cuando me toca utilizar sus servicios y es cierto que poseen una gran sabiduría, pero es muy popular y, aunque de ella también se aprende, desearía que además de conocer cuál ha sido el mejor timbalero de la salsa, supiera quién es Rogelio Sinán, el autor de la Isla Mágica y escritor emblemático de nuestra literatura.

Todo este rodeo para volver a recalcar la poca educación que tiene nuestra población. Y la misma se verá acrecentada ante la inminente concesión de una cuantiosa licitación de textos escolares hechos fuera del país y que difícilmente van a ser adaptados a nuestra realidad, lo que seguramente desmotivará a los ya poco motivados maestros y aumentará mucho más el desconocimiento generalizado de los estudiantes por nuestro bagaje cultural. Si ya de por sí la mayoría viene con una carga deficiente en temas bá sicos por lo que ve en casa, qué podemos esperar con libros de textos que no hacen ni referencia a los fundamentos de nuestra identidad.

Según he podido conocer, los parámetros de la licitación eran imposibles de alcanzar por las empresas locales, especialmente los financieros, porque se les pedían referencias bancarias de siete cifras. El resultado ha ido en grave detrimento para las editoriales nuestras y un alto costo para el erario panameño sin justificación alguna.

Sugiero que así como el Ministerio de la Presidencia ha sido enfático en no otorgar prórroga a los conductores de taxi para que pinten y unifiquen sus vehículos de un solo color, así también el Ministerio de Educación dé cuenta absoluta y transparente de cómo se ha manejado la licitación de los textos escolares. Que el cambio se refleje en todas las acciones públicas.

Taxis amarillos en Manhattan
Taxis amarillos en Manhattan

Regalos de los Reyes Magos

MARIELA SAGEL*
Publicado en La Estrella de Panamá el 6 de enero de 2010

Para el día de los Santos Inocentes publiqué un artículo donde sugería regalos para ciertas personalidades de la política, los medios y otros famosientos (o aspirantes a) del patio local. Por estar fuera del país lo mandé a mis mal acostumbrados lectores que reciben puntualmente mis artículos por medio del correo electrónico una semana tarde y la avalancha de comentarios no se ha hecho esperar, reclamos de por qué no se incluyó a tal o cual, y hasta voluntarios para entregar personalmente algunos de los regalitos —y algunas sugerencias para regalarme a mí—. También recibí otros comentarios de los que tienen la buena costumbre de leer La Estrella los domingos, y muchos me han animado a que siga regalando, ahora en ocasión del Día de los Reyes.

Así que allí les va:

A Ricardo Martinelli, el libro “ El Espíritu de las Leyes ” de Charles—Louis de Secondat, barón de Montesquieu y que busque la definición de logorrea en Google.

A José Batista, ex director de Desarrollo Urbano, pastillas para la memoria, para que se acuerde de la demanda que le pusieron los vecinos de la calle 61 de Obarrio, por el cambio de zonificación y que acaban de ganar en la Corte.

A Mariela Jiménez, las grabaciones de cuando era legisladora y abogaba por los empleados públicos y se quejaba que en la Asamblea solamente la ponían en la Comisión de Arreglos Florales.

A Fernando Núñez Fábrega, un libro de recetas que se pueden hacer con canabis, para que se las cocine a Mitchel Doens, y una corbata Ferragamo con imágenes taurinas, para su colección.

A Noel Riande, un libro de contabilidad para que demuestre todo lo que buenamente le donó al PRD en la campaña política y ni siquiera se lo han agradecido.

A Giacommo Tamburelli, una salida airosa y no al estilo de Posse.

A Carlos Vallarino, un recibo de exoneración de impuestos por lo que le ahorró a su pariente en la venta del banco.

A Juan Carlos Varela, la obra “ El Tartufo ” de Moliere, autografiada.

A Giselle Burillo (ex de Calcagno), una foto de cuerpo entero de su amiga Balbina y el carné de miembro del PRD plastificado para su baúl de los recuerdos.

A Miguel Antonio Bernal, una televisora y una radioemisora para que solamente hable él.

A Alvin Weeden, todo el dossier del caso Samos, empastado, y una foto de Chito Montenegro.

A Eladio Fernández, el recuerdo de la promesa que le hizo Mireya Moscoso del aumento a los jubilados.

Al Diario La Prensa , el record Guinness de portadas dedicadas al Toro.

Al Partido Panameñista, una fundación que incluya a todos los que han nombrado.

Hasta la próxima repartición de regalos.

La verdadera imagen de las zapatillas del pueblo
La verdadera imagen de las zapatillas del pueblo

Echar de menos o de más

Publicado en La Estrella de Panamá

3 de enero de 2010

Newport Coast, CA. Leía hace poco que la expresión “echar de menos” no debería ser tal, sino lo contrario, “echar de más”. Sin embargo, hurgando en el significado de las expresiones, encuentro que “echar de menos” significa en teoría “notar la falta de alguien o algo” o “tener sentimiento y pena por la falta de alguien o algo”. La forma castellana que se documenta a partir del siglo XIII es “echar menos”, pero en el siglo XVIII se convirtió en “echar de menos”. Como siempre, el “de” se cuela en todo lo que decimos. Pero es el “más” o el “menos” lo que está en discusión.

El año que acaba de terminar tuvo de todo: unas elecciones que culminaron un proceso que fue innecesariamente doloroso, agotador y por demás costoso, donde presenciamos atónitos cómo se ventilaban conciencias y vituperaban prestigios, además de confirmar aquello que “todo pueblo tiene el gobierno que se merece” y lamentablemente, nuestro Panamá no solo lo ha más que confirmado, sino que demostró que la calidad del nivel de la población está íntimamente ligada a los candidatos que tuvimos y donde a duras penas votamos por el menos malo, porque no nos quedó de otra. La época pre y post elecciones ha sido todo lo incierta e inestable que una pueda imaginar y aún no termina de arrancar este Singapur to be, como pretenden hacernos creer algunos ilusionistas.

También se desinflaron estrellas y sueños, pero damos gracias a Dios porque no hubo grandes tragedias colectivas, como en años anteriores, y dentro de todo lo malo que fue la accidentada puesta en escena de las villas de la Cinta Costera, no se ven tan mal, aunque no hayan ganado ningún premio Guinness y mucho menos se tropiece uno ni por casualidad con un Niño Dios en un pesebre o con los Tres Reyes Magos, una vez se haya estrellado contra los muñecos de Disney y los avatares chinos.

El año que termina nos dejó algunas tristezas por la partida en forma prematura de amigos entrañables y también alegrías, por los triunfos de nuestros hijos y allegados, ya sean personales o profesionales. El cambio climático nos tiene locos y vivimos verdaderos contrastes en nuestro país tropical, con lluvias torrenciales y veranos borrascosos en los momentos más inesperados, aprestándonos a tener una larga temporada seca, donde la tierra va a estar pidiendo a gritos por agua, que es hoy el recurso más importante y también, el más desperdiciado, especialmente en Panamá.

La educación no termina de entenderse ni por las autoridades encargadas y así como los padres le echan la culpa a los maestros y profesores por el fracaso y las malas actitudes de sus hijos, los maestros hacen poco o nulo esfuerzo por enderezar varillas que vienen torcidas por malos ejemplos presenciados en casa y estamos ante una (o varias) generaciones perdidas, que lo único que van a aportar a la urgencia de un cambio de actitud de parte de nuestra juventud, —que imita solamente lo que ve en la televisión y en las revistas de chismes— es la habilidad en los teclados de los blackberries, que ya ni respetan las reuniones familiares y mucho menos los espectáculos públicos.

En fin, un año más o un año menos, igual al dilema de echar de menos o de más o aquel que dice del vaso medio lleno o medio vacío. Todo un año desperdiciado o uno digno de un rico crecimiento intelectual. El balance es al final de uno mismo y, en lo que a mí respecta, a pesar de las pérdidas personales y de los desencantos, ha sido aleccionador saber dónde debo enfocar mis esfuerzos para que los mismos no resulten fallidos.

La Torre Eiffel
La Torre Eiffel

Las mujeres que amamos los libros


El año 2009 arroja un balance favorable en lo que a novedades de lectura y eventos culturales se refiere. Gracias a este espacio en el suplemento Día D, he podido publicar algunos de mis trabajos, los que he querido recapitular en este breve resumen de fin de año.
Lo más importante ha sido, definitivamente, la celebración de la V Feria Internacional del Libro de Panamá, que se verificó en agosto. Este año las fechas se corrieron por la coyuntura que en mayo, mes cuando tradicionalmente se organiza, se celebraron elecciones y de allí a julio, cuando fue la toma de posesión, poco era lo que se podía hacer en uno u otro sentido. La feria tuvo de país invitado a Perú, que se lució con una delegación de escritores e historiadores que dieron lustre al evento, además que promocionó su gastronomía por todo lo alto. Atrás quedaron los malos resabios –aunque algunas heridas aún no sanan— que nos dejó la feria del 2007 cuando, siendo España el país invitado, por diversas razones no se le sacó filo a ese hecho. Fue una verdadera fiesta cultural que contagió a todos y, aunque tuvo sus tropiezos para iniciar, por la reticencia del gobierno municipal a apoyar el pabellón infantil –como lo había hecho en todas las ferias anteriores— demostró que en este país, los lectores somos más.

En lo personal, viví un verdadero frenesí durante todo el año con tantas y tan buenas obras que salieron al mercado, destacándose entre éstas la Trilogía Millennium(Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire), de Stieg Larsson, el escritor sueco que ha sentado pauta en la narrativa y que a pesar de ser libros muy grandes, son los más vendidos y leídos en el mundo. Junto al esperado libro de Dan Brown, autor del Código de Da Vinci, El Símbolo Perdido, no hay evento cultural o feria de libro donde estos títulos no sean las estrellas. Mi tropiezo con Junot Díaz, el ganador del Pulitzer por “The brief wondrous life of Oscar Wao”, me causó tanta alegría que le dediqué un artículo al dominicano que escribe de manera muy jocosa en Spanglish, al que posteriormente he tratado de manera informal por residir y enseñar en la misma universidad donde mi hija hace su maestría.

Otras novedades editoriales fueron las relativas a los aniversarios que ocurrían durante el año y a las que en alguna medida se les rindió homenaje en la feria, entre los que se cuentan Mario Benedetti (fallecido en mayo 2009) y Corín Tellado (ídem abril 2009) y las conmemoraciones de la muerte de Julio Cortázar (25 años), Juan Carlos Onetti (15 años), de los 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe, y los 150 años de la publicación del origen de las especies, de Charles Darwin. La Embajada de los Estados Unidos organizó una conferencia magistral en la Biblioteca Eusebio A. Morales después del evento ferial, dirigida por Roberto Quintero, y en el marco de la feria se llevó a cabo una mesa de debate sobre el Origen de las Especies, que dio como resultado que el sacerdote que participaba endosara la teoría darwiniana y el laico que se suponía la iba a defender, se pusiera del lado de la iglesia.

Isabel Allende lanzó su esperado libro, La Isla bajo el Mar, que nos deleitó con su recursivo manejo del lenguaje y de las situaciones, además de la profunda investigación que refleja su historia, esta vez escenificada en islas del Caribe y en New Orleans y cuyos personajes son tanto negros esclavos c

Biografía de Gabriel Lewis Galindo
Biografía de Gabriel Lewis Galindo
Premio Alfaguara 2009
Premio Alfaguara 2009
ültima novela de Isabel Allende
ültima novela de Isabel Allende

omo blancos esclavistas, y las diferentes coyunturas que se daban durante esa terrible época como lo fue la esclavitud.

Alfaguara como siempre trajo al ganador del premio anual, el cual había recaído en el argentino-español; Andrés Neuman. El autor resultó un personaje encantador, lleno de humildad y respeto por los demás, con solamente 32 años, pero un compromiso inclaudicable ante la narrativa.

Aparte del delirio que siempre causa la visita de un escritor así, a nuestro país, la conferencia de prensa que el sello ofreció daba pena: los periodistas, a lo mejor sin tener idea de qué le iban a preguntar y mucho menos, de qué se trataba el libro, lo interrogaron sobre Chávez, Evo Morales, el cambio climático y la guerra en Afganistán. Afortunadamente hubo otros que salvaron la situación ahondando no solo en la parte literaria sino en la humanística, porque la novela “El viajero del siglo” da para muchas interrogantes, por su estructura y por su contenido. Creo que Andrés Neuman tuvo muy buena cobertura mediática en los tres principales diarios y ojalá que su cautivadora presentación invite a los que la presenciaron o leyeron sus entrevistas a leer su libro y otros que ha publicado. Lástima que a pesar de tanto esfuerzo que hace este sello editorial por dar a conocer a sus autores, siempre vamos a las actividades los mismos.

Círculo Editorial y la familia Lewis Navarro tiró la casa por la ventana al presentar la esperada biografía de Gabriel Lewis Galindo, por la novel autora María Mercedes de la Guardia de Corró. En el acto de presentación no faltó ni el clásico alfiler, todo el que tuvo que ver con las negociaciones de los Tratados Torrijos Carter, con la cruzada civilista y con el Gobierno de Pérez Balladares, además de las muchas amistades que esta familia tiene tanto en nuestro país como Allende en los mares. Con la magistral presentación del Dr. Jorge Eduardo Ritter (no por su relación con Gabriel, las negociaciones del tratado o el régimen de Noriega, tanto como por ser académico de la lengua), el acto fue de una altura que ojalá se hagan así todas las presentaciones de libros en este país y que los asistentes compren con ese frenesí el volumen presentado.

Esa empresa representante y distribuidora de libros cierra con broche de oro el año con el libro Una Vida, de Gerald Martin, la biografía de Gabriel García Márquez que le demoró al “inglés loco que correteó a Gabo 19 años” y que es tan amena y enriquecedora, que uno no se cansa de saber más del nobel de Literatura. Las presentaciones que del libro se hicieron en diferentes países dan cuenta de que fueron por demás muy interesantes, especialmente aquellas donde ha participado la familia del biografiado donde, en ocasiones, aclaran supuestos conceptos equivocados que se vierten en el libro, como el de su hermano Jaime García Márquez, que en la voz de sus familiares fallecidos, aclara ciertas aseveraciones que considera desacertadas, siempre desde el envidiable sentido del humor de esa familia. Por ejemplo, esta atribuida a Luisa Santiaga, su madre: ¿Por qué necesitó tantos años para hacerlo? Siendo él adivino. Él sabe más de mí que yo, sabe, por ejemplo, la fecha de inicio de la gestación de Gabito… Es una lástima que en Panamá no hayamos podido disfrutar de un lanzamiento como Dios manda de este importante libro.

En lo personal (y nacional), resalto el esfuerzo que hizo el Arq. Álvaro González Clare, al editar un compendio de sus artículos publicados en una revista social de la localidad y la edición del libro del Dr. Pedro Rovetto, dedicado médico panameño que reside en Cali, Colombia, Ideas Médicas: Una mirada histórica. El Ex Presidente Aristides Royo publicó un interesante libro titulado “El Instituto Nacional de Panamá: Recuerdos y vivencias de una época” que ha sido el deleite de toda una pléyade de ex aguiluchos que le han dado lustre a este país. También resalto la edición por la Editorial Portobelo de un compendio de artículos, presentaciones y crónicas literarias del poeta inigualable César Young Núñez, que tituló La Memoria es una extraña campana, donde tiene una dedicatoria al Pabellón de la Amistad, en la cual me incluye, junto a artistas plásticos, como Juan Carlos Marcos, Mario Calvit y Antonio Alvarado, escritores como Dimas Lidio Pitty, Tristán Solarte y Meco Fábrega y dedicadas lectoras como Claudia Ferrer, Berna Calvit y yo, entre otros.

Una gran sorpresa fue Samuel Bassán, a quien Día D dedicó la portada y una entrevista en el mes de octubre. Panameño y de sólida cultura literaria, no forma parte de ningún grupo, círculo o clan de escritores –sobre todo de esos que se abanican entre sí y esconden su mediocridad– pero su obra poética es verdaderamente buena y espero que su libro inédito –Diciembre Rojo– se presente este año, aunque ya algunos de sus libros publicados por editoriales extranjeras están disponibles.

Destaco mi encuentro con un autor francés que me cautivó, Marc Levy, cuya obra a la que tuve acceso, gracias a las gestiones del grupo Planeta de México, “Las Cosas que no nos dijimos”, se alzó por encima de los leídos de Larsson, Allende e Idelfonso de Falcones, con su Mano de Fátima. Igualmente, cierro con broche de oro mis lecturas del año con la inigualable de Ángela Becerra, Ella, que todo lo tuvo, en la que una vez más esta autora colombiana, radicada en Barcelona, nos devela un erotismo y cadencia que no tienen parangón en la narrativa femenina actual. Espero que la señora Becerra sea una de las que prestigie la próxima feria del libro que, a partir de este año, se hará anual y no cada dos años, como hasta ahora.

Yo culmino mi año de lecturas (el leer nos hace libres) con El Olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, una oda a la paternidad solamente comparable a lo escrito por Kafka, los Roth y V.S. Naipaul, entre otros. No dejo de agradecer a mi madre, que cargó con más de seis libros desde Buenos Aires; a mi hermano que me trajo muy formalito el de Ángela Becerra; a Juan McKay, que cada vez que suena una lata en Colombia, me trae el libro por el que sonó la lata; a Rodrigo Burgos, que de donde sea y cómo sea cumple con todos mis encargos; a Lorena Roquebert, que me los corretea y me los fía; y a las chicas de Santillana, que siempre me mantienen con lo último. También a Eugenio Roca, de Planeta México, quien a raíz de mis reseñas en este suplemento, sobre libros, me manda de vez en cuando alguna novedad; a Queenie Altamirano, que me envió el primer libro de Larsson; y a Jenny de Riande, por la Mano de Fátima. Y por supuesto, a mi hija Adriana, mi hermana Rita y mi amiga Claudia Ferrer, que son caja de resonancia de todas mis lecturas y comentarios, así como a Roxanna Cain, mi compañera en las Esclavas, que compartió conmigo un programa de televisión en el que hablamos del libro “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Al final, muchas gracias a Egbert, el editor de este suplemento, que siempre destaca todas las “dittantadas” que se me ocurre escribir y lo hace con verdadero entusiasmo.

¿Qué le regalarías a………?

27 de Diciembre de 2009

NEWPORT BEACH, CA. Esta lista de regalos se ha hecho a varias manos, todas las cuales permanecen anónimas por voluntad propia con el aderezo obligado de mi sazón.

La lista pudiera ser interminable, pero he escogido a figuras mediáticas, públicas, personalidades y otras que quisieran ser. Algunas se han omitido a propósito: si se les incluía se les daba relevancia.

¿Qué le regalarías a…?:

Ebrahim Asvat : Tapones para los oídos para que no escuche conversaciones ajenas y un libro autografiado de Isabella Santo Domingo.

Edwin Cabrera y Maribel Cuervo de Paredes : Antídoto para su veneno, por si se muerden la lengua sin querer.

Guido Rodríguez : Otro flaco en la Avenida Balboa.

Fernando Correa : El programa piloto de “ Quién quiere ser funcionario ”.

Juan Carlos Tapia : Un folleto con los mejores lugares de retiro fuera de Panamá y una vara para medir y ser medido.

Casimiro Alvarado : El premio al mejor Judas de fin del año, que incluya un certificado para que no lo quemen.

Mayín Correa: Que gane el certamen de la cabellera blanca y se retire y sendas fotografías de cuerpo entero de “ El Toro ” y “ El Bimbín ” autografiadas.

Roberto Eisenmman : Un diploma de una universidad en Pennsylvania.

César Tribaldos : Un certificado de cuñado profesional.

Santiago Fascetto : Un paseo en Mr. Bull.

Andrés Vega (Domplín) : El premio al mejor programa de radio.

Alfonsito Castillero : Recordarle que todo cepillo muere sin pelo.

Haydée Milanés de Lay : El guión adaptado del Derecho de Nacer.

Angélica Maytín : Un puesto donde tenga mando y ejerza jurisdicción y la serie completa de “ Sex and the City ”.

Magaly Castillo : El programa de gobierno del cambio, resaltando lo concerniente a la escogencia de los magistrados.

Bosco Vallarino : Una partida de nacimiento panameña, una onza de sentido común y una de materia gris (si le cabe) y que aprenda el valor del silencio.

Balbina Herrera : El libro “ El Principio de Peter ”.

Alberto Vallarino: El Palacio de las Garzas en Lego.

Mireya Moscoso: Un marco para su diploma del Miami Dade Community College.

Lucy Molinar: una licitación de textos escolares donde no metan la mano ni la pata.

Ana Matilde Gómez: Un beso público de Casimiro.

Ricardo Martinelli: Un catalizador para la logorrea.

Juan Carlos Varela : Un carro que use etanol como combustible.

Mingthoy Giro : Los juegos de antaño en “ papier maché ”.

Ernesto Pérez Balladares : Suscripción de por vida al diario La Prensa.

Roberto Roy : Varios miles de metros para el Metro.

Rubén Blades : Como todos vuelven, un pasaje de regreso.

Marta Linares de Martinelli y Lorena Castillo de Varela : Una asesoría de Osmel Sousa, presidente de Miss Venezuela.

Milton Henríquez : Somatotropina para el Partido Popular y una carretilla para que lleve a su membresía.

José Blandón padre : Sabiduría de Sócrates para reconocer la propia ignorancia.

José Blandón hijo : Que mire a los ojos cuando hable.

Martín y Vivian Torrijos : El libro “ La máquina del tiempo ” de H.G. Wells.

Bobby Velásquez : Un papá diferente.

José Raúl Mulino : Inteligencia emocional.

Juan Carlos Navarro : Un sobredosis de humildad.

Guillermo “Billy” Ford : El poder de la ubicuidad para que pueda estar en todos lados.

Rosa María Britton : El antiguo edificio de la Embajada Americana (antes de que lo demuelan) para que mude la Biblioteca Nacional.

Javier Martínez Acha : Una sonrisa permanente.

Pedro Altamiranda : La letra de la canción que indique cómo es que ahora le toca al pueblo.

Aquí no están todos los que son ni se dejaron por fuera todos los que están, pero el espacio es corto y el tiempo apremia.

Feliz día de los Santos Inocentes.Foto 3 (awards)

Odio a primera vista

Ex Presidente Ernesto Pérez Balladares
Ex Presidente Ernesto Pérez Balladares

20 de Diciembre de 2009

A fines de 2006 la periodista y escritora María Mercedes de Corró publicó un sesudo artículo titulado “El amor es ciego”, donde trataba de explicar por qué el índice de popularidad del entonces presidente Martín Torrijos no había caído, a pesar de todos los imponderables que ocurrieron durante su gestión —los envenenados heredados, el accidente del bus en octubre de ese año, entre otros— y que la población seguía embelesada por un mandatario cuya imagen era la de un cordero degollado y su familia era totalmente fotogénica.

La percepción de la población definitivamente es importante y ella se transmite, precisamente, de forma mediática. De la misma forma se crean los odios y las tirrias que, en la mayoría de los casos, condicionan a esa población en contra de personas o causas que, antojadizamente, seleccionan los medios para caerles encima, algunas veces con propósitos aviesos.

Tengo ante mí un artículo aparecido en el diario español El País , del pasado 1°. de diciembre, cuyo título es “ Nada puede reparar al falso culpable ” y se refiere a un hombre acusado de un delito del que posteriormente fue absuelto, donde la presunción de inocencia fue pisoteada y alrededor del cual se llevó a cabo un juicio paralelo. Y esto es precisamente lo que pasa en muchos casos en Panamá, más notablemente en lo referente al ex presidente Ernesto Pérez Balladares.

No me toca esgrimir la defensa del ex mandatario, porque él tiene su batería de abogados y argumentos de más que lleven a una aclaración de lo que ahora lo están acusando que, lamentablemente, llegará cuando “ nada pueda reparar al falso culpable ”. Sí quiero señalar el fenómeno que produce una personalidad tan fuerte y determinada como la de “ El Toro ” y las consecuencias que este factor arrollador produce en las personas, alejadas o cercanas a su entorno.

Los que en su momento servimos bajo su mandato y a los que nos han estigmatizado de forma tan contundente como “ toristas ” nos han hecho pagar muy cara esa lealtad por más de diez años. Eso era lógico y esperado durante el gobierno inmediatamente posterior al de Pérez Balladares. Pero se exacerbó aún más durante la gestión de Torrijos, donde personalmente me tocó, en una ocasión, presentar un trámite en el Ministerio de Vivienda y recibir de parte del funcionario encargado del procedimiento —colega arquitecto, para más señas—, esgrimir razones para rechazarlo aduciendo “ que yo era ficha de El Toro ”. Nunca entendí el odio que se coció entre quien fue su viceministro por cuatro años – y el séquito que lo rodeó —, contra quien de alguna manera lo puso en la esfera política. Pero el partido PRD no ha entendido que los enemigos no están dentro sino afuera, y, desde que se desataron las aspiraciones políticas por la dirigencia del mismo, no ha habido tregua entre los que siguen a uno u otro, contribuyendo al debilitamiento de ese partido.

Ernesto Pérez Balladares tiene a su favor el que cuando arremete lo hace con la fuerza del que tiene la verdad, aunque la Corte Suprema de La Prensa ya lo haya condenado y su presunción de inocencia haya sido pisoteada. En contra, la reacción de odio que despierta entre los que, en el fondo, son igualitos que él de soberbios (y no digo prepotente, porque no creo que lo sea). No le ayuda para nada esa demostración innecesaria de los juguetitos caros que ostenta —sus lujosos autos, por ejemplo, que afectan especialmente a los hombres, todos los que quisieran tener esos mismos—, pero, como una vez escribí y todavía sostengo, no fue electo para complacer, sino para gobernar y lo hizo muy bien.

Ojalá que cese esa campaña, que ya casi raya en lo neurótico, que ha montado el diario que tanto lo odia y sus acólitos, que generalmente son extranjeros, para que cuando reviente la verdad, como antes ha ocurrido, agarren sus maletas y se vayan tan tranquilos. Hoy, es por unos, mañana podemos ser nosotros a quienes se nos juzgue sin que medien las instancias necesarias para esclarecer la verdad.