La trilogía Millennium

Cada cierto tiempo aparece en el mundo literario un fenómeno, un autor (a) que de buenas a primeras publica un extraordinario libro, que se convierte en best sellery al que todo el mundo pone de referencia. Así pasó con Umberto Eco y El Nombre de la Rosa, El Perfume de Patrick Suskin, La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso de Falcones con La Catedral del Mar. Algunos de estos autores vieron la fama solamente con su obra máxima y otros han seguido cosechando éxitos, título tras título. Stieg Larsson no pudo ver el fruto de su talento porque murió apenas terminó de escribir la última novela de la trilogía Millennium, a los 50 años de edad. Sueco de nacimiento, era periodista y las tres novelas policíacas que componen Millennium se titulan Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.

El autor.

Larsson era oriundo de una comunidad del campo sueco, cuyo nombre menciona en su primera novela y fue criado por sus abuelos. Además del periodismo y el diseño gráfico, su vida estuvo muy comprometida con las luchas progresistas contra el racismo y la ultra derecha. Fue miembro de la Liga Comunista de Trabajadores y participó en la fundación del proyecto antiviolencia Stop the Racism, promovió los principios de la Fundación Expo (dedicada a “estudiar y cartografiar las tendencias antidemocráticas, de extrema derecha y racistas en la sociedad”) y dirigió la revista de ese nombre. Sus trabajos de investigación periodística los realizó en torno a los grupos nazis de su país y las interrelaciones entre la extrema derecha y el poder político y el financiero. Otro de sus intereses era la ciencia ficción.

El autor quiso escribir estas sendas novelas imaginándose algunos escenarios y personajes de literatura sueca que son un poco alejados de nuestras referencias. Era un escritor de ficción en sus ratos libres y su énfasis era el policíaco. La trilogía Millennium es el resultado de un ensayo en darle vida a la niña que la escritora sueca Astrid Lindgren creó al escribir su célebre cuento Pippi Calzalargas (o Pippi Longstockings, como se le conoce en inglés), y de allí se fue desarrollando una trama, en el primer libro, que tiene de sexo (malo y bueno), informática, suspenso, intrigas, peleas familiares, sucesos mundiales, ideologías (una abierta crítica al fascismo y el nazismo) y viajes por el mundo, en una complicadísima trama que no te deja tiempo si no para seguir leyendo el libro con fruición. Se ha señalado que con ese primer tomo, Larsson marcó una tendencia en la literatura europea, y también se le ha incluido en el género de novela negra, a la que pertenecen los libros de Agatha Christie, entre otros autores. “El misterio, los enigmas y los rompecabezas a resolver han sido siempre parte importante de la creación literaria. Pero sólo algunos autores han conseguido crear personajes que hayan hipnotizado a través de su lógica, su indagación y, en muchos casos, su arrojo a la hora de resolver misterio que se les planteara”. Así lo define Casa del Libro de España este género.

Stieg Larsson falleció de un fulminante ataque al corazón en el año 2004, unos días después de haber entregado el manuscrito del tercer volumen de la trilogía y sin ver aún publicado el primero de los libros y habiendo empezado el cuarto volumen que daba seguimiento a su saga. Una publicación francesa muy influyente, en www.evene.fr, calificó a Larsson de «figura legendaria, cuyo extraordinario genio literario ha creado una de las obras literarias más importantes del siglo XXI… Las tres novelas constituyen un auténtico fresco de la sociedad moderna que no puede compararse a lo que ningún escritor de novela criminal ha hecho nunca antes». Ya se conoce de una adaptación de la primera novela al cine. Los hombres que no amaban a las mujeres, cuyo nombre en inglés esThe girl with the dragon tatoo, y la subsecuente The girl who played with fire – títulos que me parecen más apropiados -, han sido traducidos a más de 40 idiomas y vendido más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo, uno de éstos nada más en España. Su tercer volumen, puesto a la venta recientemente, era esperado con gran expectativa y se ha constituido otro fenómeno de venta.

La obra.

Este primer volumen, sobre el cual me voy a referir porque estoy en proceso de leer el segundo, es una edición de 665 páginas que gentilmente me trajo Queenie Altamirano de España, pero que ya está a la venta en Panamá. Es una excelente traducción del sueco al español, pero demasiado español de España, con ordenadores, vales y cotilleos sin parar, y algunos modismos que no usamos mucho o no entendemos (marcar un farol o ser un cantamañanas). Indagando un poco sobre el origen de las lenguas, y en vista de que mi hija también lo quiere leer y está en la disyuntiva de si hacerlo en inglés o en francés, entiendo que el sueco es un idioma germánico, como el inglés, de allí que para los que puedan, seguramente, les resultará más conveniente leerlo en esa lengua.

La narrativa es de una fuerza que te deja siempre con ganas de más y la forma en que maneja los escenarios y los personajes, así como las tramas es tan inventiva, que parece un circo de varias pistas, sin que pierdas el hilo de uno o de otro y te pasees por toda la intrincada saga como Tarzán en su liana. Yo me leí 250 páginas en una sentada de avión y si me descuido, igual me termino el libro, algo que muchas veces no suele ocurrirme, no porque los libros sean malos, sino porque o tengo que volver para atrás para entenderlos o voy despacio porque tengo prisa.

Si bien es una novela policíaca, en el mejor contexto de su género, es atrevida en cuanto a las relaciones que se entrelazan, los desenlaces de estas relaciones y la información tecnológica e informática que maneja. Hacía tiempo que no me sentía tan a gusto con un libro tan grueso y pesado. No es una lectura lineal sino una montaña rusa, o mejor dicho, sueca.

Entiendo que el autor se divirtió tanto escribiendo sus dos primeros libros que prácticamente lo hizo en secreto y se lo entregó al editor cuando ya los había terminado. Definía, antes de morir, su afición a la escritura como un “pension insurance”.

En la próxima V Feria Internacional del Libro se va a realizar una presentación de este primer tomo de la trilogía, y seguramente durante el desarrollo de la misma se va a ampliar mucho más sobre este interesante título. Mientras tanto, cumplo con dar mi humilde opinión para despertar el interés de aquellos que siempre andan buscando algo bueno que leer, que además sea entretenido y agregue valor al conocimiento que ya tenemos.

Extracto del libro
… ¿Qué le sucedió a Harriet?
Harriet Vanger desapareció hace 36 años durante un carnaval de verano en la isla sueca Hedeby, propiedad prácticamente exclusiva de la poderosa familia Vanger. A pesar del despliegue policial, no se encontró rastro de la muchacha de 16 años. ¿Se escapó? ¿Fue secuestrada? ¿Asesinada? Nadie lo sabe: el caso está cerrado, los detalles olvidados.
Pero hay quien sigue recordando a Harriet, su tío Henrik Vanger, un empresario retirado, ya en el final de su vida y que vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir.
En las paredes de su estudio cuelgan 43 flores secas y enmarcadas. Las primeras 7 fueron regalos de su sobrina. Las otras llegaron puntualmente para su cumpleaños, de forma anónima, desde que Harriet desapareció.
Vanger contrata a Mikael Blomkvist, periodista de investigación y alma de la revista Millennium, una publicación dedicada a sacar a la luz los trapos sucios del mundo de la política y las finanzas. Mikael no está pasando un buen momento: está vigilado y encausado por una querella por difamación y calumnia. Detrás de la querella está un gran grupo industrial que amenaza con derrumbar su carrera y destruir su reputación. Así que acepta el extraño encargo de Vanger de retomar la investigación de la desaparición de su sobrina e intentar tirar de algún cabo suelto.
Un trabajo complicado para el que recibe el regalo inesperado de la ayuda de Lisbeth Salander, una investigadora privada nada usual, incontrolable, socialmente inadaptada, tatuada y llena de piercings, y con extraordinarias e insólitas cualidades como su memoria fotográfica y su destreza informática.
Así empieza una novela que es la crónica de la guerra interna de una familia, un fresco fascinante del crimen y del castigo, de perversiones sexuales, de trampas financieras, un entramado violento y amenazante entre el que sin embargo crece una tierna y frágil historia de amor. Una historia de amor entre la que será la pareja más memorable de la literatura criminal.

*Tomado de Casa del Libro
Primer tomo de la trilogía Millennium, "Los Hombres que no amaban a las mujeres"

El autor Stieg Larsson, quien murió cuando entregó el tercer manuscrito de la trilogía
El autor Stieg Larsson, quien murió cuando entregó el tercer manuscrito de la trilogía
Sello postal del personaje Pippi Calzalargas
Sello postal del personaje Pippi Calzalargas

De albures y tropiezos

Un gran tropiezo fue lo que tuvo el alcalde Vallarino al anunciar que, en vista de que unos ancianos no tenían carne que comer, el Municipio no iba a patrocinar el pabellón infantil en la V Feria Internacional del Libro. Ese pabellón ha permitido, en cada una de las versiones anteriores, a más de 30 mil niños tener contacto con el conocimiento a través de los cuentos, de juegos y de muchos otros métodos de enseñanza.

La opinión pública se levantó iracunda y el burgomaestre tuvo que reconsiderar su negativa. La explicación no fue del todo potable, pero en resumidas cuentas, el erario municipal desembolsará unos 30 mil dólares en esta fiesta cultural que debería ser prioridad para todos los gobiernos, versus los cinco millones que se le dan al desenfreno del carnaval en la Transístmica, que lo que hace es hundirnos más en la incultura.
Parece que al ex bailarín le interesa más ser héroe que alcalde, ya que su antecesor apoyó con denuedo todas las ferias realizadas. O que no quiere calzar sus zapatos, porque seguramente, le van a apretar. Una vez superado el obstáculo —después de una masiva campaña de opinión adversa en los medios de comunicación, electrónicos y de boca— todos esperamos que la feria sea más exitosa este año y con mejores resultados que los anteriores. Algunos funcionarios de muy alto nivel mostraron absoluta solidaridad con la Feria y sus organizadores.

Otro evento que nos mantuvo en vilo fueron los resultados del toque de queda que se implantó en la ciudad. Según mi criterio, el toque de queda debería estar vigente en todo el país, cerrar los bares a las dos de la mañana y que no circule un alma por las calles. En Montreal, hermosa ciudad canadiense franco parlante, en los supermercados no venden alcohol después de las 11 pm ni en las bodegas de conveniencia, y en los SAQ, versión de Mi Amiga, la más céntrica cierra a las nueve de la noche. En Boston, los bares cierran a la una de la mañana y no venden licor el fin de semana después de ciertas horas.

Aplaudo esta iniciativa del ministro de Gobierno y de la Gobernación, porque nada tienen que hacer los muchachos en la calle a altas horas de la noche y menos en regatas, chupatas y escándalos, para molestia de los vecinos y aún más inquietud de sus padres. Ojalá que copiemos lo que hacen otras ciudades, que son seguras y además, ofrecen de todo sin entrar en mojigaterías y falsos pudores.

Y dado que los estrenos de los nuevos funcionarios dan, como siempre, mucho que hablar, todavía no entiendo muy bien la exposición de motivos de la ley que pretende regular los correos electrónicos, las conversaciones por celular (como si no se estuvieran haciendo desde que entró la banda celular a Panamá) y otros intercambios cibernéticos. Parece que el gobierno se va a convertir en el principal “hacker” que se haya conocido jamás, y de manera legal.

Ojalá Lizbeth Salander, la protagonista de la trilogía Millennium fuera de verdad, pues le daría cátedra a las entidades de seguridad —ya de por sí duplicadas de manera inentendible y las que auguro se estarán peleando dentro de poco—. Con el zangoloteo del albur* del nuevo inquilino de El Hatillo, no he tenido tiempo de estudiarla y por ende, opinar con propiedad, pero me temo que nos retrotraeremos a la clave Morse si necesitamos enviar mensajes comprometedores. Dios nos agarre confesados.

*En el momento de marcharse precipitadamente de un lugar.

Logo de la V Feria Internacional del Libro
Logo de la V Feria Internacional del Libro

Con zapatitos nuevos

08-02-2009 | MARIELA SAGEL*
El título de este artículo se lo escuché a Berna Calvit en su programa Viva la tarde , en ocasión de tener al Dr. Eduardo Morgan Jr. hablando sobre la OCDE y los paraísos fiscales, a propósito de la aseveración del Ing. Olegario Barrelier sobre el lavado de dinero en Panamá. Y se refería a las acciones que está tomando el gobierno del presidente Martinelli.

Si bien es cierto que en apenas treinta días de estreno, la opinión pública ha dado la bienvenida a casi todas las iniciativas de cambio, éstas hay que evaluarlas en la medida que han sido muy bien manejadas en términos de propaganda, y que dan envidia a todas las agencias “in house” que pudiera haber tenido cualquier gobernante. El programa de los 100 para los 70 es un hit , y la mano fuertísima es más que prometedora si se va a erradicar el peligro en las calles y la zozobra que tiene la ciudadanía desde que el índice de crímenes se ha disparado. Más impactante ha sido la cobranza de las cuentas a los precaristas de Amador, que ha puesto en vilo más de una concesión. Sobre esto debo ahondar un poco para la ilustración de todos los que me leen.

La Unidad de Bienes Revertidos del Ministerio de Economía y Finanzas es la que maneja lo que era la ARI. El proceso para crear esa Autoridad de la Región Interoceánica fue largo y tortuoso y su cierre fue bastante apresurado. Por mandato constitucional debía cerrarse en el año 2007, pero para entonces su misión no se había cumplido, ni siquiera en parte. Sus últimos administradores estuvieron más preocupados por quedar bien con sus jefes, que por hacer realidad lo que se tenía en mente cuando se creó.

Lo que se dio a partir de los tres años que le quedaban cuando inició la Patria Nueva fue realmente lamentable. “Egos insatisfechos y ansias de brillar” (como textualmente me dijo el último administrador), sin ningún propósito de perseguir una visión de país, y culminar tan codiciada presea con logros, no con loas. En el camino quedaron muchos proyectos cuyos inversionistas botaron verdaderas fortunas en estudios valiosos y una falta de integración rampante a lo que debe ser el desarrollo de unas áreas privilegiadas, y la oportunidad de Panamá de entrar (o sellar, como se le quiera ver) a su ruta por descubrir, con verdaderos íconos. Además, un mentado megapuerto que se convirtió en la manzana de la discordia entre partidos aliados y en total desacierto para los planes de desarrollo turístico del país.

Tengo la esperanza de que la persona designada ante esta unidad, quien ya ha demostrado que no le importan los reconocimientos ni los bullets en su currículo, rescate lo que se pueda, a fin de seguir con la integración de esas áreas a la cartilla de atractivos de Panamá. Igual esperanza me despertaron las declaraciones del nuevo secretario de Energía, quien es un ducho conocedor de la materia y que no pudo (o no lo dejaron) hacer su trabajo al frente de la empresa de transmisión eléctrica.
Nuestro país necesita de esas manos (o guantis, en recordación a José Guanti, primer director del Ente Regulador) para que vayamos enderezando las instituciones que en el momento preciso se crearon. También abrigo la confianza en que los zapatitos nuevos de los funcionarios se despojen de los argumentos de campaña, que ya pasó, y se enfoquen a hacer realidad los cambios.

Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá
Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá

Voces agoreras

07-26-2009 | MARIELA SAGEL*
La palabra “agorera” es utilizada para anunciar catástrofes, y se les atribuye a aquellas personas que son pesimistas, que predicen un mal final.. sin haber visto todavía la solución. Tiene una

La belleza de los libros
La belleza de los libros
relación directa con la muy conocida frase de ser un “ave de mal agüero”, pues la misma raíz la vincula.

Es así como desde ya se han alzado algunas voces, que además de ser agoreras, se esconden bajo el anonimato y han empezado a circular toda clase de ideas agoreras sobre la próxima celebración de la Feria Internacional del Libro, en su quinta versión. Se adelantan a vaticinar que la feria será una venta más de libros de autoayuda o sensacionalistas, como el que más se vendió en la feria pasada y que se descuida la promoción de la buena lectura.

Se equivocan en señalar que la feria debería ser un evento educativo más que comercial. Las ferias, por su naturaleza son eventos comerciales y lo que se busca, desde todos los puntos de vista, es vender. Por supuesto que debería ser el derrotero de todos elevar el nivel de este intercambio, pero eso empieza precisamente cuando se apoyan actividades como éstas y se transmite publicidad que induzca a los cambios en los patrones culturales: en vez de una cuña de alguien viendo TV, una persona en una hamaca leyendo un libro, aunque éste sea de Cohello.

La Quinta Feria se celebrará en Panamá del 19 al 23 de agosto y el país invitado es Perú. El gobierno nacional solo ha dado $25 mil (ni cerca de los 4 a 5 millones que se le regalan al carnaval sin ningún áudito y por menos tiempo) y la Alcaldía de Panamá, como ha sido su tradición, ha brindado todo el respaldo desde antes del cambio de mando. Los medios de comunicación son también patrocinadores, y su apoyo está precisamente en el espacio que le dan a las cuñas publicitarias que se transmiten, que los detractores llaman “publicidad inútil”.

El resto de los patrocinadores son empresas privadas, cuyo apoyo proviene precisamente de la decisión de sus directivos que creen en el evento porque les interesa la lectura, o simplemente, editoriales que saben que ese evento ferial constituye un importante escenario para el progreso de la industria del libro en la Región, tal como lo es Colombia, México y Argentina, por no irnos del otro lado del océano.

Como en todos los movimientos culturales, se dan corrientes de una y otra orientación, que distorsionan a los ojos de los demás los verdaderos propósitos que se persiguen. Es así que las voces agoreras se han anticipado a predecir que en la feria solo se venderán libros de autoayuda y literatura chatarra. En realidad, en esta feria me anticipo a decirles que no solo se van a comercializar los libros de autoayuda, sino de pitonisas, esotéricos, cábala, cocina gourmet, novela negra, novela rosa, historia, humor, música, guerrilla, bloggers, costumbres panameñas, libros infantiles y muchos más, que si bien pueden estar guardados en un sótano húmedo llenándose de moho, también vendrán de las principales casas editoriales como primicias dentro de un movimiento que cada día le es más difícil sobrevivir, compitiendo contra los medios electrónicos. Así que esas voces lo que deberían es coadyuvar a que los organizadores de esta fiesta cultural hagan un mejor trabajo y no se permita que la feria decaiga, sino que se enrumbe y posicione como un marco de referencia en la Región, especialmente por nuestra ubicación geográfica y por las ventajas que ofrece nuestra economía.

El nuevo West Side Story latino

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La noche del blackout
La noche del blackout
Autor de la obra, Lin Manuel Miranda
Autor de la obra, Lin Manuel Miranda
Fachada del Teatro Richard Rodgers
Fachada del Teatro Richard Rodgers
Recientemente publiqué una reseña en este suplemento sobre el libro del autor dominicano Junot Díaz, La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao, cuando en mi reciente visita a la ciudad de Nueva York me entusiasmó la obra musical In the Heights. Recuerdo perfectamente la dinámica que ocurría en Washington Heights, un barrio en el Upper West Side de Manhattan, donde hay una gran concentración de hispanos, mayormente cubanos, puertorriqueños y dominicanos. Aún cuando en treinta años no he dejado de visitar constantemente la gran manzana, no me he acercado por ese vecindario y la obra despertó mi curiosidad en el montaje recién estrenado. Las estadísticas arrojan que la población hispana de este vecindario está arriba del 70%.

Lin-Manuel Miranda, puertorriqueño nacido en Nueva York, es el responsable del libreto y la música. Este artista, de apenas 29 años, es miembro fundador del movimiento teatral de hip-hop y también ha actuado en series como Sex and the City y Los Soprano. Creó la obra musical durante su último año en Wesleyan University como una asignación académica y posteriormente, revisado y mejorado lo presentó en la Conferencia Nacional de Music Theatre. Entre los productores del show se menciona a Kevin McCollum y Jeffrey Seller, quienes fueron también responsables de Rent y Avenue Q, reseñado en mi artículo anterior.

In the Heights se estrenó en 2007 fuera de Broadway y en 2008 en el centro del arte teatral. Ha recibido varios premios, entre los que se pueden contar un Tony Award para el mejor musical del 2008 y también un Tony Award para el mejor guión original escrito para una obra de teatro. Ese año recibió trece nominaciones.

La historia original se le debe a la autora puertorriqueña de ascendencia judía, Quiara Alegría Hudes, que estudió en Yale y Brown, entre otros centros de estudios y tiene una vasta producción literaria. Representa la vida y vivencias durante tres días en la comunidad de Washington Heights y la música y bailes van desde el hip-hop, salsa, merengue y música soul. El elenco está compuesto por más de 15 artistas, todos con cualidades de baile extraordinarias. Tanto la coreografía como los protagonistas que en el play se presentan han recibido críticas favorables por su dinamismo, juventud, escenografía y moderna partitura, así como por la excelencia de la orquesta.

Las escenas son de una cotidianeidad apabullante: la tienda o bodega (el colmado para los dominicanos, la tienda del chino para nosotros), la peluquería y el servicio de alquiler de autos, para rematar al fondo con el puente George Washington Bridge, con quien colinda este populoso vecindario y emblema del mismo. Por supuesto que están presentes las casas donde, en sus balcones, ondean las diferentes banderas de los países de los residentes.

Usnavi, el dueño de la bodega, debe su nombre a la primera visión que tuvieron sus padres cuando arribaron a los Estados Unidos: U.S.Navy. Sueña con regresar a su país. Casi lo logra cuando se da cuenta que su verdadero sitio está precisamente en su barrio y con su abuela, una especie de matriarca de todos, que lo crió. Este personaje, interpretado magistralmente y representando una avanzada edad, no deja de dar sus pasitos en el escenario y reclamar, con justa asertividad, venir de Cuba, especialmente cuando se refiere al barrio de Víbora. Con melancolía relata cantando su salida de la isla en 1943 en una bella canción que desgrana lo que le enseñó su madre desde chica: Paciencia y Fe. Nina, la esperanza del barrio, hija de una pareja de esforzados inmigrantes con un negocio de alquiler de servicios de limosinas, estudia en la Universidad de Stanford, en California, pero se retira de los estudios porque no le alcanza la beca para proseguir su carrera. La actriz que me pareció mejor caracterizada es Daniela, una típica dominicana dueña de un salón de belleza, sitio donde todo el vecindario femenino se reúne a bochinchear. Hay otros personajes que complementan el elenco, como el vendedor de piraguas (en la jerga puertorriqueña lo que para nosotros sería el raspao). No está exento en el play el lumpen artista de graffiti que al final resulta ser el que más loables sentimientos tiene.

Nos tocó asistir a la obra a fines del mes de junio, y la obra se escenifica un 3 de julio, cuando se anunciaba una ola de calor que batiría record. Amanece y Usnavi se apresta a servir lo pertinente de todas las mañanas, café y periódicos y escucha los sueños e historias de todos los vecinos: el empleado de la tienda Rosario quiere un ascenso, las chicas del salón chismean y la mujer que le quita el sueño, Vanessa, quiere mudarse a un apartamento en un lugar alejado de Washington Heights.

Una tras otra se van sucediendo escenas cotidianas de barrio, insatisfacciones, aspiraciones, realidades. Unos se lían entre sí, salen, se descubren, intimidan. Otros pelean y se enteran que uno de ellos compró un ticket en la bodega de Usnavi que fue premiado en la lotería.Se embarcan en cada uno imaginarse cómo se gastarían esa pequeña fortuna.

El día sigue su caluroso desenvolvimiento y la noche atrae a los enamorados, quienes como buenos latinos, se van a bailar a un bar. Lo que viene son escenas delirantes, de gran destreza y música pegajosa. Daniela, la peluquera, es la que mejor baila y, además, posee una potente voz que mezcla hábilmente palabras en inglés y en español, el Spanglish que tanto se oye en ese barrio.

Como en toda historia, hay sentimientos encontrados que atraen a los que los expresan: Nina confiesa sentirse fuera de lugar en Stanford y Benny, el empleado negro que tiene la familia Rosario, se siente un extraño en un barrio latino por ser afroamericano. Sin embargo, baila mejor que muchos caribeños que conozco. El show se lo roba el vendedor de piragua, que con su carrito hace piruetas en la pista y canta una pegajosa canción.

En medio del bailoteo hay un apagón y al día siguiente la bodega de Usnavi amanece saqueada, hasta con la tolda rota. Vuelve a recurrir en sus sueños de volver a la isla de Quisqueya. Nina y Benny consumaron su romance esa noche, para malestar de los padres de ella. Aumenta el calor y los expendios van cerrando uno a uno sus puertas, para siempre, por el saqueo y los problemas financieros. Los latinos tenemos una manera muy particular de capear los temporales y bajar el estrés y es bailando, así que se forma otra vez la danza febril, cuyo propósito principal es el que los enamorados se den cuenta de que pueden perder su oportunidad si no la toman en ese momento.

Llega el momento casi cumbre de la obra, cuando Usnavi revela que la ganadora del billete de lotería es la abuela Claudia y casi inmediatamente, anuncian su muerte. Los padres de Nina anuncian que han vendido el negocio para hacerle frente a los gastos de la universidad de su hija y Daniela toma control otra vez del baile, cerrando el salón y cantando otra vez la célebre “No me diga”. Demuestra también su altruismo saliendo de fiadora a Vanessa para que se mude al barrio al que aspira.

Amanece el tercer día y Usnavi ve la desolación que se apodera de su querido barrio: su negocio saqueado, la peluquería cerrada y el servicio de limosinas de los Rosario ostentando el viejo aviso de un servicio irlandés y una panadería judía. El lumpen del barrio, bueno para nada, asombra a todos con un retrato de la Abuela Claudia en el muro de la bodega, que le ha tomado hacer toda la noche. Se devela la obra y Usnavi se da cuenta de que su lugar está allí y no en la isla donde no ha vivido jamás.

En lo personal disfruté cada minuto de la obra, cada canción y cada indumentaria (Carnaval del Barrio) así como me conmovieron los sentimientos que se dejan entrever entre los protagonistas y sus personificaciones. Algunos le llaman el West Side Story latino moderno, por su canto al amor. Para mí tiene su peso propio. Creo que faltó la mujer con rollos que tan común es en nuestros barrios, pero la producción es nítida en detalles, coreografía y sobre todo, la música es una exquisita mezcla del inglés que machacan los emigrantes latinos en las alturas del puente George Washington, que se admira al fondo.

El apuro trae cansancio

07-19-2009
Unos 20 días fuera del país me recibieron con idas y vueltas en todas las instancias del gobierno, como consecuencia lógica del estreno de una nueva administración. Si bien el tema Panamá no fue objeto de mayor comentario en la mass media de EUA, porque el show se lo robó (y se lo sigue robando) la muerte de Michael Jackson, tampoco el zangoloteo de la vecina Honduras se logra entender, concentrados como estamos en ver cómo gatea primero y luego empieza a dar sus primeros pasitos el gobierno de los locos (y no lo digo en un sentido peyorativo, sino ceñida al eslogan de campaña).

Llama la atención que las primeras acciones visibles de un gobierno fuerte se interpreten como un gobierno de fuerza. La incursión en Amador, en dos ocasiones, por parte del presidente y algunos ministros envían mensajes equivocados, y como uno no es monedita de oro para que todo el mundo lo quiera, sus resultados son recibidos con beneplácito por unos y con aprehensión y advertencia por el otro.

Dos temas son sensitivos en este momento y pequeñas acciones pueden elevar aún más el nivel de simpatía que tiene por ahora la administración Martinelli: reparar los huecos de las calles “ya mismo” y desplegar un operativo de seguridad que demuestre que las promesas de campaña no se quedarán en eso. Para la primera solo se necesita un poco de voluntad y recursos, que se pueden trasladar o conseguir de manera inmediata, porque no estamos ante un inminente final de un período fiscal —a menos que la culminación de la Cinta Costera haya empeñado hasta los salarios de los funcionarios que se han quedado en el MOP— y para la segunda, una comprensión cabal de lo que realmente se necesita para que la población se sienta verdaderamente segura.

No sé si será por los recientes vendavales, los temblores y el tsunami de votos que obtuvo la administración Martinelli —o la pospuesta asunción del alcalde electo—, pero encuentro todas las calles de la ciudad, sus aceras, parques y demás vías en un estado deplorable, sin poder entender cómo puede justificarse eso ante tanta bonanza y crecimiento que se aprecia desde lejos. Todavía tengo que hacer una ruta crítica para saber dónde están los periodistas que han migrado de un medio a otro, o que se han convertido en voceros de las diferentes entidades del Estado. Parece que todas las caras bonitas (y otras no tanto) de la televisión fueron a parar a las oficinas de prensa del Estado.

No escapa a todo este revuelo el hecho cada vez más recurrente de poner al frente de las direcciones de los medios a profesionales ajenos al periodismo, lo que ha sido la tónica, por lo menos, en los diarios impresos. Si bien es válido que en la gerencia y gestión comercial tal decisión es vital para la sobrevivencia del medio, no estoy segura de que sea lo más adecuado, cuando a nivel de política editorial se refiere. De allí salen las tirrias y el sensacionalismo e improvisación que se ha estado macerando en los últimos 15 años. Esto, aparte de causar daño a las víctimas, distorsiona la percepción del público en general.

En fin, temas que nos tocará ir entendiendo a medida que se vayan desenvolviendo los acontecimientos, sin prisas, dándoles a todos su tiempo para que entiendan que hay que hacer lo importante antes que lo urgente.