Tomando Asiento

Confieso que no entiendo la mayoría de los acontecimientos que se dan en este país y allende sus fronteras. El circo político me da pena, los que usufructúan de posiciones de poder pareciera que no miden las consecuencias de sus actos —y no me refiero solamente a puestos gubernamentales—, sino a todo lo que signifique ejercer un liderazgo. Esto es así aquí y también en Honduras.

Esta semana se publicó una encuesta que arroja los porcentajes de popularidad de las personas que están al frente de ministerios y otras instituciones, al igual que la de los funcionarios que fueron electos en las pasadas elecciones. Sorprende que el conductor de un programa donde todo el mundo llora, al que no he visto solamente en un taller de mecánica en horas de trabajo, sea el funcionario más popular del gobierno actual. No sé qué ha hecho al frente del Mides, pero seguramente su aceptación se debe a que tanto él, como la ministra Molinar, que sí ha estado dando resultados, son líderes mediáticos. Estoy segura de que si la cantante de Latin American Idol, un año después estuviera en el Gabinete, también habría obtenido dicha aceptación, sin hacer nada —y seguramente, no yendo a un taller de mecánica, sino a la peluquería—.

Otro resultado que me llama la atención, y que arroja esa medición es el “ permiso para volar ” que le otorgan al presidente como una carte blanche para comprar un nuevo avión. Yo soy una convencida de que el gobierno debe invertir en una aeronave digna para trasladar al presidente en sus viajes oficiales. Pero así mismo recuerdo que ese fue un “ issue ” de campaña, en el que se condenaba precisamente el contar con un avión para la majestad del poder. El asunto es ser coherente con lo que se prometió en campaña. Volvemos a caer en la trampa de decir una cosa y hacer la otra.

El tema de aplicar la Ley Zanahoria, a fin de que se cierren los centros nocturnos en las primeras horas de la madrugada (1 ó 2 de la mañana) tiene una ponderación de 68% de aceptación, pero en la nota explicativa se contradice la eficacia de esa medida, en cuanto a que afectaría el turismo. En este tema, sostengo que Bogotá “ dio la vuelta ”, como se diría en el argot local, al pasar por el doloroso proceso de recuperar tanto la sensación como la percepción de seguridad que la ha colocado como una de las ciudades más interesantes de nuestro continente. Vale recordar que el alcalde Antanas Mockus fue quien se atrevió a dar ese paso y los resultados han sido más que buenos, inclusive para el turismo. Urge que esta medida se tome cuanto antes; no solamente los padres con hijos parrandeando, sino los turistas se sentirían seguros en una ciudad que cada día es más hostil.

Y la pobre República de Honduras, donde existen tantas carencias y desigualdades económicas, parece que seguirá en pausa, mientras no se llegue a un consenso y mientras tanto, el tiempo corre y ya van casi cuatro meses desde el golpe y sigue el “ show ” mediático que se ha montado alrededor del presidente depuesto. Allí también se aplica lo que señalé al principio, que los líderes o personas con poder no deponen sus intereses en beneficio de los colectivos.

Me encanta entender las líricas de los cantantes que son poetas y por esa razón, siempre ando divagando en frases cajoneras que les escucho a algunos de mis preferidos. “ El pensamiento no puede tomar asiento ” es parte de la canción De paso, de Luis Eduardo Aute, ese extraordinario cantautor, poeta, director de cine y hasta pintor, nacido en Filipinas, de padre catalán —recientemente lo vi arrebolada en el concierto por la Paz con esa suave voz— nos debe enseñar, como personas responsables, que estamos permanentemente en guardia ante todo lo que nos pasa alrededor, sea de nuestro interés o si nos afecta, o no.

El Canta autor catalán, nacido en Filipinas
El Canta autor catalán, nacido en Filipinas

Las Cosas que no nos dijimos

Mariela Sagel

El título me sedujo sin conocer nada del autor. Llegó en un momento en el cual sentía que se me quedaron cosas por decirle a mi ex marido, que recién había fallecido. Me las ingenié para conseguir la edición española y el esfuerzo valió la pena. Posteriormente me puse a investigar sobre el autor y me llevé agradables sorpresas.

Marc Levy está catalogado como el autor más leído de Francia. Tiene otras obras que tengo pendiente encontrar si están traducidas, especialmente porque no leo en francés, pero parece que hay una constante en su narrativa: el romance. No se considera un escritor romántico sino un hombre romántico. Ha publicado desde el año 2000 con repetido éxito y su primera novela ¡Ojalá fuera cierto! fue llevada al cine por el director Mark Waters. No se hubiera imaginado ser escritor si no fuera porque una noche, cuando ya su hijo tenía 9 años, como acostumbraba a diario, le estaba leyendo un libro. El chico le dijo que prefería ver la tele, por lo que decidió escribirle para cuando creciera.

Fue socorrista de la Cruz Roja y vivió en los Estados Unidos dirigiendo una empresa de diseño digital hasta que volvió a Francia, donde lo involucraron hasta con Cecila Sarkozy –como su amante— lo que niega rotundamente y se lo achaca a los opositores del Presidente francés. Tiene una interesante pinta de galán de cine y actualmente vive en New York, ciudad donde se lleva a cabo casi toda la trama de ‘Las Cosas que no nos dijimos’, además otras escenas que se desarrollan en Montreal y Berlín. Los relatos en torno a la más cosmopolita ciudad de la provincia de Quebec son sobrecogedores y tan vívidos que de alguna manera me hacen ser un poco sesgada en esta nota, toda vez que es una de mis ciudades preferidas.

El libro empieza con una cita de Albert Einstein, a quien considera un genio además de un tipo con un peculiar sentido del humor. En una entrevista que apareció en la prensa española con motivo de la edición de Planeta España citó una frase de Einstein que decía que “hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez humana, aunque sobre la primera todavía tengo mis dudas”. Yo me identifico con ese pregón y hasta agregaría que “la naturaleza humana se envilece cuando dota de poder a la ignorancia”. La trama es totalmente inusual pero rebosa de aquellos sentimientos que muchas veces un malentendido orgullo nos hace adoptar durante nuestras vidas una actitud de no decir lo que sentimos por aquellas personas que queremos, aunque nos hagan la vida de cuadritos.

Julia, la protagonista principal, va a casarse y no espera que su padre asista a la boda. Justo unos días antes de celebrarse la ceremonia recibe el anuncio que su padre, de quien se había alejado desde que tenía 18 años, ha muerto. Posteriormente le espera una sorpresa en su departamento del Lower Manhattan que la dejará perpleja –y a nosotros también— y tiene entonces la oportunidad de recorrer todos los caminos y averiguar el por qué de todos los silencios que mantuvo su progenitor con ella durante toda la vida.

Montreal le ofrece la oportunidad de volver a la iglesia donde la bautizaron –la Basílica de Notre Dame— y encontrar a quien fuera el amor de su vida en un retrato al carbón de una dibujante de esas que se apostan en la Plaza Jacques Cartier. Berlín es utilizada por Marc Levy como el escenario perfecto para recrear una reconciliación, ya que vuelve sobre los años al día maravilloso donde se encontraron el este y el oeste y el muro cayó. Las alegorías son estupendas y los diálogos y escenas todavía más. Acabé el libro en lágrimas, convencida que no debemos pasar por este mundo sin decirle y repetirle a los que queremos cuánto los queremos, y no posponer decir o hacer aquellas cosas que pueden hacer felices a los que amamos.

Termino de hacer este escrito mirando en la televisión el funeral del Presidente Guillermo Endara. He podido evaluar cómo la desaparición de una figura que jugó un papel protagónico tan importante en la historia política de nuestro país ha causado tan genuino dolor entre la población. Y siento que a don “Cuchungo“, en vida, se le dijeron muchas cosas y ojalá que sus más allegados sientan que no se les quedaron otras sin decir.

Portada del libro de Marc Levy
Portada del libro de Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy

Semana de mediciones

MARIELA SAGEL*

La semana que recién acabó se cumplieron los 100 primeros días del gobierno de Ricardo Martinelli y en todas partes, en todos los medios, y de todas las plumas y todos los grupos han salido evaluaciones que dan para entretenernos en su lectura un buen par de días. También se dieron a conocer los ganadores de los premios Nobel, ese codiciado galardón que desde 1901 entrega la Academia Sueca. De la misma forma, el Programa de Naciones Unidas presentó el informe de los índices de desarrollo humano al que me he referido en artículos anteriores, confirmando que en Panamá estamos haciendo cada día menos patria al dejar que decaiga el nivel educativo y cultural de la población.

Cuatro mujeres obtuvieron este año el Nobel, en Literatura, Medicina y Química, algo altamente representativo para el género, toda vez que en 108 años, solamente 35 galardonados, de un total de 789 ganadores, han sido mujeres (el 4.4%).

La ganadora del Nobel de Literatura es una alemana nacida en Rumania, Herta Müller, de 56 años de edad, quien estudió filología germánica y románica y emigró por razones políticas, por sus historias sobre las personas privadas de derechos ciudadanos y lucha por la libertad de expresión en su país antes de la ejecución de Nicolás Ceaucescu. Con este premio la academia sueca rinde un particular homenaje a quienes lucharon contra la opresión el año del vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, decía uno de los cables internacionales que daban cuenta de la noticia. Se quedaron con las ganas los eternos aspirantes, Mario Vargas Llosa y Philip Roth, entre otros. De la obra de Müeller se dice que es merecedora de tan altísimo reconocimiento por “ cómo, gracias a su concentración de poesía y franqueza, ha descrito el paisaje de los desposeídos ”.

Pero esta semana también se midieron otras fuerzas, se entregaron otros premios, se rindieron otros reconocimientos: Uno de ellos fue la dedicatoria que recibí de parte del poeta César Young Núñez, en una edición de sus crónicas en un volumen titulado “ La memoria es una extraña campana ” como parte de la Biblioteca de Autores Panameños, que ha estado publicando la Editorial Portobelo. En dicho volumen, bellamente ilustrado en su portada por una obra del artista Mario Calvit y cuyo título lo toma prestado de Emily Dickinson, coloca un “ Pabellón de la Amistad ” y me honra en formar parte de ese selecto grupo de 20 de sus amigos.

María Mercedes de Corró, autora de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “ Hasta la última gota ”, me dedicó un par de horas para relatarme lo que representó hacer ese valioso trabajo.

Y también el talentoso pintor panameño, Aristides Ureña Ramos, quien vive y pinta en Florencia, presentó una extraordinaria exposición titulada “ Cartolline ”, donde refleja las diferencias creadas durante el “ gold roll “ y “ silver roll ”, en la época de la Zona del Canal y la humillación que recibían los panameños empleados allí, así como ahonda en temas históricos, reflejando a un Victoriano Lorenzo en su afán guerrillero. Sus personajes siempre están en actitud solitaria, casi que metidos a la fuerza en el lienzo, alejados de la realidad. Este artista presentó un video titulado “ Perpetua ”, que también gira alrededor de la presencia estadounidense en nuestro país, y que corre de forma simultánea en la galería de arte. Pero lo más loable de su visita es el rescate del mural que pintara Daniel Richards en 1971 en la sede del Instituto Panameño de Habilitación Especial en Santiago, lugar de donde es oriundo el pintor. Precisamente su ayudante en esa labor pictórica fue el pintor Ureña Ramos.

Y de cómo hemos avanzado o retrocedido en un año, desde la medición anterior del IDH, pensemos en la frase lapidaria que me hizo llegar recientemente Daniel Pichel, junto a una caricatura: “ Todo mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos.. Cuando lo que debería pensar es en dejar mejores hijos para el planeta ”. El libro de César Young, la labor de Chelle de Corró y la muestra de Aristides Ureña nos dan por lo menos una voz de aliento en este Panamá que nos ha tocado vivir.

Foto de la ganadora del Premio Nobel de Literatura, Herta Müller
Foto de la ganadora del Premio Nobel de Literatura, Herta Müller
Portada del libro de César Young Nuñez
Portada del libro de César Young Nuñez
Biografía de Gabriel Lewis Galindo, Hasta la Ultima Gota
Biografía de Gabriel Lewis Galindo, Hasta la Ultima Gota

La verdadera historia sobre la Cámara y la Feria del Libro

El Domingo, 27 de septiembre de 2009

Estimado señor Lewis:

Para aportar al artículo que publicó ese suplemento, de la pluma de la señora Priscilla Delgado, el domingo 20 de septiembre pasado, le agrego los siguientes comentarios, necesarios para la comprensión de la evolución de la Cámara Panameña del Libro:

• La Fundación Pro Cultura fue la asociación original que dio paso a la Cámara Panameña del Libro y la misma fue constituida en el año 1992 y su personería jurídica inscrita en el Registro Público el 1 de Marzo de 1993.

• Esta Fundación sin fines de lucro tuvo como socios fundadores a la Dra. Rosa María Britton, quien fungía como Presidenta y Representante Legal al momento de solicitar el cambio de nombre (en 1997), y el mismo se verificó de acuerdo con una reunión de síndicos y directivos, el 17 de enero de 1996, fecha en que también se hicieron modificaciones a los estatutos de la Fundación.

• Entre los síndicos estaban Ramón Fonseca Mora, Alfredo Arango, Juan David Morgan, Rodrigo Noriega, Rodrigo Burgos y la que suscribe.

• Posterior a este cambio, Ramón Fonseca se convirtió en el Presidente de la Cámara Panameña del Libro, mi persona Secretaria/Tesorera y el resto de los síndicos, directores.

• Es importante destacar que la primera presidenta de la Cámara Panameña del Libro fue la Dra. Rosa María Britton y que al momento que se le cedió a la señora Delgado la Cámara Panameña del Libro, se le entregó también la cuenta corriente que ésta poseía y cuyos fondos pasaron a ser manejados por las personas que nos reemplazaron en la directiva.

Lo anterior para despejar de una vez por todas a quién le corresponde el crédito de constituir la Cámara Panameña del Libro y dar por descontados sus primeros dignatarios.

Atentamente,

Mariela SagelMariela Sagel, Rosa María Britton, Daniel Domínguez y Briseida Bloise

Reality Show

Opinión, 4 de Octubre de 2009, La Estrella de Panamá
El alcalde reclamando su nacionalidad, el colmo del reality
Casi a diario —los más que puedo— escucho el programa “El Cañonero de Domplín”, que siempre tiene los bochinchitos calientes, con mucha sal y pimienta y con esa sapiencia que colocan a Andrés Vega (“Domplín”) como uno de los más beligerantes periodistas radiales —o el más— y una voz autorizada especialmente en la política. En la semana que recién terminó, después de los saludos a Perla y Calitín, entre otros, (yo creo que ni ellos saben quiénes son), estaba “Domplín” analizando las diferentes instancias que sucedieron en el funeral del presidente Endara. Y destacaba, como la más retorcida y un verdadero exabrupto, las declaraciones que hizo el alcalde a su salida de la Catedral Metropolitana: cambiarle el nombre a la Cinta Costera por Guillermo Endara Galimany.

Le atribuía el periodista al burgomaestre que, por su más reciente pasado mediático al frente de un “ reality show “, sus reacciones y apariciones están todas revestidas de mucha emoción. Sin embargo, me picó la curiosidad y me puse a buscar los significados de la expresión tan alegremente utilizada. Es así como me encuentro que en el Diccionario de la lengua española Espasa-Calpe la definen como “ un programa televisivo que muestra como espectáculo los aspectos más morbosos o marginales de la realidad ”. Otro, del diario El País , como “ un programa de televisión que trata sucesos reales como un espectáculo “. La expresión la españolizan como “ telerrealidad ”, y señalan los programas que la practican como de “ un género televisivo en el cual se muestra lo que le ocurre a personas reales, en contraposición con las emisiones de ficción donde se muestra lo que le ocurre a personajes ficticios “ (personajes interpretados por actores, de ahí, su efecto de realidad). Entre las categorías hay una que encajaría perfecto para el “ show ” diario que vivimos y a un concurso de telerrealidad donde un grupo de personas en un ambiente cerrado compiten por un premio, mientras son observados de forma continua por las cámaras.

Profundizando en la vívida recreación que hacían en “ El Cañonero ”, encuentro acertadísimo el señalamiento puesto que, primero, el alcalde ganó fama en “ Bailando por un Sueño “ y segundo, tiene reacciones que lo enmarcan dentro de la descripción que hacen los diccionarios de lo que es un “ show ” de telerrealidad. Pero lamento tener que confirmar que se acerca más a la primera definición, la que dice que “ muestra como espectáculo los aspectos más morbosos o marginales de la realidad ”.

Es patético que nuestros destinos como ciudadanos estén en manos de personas viscerales, que reaccionan al primer impulso y con la primera de las ocurrencias. Es así como no sé si la Cinta Costera tiene otro nombre que no sea Avenida Balboa. Con la falta de nomenclatura en este país, sería un desastre estar poniéndole a las obras nombres de figuras que, sin desmeritarlas, causarían más enredo en los orientadores geográficos y los turistas, que cada día se quejan más de esta ciudad, cuyas direcciones se dan en virtud de las cercanías que hay o ha habido en determinado barrio. Por ejemplo, la calle F de El Cangrejo no se señala así, sino como “ la calle donde vive Durán (el boxeador) ”.

Por otro lado, es lamentable que se quiera ganar indulgencias con Avemarías ajenas, y este es el caso de la figura de Guillermo Endara, que aún no había sido cremado y ya le estaban esparciendo sus cenizas por la Cinta Costera. El presidente Endara recibió el reconocimiento y sus familiares el cariño y respeto que se merecían y no había que excederse al punto de hacernos quedar en ridículo.

Ya tenemos la experiencia del Parque Omar, que por más de una décadas se llamó así, a principios de los 90 se le cambió el nombre a Héctor Gallego y volvió a los cinco años a llamarse Parque Omar, como hasta la fecha sirve de obligada referencia. Bien dijo “ Domplín “ que espera que el alcalde nos dure en el puesto el término por el que ganó, porque si algo le pasa, hasta a la sede de la Embajada de los Estados Unidos le cambian el nombre por el del alcalde o a la sala de masajes de la Vía Cincuentenario.

Culpable por titulares

Opinión, 27 de Septiembre de 2009, La Estrella de Panamá

Es costumbre en Panamá que cualquier caso donde se señale a un político –o a alguien cercano a uno, no importa de qué partido— primero se denuncia en un medio impreso, se juzga y se condena y posteriormente se averigua si es cierto o tiene asidero el caso que se discute. Hemos creado, por esta malsana costumbre, un culto a la Corte Suprema de la Prensa Escrita.

Esto ha sido mucho más evidente en forma reciente, por los “ sonados ” casos de ensañamiento contra candidatos y figuras políticas, gracias a la “ acuciosidad ” de las pseudo llamadas unidades investigativas. Un ejemplo elocuente es el del candidato a alcalde de la ciudad de Panamá que, ahora dicen, lo van a sobreseer de las acusaciones que se le hicieron en cuanto a que tuvo tratos con un apresado narcolavador. Fue tan abrumador el cambio de simpatías y efecto que tuvo esa campaña que ahora tendremos que vivir por los próximos cinco años con un burgomaestre que no solo mete a diario la pata, sino la mano y todas sus extremidades, de forma estrepitosa y lamentable y, que encima, cierra salas de cine a su antojo para su uso privado y anda con el doble de escoltas que un jefe de la Policía.

Esta cultura de ser culpable por titulares está tan arraigada que los lectores de los medios impresos acusan el conocimiento o siquiera la comprensión de un tema con solo leer el titular. De este sensacionalismo, generalmente cultivado por los tabloides de mucha circulación y con fotos pecaminosas en sus portadas, no han escapado los más conspicuos diarios de “ prestigio ” en este país.

Y precisamente sobre la comprensión de lo que se lee, mi artículo anterior tuvo muchos comentarios que no se ven reflejados en la página web, sino en correos que mis lectores me mandan. Uno de ellos fue el uso que dí a la palabra “ comprehensivo ”, que en el DRAE significa lo mismo que comprensivo, pero que para mí tiene mayor peso por el hecho de entender y comprender lo que se está leyendo. Tal fue el productivo debate que sostuve con una lectora y amiga que llegué a consultar con un par de filólogos, uno de los cuales, mi querido Pedro Altamiranda, me absolvió de una posible falta en la que pude haber incurrido.

También mi definición de “ segundo mundo ” produjo el comentario de un distinguido abogado que me señaló, acertadamente que los países que se consideraban de ese mundo eran aquellos que, en teoría, eran afectos al bloque comunista, y en términos conceptuales, los que tienen una economía estatizada o de planificación central, con una participación mayoritaria del Estado.

Todos esos aportes son ampliamente bienvenidos, especialmente porque en mi infinita ignorancia lo que trato es de opinar sobre los signos de deterioro que muestra nuestra sociedad y la vorágine que hemos caído en esta carrera interminable por ser los más modernos de la Región, pero no los más cultos. Una connotada periodista y con un libro recién publicado me externó que cómo hace uno para vender la idea de que la cultura y la educación son importantes en un país en donde ha quedado ampliamente demostrado que el progreso — económico — se puede dar sin éstas. Y adicionó que Panamá es uno de esos países donde se puede alcanzar el “ éxito ” sin tener cultura y educación. Es más, diría que hay cierto desprecio hacia ambas. Para muestra, un botón: tenemos funcionarios de alto nivel que ni diploma tienen y su “ éxito ” es totalmente mediático, al igual que el del alcalde.

Pero los medios televisivos no ofrecen mejores panoramas. En un noticiero recientemente escuché a un periodista diciendo, textualmente, que la Policía, en contubernio con la comunidad, estaba haciendo un operativo tal. La definición de esta palabra es “ cohabitación ilícita o alianza o liga vituperable ”. Yo supongo que el periodista no quería decir esto, sino que la acción se había tomado en coordinación con la comunidad. En manos de estos usurpadores de la palabra estamos.

Estado deplorable de la educación

Opinión, 20 de Septiembre de 2009, La Estrella de Panamá

En un programa de televisión en el que participé recientemente me tropecé con una realidad que me impactó por la confrontación que la misma tiene con el estilo de vida del panameño.

En ese programa, la viceministra de Educación señaló que Panamá está de penúltimo en lectura comprehensiva y tiene muchos problemas de lecto-escritura. Esa medición no va pareja a la inmensa inversión que han hecho los gobiernos en este rubro y está yuxtapuesto totalmente a los índices de crecimiento que arroja tanto el Producto Interno Bruto como la economía en su totalidad.

Interesada en el tema encuentro que Panamá está en la posición No. 62 de mejor índice de desarrollo humano (IDH) de una totalidad de 70, siendo Islandia el país que ostenta el mejor índice y estando Brasil de último en este grupo privilegiado.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) lo define el PNUD como “ un indicador compuesto que mide el avance promedio de un país en función de tres dimensiones básicas del desarrollo humano, a saber: vida larga y saludable, acceso a conocimientos y nivel de vida digno. Estas dimensiones básicas se miden, respectivamente, según esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización de adultos y tasa bruta combinada de matriculación en enseñanza primaria, secundaria y terciaria y producto interno bruto (PIB) per cápita en paridad del poder adquisitivo en dólares de Estados Unidos (PPA en US$) ”.

En esta medición se destaca que Cuba tiene mejor índice que Panamá, teniendo una economía tan deprimida, pero no me sorprende que Chile vaya en el número 40, dos puntos debajo que los argentinos. Nuestro vecino Costa Rica tiene mejor categorización que nosotros, pero Colombia está entre los países con un IDH medio, seguido por Venezuela y, la República Dominicana —que es el último país en la lista de deficiente lectura comprehensiva—, va casi pareja con los dos países bolivarianos que comparten una frontera.

Con todo este galimatías comparativo quiero señalar que es preocupante la situación, porque es obvio que nuestro vertiginoso desarrollo económico, que nos aleja muy rápidamente del resto de los países centroamericanos —aún antes de salirnos del Parlacen— lo que ofrece es un país de gente inculta sin vocación de superarse, y nos expone aún más a la inmigración inmisericorde de extranjeros que tienen la actitud de respeto y servicio que debe prevalecer en la población que trabaja, tanto en la empresa privada como en las oficinas del gobierno. Lo interesante de descifrar en qué hemos fallado ni siquiera está en que el IDH panameño ha ido permanentemente en aumento desde el año 1975, o que quizás los panameños tienden a gozar de una vida larga, que casi no hay analfabetismo (el 91.9% de la población está alfabetizada) y por supuesto, lo que inclina la balanza, es el Producto Interno Bruto, que nos pone a todos con un ingreso per cápita que nos bloquea el acceso a ayudas internacionales por los pocos que somos y lo mucho que circula el dólar.

En resumidas cuentas, tenemos una población alienada en un país que avanza hacia el segundo mundo. Urge revisar, tanto por las autoridades como por la sociedad en general, la cultura ciudadana de la cual carecemos y trabajar hacia un verdadero crecimiento en todo sentido, tanto personal, espiritual como colectivo, para poder equiparar estos altos grados de desarrollo con algo tan básico y necesario como comprender lo que se está leyendo. Que no nos sirva de consuelo que Panamá tenga un alto índice y que la mayoría de los países del área estén entre los que tienen uno medio, porque precisamente por la disociación que existe entre crecimiento económico y enriquecimiento cultural es que estamos como estamos.

Para complementar lo dicho en el programa y al decir de Eduardo Galeano, “ Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos ”. Y cierro con este pensamiento de John Ruskin, sociólogo inglés que vivió en el siglo 19: M&M

Presos de la tecnología

Leí hace un par de semanas al periodista mexicano Jorge Ramos relatando su intento de desconectarse del correo electrónico, del BlackBerry o celular, de los demás “gadgets” durante unas vacaciones familiares. Es apenas un relato de lo que nos puede llevar a hacer la tecnología, sin la que no podemos vivir, pero que no nos deja vivir. Dice el periodista de Univisión que fracasó en su intento, y que ahora necesita unas vacaciones de sus vacaciones. Sus incursiones por el Facebook, el Twitter, el messenger, el Outlook y el chateo no le dejaron disfrutar de la Riviera Mexicana. Y es que de verdad, todos estos aparatos y permanente conexión están haciendo que, a pesar de estar cada día más cerca, nos alejemos más.

Yo estaba feliz hace poco, porque en un descuido se me quedó mi teléfono celular descansando en una hamaca en Coronado. Creí que estaría totalmente en paz —y de verdad que casi que lo estuve— sin esa extensión forzosa que tenemos hoy día, gracias a la privatización de las telecomunicaciones, que llegó el momento en que me sentí no como en otro sitio, sino en otro planeta. Eché mano de un celular prepago para por lo menos estar pendiente de mis más allegados, pero lo peor fue que no sabía cómo ingresar una tarjeta, no tenía los teléfonos (ya nadie se los aprende de memoria) y peor aún, al maldito aparato no le entraban las llamadas, así que a pesar de que envié a mi círculo íntimo un mensaje electrónico avisándoles la discapacidad tecnológica temporal que estaba sufriendo y dándoles el número donde me podían llamar, no pasó nada, nadie me podía conseguir.

Lo malo cuando te llaman es que la cortesía se ha perdido a tal punto que el interlocutor arranca a hablarte —más cuando te llaman de los “ call centers ” con acento extranjero— sin siquiera preguntarte si te está interrumpiendo o si tienes tiempo para escuchar su perorata.

Así las cosas, anduve navegando cuatro días, como diría García Márquez, feliz e indocumentada, sin celular que me perturbara. Pero otras dependencias tecnológicas te marchitan la tranquilidad que puedas estar disfrutando en determinado momento: los cambios o mejoras en los programas de computadoras son apenas un atisbo por el cual asomarse. No terminas de dominar uno que ya salió una versión mejor y vuelve a empezar, a aprender todo de nuevo. Si contabilizamos el tiempo que invertimos en dominar el lenguaje tecnológico, nos daremos cuenta de que hemos dejado de disfrutar con la familia —como le pasó a Jorge Ramos—, de leer un libro, ver una película o siquiera estar atentos a un debate en el que participamos. Si no me creen miren los programas en vivo, no hay quien se despegue de su BlackBerry. Y en las fotos de los diputados siempre hay uno que tiene clavadas las gafas concentrado en su mini pantalla. Como en los tiempos de antes, que era casi un estatus posar para una foto colgado de un bejuco telefónico.
Opinión, 13 de Septiembre de 2009, La Estrella de PanamáPerritos en la computadora

Cuando tomamos vacaciones debemos prescindir de conectarnos, para que podamos gozar de las mismas. Recientemente me fui a New York a encontrarme con mi hermana y a pesar de estar en una ciudad tan cosmopolita y fanática de las estrellas de cine, no nos enteramos sino dos días después de que Michael Jackson había muerto (y nos habíamos encontrado hasta con Batman frente a la Biblioteca Nacional, hablando de MJ). Por la insistencia de las noticias, especialmente de CNN y Larry King, dedujimos que el tipo había pasado a mejor vida. Tratamos, por todos los medios, de no estar presos de la tecnología. No es fácil, pero se puede.

De lo que siembras cosechas

30 de Agosto de 2009, Opinión
La Estrella de Panamá

Existe un viejo y conocido refrán que afirma “Siembra vientos y cosecharás tempestades” del que no hemos podido escapar a lo largo de nuestras vidas, porque funciona como un gran karma que rige los destinos de todos. Y además es ley natural de vida. Si vas por ella siendo patán y desconsiderado, igual trato vas a recibir.

Esto viene a colación por la preocupante animadversión que se ha ido levantando entre los funcionarios a los que les compete el manejo de la administración de justicia y el todopoderoso Zar Anticorrupción. Y digo preocupante, porque este señor se ha dado a la tarea de cuestionar la labor de la señora procuradora, por el simple hecho de que fue nombrada por el gobierno anterior. No se da cuenta el zarino que con la misma vara lo pueden medir a él cuando quien lo nombró decaiga en las preferencias de los panameños. Dijo Casimiro en su intervención reciente, que el asunto “ era máscara contra posaderas ”. Para mí hay algo de misoginia en el tema y también de arrogancia y engreimiento por parte del señor Núñez Fábrega.

Los funcionarios estrenados ya no tan recientemente —cada día menos— deberían entender varias cosas, si se quiere llevar la fiesta en paz y capitalizar el gran voto de confianza que se depositó en ellos el día de la elección. Ningún favor le hacen a la ciudadanía emitiendo conceptos y opiniones con lo primero que se les viene a la cabeza, sin sopesar las consecuencias que una determinada acción o decisión puede tener en el corto y mediano plazo.

La administración Martinelli tiene en este momento no solo la simpatía, sino los escenarios ideales para hacer el mejor trabajo a todos los niveles y hacer realidad los cambios prometidos en sus eslóganes de campaña. Pero con respeto y sin aspavientos. Hace falta instalarles a algunos funcionarios un filtro entre el cerebro y la lengua. Y entender que ya pasó la campaña y que las posturas histriónicas deben dar paso a acciones coherentes y encaminadas a lograr un gobierno efectivo y que realmente haga honor a las vallas que siembra a diestra y siniestra: ahora le toca al pueblo.

Ese mismo pueblo está a la espera de que se le solucionen sus problemas de transporte y seguridad, que son dos de los temas más recurrentes en la preferencia de los electores, al mismo tiempo que se abran nuevas fuentes de trabajo y mejores oportunidades, que solo se lograrán al echar la economía boyante que teníamos otra vez a andar sin titubeos y con decisión, sin tanta persecución y peleas infructuosas.

Y cumplir con la palabra empeñada en la campaña, pero de verdad y no de la boca para afuera. Una de las grandes decepciones del gobierno anterior fue que su mercadeo se enfocó en tres promesas, dos de las cuales se quedaron en una cuneta del desvío. Y este gobierno elegido por una abrumadora mayoría de votos nunca antes vista, se basó en una estrategia de ventas donde lo que sobraron fueron los eslóganes y frases que algunas veces no tenían nada en sí, pero que brindaban esperanza a muchos o todos los que de una u otra manera las compraron. El país y los más de tres millones de panameños estaríamos complacidos con que esas promesas se cumplieran y se lograra, al menos, ejecutar los programas y proyectos que beneficien a las grandes masas olvidadas.